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Wojciech Kilar-Tarpany.

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Tarpany (1962).

 Uno de los primeros directores polacos con los que Kilar colaboraría en el cine fue Kazimierz Kutz, un autor con cuatro o cinco títulos en su filmografía, en los que casi en todos trabajó con Wojciech como autor de la música. El cine de Kutz está enmarcado en la nueva propuesta surrealista que surgió en Polonia a  finales de los 50 y mediados de los años 60 del siglo pasado con títulos de directores como Roman Polanski y su cortometraje “Dos hombres y un armario (1958)”. Además de colaborador habitual, Kutz fue amigo personal del compositor.

El nombre de Tarpany, viene de una raza de caballos propia del país. El film está protagonizado por Bogdan Baer, Wladyslaw Glabik y Henryk Hunko, entre otros. Narra las andanzas de un joven del que no sabemos nada, que huyendo de la gran ciudad va a parar a una especie de hacienda junto al lago y el bosque, donde viven un matrimonio de mediana edad, otro de ancianos y una bella joven. Como se puede comprobar, el surrealismo de la historia es evidente. El joven llega hasta la casa, y de inmediato le preparan una habitación y comienza a vivir allí. Kutz quiere referenciar esa raza de caballos indomable, con la relación, o no relación, que el joven quiere tener con la chica. Esta es un alma libre y salvaje que no quiere ataduras, y al final el joven termina por irse de la casa,  viendo que no puede domar (metafóricamente) a la mujer. Kutz juega con las relaciones de pareja, la de mediana edad que sufre una crisis, siendo la mujer atraída por el joven, los ancianos que no hacen más que beber alcohol y parecen los más felices, y por último con la relación frustrada de los dos jóvenes.

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En cuanto al dialogo musical que escribió Kilar, comienza con un tema principal, el más largo del score, casi de siete minutos de duración, donde se entremezclan una especie de mambo de estilo jazzístico, junto a otras sonoridades más vanguardistas. Con ello, el compositor quiere recalcar la aglomeración y ajetreo de la gran ciudad, y ya de paso nos presenta al joven protagonista que huye del mundanal ruido.

Después de este comienzo, el músico polaco escribe una serie de cortes que no superan el minuto, que están asociados a la estancia del protagonista en la hacienda. Músicas inquietantes, atonales, muy del estilo de lo que el compositor venía haciendo por entonces dentro de la música experimental, tras su paso por el curso de música avanzada de Damstad.

Para la chica y su liberal forma de ser, escuchamos un motivo de flauta de estilo jazz, que el compositor repetirá con alguna leve variación a lo largo del metraje.

Uno de los momentos más bellos, tanto del film como de la banda sonora, es el dedicado a la aparición por primera vez, no sería la única, de la salvaje manada de caballos. Para estas escenas, se introduce el piano, arpa y el xilófono, junto a un delicado uso de las cuerdas, todo ello en un registro onírico casi como si con el fraseado musical, Kilar nos anunciara que lo que vemos en pantalla es un sueño. Cuando de nuevo vuelven a aparcer, Kilar intercala la misma música, pero esta vez con un cambio en sus intenciones narrativas. El maestro la adjunta a la relación tumultuosa de los jóvenes, comparando a la chica con lo salvaje de la manada.

Otro de los surrealistas pasajes, es el destinado a un pretendiente de la chica, el cual viene todos los días bien vestido con su traje y corbata a declararse y ofrecerle un ramo de flores. Digo lo de surrealista, porque cada vez que intenta acercarse a ella es intimidado por el protagonista, y también porque el enamorado pretendiente, incluso duerme en el granero de la hacienda, con la paja como colchón. Kilar utiliza un motivo atonal, de ruidos, con el piano y la percusión como alocados acompañantes.

Otras de las músicas utilizadas para la cinta, son dos temas diegéticos que se tocan al piano, ambos interpretados por la anciana, estos son de corte muy clásico. También hay un tema al piano dedicado a la pareja de mediana edad. Esta es una música triste, que da a entender la pérdida del amor. Primeramente la escuchamos como score, y después deriva a forma diegética, siendo la anciana la interprete de nuevo.

La partitura y el film acaban con la introducción del tema principal, esa especie de mambo ya comentado, que nos sugiere, mientras vemos alejarse al protagonista, que vuelve a la gran ciudad.

 

 

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