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Gerard Schurmann-The Gambler (1997).

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Existen algunos compositores, que no se sabe muy bien porqué, desaparecen por completo para el aficionado a la música de cine, o simplemente, nunca ha existido para ellos, al margen de los archiconocidos Williams, Barry o Morricone, por citar a unos cuantos. El nombre de Gerard Schurmann, es uno de estos casos, un compositor excepcional, todavía vivo, por suerte, que supo plasmar su buen hacer en esto de la composición musical, no solo en el cine, sino también en las salas de concierto.

Nacido en lo que por aquellos años, se conocía como las Indias Orientales holandesas, en 1924, de padres holandeses, Schurmann vivió entre Inglaterra y Holanda, de hecho tiene doble nacionalidad, aunque se le crea más un músico británico, dado que desarrolló su carrera en las Islas Británicas. En mi libro sobre la música de la productora Hammer, le dediqué un merecido homenaje, solo repasando las obras que realizó para la productora. Ahora quisiera hablar sobre la música que compuso Schurmann para el film holandés de 1997, “The Gambler”.

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“The Gambler” fue dirigida por  Károly Makk, y entre su reparto, el nombre más conocido es el de su protagonista, Michael Gambon. La historia se desarrolla en la Rusia del escritor Fyodor Dostoyevsky, teniéndolo a él como protagonista. En concreto la cinta versa sobre como el autor ruso debe escribir una novela en 27 días en un acuerdo para pagar sus deudas de juego. De ahí surgió la novela «The Gambler».

Schurmann escribe una partitura exquisita, que divide en dos grandes temas principales, que van sucediéndose a lo largo de la partitura en diferentes versiones, y que se intercalan con otros temas, que bien pos ser secundarios, no son menos importantes. Primeramente desarrolla un leitmotiv en forma de adagio de melodía apabullante y desesperanzada, para dar voz al dramatismo de la creación de un hombre atormentado. La cuerda, que se erige como protagonista, acrecienta el drama, y arropa, con delicada suavidad al personaje. Una música extraordinaria, que va in crescendo, conforme se desarrollan los acontecimientos, y que es secundada por suaves interludios de los vientos.

El segundo tema, se refiere, o más bien acompaña, o se posiciona, como quieran ustedes llamarlo, en portavoz de una época, la de finales del Siglo XIX en un país que no tardaría en sufrir grandes cambios. El compositor lo utiliza igualmente como tema del romance entre los dos protagonistas de la historia. Schurmann escribe una especie de vals, que no llega a serlo, elegante y sofisticado, que ejemplifica con suma delicadeza aquella época. Cuando estos dos temas se desarrollan y se entrelazan, la música llega a unas cotas de finísimo refinamiento y poderío, solos de violín bellísimos incluidos, que hacen de esta banda sonora, una auténtica joya de finales de los años noventa.

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