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Anton Karas-El tercer hombre.

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¿Cuándo se puede considerar a una película como una obra maestra? Parece una pregunta sencilla, o tal vez no, no lo sé. Lo cierto es que la inmensa mayoría de los críticos consideran uno u otro film como obra maestra sin tener en cuenta todos los detalles y artes que configuran una película. ¿Se puede considerar una cinta como obra maestra, si en ella fallan uno o más complementos que hacen de ella un todo? A esta pregunta, bajo mi humilde punto de vista, yo contestaría que no. Si el film no es redondo en todos sus aspectos, tanto técnicos como no, no debería de considerarse digna de tales elogios. Uno de estos casos es “El tercer hombre” de Carol Reed, film de 1949 que muchos han tildado como obra maestra del séptimo arte. La película está muy bien dirigida, eso es incuestionable, las interpretaciones son de alto calado, contiene una fotografía maravillosa, al igual que su guión, escrito por Graham Greene, basado en su propia novela. Sin embargo contiene un fallo garrafal en lo que concierne a la elección del compositor de la obra. Tanto Reed, como los productores deberían de haber elegido otro autor. La partitura de Anton Karas para esta película, es de las más chirriantes y desacertadas que se han escrito nunca para un film.

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Anton Karas era un músico, especializado en la interpretación de la cítara, no había compuesto nunca para el cine, así que no se entiende su elección. Se habló que Reed lo contrató tras escucharlo tocar, pero en realidad esta afirmación nunca se ha corroborado. Sea como fuere, no era el acertado, siendo su partitura un estorbo para el film, en vez de una ayuda, que es su principal misión.

Karas se limita a escribir un tema principal de melodía alegre y desenfadada, que varía a lo largo del film, y que llega a resultar tedioso y desagradable. No ayuda a los propósitos de la cinta, sino que la perjudica considerablemente. Este mismo tema, lo utiliza sin ningún sentido en dos tipos de escenas totalmente distintas. Siendo un film que se desarrolla en la Viena de la postguerra, después de la Segunda Guerra Mundial, donde todo es oscuridad, decadencia y pillaje, llama la atención que Karas escribiera un tema de esa índole. No solo de este tema se compone la banda sonora, existen otros de igual o peor prestancia a las imágenes y o argumento. Recuerdo, la música para una escena en la que el comisario inglés, Trevor Howard, muestra al protagonista, los estragos que ha producido su amigo, en niños, al administrarle la penicilina adulterada con la que éste último trafica. La escena se desarrolla en un hospital, donde el personaje interpretado por Joseph Cotten, vislumbra los padecimientos que llevan a la muerte a estos pobres. Pues bien, karas no se le ocurre otra cosa que acompañarla con una melodía, por supuesto a la cítara, de alegre sonoridades, que más bien pareciera escrita para una película que se desarrolle en Hawai, incluso le da un aire a estas músicas interpretadas por el ukelele. Un despropósito sin sentido que abocan al film al más bajo de los ridículos. En mi opinión, la música de Anton Karas para “El tercer hombre”, resulta una mala música de cine, y por supuesto, ya lo he comentado con anterioridad, una elección desacertada por parte de su director. Una cosa es que te guste el tema principal de esta película como música en sí, y otra bien distinta es que sea una buena música de cine.

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