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Leigh Harline-The old mill.

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Dentro de las músicas compuestas para las imágenes, encontramos en ocasiones pequeños poemas sinfónicos que hubieran sido interpretados en salas de conciertos sino acompañaran a las escenas para las que fueron escritas. La música de cine siempre se ha considerado una música de segunda fila entre los aficionados y los que se han dedicado a la clásica, por llamarla de alguna manera. La verdad, a veces es entendible viendo la clase de frikismo que rodea el mundo de las bandas sonoras. Siguiendo con lo expuesto al principio, dentro de la música para el audiovisual encontramos autenticas maravillas compositivas que no desmerecen en nada a las partituras clásicas. Hoy recuperamos una de ellas, se trata del poema sinfónico que escribiera Leigh Harline para el cortometraje de Disney del año 1937 “The old mill”.

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Nacido en Salt Lake City, Utah el 26 de marzo de 1907, Harline fue un compositor que desde los años 30 se vinculó a la productora Disney, siendo el autor de músicas emblemáticas como “Blancanieves y los siete enanitos (1937)” o “Pinocho (1940)” por citar las más conocidas. Ya fuera del cine de animación, destacó en el género de western con títulos como “Broken lance (1954)” o “Warlock (1959)”, componiendo también música para películas como “The Wonderful World of the Brothers Grimm (1962)” o “7 Faces of Dr. Lao (1963)”. Harline murió de cáncer un 10 de diciembre de 1969 en Long Beach (California).

“The old mil” es un cortometraje de 1937 ganador del Oscar, enmarcado en los Silly Symphonies de Disney, concretamente el 68 de los 75 que se realizaron. Dentro de estos encontramos autenticas obras maestras como “Los tres cerditos (1933)” con otra partitura deliciosa de Frank Churchill, o esta que nos ocupa. La historia se desarrolla en un viejo molino abandonado y el río que lo bordea, donde sus curiosos habitantes, animales, se preparan para pasar la noche.

El score de Harline se podría dividir en dos bloques. Al tener una duración de unos ocho minutos aproximadamente, el compositor dedica una primera parte a mostrarnos lo idílico de la vida en el molino, con una especie de pastoral, donde una melodía evocadora de cuerda, el arpa como portador de lo bucólico, y un motivo coral empíreo interpretado por voces femeninas, son sus principales alicientes. Harline aplica un motivo de vientos, flautas y demás instrumentos, para secundar el croar de varias ranas en el río.

La segunda parte acompaña la gran tormenta que se forma, y el particular desasosiego de los animalitos por encontrar un buen refugio. Es entonces cuando la música se torna enérgica, vibrante, con toques de cuerdas nerviosos, voces para acompañar el sonido del viento y percusión estridente. Después de la tormenta llega la calma, y Harline recupera de nuevo la melodía principal tan armoniosa, haciendo especial hincapié en lo coral.

Al no haber diálogos, solo sonidos, he comenzado esta reseña diciendo que se puede considerar a algunas partituras para el cine como verdaderos poemas sinfónicos, tanto en estructura como en belleza. La prueba la tenemos en esta obra extraordinaria de Leigh Harline.

 

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