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Kara Karayev-Symphony No.1.

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Dentro de los compositores que trabajaron al amparo de la extinta Unión Soviética, encontramos nombres y obras de una calidad envidiable. Es el caso de Kara Karayev, músico nacido en Baku (Azerbaiyán) un 5 de febrero de 1918. Hijo de un profesor de medicina, la vena musical le llegó por parte de su madre, una afamada y talentosa pianista. Inició sus estudios musicales en Baku, trasladándose a Moscú en 1938, donde estudió composición con Dmitry Shostakovich. La creaciones de Karayev comprenden desde sinfonías a óperas, pasando por obras para teatro, ballet y cine, destacando por incluir en su música un marcado acento proveniente de la influencia de los ritmos tradicionales de su país, y también de los postulados compositivos de su maestro Shostakovich. Al igual que este, Karayev disfruta del protectorado de la Unión Soviética, siendo galardonado con varios premios musicales. Karayev murió en Moscú un 13 de mayo de 1982. Entre sus obras destaca su Sinfonía No.1, de la que vamos a hablar a continuación.

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La Sinfonía No.1 en B Menor, fue escrita en 1943 y consta de dos movimientos.

  1. Molto sostenuto. Allegro.

En este primer movimiento, podemos comprobar las dos influencias antes comentadas. Es un motivo de flauta quien introduce la melodía, siendo la cuerda la encargada de reemplazarlo. La música contiene en un primer instante las reminiscencias de los ritmos tradicionales de Azerbaiyán, pausados y bellos, adquiriendo posteriormente mediante una orquestación en la que los metales, los vientos y la percusión toman cartas en el asunto, una cadencia más dinámica y expresiva, herencia de su profesor. En una segunda parte del movimiento, el clarinete y sobre todo el oboe, y las flautas, mantienen un recitativo de gran belleza, siempre acompañado de la sección de cuerdas en un segundo plano. Karayev va jugando con estas dos armonías, intercalando una detrás de otra, por eso encontramos una parte más reflexiva y melódica y otra más fuerte y grandilocuente.

           2. Lento moderato

El segundo y último movimiento destaca por el dramatismo y la belleza de su melodía, donde las cuerdas son las auténticas protagonistas. A lo largo de su duración, también podemos escuchar lances más movidos, donde de nuevo Karayev se deja influir por la música autóctona de su lugar de nacimiento. El oboe es un instrumento destacado, teniendo varias incursiones solistas, siempre arropado por las cuerdas. Por supuesto, el fantasma de su mentor aparece en algunos momentos, incorporando el piano, y una orquestación más colorida y de compases más rítmicos.

Una composición altamente recomendable, de la que hay varias ediciones discográficas. En 1988 fue grabada por The Uzeir Hadjibekov Azerbaijan SSR Symphony Orchestra bajo la batuta de Rauf Abdullayev e incluida en un doble vinilo junto a otras obras del autor. También es destacable, la grabación de 2016 por parte de la Kiev Virtuosi Symphony Orchestra dirigida por Dmitry Yablonsky. Esta versión fue editada en formato CD por el sello Naxos, y se acompañaba del Concierto para Violín del propio Karayev, escrito en 1967.

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