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Lee Holdridge-Splash.

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Título: Splash

Director: Ron Howard

Música: Lee Holdridge

El último romántico de Hollywood

Antonio Pardo Larrosa.

Desaparecidos John Barry y Georges Delerue, los grandes románticos del celuloide; Lee Holdridge –Pastime, El Pueblo del Sol, Into thin air: Death on Everest, East of Eden-, el último bastión del romanticismo escénico, se presenta al público como el garante de la sensibilidad y la elegancia que todavía anida en la meca del cine. Emoción es la palabra idónea para definir la original caligrafía de uno de los compositores más expresivos de la actualidad; un prolífico creador de emociones, cromáticas y auditivas, que tiene en su atractiva y original filmografía algunos de los títulos más inspirados de la cinematografía actual. El último romántico… definición que no exime a su producción de todas las demás características que la hacen ser tan original como necesaria; realidad que cartografía la música cinematográfica de las últimas décadas. Desterrado a la pequeña y perdida ínsula de Ostracia (país habitado por músicos como Conti, Johnston o Broughton), tierra de genios que alberga el talento no deseado de una industria maquiavélica; Holdridge abandera las formas y los modos de una forma de escribir que ha caído en desuso debido a la industrialización del cine moderno. Holdridge, el último romántico de Hollywood… músico que abandera el buen gusto por la melodía de antaño, esa que hacía del leitmotiv su exuberante estandarte.

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Mucho ha llovido desde el año 1984 cuando el músico haitiano compuso la banda sonora de Splash, película dirigida por un imberbe Ron Howard que por aquel entonces cosechaba su primer gran éxito comercial. Protagonizada por unos jovencísimos Tom Hanks y Daryl Hannah, Splash narra la historia de Allen Bauer, un niño que durante un crucero vacacional cae al mar, pero cuando está a punto de ahogarse una sirena le salva la vida. Veinte años después esa misma criatura llamada Madison viaja a Nueva York en busca de aquel misterioso hombre. Ante todo, Splash es una historia de amor; una oda a la belleza que transforma el homérico sueño de Odiseo en una historia tan real que sin quererlo se enreda entre la mar y el marino. El director traza el camino que sigue la historia utilizando el elemento más evocador de cuantos comprenden una producción de estas características, a saber: la música… delicada y sibilina voz de epicúreo contorno que la singular criatura profiere utilizando las bellísimas melodías compuestas por Holdridge. Splash supuso la carta de presentación del músico que iniciaba con esta obra una exitosa carrera comercial dentro de la industria norteamericana.

La partitura de Holdridge se sustenta sobre un hermoso y romántico leitmotiv –Main Title- que el compositor asocia, ora a la sirena, ora a Bauer, como imagen del amor y el sacrificio que desprenden los enamorados; melodía que aparece por primera vez con el encuentro de los dos protagonistas tras el accidente en el barco. El arpa, el piano y la flauta (voz de la inocencia) juegan de un modo liviano con las inocentes miradas que entre algas y burbujas se dedican los jóvenes actores durante el primer encuentro. El músico retoma esta idea para presentar a la sirena –Underwater- desarrollando el tema a través de la orquesta en la que es la propuesta más espectacular de toda la obra; una especie de poema acuático (sinfónico) que descubre el gran lirismo que posee su descriptiva escritura. Este leitmotiv tiene al final de la película su versión vocal interpretada por la cantante estadounidense ganadora de varios premios Grammys Rita Coolidge. La obra se completa, por un lado, con temas incidentales de menos calado emocional, necesarios pero intrascendentes; y por otro, con música diegética que acompaña a las escenas menos narrativas de la película.

Quizá, si no se hubiera abusado tanto de las típicas y tópicas canciones de la época (ochenteras) la música del compositor de Puerto Príncipe habría tenido más presencia escénica otorgándole al conjunto un mayor sentido narrativo. Con todo, Splash es una obra muy interesante que contiene uno de los leitmotivs más bellos de toda su discografía… Un precioso poema sinfónico (acuático) al que ni el mismísimo Odiseo podría haberse resistido.

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