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Vangelis, Voices.

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Voices es una oda a lo coral, como su propio nombre indica es un disco en el que el maestro utilizó las voces en sus diferentes vertientes. Consta de nueve temas grabados por Philippe Colonna, donde el griego contó con la colaboración coral de diferentes artistas y formaciones.

El título que abre el disco es una poderosa y dinámica pieza de siete minutos de duración, de nombre “Voices”. El poderío de los sintetizadores, unidos a la percusión y a las voces del coro de The Athens Opera Company, recuerda en ocasiones al tema central de 1492 La conquista del paraíso, no en melodía sino en la fuerza vocal, siendo esta que nos ocupa, menos oscura, más abierta y desenfadada.

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“Echoes” sigue utilizando el leitmotiv central de la pieza anterior, en un tono muy suave, dando Vangelis más presencia a las sonoridades sintetizadas, y dejando en un lugar más alejado al motivo de voces, que apenas aparece al fondo. Su duración es muy larga, no hubiera estado mal que el compositor la redujera, máxime cuando la música no evoluciona y se hace algo pesada.

“Come To Me”, es una de las delicias de este álbum. Un tema presentado por un bello interludio de arpa, y acompañamiento de sintetizador, al que sigue la utilización de la voz, interpretando la parte central. La sosegada voz de Caroline Lavelle, ejecuta a la perfección la parte lírica, escrita por ella, y también los solos de chelo. Cuando Lavellle calla, aparece el Vangelis más melódico con la entrada de un motivo de teclados y arpa sublime. Un gusto para los sentidos, que seguro no deja indiferente a nadie. Uno de los temas más logrados de su autor.

“P.S.” es una corte que mezcla la placentera sensación de los sintetizadores, en un estilo muy cercano al Vangelis de los 70, y los documentales para Frederic Rossif, y el tema de blues de Blade Runner.

Stina Nordenstam es la que se encarga de la parte vocal del tema “Ask The Mountains”, escribiendo también la letra. Es una música de estilo más ambiental en su principio, con la interpretación de sonidos atmosféricos salidos de los sintetizadores del maestro, y con sutiles inserciones de la voz de la cantante, que aparecerá al completo tras el cambio de la música, de ambiental a un estilo más pop, siendo la batería y el sintetizador en este caso los culpables de este cambio. Lo expuesto por la voz dulce de Stina, se ve acompañado hacia el final por un motivo de piano de fresca melodía. Un corte, que, aunque no sea el mejor del disco, resulta una música evocadora en ocasiones, y de estilo más modernista en otros.

“Prelude” es sin duda la pieza más extraordinaria de cuantas habitan en este álbum, y demuestra que cuando el artista griego se pone al piano, de él surgen melodías de hondo calado espiritual, y deliciosa melancolía, este es un buen ejemplo. La música interpretada al piano es auspiciada por un sonido ambiental de sintetizador y un étnico motivo vocal, tras este preludio, Vangelis nos deleita con un magnífico fraseado de piano, elegante, delicioso y único, made in Vangelis, cuyo precedente sería su “Memories of Green”. El compositor desliza sus dedos por las teclas del instrumento de manera delicada y armoniosa, aproximándonos al cielo. No tengo constancia de que este mundo etéreo, exista, pero a veces Vangelis con su música nos lo acerca.

“Losing Sleep (Still, My Heart)” es otra composición de melodía dulce y sosegada, donde esta vez la parte vocal recae en el prestigioso cantante Paul Young, el que también escribe a letra. Aquí el leitmotiv central tratado por Young, de suave presencia, es acompañado por el sintetizador, la percusión y se introduce a su vez un motivo de teclado que es utilizado como descanso de lo que propone la voz de Young.

En “Messages” es el coro quien hace de nuevo acto de presencia, con una recitación que empieza casi en un murmullo, para ir paulatinamente aumentado su intensidad, siempre acompañado de los sonidos de los sintetizadores y de la percusión. Es una pieza larga de siete minutos de duración, donde encontramos variantes, como la utilización de un motivo de flauta, que después hace suyo el sintetizador

Con “Dream In An Open Place” acaba el disco, un apacible tema que comienza con el sonido amansador del mar, al que le sigue un motivo de piano, no tan logrado como en “Prelude” pero elegante. Tras este, un metalizado sonido de sintetizador, en imitación de una trompeta o metales. La pieza se mantiene así de principio a fin en sus casi cinco minutos. Podemos escuchar a su vez, más hacia el final, un bonito interludio interpretado por la flauta.

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