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Monsignor Quixote, Antón García Abril.

MONSIGNOR QUIXOTE

Esta partitura de Antón García Abril ha ido adquiriendo con el paso de los años un prestigio auspiciado tanto por su contrastada calidad como por lo codiciado de su posesión por parte del coleccionista, pues hace tiempo que tanto el vinilo como la primera edición digital quedaron descatalogadas, algo que Rosetta, la recién creada editorial que debuta ahora como sello discográfico, ha revertido al proceder a la compra de los masters originales a Red Bus Records, y elegirla como el primer título de su catálogo. Es un caso curioso, si se tiene en cuenta que se trata de una composición para una película de la televisión británica (Thames y Euston Films), bastante desconocida del aficionado debido a su inaccesibilidad, que fue dirigida por Rodney Bennett en 1985, y que a su vez se basaba en una novela de Graham Greene publicada unos años antes, en 1982. En el film (como en la novela original) se juega continuamente con el referente universal de la famosa obra cervantina, en la que los protagonistas son un sacerdote, Don Quixote (Alec Guinnes), llamado así porque según explica el propio personaje es descendiente directo del famoso hidalgo castellano, nombrado de un modo un tanto casual “Monseñor” como premio por atender a un extraviado cardenal romano en plena Mancha, al auxiliarlo de un percance automovilístico en su humilde morada de El Toboso; y Sancho (Leo McKern), ex-alcalde comunista de la pequeña población que ha perdido las elecciones a las que se presentaba en el pueblo, recién conquistadas las libertades democráticas tras la muerte del dictador. Para ilustrar musicalmente esta historia, los productores tuvieron la feliz idea de contactar con García Abril, compositor de renombre de la música culta española, pero vinculado también al cine desde la década de los sesenta y autor de algunos de los clásicos de la televisión más recordados por el gran público, caso de la sintonía de la serie documental que presentaba el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, “El Hombre y la Tierra”, y de la de “Fortunata y Jacinta”, que protagonizó, a finales de los setenta, Ana Belén, amén de algunos títulos de culto como “El Perro”, y la llamada tetralogía de los Templarios, un ciclo de películas de terror estrenadas durante la ya lejana década de los setenta.

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En esta versión tan especial de “El Quijote”, se planteaba una especie de duelo dialéctico entre los protagonistas, quienes contraponían las ideas del catolicismo y del comunismo respectivamente mientras viajaban en el modesto Seat 850, propiedad del cura, convertido en el “Rocinante” a bordo del cual ambos emprenden camino, huyendo de sus respectivos destinos al tiempo que se fragua su amistad, basada en el respeto al otro a pesar de su aparente antagonismo ideológico. El compositor, tras el hermoso tema principal dedicado al protagonista, una especie de mini-concierto orquestal para guitarra (en manos del solista Colin Downs) desarrollado en poco más de tres minutos (en la línea de la inmortal obra del maestro Rodrigo), también dedica otro al vehículo en cuestión, que en el desarrollo de la historia adquiere la categoría de otro personaje más. García Abril plantea su obra desde una perspectiva en la que prima la sencillez de los personajes así como su nobleza y humildad, pero también introduce bellos momentos de alcance poético, como ese amanecer en La Mancha (“Twilight in La Mancha”), protagonizado por la flauta y el oboe, con el concurso de la cuerda, que sorprende a ambos protagonistas tras pasar su primera noche fuera de casa. Así, a pesar de sus discrepancias (que se revelan menos distantes de lo que parece a primera vista), ambos van confraternizando gracias al preciado don que Greene les otorga en la novela original, que no es otro que el de saber escuchar. Al soberbio pasaje anterior le sigue otro fragmento no menos inspirado dedicado a esa preciada amistad, que el autor titula “Compañeros”, una dinámica danza que se transmuta momentáneamente en vals, en la que los pizzicatos de la cuerda generan esos apuntes de vitalidad que exhiben ambos amigos ante la aventura que el camino supone, y que perdura durante su viaje en ese mismo formato recordando las aventuras del supuesto antepasado al evocar el episodio de los molinos de viento, convertidos por Don Quijote en amenazantes gigantes (“Windmills or Giants?”), en un fragmento dotado de un dinamismo inusitado, de neta raíz ibérica (como también ocurre con “Adventures in the Mind”).

Los aspectos más reflexivos y dolorosos se acaban imponiendo en fragmentos como “Streets of Toboso” y “Let me Feel Temptation”, revestidos de un inusitado dramatismo en el que la cuerda y la guitarra, ahora como acompañante de lujo, acentúan, junto a las maderas, las dudas y sinsabores de ambos personajes y las tierras que recorren, de idéntico peso protagónico. Lo que antes sonaba como una animosa zarabanda, se va transformando en un pasaje más intenso e incluso doloroso, conforme las vivencias van dejando paso al sabor agridulce que la realidad impone. Es el caso de “Dulcinea”, que en la película describe la secuencia en la que una imagen sagrada de la Virgen es sacada en procesión por la gente de un pequeño pueblo, untada de pies a cabeza con fajos de billetes al punto de dejarla irreconocible, algo que “Monseñor” Quixote considera blasfemo y trata de impedir por todos los medios, aun a riesgo de resultar, como es el caso, lastimado físicamente. No falta la referencia al conocido y famoso inicio del relato cervantino, en “In a Certain Village…”, provisto de amargos ecos y cierto tono trágico, acorde al desenlace. Sancho será finalmente el único que sepa entender el delirio de Quixote, hasta el punto de acabar comulgando, a pesar de sus creencias, de la mano del humilde sacerdote. El fragmento que cierra la grabación, “Thoughts of a Distant Friend”, es una breve síntesis de la obra, provista de un extraordinario solo de flauta, revestida de una expresividad concluyente (gracias a la cuerda) que deja poso en el audiófilo, mientras propicia la reflexión sobre la amistad entre los protagonistas.

Debió quedar satisfecho García Abril de su trabajo, brillantemente interpretado por la “English Chamber Orchestra”, bajo la batuta de Dudley Simpson, pues tomó la partitura como base para su obra “Canciones y Danzas para Dulcinea”, que recogen, repartidas por mitad, el melodismo del original basado en sus temas centrales, los cuales, más allá del contexto, perfilan la expresiva autoría del compositor al decantar los resultados hacia aspectos más proclives a la emoción poética que no a las raíces meramente folclóricas a las que alude el film y sus personajes. Un disco de audición siempre aprovechable, que cuenta con un efectivo diseño de Luís Miguel Rojas y un breve texto introductorio del crítico Antonio Pardo en el que reflexiona acerca del contexto de las obras generadas a partir del personaje cervantino en relación con la presente obra y que ha generado la lógica expectación entre el aficionado, que ahora pueda satisfacer su curiosidad y anhelo por la posesión y disfrute, en una edición remasterizada a partir de la grabación original realizada por la citada compañía Red Bus, de una obra tan interesante como la presente, hasta ahora tan imperecedera como inasequible para el aficionado.  

Frederic Torres

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Un comentario a Monsignor Quixote, Antón García Abril.

  • Jorge Rodríguez Rueda  dice:

    Muy buena la reseña y muy acertado el análisis sobre esta obra maestra musical

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