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Trevor Jones, Cristal Oscuro.

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Cuando Jim Henson, creador de Barrio Sésamo y Los Teleñecos, afrontó la producción del film Cristal Oscuro allá por el año 1982, tenía el dilema de que al ser un film de fantasía y animación, requeriría de una banda sonora acorde con los mundos y personajes de ensueño salidos de su imaginario y del guionista David Odell. Por aquellos años de principios de los 80, los grandes dominadores en lo concerniente a la música de cine eran John Williams y Jerry Goldsmith, aunque empezaban a dar sus primeros pasos compositores como Alan Silvestri, James Horner, Bruce Brougthon y otros muchos, entre los que se incluía el autor final de la música para esta cinta, Trevor Jones. En un principio a estos compositores les costó hacerse un hueco ante el dominio de la inventiva de los dos reyes de la banda sonora, pero poco a poco, con mucho esfuerzo, sacrificio y con un talento más que sobrado, la mayoría de los comentados se fueron ganando el respeto de productores y directores, que cada vez contaban más con ellos para realizar las músicas de sus proyectos.

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Trevor Jones había nacido en Sudáfrica un 23 de marzo de 1949, pero muy tempranamente (a la edad de 17 años) se desplazó a Reino Unido donde se formó como compositor en la Royal Academy of Music. Tras estudiar también otras disciplinas relacionadas con el cine, como fotografía y dirección, a finales de los 70 empieza a trabajar en telefilms de segunda, realizando composiciones que se basaban, en su mayoría, en músicas al sintetizador. Su incursión en el cine vino de la mano de John Boorman en Excalibur (1981). Aunque en esta película también siguió usando los sintetizadores, echó mano a su vez de la orquesta sinfónica. Aún teniendo en cuenta que su música se vio eclipsada por la utilización del Carmina Burana de Orff y otras piezas del repertorio de Richard Wagner, lo compuesto por Jones no quedaría en el olvido, llamando la atención de una serie de directores que lo reclutarían para films muy interesantes. El primero de ellos fue Cristal Oscuro, la cinta que nos ocupa en este comentario, a la que seguiría una carrera muy reputada de casi cien títulos como Dentro del laberinto (1986) también para Henson, El último de los Mohicanos (1992) coescrita junto a Randy Edelman, Máximo Riesgo (1993), o Desde el Infierno (2001).

La película dirigida por Henson y Franz Oz, cuenta la historia del cristal oscuro que tras su rotura puso en jaque a Skekses y Místicos, provocando su división. Jen, el último de los Gelfling, tendrá que restaurar el cristal y así salvar al mundo de una era de maldad y dominio por parte de los Skekses. El primer reto al que se tuvo que enfrentar Trevor Jones, fue cómo musicalizar unos mundos inventados. El sudafricano se decantó por el uso de la orquesta sinfónica y un tratamiento clásico, insertando en el score los sintetizadores con la gran orquesta. No en balde, su educación musical estaba basada en un estudio tradicional, con un acento británico muy marcado que se notaría ya en esta composición y en obras posteriores.

El compositor comenzó escribiendo un leitmotiv, ya audible en las primeras escenas del film, dedicadas a los seres malvados llamados Skekses, donde podemos ver como su rey se está muriendo. En este leitmotiv, Jones dota a la melodía de un motivo de metales, que conjugado con los sintetizadores y cuerdas misteriosas y tenues, nos viene a describir musicalmente a estos extraños personajes maquiavélicos. Acto seguido, aplica este mismo leitmotiv para poner voz a los Místicos, llamémosles los buenos de la película, cuyo lider curiosamente también agoniza. Aún siendo la misma melodía, podemos comprobar aquí como el uso del motivo de metales no es tan provocador y estridente como en el utilizado para los Skekses, y también la dulzura melódica y evocadora de las cuerdas e instrumentos como la flauta, el arpa o el clarinete. Ahora bien, ya desde un principio nos surge la pregunta de por qué Jones utiliza un mismo leitmotiv para dos bandos tan diferentes. El que no haya visto la cinta, o la vea por primera vez, no lo sabrá, pero tiene su sentido. Lógicamente no era lo habitual en esta clase de partituras, lo más común era aplicar un leitmotiv diferenciado para cada personaje o serie de personajes.

Tras un solo de flauta que el personaje de Jen (el último de los Gelfling) interpreta, observamos que el leitmotiv principal también es asignado a la tarea que se le encomienda, que no es otra que la de restaurar el cristal.

Entonces nos encontramos con que un mismo leitmotiv es utilizado para los Skekses, los Místicos y también para la misión especial que debe de realizar Jen. Hasta bien avanzada la película el espectador no advertirá el porqué de esta situación, aunque la música lo viene reseñando desde el comienzo.

Al margen de este corte central utilizado a lo largo del metraje, ya sea para unas u otras representaciones, el autor escribe una serie de temas de acción como el dedicado al ataque de los soldados de los Skekses a la guarida de Aughra, donde la percusión y los metales son lo más destacado junto al empleo de los sintetizadores, o como el del ataque al poblado de los Pod.

También compone un tema bufonesco en el que da prestancia a los trombones, trompetas con sordina y otros instrumentos, para la escena del banquete de proclamación del nuevo rey de los Skekses. Es una música divertida, en la que los tintes cómicos afloran con muy buen criterio. Es notorio el uso del Mickey mousing, es decir el seguimiento mediante la música de cada uno de los torpes movimientos de estos peculiares personajes de aspecto de buitre.

Otro momento importante del score es el de la música utilizada para los Pod y su fiesta. Estos son unos pequeños y divertidos seres con los que vive Kira, una Gelfling que Jen encuentra en su camino y que le ayuda en sus propósitos. Sobre ella hablaremos a continuación. En cuanto a la música de los Pod, Jones aplica una melodía festiva de aire medieval, en la que utiliza instrumentos típicos como el cromorno, (proveniente de la Alemania medieval, es de la familia de los vientos madera), el tantan (instrumento de percusión) y el tambor.

Una de las partes más importantes de la banda sonora es la dedicada a los dos personajes Gelfling, para los que Trevor incluso compone un tema de amor. Lo escuchamos por vez primera en la escena en la que Jen descubre a Kira. Tras un interludio de arpa y oboe sugestivo y envolvente, da paso a la melodía de amor. Es una bella tonada dominada por el empleo de la cuerda, que hace alusión a los sentimientos que han surgido entre los dos. El love theme lo volveremos a escuchar en diferentes ocasiones, en las que el autor realiza variaciones, ya sea con la flauta ejecutando en un principio la melodía principal, o siendo las cuerdas en un alarde de belleza, las encargadas de mostrar en música el amor que se profesan los dos protagonistas.. El personaje de Kira tiene su propio tema, que escuchamos de forma diegética, al igual que el que interpreta Jen al comienzo del film. Se trata de un bello y alusivo canto que percibimos en la mágica escena del pantano.

Todo lo expuesto hasta ahora es mezclado e insertado en la escena final donde Jen logra restaurar el cristal, y vemos cómo tanto Skekses como Místicos se funden en un solo ser divino, que en realidad ya había existido antes de la rotura del vidrio. De ahí que el compositor aplicara un mismo leitmotiv para los dos: son un solo ser que se dividió en malvados y afables. En esta larga escena musical, se introduce igualmente el uso de las voces, en concreto las femeninas, aunque también las masculinas en referencia a los cánticos de estilo tibetanos que los Místicos tatarean a lo largo de la película, que escuchamos cuando Skekses y Místicos se fusionan en un solo ser, uno de los momentos musicales más bonitos de la partitura.

El score compuesto por Trevor Jones cuenta con las orquestaciones del propio compositor, además de la ayuda prestada por John Coleman y Peter Knight. Por supuesto, fue un acierto que la London Symphony Orchestra la interpretara bajo la batuta de Marcus Dods.

En cuanto a las ediciones discográficas, en 1982 Warner Bros. Records editó un álbum con 13 cortes y una duración de aproximadamente unos 40 minutos. Ya en 2003 apareció un doble CD a manos del sello Numenorean Music. El primer disco contenía los mismos 13 temas ya editados en el 82, y en el segundo podíamos encontrar la música completa tal como había sido adecuada a las imágenes. Este CD contenía 28 cortes y un total de 68 minutos. En 2007 el sello estadounidense La La Land Records reeditó el álbum de 1982 para el 25 aniversario del film.

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