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Patrick Doyle. Asesinato en el Orient Express.

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Hay veces en las que un compositor de cine realiza un trabajo en total compenetración con el director. Quiero decir, que si el segundo está más o menos acertado, el primero parece ser que sigue sus pasos. Esto es lo que le ha ocurrido al binomio formado por Kenneth Branagh y Patrick Doyle en hasta ahora su última colaboración Asesinato en el Orient Express.

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La película, un nuevo acercamiento a la novela de Agatha Christie, que ya hiciera Sidney Lumet en los años 70, se desarrolla de menos a más. Comienza titubeante, con algunas escenas que rozan el ridículo, en las que el compositor galés va a la par de lo que realiza el director. Estas primeras escenas que transcurren en Jerusalén y sirven para presentar al personaje del detective Poirot, interpretado por el propio Branagh, no tienen ni pies ni cabeza, y parece que el bueno de Doyle se deja contagiar por el mal hacer del director, dedicándose solo a mantener una orquestación arábiga, no muy lograda, y escribir unos temas sin chispa.
La cosa no mejora cuando ya a bordo del tren comienzan el viaje. Si en el film de Lumet, Richard Rodney Bennett compuso un tema glorioso que acompaña la salida del ferrocarril, Doyle hace lo propio pero con una música insulsa y anodina.

Tanto la película como la música se enriquece a partir de entonces. Doyle imprime una serie de cortes que recrean a la perfección el misterio del intrigante asesinato que ocurre en uno de los vagones, y al igual acompaña con música muy dinámica y bien ejecutada algunas escenas, pocas, de acción.

Pero sin duda compositor y director llegan a su máxima expresión creativa en las escenas finales, cuando Poirot reúne a todos los integrantes del vagón y expone sus conclusiones. Un soliloquio de varios minutos de duración, donde la interpretación de Branagh, la dirección, la fotografía, pero sobre todo un excelsa y bella creación de Doyle, llegan al éxtasis cinematográfico. El compositor crea un tema de cuerdas y piano bellísimo, que va in crescendo conforme Poirot va dando sus explicaciones. Una música de melodía grácil dedicada a Dasy, la pobre niña asesinada por el aniquilado en el tren, y el amor que cada uno de los doce asesinos sentían por ella, el mismo que les lleva a encontrar su propia justicia. Sin duda lo mejor del score.

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