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Especial Halloween 2017.

Dentro de la producción de la Universal Pictures, el género de terror supuso uno de sus mayores logros. Su época dorada abarcó desde los años 30 a los 50. Uno de los personajes que llevaron al cine fue el más famoso de los detectives, Scherlock Holmes, creado por la pluma de Sir Arthur Conan Doyle.

La película en cuestión de la que vamos a hablar es La casa del miedo (1945), un film dirigido por Roy William Neill, con guión de Roy Chanslor, basado en una historia de Arthur Conan Doyle. Basil Rathbone y Nigel Bruce interpretaban a los dos protagonistas, Scherlock Holmes y el doctor Watson, que en esta ocasión tendrán que descubrir quién es el misterioso asesino que está matando uno a uno a los miembros de una mansión.

Paul Sawtell se encargó de componer la banda sonora. Nacido en Polonia en 1906, Sawtell emigró a Estados Unidos como tantos otros compositores, allí entró a trabajar bajo contrato de la RKO en 1938 . Sawtell sería más adelante conocido por sus partituras en conjunto con Bert Shefter.

El autor escribió para este film un score que incidía tanto en el misterio que rodea a la misteriosa casa y sus habitantes, con empleo de cuerdas inquietantes y sinuosas, con especial atención de los chelos y bajos. Por supuesto, el compositor también creó un tema principal poderoso, dominado por los metales y las cuerdas, que a la vez crea tensión y mete al espectador de lleno en la historia.

Una BSO clásica muy bien acabada que refleja la calidad de la inmensa mayoría de los autores que trabajaban en Hollywood durante esta era dorada.

 

 

¿Qué sucedió entonces?- Quatermass 3 (Quatermass and the Pit 1967).

Tercera entrega de los films dedicados al personaje de Quatermass, dirigida por Roy Ward Baker y con un guión escrito por Nigel Kneale. El reparto estaba formado por James Donald, Andrew Keir y Barbara Shelley.

En la ciudad de Londres se encuentra lo que parece una bomba de la Segunda Guerra Mundial. Al investigarla se descubre que no es así. Ante la incredulidad de las autoridades, se llama al Doctor Quatermass, quien descubre que dentro de esta esfera habitan unos extraños seres extraterrestres que cambiaron el metabolismo humano en la prehistoria, y que intentan resurgir de su invernada.

En el apartado musical, fue Tristram Cary el encargado de la composición.

Tristram Ogilvie Cary nació en Oxford el 14 de mayo de 1925. Era hijo del novelista irlandés Joyce Cary. Comenzó estudiando música en el Dragon School y Christ Church de Oxford y en la Westminster School y el Trinity College of Music de Londres. Durante la segunda guerra mundial se incorporó a la Royal Navy. Comenzó a experimentar con los sonidos electrónicos y las primitivas cintas magnéticas de la época. Después de la guerra completó sus estudios de composición, piano, trompa y viola. Se dedicó a la enseñanza y construyó el primer ensayo de música electrónica en una tienda de gramófonos. Desde el año 1954 produjo una gran variedad de conciertos y partituras de obras para teatro, radio, cine y televisión. Entre sus obras destacan una Sonata para guitarra (1959), Continuum, una de las primeras creaciones para cinta magnética (1969), una cantata Peccata Mundi (1972), Contours and Densities at First Hill para orquesta (1972), la composición para Cuarteto de Cuerda N º 2 (1985) y Dancing Girls para orquesta (1991). Cary es también particularmente conocido por sus bandas sonoras para el cine y la televisión. Escribió música para la serie de ciencia-ficción Doctor Who. Más tarde colaboró en las películas para la Hammer, con muy buenos resultados. En 1967 creó el primer estudio de música electrónica de la Royal College of Music. Presentó el diseño visual para el sintetizador SME VCS3, el primer sintetizador portátil, aunque no el primero que se adjunta a un teclado, diseñado por Bob Moogc un año después, en 1970. Este sintetizador fue el utilizado por Pink Floyd en su álbum de 1973 Dark Side of the Moon.2.

El score de Cary es atonal y opresivo. Los metales y la percusión son la nota dominante, aunque durante los primeros descubrimientos el suspense viene dado de la mano de la cuerda en conjunción con los dos anteriores.

La trompeta y un motivo de pandereta son introducidos para crear el ambiente de intriga necesario, junto con un inquietante solo de arpa, y clarinete. Todos son usados en la escena del poltergeist. Por cierto, compuesta por Carlo Martelli.

En las escenas de los ataques de estas criaturas, la música se vuelve más dinámica, pero el tono terrorífico no deja de estar presente. Los metales y la percusión, junto a los sonidos graves de la cuerda chirriante y un solo de flauta, son usados en estos.

La parte electrónica también es muy destacada en la partitura. Sonidos sintetizados y electrónicos que hacen a la vez de voz interior de los extraterrestres y de los ruidos de sus anodinos aparatos y naves.

En definitiva, una banda sonora atonal, donde el terror es escenificado por el uso de los metales y la percusión, unidos a la cuerda, que se muestra a veces estridente y amenazante y otras más suave y enigmática. La flauta tiene un destacado papel a la vez. Los extraterrestres, como he dicho, se manifiestan a través de los oscuros y raros sonidos electrónicos.

Una obra muy interesante y atrevida, editada en disco por el sello GDI en 1999. Contiene 29 temas que hacen un total de una hora y seis minutos de duración.

A mitad de los años 70 cuando la Hammer daba sus últimos coletazos, surgieron en Gran Bretaña otras productoras especializadas en terror, como fueron la Amicus y la Tyburn. Ambas contrataron los servicios de actores, guionistas, directores y otra clase de personal proveniente de la primera. Entre estos, por supuesto, también se encontraban los compositores, que veían una buena salida el componer las músicas para las numerosas producciones que estas realizaban. Uno de ellos fue el injustamente olvidado Harry Robinson.

En 1975 Freddie Francis, director de fotografía ganador del Oscar y ocasional director de algunos films muy interesantes para la Hammer y otras compañías, se puso tras las cámaras en esta historia producida por su hijo Kevin, uno de los fundadores de la Tiburn. El guión corrió a cargo de Anthony Hinds, otro de los viejos conocidos de la Hammer, así que no era de extrañar que Robinson recalara en este film.

Protagonizada por Peter Cushing, Ron Moody y Hugh Griffith, en ella se recuperaba y actualizaba un viejo guión de Hinds, que fue en su día el primer borrador de La maldición del hombre lobo (1961). La historia narraba la vida de un joven criado por los lobos, que tras ser rehabilitado para la vida humana, sufre extrañas transformaciones las noches de luna llenas, siendo perseguido por el personaje de Peter Cushing.

La música de Robinson, ahondaba en las secuencias de terror, siendo los metales potentes y las cuerdas estridentes las predominantes en estas. Con ellos crea la tensión idónea.

Trombones y trompas dan paso a un motivo que escuchamos siempre inmediatamente antes de los ataques del hombre lobo, siendo acompañado acto seguido de unas cuerdas.

El compositor utiliza, un suave motivo de flauta, arpa y cuerdas, para acometer el dramatismo y tormento interior de este joven, el cual en cierta forma es una víctima más. El sonido del arpa, junto con un motivo de sintetizador, servirá también para ejemplarizar las transformaciones del joven, casi como si se nos quisiera decir que tal vez solo sea imaginaciones del muchacho. Un score muy interesante, que aúna, el misterio con lo terrorífico, y el dramatismo con lo hipnótico.

En las películas de terror a veces un compositor tiene que andar con pies de plomo, no sobresalir más que lo que se muestra en pantalla, pero si advertir el terror por ejemplo antes de que se produzca. Benjamin Wallfisch es un compositor que en los últimos tiempos se está dejando caer con frecuencia en este género, con bastantes buenos resultados. Si hace unas semanas se estrenaba It, cuya música firmaba el británico, la siguiente entrega de la terrorífica muñeca Anabelle, también lleva su firma.

El compositor aborda esta partitura diferenciándola en dos partes. La primera contiene música más afable aunque melancólica, y hace alusión a la tristeza que sufre la familia Mullins tras la muerte de su hija. Cuerdas, relajadas y tristonas, con especial utilización de los chelos. Estas músicas, también más humanas, son aplicadas con posterioridad al personaje de la niña inválida que se muda a la casa de los Mullins, sin mucho sentido por cierto, junto a otras huérfanas. Al igual que las utilizadas para los propietarios de la casa, suenan melancólicas y muy pausadas, siendo las cuerdas y un motivo de piano su principal valía. Hay que tener en cuenta que la chica está muy triste dada su situación.

En un segundo término, encontramos los temas oscuros y terroríficos aplicados a la muñeca y el personaje diabólico que habita en ella. Wallfisch utiliza cuerdas agresivas, metales, percusiones y sintetizadores en los momentos que este ser ataca a las pobres chicas, siendo una música tenue y agresiva a la vez, por otra parte lo que pedían estas escenas. También encontramos otro tipo de música que podríamos incluir en este apartado, que son las dedicadas a los instantes anteriores a las apariciones y ataques infernales. Aquí descubriremos cortes, que crean misterio, gracias a la utilización de unos motivos de cuerdas que se mantienen en suspensión creando la intriga necesaria hasta la aparición más estruendosa de la música ya comentada utilizada para el mal.

Una BSO convencional que sirve bien a los propósitos del film, sin más pretensiones, a veces tenemos la sensación de que esta partitura la hemos escuchado ya cientos de veces.

 

 

 

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