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Benjamin Wallfisch, IT.

IT(2017).

Transcurridos veintisiete años desde la última adaptación, en este caso para televisión, de la aclamada novela de Stephen King IT, ahora llega a las pantallas cinematográficas la nueva versión a cargo de Andrés Muschietti. Estamos ante una película mucho mejor acabada tanto en su desarrollo argumental, como en otros aspectos como la música. Las escenas están muy bien rodadas, y es que la antigua versión dejaba mucho que desear.

El argumento es de sobra conocido, sobre todo entre los aficionados al escritor de Maine. En un pequeño pueblo de Estados Unidos, y durante el transcurso de las vacaciones de verano, tópico recurrente en la bibliografía de King, los niños de la comunidad sufren ataques y misteriosas apariciones, a cargo de un payaso diabólico, que surge para sembrar el terror cada veintisiete años.

Si en su anterior film, Mama (2013), Muschietti contó con un gran aporte musical a cargo del español Fernando Velázquez, aquí se hace acompañar por los acordes de Benjamin Wallfisch, que últimamente se está especializando en terror. En esta nueva cinta de Andrés, de nuevo encontramos una historia y un guión en el que se juega con los niños, su presencia es de lo más destacado del film, junto con el payaso, al igual que sucedía en Mama.

El compositor aplica para esta banda sonora un tema principal cuyo mayor exponente es el piano. Aunque podríamos asociarlo con el que escribiera Richard Bellis para el Tv Film de 1990, como otros críticos han señalado, se diferencia de este en todos los sentidos. La música de Bellis, es más artificial, más rudimentaria, tal como se venía haciendo en las cintas de terror de los años 80 y 90, con esto no quiero decir que no fueran efectivas. Sin embargo el tema central de Wallfisch es mucho más desarrollado, armónico y elegante, cargado de un cierto tono a lo Erik Satie.

Wallfisch desarrolla una serie de temas de corte terrorífico o misterioso para las escenas de las apariciones del payaso, mezclando sintetizadores con orquesta tradicional, y creando por ende una conjunción perfecta con las imágenes. Estas músicas acrecientan el terror.

Al ser una historia con menores, tal como hiciera Velázquez en Mama, el compositor británico utiliza las voces de niños para dar prestancia tanto a los protagonistas que deben de luchar contra el demoníaco acechador, como a los asesinados por este ser de ultramundo.

En el score también hay cabida para una serie de cortes de aire más bucólicos y placenteros, con ciertas reminiscencias a Jerry Goldsmith, todo ahí que decirlo. No olvidemos que los protagonistas son unos niños, y que en teoría, si los dejan, deben disfrutar del verano y de la tranquilidad del pueblo. Es entonces cuando la música de Wallfisch se vuelve más sosegada y pausada en sus cánones, con empleo de cuerdas, y suaves vientos, destacando solos de flauta preciosos. Dentro de estos cortes, podríamos decir que aparece un tema de amor dedicado a la chica y el líder de la pandilla, dominado por suaves cuerdas .

Para finalizar, si el payaso tiene sus músicas asfixiantes y demoledoras, el grupo de chicos y la unión de estos, tiene otro tema propio que se mantiene en constante lucha con esta música atosigadora. Es un tema en el que Wallfisch escenifica la valentía y la luz interior que desprenden, y que contrasta con las músicas oscuras del payaso protagonista.

 
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