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James Horner, The Dresser (La sombra del actor).

The Dresser (La sombra del actor 1983)

El británico Peter Yates, autor de films tan destacables como Bullit (1968) o Abismo (1977), fue el director de esta excepcional cinta, basada en la obra de teatro de Ronald Harwood, que se encarga aquí también del guión. La cinta, como digo, es extraordinaria, lástima que a día de hoy no sea muy recordada. Cosa extraña si se mira con detalle el éxito de crítica que tuvo en su tiempo. El film está protagonizado por un trío de actores ingleses de quilates, me refiero al genial Albert Finney, el no menos destacable Tom Courtenay y Edward Fox, por todos recordado como el asesino a sueldo en Chacal (1973) de Fred Zinnemann. La cinta cuenta con unos muy buenos decorados y vestuario. Columbia Pictures produjo esta película, que obtuvo cinco nominaciones a los Oscar: Actores (Finney y Courtenay), director, película y guión. Entre sus numerosas nominaciones también encontramos la de mejor película extranjera en los Globos de Oro, al igual que el Oso de Plata al mejor actor (Finney) en el Festival de Berlín, o las siete nominaciones a los Bafta, incluyendo mejor película.

Yates nos cuenta las vicisitudes por las que pasan durante los bombardeos alemanes a Londres un actor shakesperiano en el olvido y su devoto ayudante. Una especie de relación amor odio, que se ve salpicada por la Segunda Guerra Mundial.

Horner compuso una partitura cuyo tema principal contiene un aire misterioso al comienzo en las cuerdas, donde el arpa ejecuta un motivo de apacible melodía, secundado por el oboe, un tema que auspicia intriga. Una variación del mismo escuchamos en la escena en la que Finney tiene una pesadilla y es abrazado por su mujer. Esta vez con voz femenina, arpa y cuerdas que se mantienen en suspensión. Con esto Horner nos narra la atormentada personalidad del personaje interpretado por Finney. Tiene arrebatos de ira psicóticos, como el que se produce en medio de la calle siendo observado por todo el mundo que deambula por allí, es entonces cuando Horner con su música compasiva, formada por voces femeninas junto con susurros de las cuerdas, se apiada de este curioso personaje.

Al ser una cinta basada en una obra teatral contiene muchos diálogos, por lo que no hay apenas música, pero cuando hace falta Horner se dedica a narrar musicalmente, sobre todo los cambios de personalidad de este loco. Lo hace mediante temas dramáticos, en los que la cuerda se compadece del actor, apareciendo leves toques de trompeta típicos de Horner y la voz femenina en un registro muy suave, que hace que el espectador tenga lástima de este pobre hombre, magníficamente interpretado por un Finney en estado de gracia.

Sólo podemos encontrar algún tema más alegre, por ejemplo cuando antes de una representación la orquesta ensaya una divertida melodía, dominada por el violín.

En el “End Title”, Horner introduce un solo de violín junto al uso del piano, y sin dejar de lado el arpa, que si escuchamos con detenimiento tiene similitudes con el score que compondría muchos años más tarde para el film Iris, y también con su obra de concierto Pas de Deux. Introduce de nuevo ese motivo de trompeta, de aire misterioso, dotando de un tono decadente pero a la vez misericordioso, hacia su personaje principal.

Una banda sonora corta, pero que cubre con nota alta las exigencias del film, y en la que oímos uno de los temas más bonitos de toda la carrera del compositor hasta entonces. Por desgracia no disponemos de una edición discográfica con la que poder disfrutar de la música, siendo la visualización del film el único medio para ello.

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