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Christopher Gunning, The Big Battalions.

En la vida a veces ocurren cosas que no tienen sentido, vemos como supuestos artistas sin talento triunfan, y otros que lo atesoran sobradamente caen en el olvido. Por desgracia la música de cine no es ajena a este hecho, infinidad de compositores sin una pizca de ingenio son llamados para musicalizar producciones de todas las índoles, y otros caen en el más absoluto ostracismo, aún siendo sobradamente mejores compositores. Podría citar decenas de músicos mediocres que trabajan sin cesar, pero no lo voy a hacer, me centraré en hablar sobre un autor que exceptuando alguna ocasión aislada, se ve relegado a la desaparición de la composición para cine. Este no es otro que Christopher Gunning, un compositor excepcional, al que por alguna fuerza extraña que no advertimos, o entendemos, ha sido expulsado de la música de cine por estos seudo-compositores repetitivos y sin ningún tipo de criterio. En la actualidad, el bueno de Gunning anda refugiado en la composición de música para salas de concierto, con mucho éxito por cierto, creando trabajos magníficos, entre los que se encuentran varios conciertos para violín, chelo y un buen número de obras.

En concreto vamos a comentar la música que escribió en el año 1992, para una serie de televisión británica de cinco episodios, The Big Battalions. Dirigida por Andrew Grieve, habitual en la dirección de este tipo de series, nos narra las historias de tres familias, cristiana, musulmana y judía. La historia se desarrolla tanto en Gran Bretaña, como Etiopía, Israel, Jordania y Arabia Saudí. Algunos de los personajes buscan la fe, otros el poder, y varios están poseídos por un fanatismo que trae derramamiento de sangre. La política, las batallas, el adulterio, los secuestros y las dudas y tristezas personales están en contra de los antiguos cismas entre diferentes credos. Entre el reparto encontramos nombres como Juliet Aubrey, Brian Cox o Jane Lapotaire.

El discurso musical que nos ofrece Gunning, viene marcado por un poderoso tema central arrollador y de una fuerza increíble. Consta de un bello canto femenino, Nicole Tibbels como soprano, evocador y grandilocuente, que se mezcla a la perfección con un no menos llamativo uso de la percusión, de origen étnico, y las demás voces del coro que acompañan en ocasiones a la voz principal. Este es un tema de cierto parecido con las músicas vocales que escribiera Ennio Morricone para La Misión (1987), pero se aparta de estas, dándole un tratamiento diferente. El leitmotiv se usa a lo largo de la serie con diferentes variaciones y usos narrativos. La verdad es que cuando uno lo escucha, queda fascinado por su belleza desde un primer instante, su magnificencia musical y su perfecta adecuación a la trama, que en definitiva es de lo que se trata.

Una vez escuchada esta maravilla salida de la inventiva y talento del compositor británico, el espectador oyente quedará tan absorto por su belleza, que todo lo que pueda hacer Gunning en lo restante no acaparará la misma atención. Aún así, crea temas con un cariz altamente dramático, sobre todo con el apoyo de la sección de cuerdas, todos denotando su buen hacer compositivo y cineasta.

El autor utiliza instrumentos como el ewi, instrumento de viento electrónico, aquí tocado por Phil Todd, que usa para un motivo musical asignado al personaje de Yousef, y que junto con la percusión, a cargo de Frank Ricotti, crean la atmósfera deseada para el personaje. Dependiendo de su estado de ánimo, sufrirá distintas variaciones.

Cabe destacar en la partitura el uso de solos de chelo para las escenas más intimistas, interpretados por los solistas Anthony Pleeth y Keith Harvey.

También es llamativo la utilización de las percusiones e instrumentación de estilo árabe en varios momentos del metraje destinados a los personajes musulmanes y también judíos.

Los temas de acción, como los de las batallas, por ejemplo, son ejecutados con el predominio del uso de redobles de tambor, que junto con los demás instrumentos de percusión, y un latente motivo de cuerdas que se mantiene en suspensión detrás de la idea principal ejecutada por la percusión, quedan magníficamente con las imágenes.

Gunning también incluye un canto llamado “Libera Me” para coro y orquesta, de estilo más clásico y europeo que acompaña a los personajes cristianos. Este aparece en diferentes instantes de la trama, y destaca en la secuencia final, donde es sustituido por el leitmotiv principal mucho más esperanzador y apaciguador. Con esto el autor quiere unificar a todas las clases religiosas en un mismo grupo, a pesar de sus diferencias, que no es otro que el de ser personas de la misma especie. Un cántico unificador, sugestivo y de belleza inusitada que une en vez de desunir, a todas estas gentes, un acierto por parte de Gunning.

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