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Nicolas Erréra, Nuit Blanche.

Existen compositores en este difícil mundo de la música de cine que no gozan de la fama o estatus de los grandes nombres aún siendo músicos extraordinarios. Sus músicas desaparecen dentro de la industria  del cine. Los críticos consideran obras maestras a las partituras de los mediaventures o a las del sobrevalorado Michael Giacchino, pero no presta atención a esta clase de autores. El aficionado no sabe de ellos, ni se preocupa, no les interesa, prefieren escuchar más de lo mismo, que es lo que les ofrecen los autores mencionados con anterioridad. Entre estos autores olvidados que trabajan con frecuencia, lo que pueden claro, encontramos a Nicolas Erréra, un compositor extraordinario.

Nacido en París en 1967, Erréra proviene de una familia de artistas, su padre es dramaturgo y su madre escenógrafa. Cuando era adolescente se unió al grupo del director de teatro Peter Brook. Tomó clases de piano y composición en la Escuela de Música de París, estudiando con Serge Petigirard (piano) y Max Deutsch (composición). También estudió armonía y contrapunto con el compositor Joanne Richer, al igual que composición para cine con Laurent Petitgirard. Poco tiempo después se unió a la clase de música Acusmática en el Conservatorio Nacional Superior de la Francia. Allí descubrió otra forma de composición musical, basada en la desmaterialización de la fuente de sonido (haciendo música con ordenadores, sintetizadores, etc.). En sus composiciones se nota esta mezcla ecléctica de géneros, realizando obras muy destacadas tanto para el cine como para el teatro.

En esta ocasión vamos a comentar la música que compuso el francés para el film Nuit Blanche (2011), un thriller de acción dirigido por Frédéric Jardin, donde un policía roba un bolsa de cocaína a una banda criminal, y estos a cambio secuestran a su hijo para que se la devuelva.

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Como buen film de género, Erréra crea unos temas de nerviosas y frenéticas sonoridades con los que acompaña las escenas más movidas. Lo hace a través de cuerdas punzantes, percusiones provocativas y sonidos del sintetizador.

El autor incluye otra serie de cortes que mezclan la personalidad del protagonista, con la intriga propia de la situación. Lo primero lo logra ahondando en sus sentimientos a través del piano y solos de chelo. Se trata de un hombre con problemas económicos que se ha visto forzado a hacer lo que ha hecho. Son cuerdas misteriosas y percusiones las encargadas de reproducir lo segundo.

No faltan en el score las músicas ambientales, de formato lineal que absorben al espectador y lo hacen partícipe de la trama casi sin quererlo. Estas músicas son ejecutadas por el sintetizador. Así como también encontramos experimentaciones sonoras atonales a cargo de las cuerdas y los teclados.

Sin duda lo mejor de la partitura viene dado por la angustia que sufren los padres ante el secuestro de su hijo. Lo podemos comprobar en temas como “Separation”, con suave orquestación de cuerdas, que arropan a los progenitores, y escenifican sus preocupaciones. Destaca en este corte la inserción de un solo de guitarra eléctrica de bella factura. La música es de tono melancólico.

“Paternity” es la joya de la corona de esta banda sonora. Comienza con una bella melodía ejecutada al piano, dominador absoluto, y es secundado a la vez por un motivo de cuerdas en suspensión, que arropan lo expuesto por el piano. La música es extraordinariamente preciosista y triste, pero nos muestra a la perfección el sentir de unos padres y lo que están dispuestos a hacer por el bienestar de sus hijos.

Una banda sonora muy loable, disponible en formato digital. La edición corrió a cargo de MoviescoreMedia.

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