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Especial Semana Santa 2017.

Como cada año traemos a musicadecineblog.com el especial de Semana Santa. Lo comenzamos con la música que compuso Franz Waxman para Demetrius y los gladiadores.

Demetrius y los gladiadores (1954), supuso la continuación del film La túnica sagrada dirigido un año atrás por Henry Koster. En esta ocasión sería Delmer Daves el encargado de ponerse tras las cámaras, contando con las actuaciones de Victor Mature, Susan Hayward, Michael Rennie, Debra Paget y Anne Bancroft, entre otros. El insigne Philip Dunne volvió a escribir el guión, al igual que en la primera de las películas.

Esta vez, Demetrius tendrá que hacer llegar la túnica de Jesús a Pedro antes de que recaiga en las manos de Calígula, el cual la ansía por creencias de que el manto alberga un poder mágico.

En cuantos a los cambios sufridos respecto a la primera de las cintas, en esta segunda parte, tenemos el de nuevos actores, director y compositor. Fue Franz Waxman quién sustituyó a Alfred Newman, aunque en el score de esta nueva película se mantenían algunos de los temas centrales de la anterior. Así el tema místico relacionado con la túnica, aparece a lo largo de la partitura, por ejemplo.

Aún teniendo un duro trabajo por delante, y más cuando tienes que sustituir lo realizado por Newman, Waxman compuso una banda sonora soberbia, que no hizo añorar lo que pudiera haber realizado el primero.

La partitura de Waxman, no se basa tanto en lo místico, como si lo era la de Newman, Waxman incide más en los temas de acción, con metales, cuerdas y percusiones arrolladoras. Escribió un tema principal de coros, cuerda, metales y percusión, de orquestación grandilocuente, para magnificar la hazaña de Demetrius.

Al igual que acomete las escenas de misterio, por ejemplo el tema de las catacumbas, con músicas oscuras, en las que las cuerdas sinuosas, y los susurros de los coros, mantienen al espectador conmocionado, y hace que las escenas que acompañan tengan más prestancia.

El músico al ser un film de romanos, entre otras cosas, incide en las fanfarrias dedicadas a las tropas de Calígula, usando para ello orquestaciones en la que los instrumentos étnicos adquieren protagonismo.

Por supuesto, Waxman sustenta el drama implícito en la película, con cortes de bella factura, en los que la cuerda, de una forma desgarradora, nos trasmite ese drama de los protagonistas y de la historia en sí.

Calígula es presentado con una fanfarria de metales poderosa, golpes de gong, percusiones atronadoras, es una música en la que se puede comprobar la mano firme del dominio de Calígula, y en la que Waxman deja entrever también en sus notas, la maldad del personaje.

El tema de amor no podía faltar en una partitura del maestro, es asignado a Messalina y Demetrius, y comienza con un suave fraseado de cuerdas, flautas de melodía deliciosa, al que se le va incorporando una variación del tema central de Newman para la primera película. El aspecto sexual de la relación, también es acariciado por Waxman en un tema a modo de danza, con predominio del arpa, pandereta y el oboe, en el que la tensión sexual se palpa en lo musical.

Una obra maestra sin lugar a dudas, que hace nos replantearnos las supuestas obras maestras que muchos de los críticos musicales llaman a scores actuales que no rozan ni el aprobado.

 

 

Nacido en San Sebastián el 18 de septiembre de 1897, Sorozábal es uno de los compositores más destacados de la escuela vasca, una tierra que ha dado una cantidad enorme de grandes autores, muchos de ellos relacionados de una manera o de otra con el cine. Aunque la inmensa mayoría de la obra de Pablo está dedicada a la zarzuela o la ópera chica, también son importantes sus obras sinfónicas tales como Capricho español (1922), Suite Vasca (1923) o Variaciones para quinteto de viento (1988). Murió en Madrid el 26 de diciembre de 1988.

Para el cine apenas compuso tres o cuatro bandas sonoras, siendo la más llamativa esta que nos ocupa, Marcelino pan y vino. Fue dirigida por Ladislao Vajda, un cineasta de origen húngaro que realizó filmes por varias cinematografías, incluso para Hollywood, recalando en los años cincuenta en España, donde dirigió varios de los títulos con más relevancia de los 50 y 60.

Bueno ¿Quién no conoce la película en sí?, un clásico de nuestro cine, interpretado por el niño Pablito Calvo, Rafael Rivelles o Fernando Rey. La historia narra las vicisitudes de un niño abandonado en un monasterio, que es criado por los monjes. Al pequeño se le aparecerá el hijo de Dios, a través de una imagen con la que incluso llega a hablar.

La música de Sorozábal incide en lo místico y religioso de la historia, utilizando un tema principal dominado por las cuerdas y coros celestiales, una música que encuentra su máxima expresión en una de las primeras escenas en las que el pequeño habla con Jesús. Esta música dramática, y en forma de réquiem, eleva el alma del oyente, sea este creyente o no. La expresividad de las cuerdas cuando el niño visita a Dios, como él lo llama, es arrolladora. Destacando tanto lo místico como el cariño que desprende la figura hacia el niño.

También escuchamos músicas asociadas al chico, a sus juegos y travesuras, con predominio de los vientos y las cuerdas. Son músicas que siguen y remarcan los movimientos de Marcelino.

Sorozábal escribe un tema a modo de pastoral para incidir en la vida apacible de los monjes y su comunidad, una música que anticipa la llegada del pequeño al monasterio.

Los temas más agrestes están dedicados al personaje del Alcalde y la manía que le tiene al joven, incluso hasta el punto de inventarse supuestas agresiones del muchacho.

En resumen un score excelente que haría falta se recuperara en formato discográfico.

 

 

El príncipe de Egipto (1998) de la productora DreamWorks, creada por Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen, supuso uno de los primeros éxitos a nivel mundial de la reciénte empresa. Una película de dibujos animados en la que parte de esta gloria vino dada por la estupenda música compuesta por Hans Zimmer, y las canciones de Stephen Schwartz.

La cinta nos narra, la más que tratada en el cine, historia de Moisés, su hermano Ramsés y como con el tiempo se descubre el origen hebreo del primero, y su supuesta ayuda de Dios en el éxodo al que conduce a su pueblo. El origen de los diez mandamientos y demás acontecimientos narrados en la Biblia.

El film se diferencia de por ejemplo Los diez mandamientos (1956), aparte de ser animada, en que su tratamiento, aunque dramático en ocasiones, es musical, de ahí las introducciones de numerosas canciones.

Pues bueno, en lo referente a esta parte más dramática y enfática a veces, es Hans Zimmer a través de su partitura el que nos guía en el particular camino del hebreo. Lo hace presentando las tierras de Egipto y su pueblo, con una música potente, en la que los metales y la percusión inciden en el poderío de los egipcios en esa época. Inserta en menor medida algún toque étnico, con la utilización de instrumentos típicos del entorno.

Para los hebreos y su esclavitud, el alemán crea unas músicas, más calmadas, en las que las cuerdas y los vientos son las voces de los oprimidos. Son temas en los que se mezclan la melancolía de un pueblo sometido, con lo místico de sus creencias, y la fe en poder llegar algún día a su tierra prometida. Los solos de flauta, son muy destacables en estos.

Por supuesto, los aspectos más dramáticos de la historia, son acompañados y duplicados en efectividad, gracias a los acordes de la cuerda, a los que se les une un motivo de estilo hebreo, en el que se utiliza instrumentación típica.

Zimmer escribe también una serie de temas que inciden en la primera etapa de felicidad, en la que vive Moisés como príncipe de Egipto. La instrumentación étnica, es notable, y la música desprende positividad.

Hay que decir que los coros adquieren una importancia suprema en muchos de los temas utilizados por el músico en esta partitura, dando solemnidad en momentos cruciales, y proporcionando paz y tranquilidad en otros, al igual que tensión en escenas más movidas.

Todo lo comentado se funde a la perfección con las melodías de las canciones escritas por Schwartz, siendo en ocasiones parte del score instrumental.

Una banda sonora nominada a los Oscar en la categoría de Mejor Banda Sonora (comedia o musical), y ganadora del premio de la academia de Hollywood a mejor canción por “When You Believe”, interpretada en el álbum por Mariah Carey y la desaparecida Whitney Houston. Stephen Warbeck con su Shakespeare in love, fue el ganador en la primera de las citadas.

 

 

Risen o Resucitado, fue una coproducción entre Estados Unidos y España del año 2016, en la que se trataba el tema de Jesús de Nazareth, pero desde una perspectiva diferente. Es la historia de un centurión romano, al que Pilatos le asigna la tarea de averiguar la desaparición de su tumba del cuerpo de Jesús.

Al ser una coproducción, podemos encontrar diversos nombres españoles entre el reparto, así como en otros aspectos del film como el musical, donde el murciano Roque Baños se hace con las riendas de un proyecto complicado, pero salvado con solvencia, como todo lo realizado por el compositor. Fue el director Kevin Reynolds (Waterworld, Rapa Nui) quien confió en él, tras sus trabajos tan eficaces en otras películas americanas.

La música de Roque deambula entre lo místico y lo misterioso, así que haya una sucesión de temas en los que incida en ese misticismo religioso que se mantiene en la cinta, con la utilización de instrumentos étnicos (el duduk, entre ellos) y un motivo de voz femenina muy recurrente. Roque utiliza a su vez un suave y lineal fuente de piano, que le sirve como propósito de enfatizar lo espiritual.

Son las cuerdas, sobre todo, las encargadas de crear la tensión misteriosa que impera en algunas de las escenas en las que el centurión se encarga de la búsqueda del cuerpo de Jesús. Son acordes de estilo grave, donde los chelos y los bajos, adquieren un mayor protagonismo.

La música como todo lo que hace Roque queda genial en el film, es eficaz, pero nada más. Coquetea, como en varios de sus últimos proyectos con un estilo media ventures instaurado por Hans Zimmer, aquí se puede comprobar en los temas utilizados para los romanos, con fuertes fraseados de percusión y metales reiterativos.

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