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Paul Ferris, Cuando arden las brujas.

Aunque la música para films de terror siempre ha sido defenestrada, o no se le ha prestado la atención que se debiera, es obvia la importancia que mantiene en las escenas que acompañan. Esta falta de interés en el aficionado, excepciones a parte, viene más bien de la predilección de la mayoría de los fans de la música de cine por la música melódica, los temas bonitos que se pueden tatarear. Si es cierto, que un amplio sector de las composiciones para cintas de terror tienen temas o músicas sin melodías o atonales, hecho este que viene dado por las intenciones del compositor de turno en crear horror, también lo es que no todas las partituras para film terroríficos contienen estos temas menos melódicos. Existen muchos y variados casos en los que inmersos en un score más inquietante o claustrofóbico, nos encontramos con temas muy melódicos de gran belleza, véase por ejemplo el tema de amor que escribió Jerry Goldsmith para La Profecía (1979). Pues bien, esto es lo que ocurre con la banda sonora escrita por el inglés Paul Ferris para la producción de 1968 Cuando arden las brujas, también conocida como Witchfinder General, o (The Conqueror Worm).

A muchos ni les sonará el nombre de Paul Ferris. Nacido en Corby, Northamptonshire en 1941, Ferris tuvo su época dorada durante los años 60 y 70, creando partituras para películas de terror, sobre todo para la productora británica especializada en el género, Tigon, y también escribiendo canciones para cantantes como Cliff Richard, algunas de las cuales alcanzaron puestos muy meritorios en la lista de los más escuchados en Gran Bretaña. Durante los 60, creó un vínculo indivisible con el director Michael Reeves, quizá para el que compuso sus mejores obras. Transcurridos los 70, Ferris desapareció del panorama cinematográfico sumiéndose en una vida escabrosa dominada por su adicción a las drogas. Moriría en 1995 a la edad de 54 años, tras una larga batalla contra la enfermedad de Huntington, también llamada corea de Huntington, una grave y rara afección neurológica, hereditaria y degenerativa.

Cuando arden las brujas, supuso la tercera y última colaboración de Ferris con Reeves, lamentablemente el segundo falleció a la temprana edad de 25 años tras la ingesta incontrolada de alcohol y barbitúricos, truncando una prometedora carrera en el género, comenzada con El lago de Satán (1966), donde contó con Barbara Steele como protagonista y secundada por Los brujos (1967) protagonizada por el maestro del horror Boris Karloff, hasta llegar a esta Cuando arden las brujas.

El film está encabezado en su reparto por otro viejo conocido del terror, Vincent Price, quien firma aquí una soberbia interpretación como el inquisidor Matthew Hopkins. Hopkins se dedica a ir de pueblo en pueblo, junto a su malvado y desfasado ayudante, sembrando el miedo y la maldad. Juntos acusan a mujeres, sobre todo jóvenes de las que abusan, de ser brujas, obligándolas a confesar y después someterlas a las muertes más crueles imaginadas, como la hoguera.

Ferris, que había realizado los anteriores trabajos musicales para Reeves, creó aquí su mejor obra en conjunto. El film requiere de las músicas antes comentadas para retratar la maldad del inquisidor, utilizando  asiduamente durante el score pequeñas inserciones de la percusión, mezcladas a la perfección con susurrantes motivos de las cuerdas, e interludios de los metales, con los que nos muestra la tiranía y terror del personaje de Price.

Pero sin duda que lo más llamativo, y el eje central de la partitura, es el tema de amor dedicado a la pareja formada por un soldado de Cromwell, y una aldeana que vive con su tío, que posteriormente sufrirá los abusos del inquisidor. Ferris les dedica un leitmotiv de preciosa melodía, donde el oboe y el clarinete se replican en su comienzo, para a continuación dar entrada a la guitarra, que ejecuta el tema central, de gran belleza como digo, para ser la cuerda quien se haga cargo de explayar la melodía en todo su esplendor. Un tema delicado, y muy conseguido, que se escuchará a lo largo del film, sirviendo al joven soldado para soportar los calvarios de la guerra, recordando a su amada, y más tarde como aliento purificador en su búsqueda de los ultrajadores de su esposa. Esta melodía tiene ese toque inconfundible de la música británica, es como una especie de pastoral, elegante e embriagadora digna de cualquier otro compositor británico de la época. Se puede comprobar la inspiración de Ferris en obras de Raplh Vaughan Williams como Fantasia on a Theme of Thomas Tallis o Fantasia on Greensleeves, basada a su vez en una melodía tradicional del folclore británico.

El autor británico, ya inserta pinceladas de este tema de amor, en los créditos, dentro de una música que conjuga tanto el leitmotiv dedicado al personaje del inquisidor, como pinceladas del love theme.

La banda sonora de este film es digna de ser recuperada por el aficionado a la música de cine, en ella encontraran uno de los mejores temas de amor escritos durante los años 60. Las composiciones de Ferris no son muchas, pero vale la pena indagar en su producción y volver a escuchar su música. Como anécdota, decir que Ferris aparece como actor en la película, interpretando al personaje de Morris Jar, un nombre con el que homenajeaba a su admirado Maurice Jarre.

Por suerte para el aficionado, la banda sonora completa está disponible en CD. Fue realizada por el sello De Wolfe Music en 2013.

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