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Especial San Valentín 2017.

Dentro de las numerosas adaptaciones cinematográficas que se han realizado de la obra de Shakespeare, y en concreto de su Romeo Y Julieta, la versión del año 1968 es una de las más recordadas. Dirigida por Franco Zeffirelli, el film cuenta con un guión que versiona a la perfección los textos originales, al igual que es destacada la dirección del italiano. Otra de sus partes fuertes es la actoral, contando con grandes interpretaciones por parte de Leonard Whiting, Olivia Hussey, John McEnery o Michael York.

Pero sin duda uno de sus aspectos más destacados es el musical, en donde Nino Rota firmó una banda sonora excepcional. Nunca el romanticismo y el dramatismo de la historia han sido tan bien reflejados en la música.

Rota utiliza un tema principal donde intenta recrear la época dando presencia a la guitarra y el arpa, siendo introducidos los metales a continuación.

Después aparece el tema dedicado a Romeo, siendo el oboe, las cuerdas y el arpa los encargados de poner en chanza una composición de suave melodía, en la que la cuerda y la flauta también adquieren su importancia. Este corte quiere, pero no llega a anticipar el tema de amor, gran dominador de este score.

El tema de Julieta es una sutil tonada, de igual forma dominada por el arpa, la guitarra y el oboe en su comienzo, volviéndose más movida hacia su mitad, para finalmente volver a recuperar el primer motivo del tema.

La música festiva se deja entrever en los cortes utilizados en esta primera fase del film donde los dos enamorados se están conociendo, pandereta e instrumentos muy dicharacheros dejan ver esa alegría.

Se podría decir que esta es una primera parte de la partitura. En la segunda se introducen por una parte el tema de amor, la pareja ya ha consolidado su amor, y eso es reflejado en un maravilloso motivo amoroso que obtiene su máxima expresión en la escena del balcón. La excelencia de Rota es majestuosa, comienza introduciendo el tema de Romeo, acto seguido introduce el de Julieta, y acaba con una explosión romántica introducida por el oboe, la cuerda acompaña en un tenue fraseado, y el arpa ofrece elegancia a una composición deliciosa, que va subiendo en intensidad gracias al crescendo de las cuerdas, siempre apoyadas por la flauta y el oboe. Es entonces cuando Rota calma de nuevo la música con un interludio de guitarra, y un solo de violín desgarrador que es la antesala de la ejecución del motivo de amor en todo su esplendor por parte de la orquesta, con un bello fraseado de cuerdas, solo de violín incluido y la flauta y oboe como fieles escuderos. Romanticismo en estado puro. Otro ejemplo del uso del love theme, es en la escena de la tumba de los Capuleto, aquí Rota introduce de nuevo el tema, de una forma delicada para ser exaltada a través de las cuerdas. Uno no se cansa de escuchar esta música, paradigma de la dulzura y el cariño nacido entre dos personas.

En esta segunda parte, la música también se torna más tenue, y más dramática, aunque los dos enamorados son felices, la amargura llegará a sus vidas por el enfrentamiento de sus dos familias. Es entonces cuando Rota, da más nerviosismo a las cuerdas volviéndolas más oscuras, en ellas se refleja, o nos cuentan que todo no va acabar bien, un final trágico se desvela en el horizonte. Algunas de estas músicas se van advirtiendo en diferentes escenas, siendo más oscuras en las muertes de los dos amados.

Obra maestra sin ningún lugar a dudas de un Nino Rota en todo su esplendor compositivo.

 

En 1993 Martin Scorsese se embarcó en un proyecto algo novedoso en su carrera, un drama romántico de época basado en la novela de Edith Wharton. Con un guión realizado por el propio Scorsese junto a Jay Cocks, el director desarrolló un film muy bien conjuntado, pero en el que a veces es invadido por el tedio. El de Nueva York contrató a grandes actores como Michelle Pfeiffer, Daniel Day-Lewis, Winona Ryder, Richard E. Grant, Alec McCowen y Geraldine Chaplin, contando a su vez con ampulosos decorados y una fotografía muy estilizada obra de Michael Ballhaus.

Un hombre de alta cuna está prometido con una chica de su misma alcurnia, pero pronto cambiara sus sentimientos al conocer a la prima de esta.

Aunque en la banda sonora se utilizan temas del repertorio clásico como valses y marchas, Scorsese sabía que la película requería de una música original que conjugara la elegancia y el romanticismo. Quien mejor que para componerla que Elmer Bernstein.

El compositor norteamericano realizó aquí una obra soberbia que fue recompensada con una nominación a los premios Oscar.
Bernstein escribió un tema central realmente bello, con mucha clase y distinción, que venía a ser la voz interior de los personajes de la alta sociedad de los que se habla en el film. La cuerda es la verdadera fuente estructural de este tema, acompañadas por toques casi inaudibles de clarinete y oboe. Esta música será usada a lo largo del film como tema de amor.

Aunque el tema central es la base principal de esta banda sonora, hay otras músicas que se utilizan para dignificar a otros personajes. La cuerda es su principal valedora, y en ellos Bernstein imprime un cierto estilo de época.

Otro eje importante en el score son los cortes dramáticos, utilizados para crear tensión en el espectador, y para darnos a conocer el estado de ánimo de los personajes en los avatares de sus flirteos amorosos.

Uno de los temas más reconocibles es el asignado a la escena de la primera visita del personaje principal a la prima de su prometida. Es la flauta quien inicia un suave y elegante fraseado para dar paso a una cuerda muy delicada que deambula por el ambiente como la atracción irremediable que siente ambos personajes. El clarinete susurra una sosegadas notas variadas del tema principal o de amor, para ser la cuerda quien definitivamente lo introduzca de lleno.

Una partitura maestra donde el romanticismo y los temas de época se conjugan para realizar una de las mejores bandas sonoras de este autor grande entre los grandes.

 

En 1995 Alfonso Cuarón dirigió Un paseo por las nubes, un film romántico a mayor gloria de su actor y actriz protagonista, Keanu Reeves y la española Aitana Sanchez Gijón, que con esta película debutaba en Hollywood. Los dos protagonistas estuvieron muy bien secundados por dos actorazos de la talla de Anthony Quinn y Giancarlo Giannini, pero aún contando con estos estupendos actores y una buena dirección, el film no termina de cuajar del todo. La película se deja ver y contiene momentos muy logrados, sobre todo por la estupenda fotografía de Emmanuel Lubezki, un mago de la luz, y la banda sonora de un peso pesado como Maurice Jarre.

Tras regresar de la guerra, un hombre ayuda a una mujer que ha conocido en el autobús a hacerse pasar por su pareja, y así poder rechazar los ataques de sus padres, al llegar embarazada. Ante la inicial aversión, la pareja irá enamorándose de verdad, rodeados de un ambiente idílico de viñedos majestuosos.

Esta última época de la carrera del francés es una de las más flojas, el compositor venía de hacer bandas sonoras electrónicas influenciadas por el éxito de su hijo Jean Michel. Está claro que el uso que hacía Maurice no se acercaba ni por asomo a lo cosechado por su hijo, por eso estas partituras no se encuentran entre lo mejor de su repertorio. Con Un paseo por las nubes, Maurice volvió al sinfonismo original usado en la mayoría de sus obras, siendo este unos de sus mejores trabajos de la última etapa.

Jarre escribió un score dominado por un tema central o de amor, compuesto para la pareja, elegante y sofisticado, que acompañaba los amoríos de esta singular emparejamiento. Un tema que suena imponente en su comienzo, siendo las cuerdas y la guitarra, en alusión geográfica, junto a los metales su principal fuente melódica.

La banda sonora gira alrededor de este precioso tema, que sufre variaciones a lo largo del metraje, como por ejemplo la escena del primer beso, donde la música suena majestuosa y muy elegante.

Aunque el tema central es el imperante de esta música, Jarre introduce otros temas destinados a escenas más tensas o movidas, en las que la percusión y los metales se hacen con las riendas de la orquesta.

Resumiendo, este es un Jarre muy melódico y sinfónico, donde vuelve a sus orígenes y se deshace de los sintetizadores. Un buen trabajo, de un compositor legendario.

 

 

En este especial San Valentín, no podía faltar uno de los mejores films románticos de los últimos tiempos, El paciente inglés (1996). Su director, Anthony Minghella, era un verdadero experto en estos tipos de películas con alta carga emotiva y dramática. Aquí, además de dirigir, escribe el guión basado en una novela de Michael Ondaatje. Si sumamos que Minghella era un gran guionista y el que pudo contar con grandes actores como Ralph Fiennes, Kristin Scott Thomas, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Naveen Andrews y Colin Firth, el resultado no podía ser otro que una gran película.

La historia nos narra una historia de amor en primera persona, a través de los comentarios que el protagonista, Ralph Fiennes, un hombre herido durante la Segunda Guerra Mundial, realiza a una enfermera canadiense que lo cuida, Juliette Binoche.

Minghella contrató los servicios del libanés Gabriel Yared para musicalizar esta narración, una elección más que adecuada, sabiendo lo bien que se le daban estos films al bueno de Yared, sin duda en este no defraudó.

La música de Yared es deliciosa de principio a fin, un score en el que predomina lo romántico sobre todo lo demás. El compositor arropa musicalmente al personaje solo y desamparado de Fiennes, con un tema que lo abriga durante el metraje. Como él, la música tiene un cierto aire de nostalgia, por el amor perdido, eso lo refleja a la perfección el libanés, con el uso de un motivo de oboe elegante pero triste, seguido por unas cuerdas que muestran el mismo sentir.

El músico introduce en la partitura elementos étnicos sobre todo llevados por la voz de la húngara Marta Sebestyen. Estos se funden a la perfección, con los temas dramáticos, otro de los elementos que podemos vislumbrar en esta banda sonora de importancia primordial junto con los románticos.

No solo el herido tiene su historia romántica, incluso su cuidadora vivirá su propio enamoramiento de la mano de un soldado indio. El mejor ejemplo musical es la música a piano utilizada para la escena del convento, donde el amor fluye a través de un solo de este instrumento maravilloso, que junto a los demás elementos de la escena, fotografía, actuaciones y decorados se vuelve mágico.

En definitiva es una partitura romántica en el mejor de los sentidos, que no resulta ñoña, en la que predomina el uso de las cuerdas. El arpa adquiere un relativo protagonismo, junto al piano, la voz e instrumentos como el oboe o la flauta, una banda sonora deliciosa galardonada con numerosos premios, al igual que el film.

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