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Jerry Goldsmith, Acorralado.

ACORRALADO 

(First Blood) 

 

Por Joan Bosch Hugas.

 

Finalizada la guerra de Vietnam, a su reincorporación a la vida civil, John Rambo se encuentra con una sociedad que revive en él recuerdos que quiere olvidar. Los compañeros que le quedaban han fallecido a causa de los productos químicos a los que fueron expuestos. En su deambular errático llegara a una ciudad en la que será recibido como un indeseable. Su preparación e instinto de supervivencia aflorarán dramáticamente ante el acoso. 

 

Un alegato en defensa de la honra patria 

Bajo la presidencia de Jimmy Carter, Estados Unidos sufrió una fuerte conmoción en su estimación. Las humillaciones infringidas al país en Vietnam propiciaron la consolidación de un pujante neo-conservadurismo cuyo objetivo primordial fue el de recuperar el orgullo nacional, arrinconando fantasmas del pasado y afrontando el futuro con renovada confianza. Con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca, las visiones más o menos críticas de la guerra del Vietnam, que habían mostrado filmes como El cazador (The Deer Hunter; M. Cimino, 1978), El regreso (Coming Home; H. Ashby, 1978) o Apocalypse Now (Idem; F. Ford Coppola, 1979), no tuvieron cabida en la nueva América renacida. Stallone, que ya había trazado una diáfana parábola sobre la necesidad de recuperar el sueño americano en Rocky, asociado a Ted Kotcheff decidió filmar un alegato en defensa de la quebrantada honra patria creando a John Rambo, un veterano de guerra que, tras luchar contra el comunismo por la libertad, a su regreso no encuentra más que humillación y desprecio. Con Rambo nacía el musculoso, violento y descerebrado héroe norteamericano de los ochenta. Un estereotipo que se mantendría inalterable durante toda la década poblando el pueril Olimpo de los ídolos del cine de acción de clónicos e inexpresivos amasijos de músculos interpretando, no casualmente, a robots, ciborgs y androides. 

 

Un icono de los ochenta, la música de los noventa. 

Con Acorralado no solo se pergeñaría uno de los iconos más populares de la cinematografía de la década de los ochenta sino que se esbozaría un estilo musical para el género de acción que lo convertiría en un referente a seguir e imitar. Para Goldsmith supuso el inicio de una andadura que culminaría ocho años más tarde en Desafio total. 

 

El tema principal, la primera melodía escuchada en pantalla, acompaña al protagonista como un reflejo de su melancolía, al tiempo que melodiosos arpegios de guitarra instauran un clima intimista y hogareño para saludar su regreso. Una trompeta solitaria, como surgida de lo más profundo de su alma, se lamenta por su soledad. Una hermosa y sentida melodía que indaga en su estado emocional dotando a la secuencia de presentación del personaje de una fuerza emotiva de la que la inexpresividad facial de Stallone es totalmente incapaz. Resulta remarcable el aprecio demostrado por Goldsmith hacia el timbre de la trompeta como intérprete de emotivos soliloquios. Si en Alien su metalico clamor descollaba de la sordidez de un ámbito estéril y asfixiante como un solitario lamento, en Acorralado refrenda melancólicamente el desespero del protagonista. 

Prosiguen los créditos y Rambo llega a una vivienda, bucólicamente situada a orillas de un lago, en busca de un camarada de Vietnam. Su taciturno tema, que había sido cálidamente acogido por los arcos, deriva en una rápida transición de cuerdas, maderas y trompas a uno de los escasos fragmentos relajados de la banda sonora. La esperanza de encontrar al amigo y vivir en paz y tranquilidad proporciona al músico la oportunidad de explayarse líricamente sin abandonar el registro melancólico (Home coming).  

Enterado del fallecimiento de su amigo, un nuevo motivo a las trompetas, dramáticamente presentado por redobles de timbales acompasados a la marcial caja, exprime la desgracia de Rambo para retornar rápidamente al tono nostálgico de su tema personal. John Rambo continúa su deambular, ahora sin rumbo ni destino (My Town).  

Su paso errante lo conducirá a las puertas de un pueblo sin historia, perdido en una montañosa zona forestal, en el que topará con la prepotencia de un sheriff que, queriendo hacer ostentación de mando, lo tildará de indeseable conminándolo a abandonar sus dominios. Significará el inicio de un enfrentamiento de Rambo contra todos del que únicamente saldrá victorioso el compositor. Ritmos sincopados frecuentemente cambiados, agresivas percusiones y abruptas intrusiones de los metales aunarán orquesta y sintetizadores en un apreciable esfuerzo dinamizador y propulsor de las imágenes. Las primeras notas del motivo relacionado con Rambo, expuestas por la fanfarria en pleno, adquirirán un cariz desafiante y victorioso que se convertirá en el aliento heroico que esporádicamente se impondrá al frenesí orquestal ponderando los enfrentamientos y generando adeptos para su causa: John Rambo, un hombre valiente, un excombatiente licenciado con los máximos honores injustamente asediado. 

El sheriff arbitrariamente le impedirá la entrada en el pueblo, Rambo se rebelará pacíficamente y será encarcelado. Sin más justificación que la malsana idiosincrasia de sus carceleros será sometido a un trato vejatorio que le retrotraerá imágenes de tortura sufridas en Vietnam dando pie a la aparición del Goldsmith atonal y desestabilizante amigo de percusiones y disonancias. Rambo, en pleno desequilibrio emocional, se deshará de sus guardianes e huirá desencadenando un clima de violencia rítmica orquestal mediante una salvaje mezcla de tambores, timbales y vientos que culminarán con el despegue heroico de su tema musical al cruzar la puerta de salida de la cárcel. Un entramado que habría de convertirse en típico de la escritura goldsmithiana para los temas de acción de los años ochenta-noventa, (The Razor).

Iniciada la persecución del héroe por los hombres de sheriff, el compositor mantiene un tenso tour de force orquestal evocando el suspense y la violencia mediante la prevalencia de disonantes argumentos atonales (Mountain Hunt). 

Continúa la caza del hombre. El protagonista se encuentra atrapado, un acantilado se interpone en su huida, cae y resbala por una pendiente hasta asirse a las aristas del precipicio quedando colgado en el vacío. Desde un helicóptero intentan abatirlo. El sintetizador expone el tema principal vanagloriando al héroe mientras es sometido al hostigamiento de la rítmica orquestal (Hanging On). 

En un final apoteósico, de lamentable catadura moral, se sentenciará como válida la ley del más fuerte y el héroe yanqui impartirá justicia entre explosiones y disparos devastando media ciudad dejando razonar al espectador sensato que la reiteración como coda del tema principal en la afónica voz del canadiense Dan Hill tal vez concuerde más con el panorama de destrucción resultante que con la melancolía del autor del desmadre. 

 

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