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Especial Navidad 2016.

Ya estamos de nuevo a las puertas de la Navidad, unas fechas entrañables en las que las familias se reúnen y la felicidad y las buenas intenciones suelen aflorar. Es una época vacacional para disfrutar con los tuyos, aunque por desgracia, no todos puedan decir lo mismo. Hay muchos que trabajan incluso más que el resto del año, y casi no ven a sus familias porque los tienen recluidos sin tan siquiera librar para que otros muchos pueden disfrutar de pleno de la Navidad. Para todos estos, camareros, dependientes de grandes almacenes y un largo etc de trabajadores que ven incrementadas sus horas de trabajo, sin recibir ayuda y sin percibir aumento en su salario, va dedicado en especial este compendio navideño que espero sea del agrado de todos.

El milagro de las campanas (1948).

Comenzamos con una película clásica, El milagro de las campanas. Una producción de 1948 dirigida por Irving Pichel, un cineasta de estudio que desarrolló su carrera desde los años treinta, entre sus títulos destaca El malvado Zaroff (1932). El film es una historia en la que como el propio nombre indica sucede un milagro. Es uno de estos films navideños que se pueden disfrutar en compañía de la familia, en él se cuenta los pesares de un actor cuando se entera de que no le queda mucho de vida. Decide retirarse a un tranquilo pueblecito, con las amables y tranquilas gentes, y fuera de la vorágine de los focos, estudios y la gran ciudad, descubrirá la bondad del ser humano, y lo bueno de la vida, por supuesto que acabado con un milagro final.

Fred MacMurray, Alida Valli, Frank Sinatra y Lee J. Cobb, un repartazo, protagonizaron la cinta, en la que Pichel contó con un guión obra de Ben Hecht y Quentin Reynolds y con la música del siempre eficiente Leigh Harline.

Si una parte importante del buen desarrollo de la película la tienen las interpretaciones del elenco actoral, otra no menos crucial es obra de un score sobresaliente por parte de Harline. El compositor aplica un tema principal que tras un comienzo potente de cuerdas y metales, deriva hacia una melodía de gran belleza y solemnidad.

Por supuesto que al ser un film ambientado en la Navidad, encontramos temas más desenfadados que el principal, contando con un sonido alegre, donde la cuerda y ese toque sutil de campanillas, propias de la época, sumergen de lleno al oyente-espectador en la magia de estas fechas. Harline los utiliza por ejemplo en una de las escenas en la que la pareja protagonista pasean cogidos del brazo, acompañados de una bonita estampa navideña con nevada incluida.

Otro elemento importante de la narración musical, es la incursión de versiones de canciones navideñas, orquestadas y adornadas por el músico, como la archiconocida “Noche de Paz”.

La parte dramática es de un poderío y maestría soberbia. Harline compone unos cortes dominados por una expresiva y mística sección de cuerda. Es destacable sobre todo en el recitativo-sueño que interpreta la protagonista. Ante una corte imaginaria, y con una interpretación portentosa, Harline secunda la escena con una música bellísima que sube en intensidad hasta llegar a la finalización del texto de la actriz.

Una partitura no muy conocida de Harline, a reevindicar.

Santa Claus, el film (1985).

Santa Claus, El film, cuenta la historia de un leñador llamado Claus y su mujer Anya, que durante una Navidad deciden regalar juguetes a los niños de sus vecinos, así es como año tras año, seguirán haciéndolo.

La película está dirigida por Jeannot Szwarc, realizador de Tiburón 2 (1978), En algún lugar del tiempo (1980) o Supergirl (1984), un cineasta irregular que durante la década de los 2000 se refugió entre episodios de series de televisión como Bones o Castle, entre otras muchas.

El film está interpretado por Dudley Moore junto a John Lithgow, David Huddleston y Burgess Meredith. En realidad no es muy destacable en su concepción, pero eso sí, cuenta con un acompañamiento musical magistral del grandísimo Henry Mancini.

El compositor crea un tema principal típico navideño, de preciosa melodía, adornado con las habituales campanillas, un motivo de flauta maravilloso y la voz, como principales valedores. Por supuesto la parte ejecutada por la cuerda, en segunda instancia, no deja indiferente al oyente, creando el ambiente ideal para esta historia.

La partitura es mágica de principio a fin, no se podría destacar un tema por encima de otro, desde la melodía sugestiva y casi mística, en un principio, de la llegada de los elfos, está deriva hacia un tono más descriptivo, Mickey Mousing en cuanto los seres mágicos aparecen en pantalla, Mancini secunda sus graciosos movimientos, pasando por otras músicas entrañables, como la alegre y movida melodía dedicada a la azarosa construcción de los juguetes, un corte donde las voces del coro de niños, junto a solos de oboe y la percusión, resulta idónea para acompañar a los laboriosos elfos.

Mancini recurre en muchas ocasiones durante su partitura al uso de los coros, sobre todo de voces infantiles, a su vez utiliza las cuerdas y otras orquestaciones para acompañar los movimientos de los personajes, haciendo hincapié en los elfos. Véase por ejemplo lo expuesto anteriormente, o la marcha dedicada expresamente a ellos, donde el compositor mezcla este recurso de seguir los movimientos, con la utilización de cuerdas muy dinámicas, solos de oboe y trombón.

El maestro incluso se atreve con la utilización de temas de concepto pop, a los que da introducción en determinadas ocasiones, no es de lo mejor del score, pero también son necesarias.

Para resumir, la música es cien por cien recomendable, cargada de melodías increíbles, orquestaciones muy bien realizadas y una carga de positividad que llegará hasta lo más hondo del corazón del más huraño anti navideño.

Mujercitas (1994).

En 1994 la directora Gillian Armstrong realizó una nueva adaptación de la novela de Louisa May Alcott, Little Women. Sin duda que esta es la mejor película de la autora, desprende encanto en todos sus aspectos técnicos, desde un cuidado elenco actoral capitaneado por Wynona Ryder, y donde encontramos nombres tan importantes como el de Susan Sarandon o jóvenes promesas como Kirsten Dunst, Christian Bale y Claire Danes. Los planos y la dirección de actores utilizados por Gillian se ven magnificados por dos elementos muy subyacentes en el buen devenir del film. Uno es la fotografía de Geoffrey Simpson, y el otro, el más que loable discurso musical de Thomas Newman.

La música del hijo del gran Alfred Newman, destaca por la belleza de todos sus temas, con los que el músico recrea un ambiente idílico, a veces, como cuando musicaliza la llegada de la primavera, sin duda uno de los temas más bellos del score, también utilizado en la escena de la cosecha, con una orquestación potenciada en el uso del oboe y la cuerda.

Newman, con su música incide en la personalidad decidida y fuerte de la protagonista, creando un tema asociado a ella, fuerte, elegante y muy digno hacia su persona, utilizando el uso de las cuerdas, y un motivo de flauta muy significativo. Crea a la par un tema de amor, pausado y elegante que incide en la historia de amor de la protagonista (Ryder), con su profesor (Byrne).

Thomas recrea a su vez los paisajes y bailes costumbristas con unos temas deudores del estilo de aquel entonces, donde los waltz y polkas imperaban.

Newman juega con ese estilo americano propuesto a principio del siglo XX por Aaron Copland, y secundado por muchos otros compositores como Elmer Bernstein o Jerome Moross, en diferentes fases de la partitura, como en el tema principal o en la llegada de la chica (Ryder) a la ciudad de Nueva York.

Mujercitas, es sin ningún lugar a dudas, una de las mejores bandas sonoras de un autor algo perdido a día de hoy, y cuando me refiero a perdido, no lo digo en cuanto a títulos, sino en la calidad de sus recientes obras.

Arthur Christmas: Operación Regalo (2011).

Esta es una coproducción de animación entre Gran Bretaña y Estados Unidos donde el personaje de Santa Claus cree que debe retirarse y dar paso a su hijo Steven. En la Navidad de su relevo, sucederán varios incidentes, como el de dejar a un niño sin su regalo.

El film dirigido por Sarah Smith y Barry Cook cuenta con Harry Gregson-Williams como autor de su partitura musical. Un score que se rige más por melodías puras de acción, con empleo de las percusiones y metales, que en él la parte sentimental, que también la hay.

Williams compone igualmente unos cortes de misterio, mezclados con acción, en los que entre las cuerdas intrigantes aparecen golpes orquestales, muy al estilo de lo que hiciera Alan Silvestri en Depredador (1987).

Es una partitura sinfónica muy dinámica en la que Harry incide, como digo en dar más prestancia a la acción, también porque la película tiene muchas escenas de este tipo. En lo que se refiere a la parte más sentimental, el compositor, la emplea, pero casi con calzador. Se pueden escuchar pequeñas inserciones de cuerdas más pausadas junto a la guitarra clásica, en determinadas escenas, o en el tema dedicado al personaje cuando este entristece, pero siempre apabulladas por la más ruidosa y movida música de acción. Estos cortes más dramáticos, la verdad es que no terminan de llegar al espectador, por lo simple de su construcción y por la desgana utilizada a la hora de emitir sensibilidad. El autor británico hace uso en ocasiones de clichés típicos de la música étnica de los determinados países por los que transcurre la película, como el uso del acordeón en la escena en París, o el empleo de música de género como la utilización de los postulados utilizados en el western.

Resumiendo, es una música divertida y muy dinámica, que sirve al producto para el que está destinado, sin más pretensiones.

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