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Especial Halloween.

Si hubo un nombre durante los años 80 que dominara el panorama musical de los films de terror venidos de Estados Unidos, ese fue el de Charles Bernstein. Sus composiciones para Cujo (1983), Pesadilla en Elm Street (1984) o Amiga Mortal (1986) por citar unas cuantas, marcaron época por aquel entonces.

En 1982 Bernstein colaboró en El Ente, una producción dirigida por Sidney J. Furie y protagonizada por Barbara Hershey. El argumento giraba en torno a una mujer separada y con hijos, que de la noche a la mañana empieza a sufrir misteriosos ataque nocturnos sin explicación lógica, siendo violada por un ente extraño. Atormentada, pide ayuda a investigadores de una Universidad, que creen que todo se debe a la casa, pero aunque ella se mude a otro lugar este ente siempre va con ella.

Basada en hechos reales acaecidos en Estados Unidos, esta noticia dio mucho que hablar en aquel entonces, teniendo mucha repercusión en medios de todas clases, siendo a día de hoy un clásico dentro de los fenómenos paranormales. Fuese lo que fuese, este hecho nunca se pudo explicar.

Charles escribió para la ocasión un score que mantiene la intriga desde su llamativo y dinámico tema principal de cuerdas y percusión, que recibirá variaciones a lo largo de la partitura, apareciendo a veces tras un minimalista apunte de piano, muy reiterativo y dramático.

Las escenas de los ataques por parte de esta aparición, son llevadas por sonidos estridentes de los sintetizadores, en un principio previo a las violaciones, seguidos de golpes de percusión en el momento de la acometida. Estos temas, se hacen obsesivos y muy fríos a medida que avanza el ente en sus lujuriosos asaltos. Uno de estos temas, concretamente “Bath Attack” fue utilizado por Quentin Tarantino en su film Malditos Bastardos (2009).

El compositor escribe un tema para la protagonista, que es bello y melancólico a la vez, conjugando el calvario por el que está pasando, con su personalidad suave y agradable. Lo escuchamos por ejemplo en la escena del paseo por la playa. Se introduce en diferentes escenas, conllevando muy variadas orquestaciones, siendo la cuerda, el sintetizador y los vientos lo más destacado.

Básicamente, estos tres motivos musicales dominan una banda sonora de lo más destacable, que lleva bien el argumento, es fría y dura cuando tiene que serlo y suave y bella cuando hace falta. Es una de las mejores composiciones de un autor a redescubrir.
Intrada corrió a cargo de su edición discográfica, dentro de su serie Special Collection que aunque difícil de encontrar a día de hoy, resulta de obligada tenencia.

 

 

THE THING (1982).

1982 fue un año extraordinario para el cine fantástico y de ciencia ficción, con grandes films del genero, como Blade Runner, E.T, Tron, Poltergeist, Start trek 2, Cristal Oscuro, Conan el bárbaro, Nimh, y la que nos ocupa, La cosa de Ennio morricone, todas ellas con scores maestros y legendarios.

La Cosa, fue un caso aparte, era una película terrorífica, directa, y sobre todo radical, las escenas son hoy en día impresionantes, no sólo ya por la maestría y originalidad de sus FX de los cuales uno de los culpables fue el gran Rob Bottin (1959), sino también y como no podía ser de otra manera, la magistral dirección del inigualable John Carpenter (1948), creando una atmósfera y suspenses increíbles, la utilización del Scope formidable, escenarios claustrofóbicos y sensaciones auténticas que te hacen sentir el frio de la Antártida y el alienígena aliento de la criatura en tus propias carnes.

El gran equipo técnico y el fabuloso reparto, terminan encumbrando este film a la altura de clásico de culto, aunque la crítica y público en su día la maltrato injustamente, pero es que ese año mandaba la criatura de Spielberg.

Creo que nadie estará en desacuerdo en que La Cosa es una obra maestra del genero y superior a su anterior versión de 1951 El enigma de otro mundo (Christian Nyby 1913-1993) a la que le tengo especial cariño , es de los pocos remakes que superan al original.

La elección de Ennio Morricone, para esta película en ese año me resulta peculiar, pues no era músico de moda, y menos para un film de terror de la Universal, aún estaba por llegar su popularidad mundial, aunque ya tenía a sus espaldas una extensa obra.

Bajo mi opinión, no es esta una gran obra musical del género, como puede ser Alien o Poltegeist, pero sin duda llega al notable alto.
La sinapsis entre Carpenter y Morricone se nota desde su tema principal “Humanity”, pues se diría que lo compuso el mismo director, el estilo de Carpenter es absorbido por el maestro italiano, y desde esa idea va componiendo un score atonal y poco conformista, donde gobierna el sintetizador y unas cuerdas que representan a la perfección la disformidad de La cosa.

En el tema “Contamination”, el uso de las cuerdas toma un cariz enloquecedor, un desasosegante bombardeo de cuerda atonal y extraño que interpreta perfectamente el ansia de infección del extraño ser, al igual que el tema “Bestiality” donde los violines dan voz de nuevo a La Cosa en claro crescendo, acompañado de unas graves notas al piano dando empaque a la escena y terminando con unas enérgicas trompetas.

La mayoría de música es de tipo ambiental, la orquesta te va describiendo la soledad de los personajes y lo inhóspito del paisaje, la música es a veces algo monótona, como también es la vida en la estación científica, ejemplificado en el tema “Solitude”.

En “Eternity” se empieza con una nota repetitiva de sintetizador, acompañada de una especie de latido, que va en crescendo, esta idea la desarrollaría mas tarde en su magistral score Misión a Marte.

Los temas describen muy bien la desesperación de los personajes, que se ven inmersos en el trauma de ver como son infectados y devorados por el alienígena.

Recomiendo que se escuche este score en CD, para poder disfrutar al completo de sus diez enigmáticos temas, hará falta poca imaginación para sentir la frialdad y soledad Antártica así como los ataques bestiales y atonales de La Cosa.
Aunque no sea una obra sobresaliente, es prácticamente perfecta para el film, el maestro nunca se equivoca, y es que hoy día Morricone es una leyenda viva, y los que viven fuera de este planeta lo saben y lo están esperando…………………………………….

FELIZ HALLOWEEN!!!!

David Juliá 2016.

 

 

La popular serie Alfred Hitchcock Presents, volvió a la palestra en los años 80, concretamente desde 1985 hasta 1988. El segundo episodio era una nueva versión del que se realizó en 1960, sobre un relato corto de Roald Dahl llamado El Hombre del Sur. Si en este se pudo ver a grandes intérpretes como Peter Lorre o Steve Mc Queen, la versión de 1985 no se quedó corta, teniendo a John Houston en el papel de Lorre y a otras caras conocidas como Melanie Griffith, Tippi Hedren o Kim Novak. En 1995 Quentin Tarantino la adaptó cinematográficamente en Four Rooms.

La historia versa sobre un psicópata jugador, que se encuentra alojado junto a su mujer en un casino de Las Vegas. El hombre ya de avanzada edad, reta a un joven en una curiosa apuesta donde el primero se juega un lujoso descapotable, y el otro su dedo meñique. Solamente tendrá que abrir su encendedor en diez ocasiones consecutivas y el coche será suyo.

Basil Poledouris escribió para este episodio de veinte minutos de duración, un score que comienza de forma desenfadada con la introducción del tema principal, que presenta la ciudad de Las Vegas y sus casinos. Es una música de estilo pop, con predominio de los sintetizadores y un solo de guitarra eléctrica.

Una vez entra en escena el personaje del viejo, y propone su macabra apuesta, Poledouris inserta un tema de graves sonoridades en el que la percusión y cuerdas estridentes nos enfocan el terror que desprende el viejo y por ende su apuesta.

El tema más dramático de la partitura es el que refleja la tensión del joven, que mantiene el dedo atado a una mesa, mientras enciende una y otra vez su mechero. Poledouris escribe una música que evoluciona in crescendo a la par que la ecuación llega a su fin. Las cuerdas inicialmente se mantienen en suspensión, siendo acrecentadas paulatinamente, hasta llegar al éxtasis final. Entre medias el compositor intercala un fraseado de metales y sintetizadores, cuando la cámara enfoca al personaje del viejo (Houston) y se puede observar en su cara la maldad, al disfrutar del momento.

Una composición que junto a tres episodios para la serie The Twilight Zone, supusieron la práctica totalidad de la música que el maestro dedicó al terror, si no metemos en el saco del horror a Breakdown (1997).

 

 

Poledouris no se prodigó mucho en el terror, a parte de su colaboración en la serie de televisión Alfred Hitchcock Presents. Sin embargo volvió a trabajar en otra de estas series míticas relacionadas con el horror, The Twilight Zone.

Lo hizo en tres episodios, el primero de ellos se llamaba Examination Day/A Message from Charity (1985), y consistía en dos segmentos cortos dirigidos por Paul Lynch.

El segmento compuesto por Basil fue A Message from Charity, donde dos adolescentes que viven en la misma ciudad pero en distintas épocas están conectados psíquicamente debido a una enfermedad de la primera que provoca que cada uno vea por los ojos del otro la vida en las diferentes épocas, 1700 la una y los años 80 el otro.

Poledouris escribe un score que en su concepción es bonito, gracias a la utilización de una suave orquestación de cuerdas suspensivas, flauta y oboe. Utiliza el sintetizador en los momentos clave de la historia para crear intriga, y lo combina a la perfección con los registros graves de la orquesta. Un ejemplo de ello, es la primera vez que la chica ve el mundo moderno, quedando apabullada ante la visión de los coches y demás cosas desconocidas para ella.

Uno de los momentos más bellos del score, se materializa en la escena en la que ella se refleja en el agua del río, y el chico puede contemplar su rostro, quedando maravillado por su belleza. El maestro introduce una elegante melodía de cuerdas y sintetizador de corta duración pero muy intensa, que se convertirá a lo largo del episodio en el tema de amor y leitmotiv principal. El compositor realizará adaptaciones del tema dependiendo de la escena, siendo la cuerda en una expresión muy intensa la protagonista absoluta. Como he comentado con anterioridad, también utiliza la flauta y el oboe.

La música en ocasiones se vuelve más dramática, destacando la utilización de la sección de cuerdas, que suena maravillosamente bien.

Estamos ante una banda sonora bellísima, donde Poledouris remarca el amor que mantienen a distancia esta peculiar pareja, rescatado en cd por el sello Intrada en 2016, The Twilight Zone Intrada (Special Collection Vol. 348).

 

The Twilight Zone (TV Series) Monsters!/A Small Talent for War/A Matter of Minutes (1986) fue el siguiente episodio en el que participo Basil, concretamente compuso la música para el primer segmento.

Monsters! es una historia en la que Toby, un niño de doce años que es adicto a las películas de terror, mantiene una relación peculiar con un extraño anciano. Toby está convencido de que el anciano es un vampiro. Pero el hombre se comporta muy diferente a los vampiros de las películas. Finalmente se dará cuenta de que hay peores monstruos que los vampiros. Bill Norton se hizo cargo de la dirección de este capítulo, contando con Poledouris para realizar la composición musical.

El score comienza con un rítmico tema principal, de cuerdas y percusión muy dinámicas, que prosigue con un motivo de cuerdas dramático y misterioso por igual.

Poledouris utiliza un tema en el que el sintetizador en una suave interpretación, y acto seguido un motivo de cuerdas delicioso, acompaña al chico y al misterioso anciano. Este tema será utilizado como leitmotiv, apareciendo a lo largo del episodio de diferentes formas, como por ejemplo siendo el piano, en una elegante interpretación, quien se haga a cargo de la melodía central en algunos compases del score.

Del mismo modo aplica un tema de cuerdas y sintetizador, con interludios del arpa para la escena en la que chico busca una cruz en un cobertizo para intentar protegerse del anciano.
La banda sonora es de una belleza extrema, utilizando el compositor la cuerda maravillosamente, así como los sintetizadores, y sobre todo solos de arpa, flauta y piano excelentes. Esta música también aparece en el álbum comentado con anterioridad.

 

Por último Basil compuso la música para The Twilight Zone (TV Series) Profile in Silver/Button, Button (1986), siendo Profile in Silver su aportación. John D. Hancock fue el encargado de dirigir este capítulo, que versaba sobre un historiador del futuro que ejerce como maestro en una universidad. Este predice el asesinato del presidente Kennedy, un hecho que le acarreara problemas.

Basil usa un motivo de sintetizador suspensivo que lo inserta en las escenas donde una misteriosa aparición de mujer hace acto de presencia ante el maestro. La música de este segmento incide en el misterio gracias a la utilización de la cuerda que aparece suave pero intrigante, volviéndose más densa y grave gracias a los chelos y los bajos durante algunos momentos. También emplea el sintetizador con una melodía obsesiva, que mezclada con las cuerdas intrigantes, va en ascenso hasta que ocurren los disparos. El maestro salva al presidente, y será reclutado a su lado.

Ya en la casa blanca el profesor, es utilizado como ayudante del presidente. El hombre vive un calvario, que es remarcado en la música con unos temas melancólicos, propios de la personalidad del individuo, con la cuerda como protagonista.
De nuevo y por suerte esta música se incluye en el álbum antes comentado.

 

 

Regresión (2015) Roque Baños.

El retorno del niño prodigio del cine español a las pantallas era esperado, y desesperado fue el desenlace de la acogida de la crítica y seguidores del creador de las maravillosas “Los otros” y ” Abre los ojos”. Si bien el original propósito de la película no era otro que helar a los espectadores en sus butacas mediante un thriller psicológico aterrador, patina y se deshilacha por entre sus costuras debido a la fragilidad de su guión, y, ni las correctísimas interpretaciones de una esforzada Emma Watson y un regresivo Ethan Hawk, salvan del naufragio al particular Titanic del amigo Amenábar.

Para la composición de la película el director dejó en manos de Roque Baños todo el peso, y éste, construye con buen hacer ese viaje mezcla de barbitúrico psicofónico y quiero y no puedo constante. Viniendo de Amenábar, compositor de sus films (como por ejemplo la inmersiva música de “Los otros” como destacada) era tarea ardua y difícil de asimilar y salvar de comparativas previas.

Partimos de la base de la dificultad digamos atmosférica, que tiene crear de la nada una partitura de terror, sobretodo si lo que se quiere es salvarla de los clichés y el recurso fácil de la estridencia de cuerda y los mamporros orquestales; Y Baños, salva la papeleta con una buena obra en su conjunto con momentos cruciales que rozan la excelencia con otros que se solapan sin más.

Nos encontramos con temas de trazo angelical por así decirlo como “Opening”, “Meeting the church”, melódicos como “A shattered family”, “A way to confuse you” y sobretodo la preciosista “It’s my fault” que se funde con “End credits” dándonos una visión total del producto en el que nos acabamos de sumergir.

Toda banda sonora de terror a pesar de sus imágenes equívocas o torpezas argumentales, posee varios por no decir muchos momentos incómodos de escuchar, piezas taladradoras de tímpanos pero a la vez necesarias para que el corazón del film cobre sentido allí donde la escena precisa de una explosión rítmica a través del estruendo, el enjambre de abejas orquestal y la simple utilización de la angustia y la ansiedad a partir de la instrumentación. Así pues, encontramos “This is all for you” como más claro exponente de todo este compendio horroroso, pero también “In Roy’s bedroom” donde a partir del compás creciente de un metrónomo todo acaba por estallar con el uso de la juguetona cuerda y las voces fantasmagóricas.

Uno de los temas clave es “John’s regressions” no tanto por su calidad musical sino por ser donde se plasma el terror propiamente dicho que quiere Amenábar y traduce Roque Baños en cuenta gotas nunca mejor dicho: cálidas notas que se transforman en todo aquello que no es lo que parece, sino lo que tu crees que es.

En definitiva, es una partitura muy bien escrita, orquestada y llevada a cabo para un thriller que presumía de ser el desembarco de un nuevo clásico alejandrino, y en el que la música si que está en parte a la altura de las expectativas.

La partitura es funcional, objetiva, correcta, pero lejos de dejar poso en nuestras cabezas salvo justo al final de la película y su último corte, va navegando entre el alambre de lo genérico y escuchado miles de veces, hasta llegar a varios lugares en forma de temas que no acaban de dar todo lo que Baños sabe dar, aunque no se puede decir que no sea una banda sonora placentera y de color adecuado.

Como si la regresión afectara a nuestra mente pensante de consumidores de música de cine, a veces, empezar por la pieza final nos lleva a evitar sustos mayores y en este caso es un consejo para salir con un buen sabor de boca.

Javier Pelegrín Parra

Victor Frankenstein (2015) Craig Armstrong.

Poco vamos a decir más de Mary Shelley. Apenas darle las gracias por su maravillosa novela que tantas adaptaciones ha dado para el celuloide, no todas ellas excelentes, aunque por suerte, sí algunas de sus partituras.

Nos encontramos aquí con el complaciente Craig Armstrong, compositor especialista en llevar más allá de las imágenes su universo musical, tal como hiciera en las poco laureadas “Love actually”, “Elizabeth: the golden age” o las mezclas hiperbólicas de “Mouline Rouge” (tan querida como odiada en el mundillo crítico-musical en el que nos movemos). Y sin duda batalla duro con una historia poderosa, narrada con inventiva neo-gótica y a ratos demasiado convencida de sus posibilidades. Y a pesar de los pesares fílmicos evidentes, el compositor se esfuerza sobremanera en acallar los aires grises de las imágenes gracias al poderío de sus notas épicas (“Finale”, “Prometheus ascending” “Escape”), sus melodías clásicas ( los tres cortes “Dark red theme” en especial así como “Lorelei” o “Victor story”, ambas un compendio del excelente uso de vientos, piano y cuerdas de corte lírico).

No se puede decir de esta composición que Armstrong nos regale una partitura de lo más original, puesto que se nos va el oído hacia el inevitablemente maestro gótico Elfman e incluso trazos de Silvestri a lo lejos, pero el compositor se mete dentro de su papel que no es otro de recrear una historia de principio a fin, dándonos la sensación de escuchar todo el guión de la vida de Frankenstein y su compañero de desdichas Igor, a través de la escucha de todas las piezas analizadas hasta el epílogo de sus temas. Y no es una cuestión negativa, no. Al contrario. Puesto que trasladar musicalmente los hechos y desventuras de una de las creaciones monstruosas por excelencia de la literatura del terror fantástico, es mas que un acierto; un puro acto de amor y valentía ante las dificultades actuales del cine en plasmar verdades y sentimientos en una época dominada por superhéroes que se reproducen sin cesar y remakes faltos de vida.

Sinceramente la banda sonora de Craig Armstrong cabalga mucho más hacia el romanticismo gótico que no hacia el horror o el terror clásico, puesto que piezas como “Victor’s father”, “Reunited” o “Never been out” o la tristeza melancólica de “Igor’s theme” más que transportarnos a la noche de Halloween podían relanzar nuestro oído hacia una historia de amor no correspondido, o de tragedia entre dos seres que quieren y no pueden alcanzar su cenit vital.

El trabajo instrumental, orquestal y emocional de Armstrong es excelente, si me apuras apasionante que es lo que más destaca aquí de su partitura. Cuando el autor trata de penetrar en el universo propiamente dicho del mito del monstruo, acierta en muchos de sus cortes, pero siempre acaba imponiéndose el deja vu preciosista de su tremenda emotividad dejándonos en el poso de nuestra conciencia musical, ecos fantásticos que no terroríficos.

La parte minimalista donde Armstrong es un especialista consumado es perfecta, así como la potencia que ganan las imágenes correctas del film gracias al trabajo de éste, quedando la banda sonora insuperable comparada con la historia que vamos acogiendo en nuestra retina; sin ser una mala película, tiene la enorme suerte de contar con un excelente compendio de melodías llenas de pureza musical, cortes fantásticos que no fantasmagóricos y un ente maravilloso que llena de armonía el universo de Mary Shelley, que seguro no imaginó tanta belleza a la hora de inspirarse en una de las novelas más representativas en cuanto a terror se refiere. Armstrong sin duda aquí consigue más que una banda sonora en sí misma, un auténtico estado de animo: cambiante en todo su esplendor a pesar de los monstruos que todos tenemos en nuestra cabeza.

Javier Pelegrín Parra

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