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Debbie Wiseman, The Musical Zodiac.

El buen hacer de la compositora británica Debbie Wiseman, queda demostrado en cada una de sus nuevas composiciones, pero en The Musical Zodiac, su última obra hasta la fecha, se ha superado a sí misma, que ya es difícil, creando una de las mejores y más bonitas partituras musicales en lo que llevamos de año. Junto a la National Symphony Orchestra, con Rolf Wilson a la cabeza, Debbie realiza su particular recorrido por cada uno de los horóscopos, dando su visión musical sobre ellos.

“Aries” abre el álbum, una composición que arremete contra la posible personalidad de los nacidos sobre este signo, siempre bajo la impresión de la artista. El entusiasmo y el apasionamiento de estos, son reflejados musicalmente mediante un tema que comienza suave, deslizándose la cuerda deliciosamente. El corno inglés aparece para dar la réplica a las cuerdas y hacerse durante unos instantes con las riendas de la melodía principal, siendo estas las acompañantes desde atrás. Cuando el corno realiza una elevación de su tono, es la cuerda quien recupera el protagonismo para de nuevo fundirse ambos hasta el final.

La confianza en sí mismos y la estabilidad y seguridad que poseen los “Taurus”, es resumida musicalmente por Wiseman con un poderoso tema donde las cuerdas se sitúan en una posición altiva y muy seguras de su recitación. Estas son las verdaderas líderes de la composición, aunque la autora ofrezca protagonismo en algún intervalo al oboe, y los metales como acompañantes. La música es dinámica y muy bien estructurada, a la par que poderosa, trasmitiendo esa confianza que se cree que tienen los nacidos sobre este signo.

“Gemini” desprende una esencia espiritual, que recoge Wiseman en un corte muy bello donde un solo de violín juega con el chelo. Este lo envuelve sobre su sonido más grave, pero dulce, teniendo a sus espaldas como secundario a la sección de cuerda, que a la par realiza unos pizzicatos, que aparece en todo su esplendor dando continuidad a la música. Por supuesto es lo expuesto por el violín, el chelo y el arpa lo más bonito de esta composición deliciosa, de melodía suave y apacible, supuestamente como deben de ser los géminis.

Compasión y sensibilidad identifican esta pieza, “Cancer”. La dulzura empleada en la sección de cuerda, nos acompaña hasta que registra un cambio de tono, subiendo en intensidad. Encontramos un motivo de oboe entre medias, que calma repentinamente esta modulación, para ser la cuerda y un motivo lineal del arpa quien se apodere de la melodía central de la música.

Con un solo de corno, y un esquema de arpa a sus espaldas, Debbie nos introduce en el mundo de pomposidad, poder y prestigio que se suele decir de los leo. Así que “Leo” sea una composición que conjuga la pomposidad en su fraseado central, junto al poderío empleado en la cuerda, y sobre todo es el corno quien apuntala los pilares de una pieza ampulosa, pero bella en lo concerniente a la cuerda.

Quizá sea “Virgo” la joya de la corona de esta obra. Se abre con un fraseado suave y delicado de la cuerda, el arpa sobresaliendo, y da paso a un argumento de corno y cuerdas más movido. Este se calma y es la flauta en un interludio precioso, con acompañamiento de las cuerdas para más tarde entrar el oboe, quien den paso al segundo subtema de la partitura. Estamos ante una melodía deliciosa de aires tristes llevada por la cuerda, que fluctúa durante unos instantes, para dar de nuevo paso al leitmotiv central de melodía más rítmica. Estos dos temas van alternándose de aquí al final, con un bello fraseado de la flauta por en medio, de nuevo. Distinción y estilo, es lo que transmite la música. Se cree que los virgo tienen o conllevan en su conjunto, estilo y distinción.

Pacifico, amable y poseedor de un dramático contraste, así se califica en el libreto del disco a los “Libra”. Este tema comienza con las cuerdas interpretando una melodía afligida y sosegada, entrando el violín de Wilson como solista. A continuación la música va in crescendo, gracias a un aumento gradual de la intensidad en la orquesta, sobre todo la sección de cuerda. La música se vuelve más intensa, replicándose los metales y las cuerdas, para hacia el final ser el violín y el chelo quien se hablen sobre una calmada interpretación en suspensión de las cuerdas y un delicado motivo casi inaudible de piano.

“Scorpio” rezuma reflexión y determinación a partes iguales, gracias a un eje narrativo de piano, elegante y delicado, que abre el tema, actuando como la parte reflexiva, para dar paso a las cuerdas que representan la determinación, mediante un motivo más dinámico y altivo. Volviendo los pensamientos reflexivos al final, con el arguemento envolvente del piano.

“Sagittarius” es un corte donde la tensión imperante en los de este signo, se hace audible al introducir Wiseman casi por primera vez en toda la partitura, la percusión, dándole un tono más grave a este tema. Junto a los metales se encargan de mantener esta tensión y sonidos graves, siendo la trompeta y los cornos los más destacados entre estos. Hacia mitad de la pieza, la música toma un breve respiro, donde la cuerda realiza su intervención más destacada. Este es breve, una vez reaparece la melodía primigenia.

“Capricorn” conjuga la elegancia de un motivo evocador de piano, con el nerviosismo y movimiento de la cuerda, aunque cuando entra el piano en acción se destensa y nos ofrece un acompañamiento delicado y bello, con algún que otro interludio en el que coge las riendas y va intercambiando frases junto con flauta y el arpa. Maravilloso.

“Aquarius” comparte unas ideas desarrolladas sobre los elementos del agua y el aire. El primero es ejecutado por los metales y unos intensos movimientos en la sección de cuerda y la percusión. Para ser el clarinete el predestinado a representar al aire, mediante su personal y bello fraseado de la melodía central.

En “Pisces” es el arpa acompañado de cuerdas suspensivas, quien comienza esta pieza delicada y bella de sonido envolvente y místico. Acto seguido es la flauta quien se hace cargo de la melodía. El arpa y las cuerdas entran en escena una vez se apaga el sonido de la flauta.

Como bonus track, Wiseman en un alarde de inteligencia, sabe que este tema es el mejor del álbum, da paso a una versión a piano del tema dedicado a virgo. El piano lo interpreta de manera más pausada y algo cargada de melancólica. Bella y triste amargura otoñal, esta deliciosa composición. A ratos pareciera que estuviéramos ante un tema minimalista interpretado por Nyman o Einaudi.

Una joya, al igual que todo el disco, una de las mejores obras musicales de lo que va de año, sin duda alguna, salida de la apasionada dulzura compositiva de esta gran artista.

El disco ha sido editado recientemente por el sello discográfico Classic Fm. Es un álbum de obligada adquisición dada su belleza y su buen hacer. Sin duda el aficionado a la música en general disfrutara con su escucha.

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