Archivos mensuales julio 2016

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Vangelis, Antarctica.

Nankyoku monogatari fue el verdadero nombre del film japonés de 1983 conocido como Antarctica. Basada en hechos reales, la película cuenta las vicisitudes por las que tuvieron que pasar dos científicos que estudiaban el continente blanco, y la relación tan especial que desarrollarían con los perros que tiraban de sus trineos. Dirigida por Koreyoshi Kurahara, contiene una fotografía excelente, de lo mejor de la cinta, que embellece todavía más si cabe el paisaje natural, Akira Shiizuka es el encargado de firmarla. Dado el inminente éxito de Vangelis tras el Oscar conseguido en 1981 por Carros de fuego, director y productores creyeron que era el indicado para realizar la composición musical. El problema radicaba en que el músico griego aceptara o no. Vangelis no se prodigaba en demasía en estos años en la composición para cine, y aunque si bien había ganado el Oscar, no quería que se le encasillara como músico de cine. Lo cierto es que el griego elegía con cuentagotas sus producciones cinematográficas, acaparaba muchas ofertas que rechazaba. No fue el caso de este film japonés, que irremediablemente le llamó la atención. Una vez hubo dado el sí, el compositor visionó las imágenes ya montadas, y como era costumbre en esos tiempos se sentó junto a sus teclados y fue improvisando una tras otra las melodías que acompañarían las diferentes escenas, una mente privilegiada sin duda. No escribió ni una solo nota. El disco conteniendo la música no sería editado hasta el año 1988 por el sello discográfico Polydor. Grabado en los estudios Nemo en Londres, la música para este film resultó una de las composiciones más conocidas y reconocidas del compositor.

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Bernard Herrmann, Cumbres Borrascosas.

Tras terminar el día de labor, salí de la oficina. Iba acompañado de los compañeros, hablábamos de las cosas cotidianas del día, y por un momento me sentí aliviado. Mi mente estaba descansando, ojalá hubiera sido por mucho tiempo. Pero no fue así.

Me invitaron a acompañarlos a la ópera. Acepté encantado, representaban la obra Wuthering Heights del compositor norteamericano Bernard Herrmann.

Regresé a casa, el tiempo estaba nublado y empezaba a oscurecer. Me sentía extrañamente animado, quería seguir en este estado y olvidarlo todo. Esta noche iba a ser especial, pensaba pasármelo genial con mis compañeros. Veríamos la ópera y después iríamos a cenar y tomar unas copas, me apetecía.

Me arreglé y acicalé y me dirigí a la Ópera de París...

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