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Especial vacaciones de verano.

Vacaciones en Roma (1953)

Comedia romántica dirigida por William Wyler que supuso el Oscar para su actriz protagonista Audrey Hepburn. La templanza de la dirección del maestro Wyler junto a un muy buen guión escrito por Ian McLellan Hunter, John Dighton y Dalton Trumbo sobre una historia original de este último, unido a las sobrias interpretaciones de la Hepburn y su acompañante, un enamoradizo Gregory Peck, hicieron de este film una de las innumerables joyas de su director.

Una princesa de un pequeño país, pasa sus vacaciones en Roma. Allí conoce a un hombre, Peck, enamorándose de él. En realidad es un periodista que conoce de sobra su identidad, y que en un principio se acerca a ella para conseguir una exclusiva, pero poco a poco el amor lo hace cambiar de opinión.

Dentro de los numerosos compositores con los que trabajó Wyler, todos de enorme talento, Georges Auric fue uno de ellos, y el asignado a este film. Nacido en Lodève, Hérault, Languedoc-Roussillon, el 15 de febrero de 1899, Auric fue uno de los mayores y más influyentes compositores franceses que trabajaron para el cine, y de los primeros en conquistar Hollywood. Con tan solo quince años ya tenía publicada su primera obra musical. Estudió en el conservatorio de París donde formó parte del llamado grupo de “Los Seis”, junto al compositor Erik Satie y Jean Cocteau. Al comenzar a dirigir este último durante los años 30, Auric compuso sus músicas, entrando así en el mundo del cine. Durante más de treinta años escribió música para la gran pantalla, obteniendo muchos éxitos, a la par que los combinaba con su producción clásica que abarca numerosas obras de cámara, para piano solista, ballets, teatro, sinfónica etc., etc. En 1962 es nombrado director de la Ópera de París, durante estos últimos años su producción cinematográfica se vio mermada, participando tan solo en dos o tres proyectos. Murió en París el 23 de julio de 1983.

Para Vacaciones Roma, Auric compuso un tema central muy colorido introducido por el arpa y unas cuerdas embelesadoras. Es entonces cuando los metales dan paso a la melodía principal. Una música sinfónica, muy dicharachera en la que en la orquestación se cuela la pandereta y el triangulo. Es destacado también, el tono solemne y elegante de la música, en clara referencia a su protagonista femenina, una princesa de alta cuna.

Auric aplica un tema de amor para la pareja, donde la cuerda destaca por encima de los demás secciones. Es apasionado y crece en intensidad durante las escenas más destacadas entre los dos. A su vez, el dramatismo está implícito en este, dado que al final los enamorados van a tener que separarse.

En el score hay cabida para cortes de aire cómico, como el de la famosa escena de la vespa, cuando Hepburn la conduce provocando el caos por Roma. El compositor francés escribe un scherzo vibrante de orquestación maravillosa, con el que sigue muy de cerca todos los movimientos de la alocada princesa, una maravilla de música.

Una partitura deliciosa que por desgracia, como otras tantas, no podemos disfrutar en su totalidad en formato discográfico.

 

El cuchillo en el agua (1962).

Tras unos primeros años habiéndose formado en el corto, Polanski se lanza al largometraje con esta película. Y vaya un debut, Roman realiza un film redondo llamando la atención de la cinematografía internacional con una puesta en escena y dirección portentosa. El propio Polanski escribió el guión junto a Jerzy Skolimowski, en el que durante sus vacaciones, una pareja decide recorrer un lago en su barco de vela. Un tercer hombre, más joven y de un clase social más baja, entra en escena. Embarcará con ellos, provocando deseos sexuales en ella y unos celos enfermizos en él, que llevaran a situaciones caóticas cargadas de tensión.

En estos primeros trabajos el encargado de las composiciones musicales era su amigo Krysztof Komeda. Komeda fue el impulsor del jazz en Polonia durante una época en la que el régimen comunista lo tenía prohibido. Su estilo era muy dinámico y poderoso, junto a Roman Dylag, bajo y Leszek Dudziak, batería y por supuesto el propio Komeda al piano, formaron el Trio Komedy, con el que grabó numerosos discos de jazz y bandas sonoras, todas editadas por la discográfica Polonia Records. Más tarde grabaría junto al Krysztof Komeda Quintet formado por Michal Urbaniak, saxo tenor, Tomasz Stanko, trompeta, Jacek Ostaszewski, bajo y Czeslaw Bartkowski, batería.

Dado el alto contenido erótico del film, Komeda dio mucha importancia en la composición al saxo tenor, interpretado de manera ejemplar por Bernt Rosengren, instrumento asociado al erotismo. Comienza la partitura con una melodía pausada de piano y saxo, en la que nos muestra la placidez del momento de vacaciones que disfruta la pareja.

Con la llegada del joven la tranquilidad se ve rota, la música es la primera que nos avisa con una trepidante y alocada melodía de saxo, más animada, tanto como se encuentra la mujer del protagonista ante la visión del atlético y joven muchacho, que despierta en ella deseos libidinosos.

La música sigue estos parámetros hasta el final del film, solo siendo interrumpida con variaciones del tema central, para las escenas de navegación, cuando Polanski nos muestra el velero de lejos.

Mientras la cámara del genial director polaco se mantiene en el hervidero del barco, la música que acompaña a esta creciente enemistad entre los dos hombres, y la lucha por la mujer, es mostrada agresiva y en creciente estado de excitación y nerviosismo dominada sobre todo por el saxo y una batería que no para de sonar en ningún instante.

Una pequeña joya de un compositor desaprovechado para el cine, tras morir repentinamente en un accidente de tráfico a la temprana edad de treinta y siete años, una vez acabada su música para La semilla del diablo (1968). Se dice que fue parte de la maldición que impregnó a algunos de los miembros de esta película. Cabe recordar junto al accidente de Komeda otros incidentes traumáticos cuyo mayor exponente fue el asesinato por parte del loco Charles Mason y su banda de satánicos de una embarazada Sharon Tate, esposa de Polanski.

 

 

¿Quién puede matar a un niño? (1976)

Si hay un director en España con el que uno se queda con ganas de que su filmografía sea más amplia, ese es sin duda Narciso Ibáñez Serrador. Con tan solo dos películas y algunos episodios de sus exitosas series, Serrador nos dejó muy pronto con las ganas de más. Sin embargo nunca volvería a dirigir, a pesar de las buenas críticas y premios recibidos por sus dos films. En esta cinta salen a relucir los mejores argumentos de un director que debió hacer más cine. Mantiene de principio a fin el ritmo de la película, en ningún instante decae, e imprime el film de un aura terrorífica que ya supo captar estupendamente en su anterior, La Residencia (1969). El propio director escribió el guión, basado en una novela de Juan José Plans. En él, una pareja de extranjeros de veraneo en España, llega a una isla en la que aparentemente todo parece desierto. Los protagonistas se ven muy pronto asaltados por los únicos habitantes de ella, los niños. Es curioso que unos seres en principio tan poco peligrosos traigan consigo el horror. Ese es el mérito de Serrador, captar magníficamente el miedo que provoca en los visitantes estos niños.

El director contó de nuevo, en lo que se refiere a la música con su inseparable Waldo de los Ríos. Si con anterioridad hablamos de Komeda y su prometedora carrera sesgada por su fatídico accidente, el caso de Waldo es muy parecido. El argentino era uno de los compositores afincados en España con mayor proyección.  Sus obras para el cine resulta evidente un afianzado uso de los acordes atonales, sobre todo en esta obra que nos ocupa, que contrasta con los arreglos pop que hiciera de música clásica allá por los años 70, que a la postre sería por lo que se le recordaría. Obviando estos arreglos, para mí, lo menos interesante de Waldo, nos encontramos con una obra de calidad inusitada, y unos planteamientos narrativos del todo acertados.

Para esta película, de los Ríos rodea a los protagonistas de un ambiente opresivo. En un principio el horror y extrañeza que sienten tanto los protagonistas como nosotros, los espectadores,  viene a través de la música del compositor. Mediante acordes atonales, percusiones, metales amenazadores y cuerdas, sobre todo chelos y bajos en un registro muy grave, atenazan a los protagonistas.

De los Ríos crea una especie de nana macabra asignada a los alocados niños que habitan en esa isla, y sus macabras intenciones, durante el metraje sufrirá diversas variaciones.

Quizás la parte más melódica venga del tema de amor compuesto para la pareja. Una música preciosa que comienza con el sintetizador, y que es acompañada por un solo de arpa, una melodía de pausada calma que contrasta con el resto de la partitura, pero que es acertadamente introducido el argentino. Se podrá escuchar a lo largo del film en versiones pop, como acompañamiento de los momentos más placenteros de la pareja.

Por último reseñar la música de acción en escenas en las que los pequeños persiguen a la pareja. Los motivos típicos de estas escenas entran a relucir junto a un acrecentado tono dramático que va en aumento hasta el final del score.

Gracias al productor discográfico José María Benítez y su sello Quartet Records, aunque este cd pertenezca a su antecesora, Singular Soundtrack, podemos disfrutar al completo de esta delicia de banda sonora.

 

El turista accidental (1988)

Basada en la novela de Ann Tyler, Lawrence Kasdan escribe y dirige esta película. El film es uno de los mejores de su director, creando una cinta muy comedida. William Hurt junto a Geena Davies formaban la pareja protagonista, los secundaban actores de la talla de Kathleen Turner o Bill Pullman. El film versa sobre la soledad y tristeza que siente Macon, un hombre que ha perdido a su hijo en un accidente, perdiendo posteriormente a su mujer. A su vida llegará una mujer extrovertida y muy dinámica, todo lo contrario que él, haciéndole recuperar las ganas de vivir.

La música del film está compuesta por John Williams. El maestro compone un tema a piano con acompañamiento de suaves cuerdas, que acompaña casi por completo, durante el metraje al personaje protagonista. Si en un principio el tono de la música es triste y melancólico, conforme vaya conociendo más a la joven, Davies, y sus ganas de vivir sean más crecientes, ese aire apesadumbrado se irá convirtiendo en optimista, colorido y vital.

Este leitmotiv domina casi por completo el score, siendo el piano su principal valedor. Williams rellena la partitura con otros cortes, de igual modo dominados por una suave orquestación, donde la alegría o el drama es representada de forma eficiente, que sumen al espectador en un estado placentero, la música de este film es bellísima. No hay grandes marchas, ni golpes orquestales grandilocuentes, es una música intimista, que a mí personalmente me encanta, y me hace sentir bien, es sencilla, pero efectiva. Lo mejor de esta vida viene dado por la sencillez, este es un buen ejemplo.

 

 

Entre copas (2004)

Entre copas es una comedia dramática escrita y dirigida por Alexander Payne. Ganadora del Oscar al mejor guión adaptado, la novela es de Rex Pickett, el film recibió además otras cuatro nominaciones. Interpretada por el siempre estupendo Paul Giamatti junto a Thomas Haden Church y Virginia Madsen, el film nos narra la historia de dos amigos, uno más sencillo y pesimista, y el otro vividor y amante de los productos caros. Cuando este último comunica a su amigo su intención de casarse, organizan un viaje por los diferentes viñedos del país para ir catando los mejores vinos. Es un viaje en el que uno tiene suficiente con un vino barato, y el otro quiere lo mejor de lo mejor, no se conforma con cualquier cosa. El drama y la comedia comparten escenario en el film, logrando Payne equilíbrarlo bastante bien.

Rolfe Kent compone la banda sonora. Nacido en 1963 en Inglaterra, pero afincado en Estados Unidos, Kent es autor de varias bandas sonoras, entre las que destacan esta que nos ocupa y por ejemplo Election. Su filmografía no es muy amplia y destacable, adquiriendo popularidad y premios con este banda sonora. Incluso recibió una nominación a los Globos de Oro.

El score de Kent, está basado en ritmos jazzísticos, donde destaca su tema principal, una melodía alegre y desenfadada con el que el compositor acrecienta la sensación de movilidad del film y da un toque colorista al mismo.

La comicidad de algunas escenas es acompañada de manera genial con cortes, donde el saxo y el piano se encargan de enfatizarla.

Aunque en la partitura encontramos algunos temas no muy aceptables, como el del picnic, sí que es verdad que el conjunto de la partitura es muy bueno. Los acordes de jazz acompañan ejemplarmente a los protagonistas, y las ganas de vivir son acrecentadas por la música.

El único tema que resulta más abatido o apesadumbrado, es el dedicado a Miles, el amigo pesimista. El piano, cuerdas pero sobre todo un acordeón apagado muestran musicalmente los sentimientos y personalidad de este individuo. Quizás sea el tema más dramático de toda la obra, junto al tema del abandono en la boda, donde de la misma manera un piano suave y melancólico, acompañado de una flauta y el bandoneón marcan el devenir de la escena.

El compositor incluso compone un tema de amor delicado y de suave orquestación para Miles y Maya, Madsen, donde el piano se erige como protagonista. La melodía es preciosa, llevando al deprimido Miles a saborear de nuevo las mieles del amor tras su divorcio.

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