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John Williams, Mi Amigo el Gigante.

Tras los problemas de salud que obligaron a Spielberg a contratar a Newman para su anterior film, Williams vuelve de nuevo al universo del realizador con una nueva incursión en el cine fantástico para niños. Mi Amigo el Gigante es una película producida para el entretenimiento de los más jóvenes, realizada, bajo mi opinión, de manera algo acelerada. Los acontecimientos pasan de golpe, y tienes la sensación de que toda va muy deprisa. Por ejemplo se echa en falta algunas escenas más, previas al avistamiento por parte de la niña del gigante en el orfanato donde vive. Aún así la cinta tiene momentos muy buenos como las escenas oníricas del mundo de los sueños. Basada en un cuento de Roald Dahl trasladado a guión cinematográfico por Melissa Mathison, la película se pierde por momentos en su más que ineficiente guión, son ridículas por ejemplo las escenas en palacio real con la reina de Inglaterra. Quizás lo mejor del film sea la fotografía de Janusz Kaminski, habitual en la reciente filmografía de Steven y la música del maestro Williams, y eso que no es ni por asomo una de las mejores partituras del compositor.

Desde Caballo de batalla, quizás la última gran música de Williams, el neoyorkino se ha dedicado a musicalizar los proyectos en los que ha trabajado con el piloto automático encendido. Ya sea por sus problemas de salud, su avanzada edad o falta de creatividad, sus últimos trabajos no pasaran a la historia como lo mejor del autor. Lincoln, La ladrona de libros y Star Wars, El despertar de la fuerza, son scores realizados con mucho oficio y poco más. Lo mismo ocurre con esta música para el film de su incondicional amigo. Esta es un partitura tremendamente funcional con las imágenes que vemos en pantalla, pero sin chispa y convencional. En ningún momento llega a enamorar, pero aún así, comparado con lo que se viene haciendo hoy en día por los compositores actuales, resulta una obra excepcional.

El maestro compone un tema central dedicado a la relación de amistad entre la pequeña niña huérfana y el gigante bonachón. La cuerda y la flauta son típicas de este, y envuelven eficientemente la relación mágica. Aparece en diferentes ocasiones y de formas variadas en el devenir del film. Tiene muchas reminiscencias al que compusiera para Elliot y E.T, en la película del mismo nombre o el tema dedicado al niño en Inteligencia Artificial.

Para mí, dos momentos puntuales son los mejor de la partitura. Uno es el scherzo que el compositor aplica para la escena de los juegos con los coches y el camión de los gigantes. La música es trepidante y por momentos recupera al mejor Williams. El otro, sin duda lo mejor del score, es la música utilizada por el maestro para las escenas del mundo de los sueños. Flautas  que  suenan mágicamente, acompañadas de un motivo de arpa ensoñador y cuerdas de acompañamiento, sumen al espectador en un estado placentero único. Williams en estado puro.

Las escenas de acción están acompañadas por música sinfónica de factura impecable, pero que recuerdan en demasía a las utilizadas en la saga de Solo en casa, aún así acompañan muy bien las escenas para las que están compuestas.

Lo peor del score viene de la mano, de a mi juicio las peores escenas y lo menos destacable del guión, la incursión de la reina de Inglaterra. Williams lo acompaña de fanfarrias del todo olvidables y temas bufonescos del mismo modo, no reconocibles de un compositor de su categoría.

En resumidas cuentas, una obra que funciona muy bien en pantalla, pero que es funcional, sin chispa y desprovista de ideas, se nota el cansancio del maestro.

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