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Franz Waxman, Historias de Filadelfia.

Producida por Joseph L. Mankiewicz para la Metro Goldwyn Mayer en 1940, Historias de Filadelfia es a día de hoy una de las obras cumbre de la cinematografía, lo que se considera una obra maestra. Bajo un guión adaptado por Donald Ogden Stewart y Waldo Salt sobre la obra de teatro del mismo nombre escrita por Philip Barry, su director, George Cukor, maestro entre maestros, compone un film redondo. Cukor, como buen director de actores, contrató y dirigió a la perfección a tres grandes de la interpretación, Cary Grant, Katharine Hepburn y James Stewart. Junto a ellos encontramos grandes secundarios como Ruth Hussey, John Howard, Roland Young, John Halliday o Mary Nash. La verdad es que tener a estos tres monstruos de la actuación facilita mucho las cosas a un director, y si encima se acompaña de un guión sobresaliente repleto de diálogos excelentes, el resultado es lo que fue, una joya del cine con mayúsculas.

Como el film está repleto de diálogos, la música adquiere un papel secundario, pero igualmente eficiente. Cukor contrató a Franz Waxman, uno de los grandes compositores clásicos. En el poco espacio que tuvo, Waxman compuso una partitura elegante y sofisticada repleta de toques jazzísticos.

El tema principal es una composición desenfadada de trompeta con acompañamiento de cuerdas del todo acertada para la película.
Waxman utiliza el trombón y los pizzicatos de las cuerdas para enfatizar los movimientos de los personajes, por ejemplo en la escena en la que el personaje de Kepburn echa de la casa a Grant.

El tema central vuelve a aparecer en dos ocasiones más, una en la piscina, cuando ella piensa sobres su matrimonio y si es lo adecuado. Entonces suena una variación suave de cuerdas de la melodía central, que acompaña sutilmente los pensamientos de la rica Tracy. Por último lo escucharemos en los créditos finales, destacando todavía más el uso de la trompeta en un estilo swing.

El compositor aplica un solo de clarinete en la escena en la que una confusa Tracy, se bebe tres copas de champán de una vez, acentuando los movimientos de subida y bajada de las copas.

Como era de esperar Waxman introduce música festiva de índole diegética en la secuencia de la fiesta pre-boda. El uso de la música que se escucha en vivo, es utilizado de nuevo en la escena de la piscina, tras la fiesta, entre Kepburn y Stewart. De una radio suenan acordes interpretados por el clarinete junto al xilófono y una trompeta con sordina que sumen a los dos embriagados personajes en un ensoñador baile y posterior baño a la luz de la luna. A este tema prosigue una especie de waltz que ese escucha también por la radio, cuando el personaje de Stewart halaga y cree estar enamorado de Tracy, efecto del alcohol, en el porche. La escena culmina con un beso acompañado de un solo de piano.

Tras estas escenas, a la mañana siguiente, Tracy cree haber cometido una infidelidad, no recuerda lo sucedido, pero se siente fatal. Waxman escribe para entonces una melodía de cuerdas dramática con solos de clarinete elegantes, tal como es el personaje de Tracy.

Esta es otra de esas músicas clásicas del cine antiguo, por desgracia olvidada y que de vez en cuando vale la pena rescatar. Existe un corte de tres minutos de duración en el disco compacto editado por RCA Victor, conducido por Charles Gerhardt titulado Sunset Boulevard The Classic Film Scores Of Franz Waxman.

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