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Franz Waxman, Capitanes Intrépidos.

Dirigida por Victor Flemming, se puede afirmar que Capitanes Intrépidos que es una obra maestra de la cinematografía. Si empezamos desgranando el film desde su exquisito guión, obra de John Lee Mahin, Marc Connelly y Dale Van Every, sobre una novela escrita por Rudyard Kipling, podemos ver al instante que estamos ante a una conjunción maestra de varios de los apartados que forman la película. Flemming, uno de los directores de Lo que el viento se llevó (1939) entre muchas otras grandes cintas, supo dar a la producción un toque mágico, pero también una lección moral que se mantiene de principio a fin. En cuanto a la elección de los actores, el casting resultó excepcional. Bajó la producción de la Metro Goldwyn Mayer, en los diferentes roles del film encontramos nombres como los de Spencer Tracy, un magnífico Manuel, pescador portugués que rescata y alecciona al joven, un Fredderic Bartholomew, que aquí da vida a Harvey, un chico engreído y rico, que aprovecha el estatus de su padre para salirse con la suya en todos los sentidos, pero que en el fondo lo que anhela es el amor paternal que encuentra en Manuel. Al igual, la película gana enteros con la participación de Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, Mickey Rooney y John Carradine auténticos actorazos.

El mundo de la mar, pero sobre todo el amor de un chico por un padre postizo, Manuel, pero tremendamente afectivo, cosa que el chico echa de menos en su verdadero padre, es el núcleo central de la obra.

Siguiendo con el desmembramiento de los diferentes profesionales que trabajaron en este film, nos encontramos con el nombre de Franz Waxman como el encargado de escribir el discurso musical. Nacido en Königshütte, Silesia, en Alemania (ahora Polonia),  un 24 de diciembre de 1906, Waxman fue el menor de seis hermanos. Aunque su padre lo inició en la banca, el joven Franz solo acudía como un medio de financiar sus estudios musicales. Tras dejar su trabajo, se traslada a Dresde donde se matricula en la escuela de música. Allí conocería a Fredrik Hollander al formar parte como pianista de una banda de jazz llamada Weintraub Syncopaters. Es Hollander el que le abre las puertas del mundo del cine al presentarle a directores alemanes que trabajaban para la Ufa, industria del cine alemana. Allí comenzaría como orquestador en diversas películas de directores como Murnau, y escribiría sus primeras obras, Liliom (1933) de Fritz Lang. Waxman era de origen judío, así que una vez hubo subido el auge de Hitler y sus simpatizantes, y haber vivido en sus carnes un ataque violento por parte de los nazis, decide emigrar primero a París y más tarde a Hollywood. En la industria Hollywoodiense conseguiría un éxito tremendo gracias a partituras como La novia de Frankenstein (1935), Rebeca (1940), Un lugar en el sol (1951) o Taras Bulba (1962), por mencionar unas cuantas composiciones. Trabajó para los más destacados realizadores de la época, desde Billy Wider, Stevens o Hitchcock. Ganador del Oscar en dos ocasiones además de haber recibido varias nominaciones, Waxman también es conocido por sus obras de concierto y por ser uno de los fundadores del Festival Internacional de Música de Los Ángeles, en el que se pudieron estrenar algunas de las mejores composiciones de los contemporáneos que escribían música por aquella fechas para la industria del cine, pero que no dejaban de lado sus obras para las salas de concierto. Waxman fue uno de los grandes compositores que trabajaron en el Hollywood clásico. Un autor con mayúsculas, que dignificó la profesión y aportó decenas de obras maestras.

En 1935, Franz compuso el score de La novia de Frankenstein, una maravilla adelantada  a su tiempo, que no dejó indiferente a nadie. Inmediatamente fue contratado para formar parte del plantel de compositores de la Metro. En 1937 recaló en el proyecto Capitanes Intrépidos de la mano de Fleming. A diferencia de sus coetáneas, la partitura de Capitanes Intrépidos es escasa en duración. No suena durante todo el metraje como era costumbre por aquel entonces.

Waxman abre la partitura con un tema principal de metales y percusión, junto a la cuerda, grandilocuente y fastuoso, para a continuación introducir el leitmotiv principal de la obra, una bella melodía de cuerdas a modo de nana, que el personaje de Manuel cantará en escenas posteriores en el barco, mientras realiza la guardia.

La película se va desarrollando, y el compositor no introduce ningún aporte musical para las secuencias transcurridas en casa del muchacho ni en el colegio, ni tan siquiera en el transatlántico en el que viaja junto a su padre camino de Europa.

La música vuelve a reaparecer tras caer el chico al agua, y ser rescatado por Manuel. En el pequeño pesquero, Manuel enseña al maleducado y prepotente niño los valores cívicos y el amor paternal, denominador común de la falta de escrúpulos del joven. Manuel interpreta en cubierta la canción “Ay mi pescadito”, nombre con el que apoda al chico. Una especie de canción de cuna, escrita por Waxman y con letra de Gus Kahn. Es usado como nexo de unión entre el amor de los dos protagonistas. En un momento dado Harvey le pregunta a Manuel que como escribe esas canciones, a lo que el portugués le contesta que él no escribe nada, “las canciones que salen del corazón son las mejores”, explica al muchacho. Y la verdad es que es cierto, si unimos el talento de Waxman y el alma que ponía en cada una de sus composiciones, el resultado es una obra marcada por la calidad de sus melodías.

En el barco los pescadores cantan otra canción, “Que hombre tan patán”, compuesta a su vez por Franz y con letra de Kahn. Esta la podemos escuchar de forma diegética en diferentes momentos, y es incluida en el tema final del film junto a la anterior canción en forma de suite, en la que se aglutina los diferentes temas del score.

Sin duda que el mejor momento musical de la partitura viene de la mano de las escenas en las que una vez integrado en el grupo, el chico sale de pesca con Manuel, o se intercalan las escenas de las diferentes tareas de los pescadores, o también es usado en las escenas en las que la goleta se embarca en una carrera con otra de las barcazas de Gloucester para ver quien llega antes a puerto. La movilidad viene acrecentada por una potente fanfarria de metales y percusión, donde se acentúa la acción, auténticamente maravillosa. La cuerda más tarde enfatiza y dignifica la profesión y el trabajo duro. Una joya de música.

Para la escena anterior al fatal accidente de Manuel, Waxman anticipa lo que va a ocurrir, a través de una música grave, que va in crescendo conforme se acerca el desastre.

Durante el transcurso del accidente, la percusión y los metales llevan el peso dramático de la melodía.

Una vez Manuel ya sabe que no tiene solución, que va a morir ante la mirada de Harvey, Waxman introduce una melodía de arpa y cuerda, a modo de réquiem, donde cabe destacar lo bello del pasaje de cuerda, que incide en la sentimental despedida de Manuel hacia Harvey.

Una partitura, que aunque corta, es maestra. Por desgracia, es un score olvidado, como tantos otros. No se ha realizado ninguna reedición en disco, aunque si existe una suite en uno de los recopilatorios editados por Varése Sarabande en los años noventa, dedicados a Waxman.

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