1

Jerome Moross, Horizontes de Grandeza.

Horizontes de Grandeza fue el primer film de la recién formada productora de William Wyler y Gregory Peck, ambos se habían hecho inseparables tras el rodaje de Vacaciones en Roma (1953), incluso sus familias se veían muy seguido. Para la primera película de la recién creada sociedad, Peck quería realizar una comedia ambientada en España que no fructífero, entonces propuso a Wyler la realización de la novela de Donald Hamilton The Big Country. Se trataría de un western con una docena de personajes importantes, por supuesto Peck se reservó el principal. La lista actoral estaba compuesta por Jean Simmons, Charlton Heston, Burl Ives, Carroll Baker, Charles Bickford, Chuck Connors y Alfonso Bedoya. La británica Jean Simmons estuvo maravillosa como siempre, al igual que el resto del reparto. Cabe destacar la aparición de Heston como un personaje secundario, en pantalla tenían más protagonismo Simmons, Baker o Peck. Lo cierto es que el Moisés de Los Diez Mandamientos (1956) no es que tuviera muchas ganas de interpretar este papel, pero fue presionado por su agente para que lo hiciera. El film, a mi juicio, es redondo en todos los aspectos, algo casi habitual en las producciones dirigidas por el maestro Wyler, se hacía acompañar de los mejores técnicos además de unos estupendos actores. Si en anteriores cintas se había contratado a compositores de gran renombre, aquí Wyler acertó de lleno al proponer para el apartado musical a Jerome Moross.

La partitura de Moross es maestra, comenzando por su tema principal, majestuoso y de ritmo trepidante, donde tras un motivo de violines obsesivos el compositor introduce una melodía trepidante cargada de positividad para acompañar el viaje principal de una diligencia por el oeste. Moross comentó que se le había ocurrido esta música después de realizar un viaje por el lejano oeste atravesando los parajes tan peculiares de su terreno.

El personaje de Julie tiene su propio tema, se trata de una melodía suave, pero a su vez vibrante y muy movida como es en realidad su personaje, una mujer activa, pero al mismo tiempo una señorita. Esto se comprueba en el cambio de registro de los violines, si primeramente suenan pausados, acto seguido pasaran a ser más dinámicos.

Moross aplica un tema igual de movido y grandilocuente para la secuencia de la peculiar bienvenida al personaje educado y algo fuera de lugar en este sitio, de Peck. La percusión y de nuevo la sección de cuerda se muestran implacables, aunque los metales, en especial la trompeta adquieren más importancia.

El score prosigue con música suave para la pareja formada por Baker y Peck, incluso Moross introduce un toque cómico en la música que compone para la escena de la monta del caballo por parte de un refinado Peck. Cabe destacar los valses y polkas que suenan en la secuencia del baile organizado en la casa.

La disputa familiar entre los dos grandes terratenientes del lugar es secundada por temas en los que la creciente tensión es acentuada por los metales y percusiones vibrantes que mejoran sustancialmente las imágenes. Un ejemplo de ello es la música compuesta para las escenas del paso por el cañón y el secuestro de la Simmons por parte del hijo (Connors) de unos de los contendientes (Ives). Los metales y sobretodo la percusión son destacados en este tema. La percusión va in crescendo conforme se desarrollan los acontecimientos, siendo acompañada en todo momento por un motivo de cuerda.

Moross realiza una variación del tema principal para magnificar el terreno, esta es introducida en las escenas que transcurren cuando el personaje de Peck se pierde y llega a una vieja casa propiedad del personaje de Simmons.

Es entonces cuando la conoce y se enamoran, la inclusión del oboe y un motivo delicado de cuerdas acompañan a la pareja, se encadenan un par de temas que inciden en el estado placentero de los dos personajes y su no violencia. Este es un hecho que Wyler quería recalcar en el film, y que es tomado a su vez por el compositor en su genial partitura.

Un score maravilloso, obra maestra absoluta de uno de los discípulos de los tratados musicales del gran Aaron Copland. Muy de estilo americano, resulta idónea para el film y hace que uno ame la música de cine. De aquí en adelante Elmer Bernstein desarrollaría discursos musicales de tratamiento similar al empleado por Moross en este caso. Un compositor a redescubrir, con una obra tanto cinematográfica, como de concierto muy destacada.

Me gusta(3)No me gusta(0)

Un comentario a Jerome Moross, Horizontes de Grandeza.

Deja un comentario

Puedes usar etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>