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Arturo Cardelús, Con Aire de Tango.

Cuando la desidia y la incultura de nuestros días te absorbe como una esponja casi por completo, te vuelve como un zombi sin sentido arrastrándote por el barro de la mediocridad, aparece de repente una obra o un compositor y te rescata de sus adentros como si te salvara la vida. Eso es lo que me ha ocurrido con Con Aire de Tango de Arturo Cardelús. Después de unos días sumido en el caos mundano de lo real, en los que incluso me planteaba dejar de escribir, llega a mis oídos esta música liberadora que me ha redimido de las profundidades de lo vulgar. A veces estás tan rodeado de mezquindad, que te llega casi a controlar, pero escuchando o visualizando ciertas expresiones artísticas que son como islas apartadas en lo más profundo del océano, llegas a recuperar la esperanza, y compruebas que entre tanta televisión basura, medios de comunicación que emiten a su antojo distintas versiones de una misma realidad o noticia, y otras chanzas vomitivas de la actualidad, hay un resquicio pequeñito para la cultura. Te das cuenta que existen gentes como Arturo Cardelús de los que vale la pena hablar.

Nacido en Madrid en 1981, Cardelús estudió música en el Conservatorio Superior de Música de Salamanca, así como en la Royal Academy of Music de Londres, Franz Liszt Academy of Music en Budapest, y el Berklee College of Music de Boston. Además de compositor, Arturo es intérprete del piano, instrumento del que saca el máximo partido en sus composiciones. Es autor de varias obras de concierto y bandas sonoras como Chiamatemi Francesco (2015).

Con Aire de Tango es un álbum editado por uno de los sellos discográficos que más prestancia concede a la música contemporánea y a los jóvenes compositores, sin olvidar a compositores clásicos, me refiero a Naxos. El cd contiene cinco obras del autor afincado en Los Ángeles.

Comienza con “100 Miles Suite”. Compuesto de tres temas diferentes, se trata de una adaptación de la música original escrita para el cortometraje de Tamás Tatai 100 Miles (2013). En el primero de los cortes escuchamos un motivo de piano acelerado en su comienzo, acompañado de violín y chelo. En el film original un chico y su abuelo están fascinados por los trenes, así que aquí Cardelús nos muestra musicalmente la locomoción de uno de esos trenes. La impronta velocidad del comienzo se torna más calmada, a través de una bajada de intensidad del tempo del piano de belleza desgarradora.

En el segundo tema la dulzura de la música se hace más plausible, el chelo y el piano se erigen junto al acordeón en los protagonistas, ofreciéndonos una interpretación que suena en derredor, minimalista, que no tiene nada que envidiar a obras de Glass o Nyman.

Siguiendo estos parámetros minimalistas, Arturo acaba esta suite con un delicado fraseado de piano, que eleva el alma hasta lugares insospechados por el ser humano.

En conjunto, esta es una obra que incide en la belleza de la pasión que un ser humano siente por algo o alguien, en este caso los trenes.

La segunda obra está dedicada al Luis, tío del compositor. Compuesta tras su muerte en 2014, “Two Pieces for Piano Trio” está cargada de emotividad y afecto hacia un ser querido y su pérdida. El primer tema llamado “Tío Luis” es una de las piezas más bonitas que he escuchado jamás, la melancolía está implícita en ella, se percibe en un piano resignado que emite acordes tristes y desangelados, pero tremendamente bellos y emotivos. Es secundado por un solo de violín magistral que incide en este estado.

En el segundo corte, el piano se vuelve de nuevo minimalista, los sentimientos del autor afloran por doquier en cada una de las notas que hace sonar. Cabe destacar la cadencia repetitiva de las notas finales de la pieza, de una belleza increíble. Los interludios de violín y chelo no desmerecen en nada y acompañan este precioso homenaje a su tío. Es imposible expresar en palabras tanta belleza. Cardelús muestra los respectos y el amor que siente por su familiar.


 

Ni“ Con Aire de Tango” está escrito para el violinista de la Berlin Philarmonic Orchestra, Laurentius Dinca. Consta de cuatro movimientos en los que Cardelús deja entrever la influencia de la música de Astor Piazzola.

En el primer movimiento el violín de Dinca nos introduce los sonidos argentinos en una interpretación sobresaliente. “Madrid” es el nombre de este tema, en él Arturo rinde homenaje a su ciudad de nacimiento.

“Boston” es el segundo movimiento. Una pieza menos pasional y más técnica en su conjunto, en la que ahora el joven autor agasaja a la ciudad donde estudió. Se deja entrever en ella una ligera influencia de Vivaldi y sus Cuatro estaciones, sobre todo en la ejecución del motivo principal de violín.

La emotividad del discurso musical de Arturo reaparece de nuevo en “Anchorage”. La música es también más dinámica, el violín interpreta unos acordes frenéticos con los que da voz a la ciudad natal de su mujer, y donde contraería matrimonio.

Para finalizar, escribe un tema dedicado a la ciudad donde reside en la actualidad, Los Ángeles. La sombra de Piazzola y Vivaldi es evidente en este movimiento, aunque siempre conteniendo el sello musical de este joven con futuro muy prometedor dentro de la música. Un digno final para estructural su vida a través de cuatro de las ciudades más importantes en su biografía.

“Two Pieces for Violin and Piano”. Como bien indica su nombre, consta de dos piezas. La primera de ellas está basada en la música que compusiera para el corto Sol (2011). Está dedicado a su abuela. Cardelús compone una pieza a piano más tradicional, cargada de gran técnica, que contiene un halo melancólico muy evidenciado. El violín no deja de acompañar en ningún instante al piano. Si bien la composición derrocha buen hacer, a mí personalmente no me llega tanto como los sonidos minimalistas del homenaje a su tío, aún así no deja de ser una gran música.

La segunda pieza de esta obra me gusta más, en ella el violín solista desliza sus acordes entre un bello interludio de piano de acabados magistrales. Si es destacable la belleza del motivo de violín de reminiscencias melancólicas, lo es todavía más si cabe la del piano. Si hay que achacarle alguna pega a este tema, quizás sea la corta duración. Uno se queda con ganas de más tras su finalización, y en realidad no es corto, pero sus tres minutos se nos pasan volando, queriendo disfrutar durante más tiempo de la hermosura y ligereza de esta música.

El disco acaba con “Two Piano Pieces”. “Regrests” es un sofisticado y triste tema a piano, en el que el ser humano se mira a sí mismo y ve con pesar el paso irremediable del tiempo.

Escrito para la pianista Tanya Gabrielian “Prayer” supone un digno colofón a un disco imprescindible. Suaves deslizamientos de los dedos por entre las teclas del piano, que van siendo más graves conforme avanza la composición, para volver a decaer de nuevo. Nuevamente la belleza de la música de Cardelús se encuentra en la sutil tristeza que desprende su poética escritura. Una joya sin paliativos.

Naxos y su buen gusto a la hora de elegir a sus autores, han hecho posible que los aficionados disfrutemos de esta maravilla de disco. La interpretación al piano del compositor no dejará indiferente a nadie. Al igual, se hace acompañar de músicos excepcionales como Laurenius Dinca, Maureen Choi, Tien-Hsin Cindy Wu, Michael Kaufman, Sami Myerson, Timothy Loo, John Torcello y Steve Dress.

Un deleite para los oídos, en un tiempo en el que el ruido y la idiosincrasia de la vulgaridad y la incultura son generalizados.

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