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Cyril Morin, Samsara.

Samsara es una película del año 2001, en la que un joven Lama se debate entre la religión y fuerza espiritual del monasterio en el que está recluido de forma voluntaria, y el despertar sexual y emocional, propiciado por el amor que siente hacia Pema, una chica que ha conocido en una aldea cercana. El film está escrito y dirigido por Pan Nalin, un cineasta indio con una filmografía, en mi opinión, bastante destacada, aunque desconocida.

El francés Cyril Morin escribe la música de esta producción. Habitual en la filmografía de Nalin, Morin compone un discurso musical que gira alrededor de un tema central dedicado a Pema. Un bello y muy terrenal fraseado de guitarra, interpretada por el propio Morin, es secundado por un no menos bello sólo de violín tibetano a cargo del instrumentista Tenzin Gönpo. Es el leitmotiv principal de la banda sonora.

El compositor aplica una parte espiritual, propia del argumento, en la que las voces tibetanas y el duduk, sumen al espectador-oyente en un trance místico, en el que el ser humano se encuentra con uno mismo, haciéndose preguntas sin respuestas. Es una música de muy adentro, te llega al alma y te hace reflexionar. Estos temas serán utilizados para reflejar la espiritualidad del muchacho y su entorno.

Por último, Cyril realiza unos temas de carácter ambiental, en los que quiere hacernos participe de las majestuosidad de el entorno geográfico del Himalaya. Los sintetizadores, tocados por Morin, se funden de manera exquisita con la flauta japonesa, las balinesa, la india, el ney, saz, sarangi, lira y percusiones tibetanas. No hay que obviar el precioso acompañamiento de la cuerda. Deyan Pavlov dirige la Bulgarian Symphony Orchestra con unos estupendos resultados. Mencionar también a algunos de los músicos étnicos. Además de los ya citados encontramos a: Christine Kotschi, Christope Gautier y Stephan Scott.

Recomiendo la edición discográfica en doble cd de esta obra, editada por el sello Music Package. En el primer disco podemos disfrutar de 18 temas de la partitura original, con una duración de de cuarenta minutos, y en el segundo abundante material adicional de temas versionados o no usados. Catorce temas plagados de un finísimo cuidado y sensibilidad, de un compositor a destacar y a reivindicar, que ya nos sorprendió con el score de Zaïna, cavalière de l’Atlas (2005).

 

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