Archivos mensuales marzo 2016

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Debbie Wiseman, Dickensian.

Dickensian (2015).

Si con La Corrispondenza Morricone ha escrito una de las mejores obras de lo que llevamos de 2016, la británica Debbie Wiseman no se queda corta, y tal como hiciera el año pasado con Wolf Hall, crea una obra a la altura de la escrita por el maestro romano. Sin lugar a dudas es una de las compositoras más en forma del panorama musical internacional.

Para esta serie de 20 episodios sobre los personajes creados por el escritor Charles Dickens, Wiseman crea una partitura soberbia, apuntalada en un genial tema principal. El mayor exponente de esta composición es el címbalo, interpretado por Greg Knowles...

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Alexander Cimini, Red Krokodil.

Red Krokodil
During my first years of philosophical learning, hedonistic age in which the great and enlightened thinkers tended me hand, I visited quite often the work of the Spanish philosopher and essayist Antonio Escohotado, “General History of Drugs”, an enlightening text where the phenomenology of these cultural and prohibited substances acquired a new dimension, quasi-magical, at least for my young and impressionable awarenesss raising my experimentation to a higher plane. Taking as certain some of the ideas that Escohotado defended wherever he was claimed, namely: “The drug is a work of culture” or even “knowledge seems positive,” naming just two, it’s difficult to understand the reality that surrounds the main protagonist -the drug is the other anti-protagonist of the story of ...
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Alexander Cimini, Red Krokodil.

Red Krokodil

Antonio Pardo Larrosa

Durante mis primeros años de aprendizaje filosófico, época hedonista en la que los grandes e ilustrados pensadores me tendieron la mano, visité con relativa frecuencia la obra del filósofo y ensayista español Antonio Escohotado, “Historia general de las drogas”, un texto esclarecedor donde la fenomenología de estas sustancias prohibidas y a priori a-culturales adquirían una nueva dimensión, cuasi mágica –al menos para mí joven e impresionable conciencia- que elevó mi experimentación a un plano superior. Tomando como ciertas algunas de las ideas que Escohotado defendía allí donde se le reclamaba, a saber: “La droga es una obra de cultura”, o también, “su conocimiento me parece positivo”, por citar solo dos, resulta difícil entender la...

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Ennio Morricone, La corrispondenza.

La corrispondenza (2016).

Que Morricone es un genio no lo duda nadie. Tras haber ganado su ansiado Oscar, el romano vuelve a la carga en 2016 con La corrispondenza, un film de su amigo Tornatore. La película narra la historia de amor entre una joven universitaria (Olga Kurylenko) y su profesor de astrofísica (Jeremy Irons). Como todas las cintas del genial director italiano, el fondo de la narración denota una melancolía muy acentuada, que aprovecha Morricone para crear la mejor obra del año. Si amigos, el compositor romano es un “Dios de Egipto” de la música, un creador inconmensurable del que aflora en su música una sensibilidad y dominio de la orquesta descomunal.

Para La corrispondenza, Morricone utiliza el piano para sumirnos en un halo melancólico y crepuscular...

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Entrevista a Joan Valent.

 

Hola, Joan! Antes que nada, agradecerte la atención prestada. Con motivo del estreno de tus dos y más recientes trabajos, Mi gran noche y El rey de La Habana, para Álex de la Iglesia y Agustí Villaronga, respectivamente, hemos aprovechado la circunstancia para entrevistarte y escribir sobre esta última partitura, que ya te ha reportado alegrías como la de resultar vencedora en los Gaudí dentro del apartado de la mejor banda sonora. Editada, como todos tus últimos discos con partituras cinematográficas por el sello valenciano SAIMEL, al respecto, queríamos preguntarte:
En primer lugar, qué puedes contarnos acerca de tu formación musical y de tu aproximación al mundo del cine, ¿fue algo premeditado? Es decir, ¿en algún momento de tu aprendizaje musical te planteaste como opción profesional dedicarte al mundo del cine? ¿Cuáles eran, en un principio, tus intereses musicales?

Bueno, mi formación fue clásica, y al principio de mis estudios de composición no tenía ninguna intención de dedicarme al cine. De hecho, en esos momentos entre los estudiantes de composición el cine era considerado un arte menor al sinfónico. Eso cambió. Quiero decir que el que cambió fui yo al llegar a Los Ángeles para continuar con mis estudios. Allí tomé unas clases durante los cursos sobre música para cine, dado que esa enseñanza era algo casi incipiente en UCLA, y de algún modo ahí empezó todo. Luego, a mi regreso a España, conocí a Alberto Iglesias quien en esos años, a principios de los 90, era alguien que empezaba a despuntar con las películas que hizo con Julio Medem. Junto a Suso Saiz fueron los que de algún modo me iniciaron hasta que hice Mararia con Pedro Guerra. A partir de ahí el cine comenzó a ser una parte de mí, y actualmente mi vida creativa transita muy cómodamente entre la música de concierto y la de cine. De hecho, una se nutre de la otra.

¿Cómo se produce tu encuentro con Álex de la Iglesia? Parecía que había establecido una cierta relación con un compositor determinado desde hacía tiempo con buenos resultados. ¿Te contó qué le indujo a buscarte?

Fue culpa de producción. Por alguna razón que nunca quedó clara del todo, el productor de La Chispa de la vida no se entendió con Roque Baños y necesitaban un músico que actuara con la suficiente rapidez para llegar a las fechas previstas, por lo que Andrés Vicente Gómez propuso que Alex y yo nos conociéramos y que habláramos. Álex era reticente al encuentro. Se resistía, pero llegó un día caluroso de verano en el cual no le quedó otra que venir a casa, subir los cinco pisos andando y conocerme.
Al vernos nos reímos, nos reconocimos el uno a otro como muy parecidos. ¡De hecho la gente por la calle cree que somos hermanos cuando nos ven juntos! Y así empezamos. Nos entendimos rápidamente. Él se interesó más por mi mundo sinfónico que por los trabajos que ya había realizado para cine y de ese lenguaje, de ese quehacer, empezamos a trabajar. La complicidad que encontramos, tanto humana como creativa, es inmensa, y los entresijos para llevar la película por el camino que deseamos musicalmente es siempre un bonito viaje.

Tu relación con el director abarca ya cinco títulos, si contamos el episodio “The Fragment”, del film colectivo Words with Gods, y va viento en popa. ¿Cómo te sentiste cuando la Academia reconoció tu trabajo para Las brujas de Zugarramurdi, nominándolo al Goya? ¿Crees que es una cima en tu carrera musical o el impulso necesario inicial para gozar de una continuidad en la especialidad?

¡Fue genial! Sentí una gran emoción, sobre todo por la gente de mi entorno. Todo el mundo lo celebra y espera grandes cosas. De repente se centran en ti las esperanzas de quienes están alrededor y eso, en verdad, resulta agobiante, pues genera un cierto desasosiego. Después llega la gala y… ¡no te lo dan! ¡Pero si era favorito! Entonces se produce una gran decepción y pena, sobre todo por todos aquellos más allegados. Pero nada, a seguir. Un año más tarde me dieron el premio Fénix por esa película y me pude resarcir en cuanto a la vanidad. ¡Y es que los premios son bombones de vanidad! Más que propulsores de carrera, creo que lo que realmente te hace estar vigente y tener continuidad es el trabajo bien hecho, la buena relación con los directores y su obra, la humildad, la inquietud en aprender y crecer cada día como compositor.

Con Álex de la Iglesia has tocado diversos géneros, del drama La chispa de la vida al documental dramatizado sobre una figura mundial del “deporte rey”, como Messi, de Álex de la Iglesia. También Musarañas es un título reciente que añadir a tu trayectoria, además de tus trabajos con directores tan variopintos como Antonio Chavarrías (Dictado), Agustí Villaronga (Carta a Eva y la reciente El rey de La Habana) o el valenciano Sigfrid Monleón (La bicicleta y El cónsul de Sodoma). ¿Es difícil dar con las claves de cada proyecto cuando la variedad genérica es tan grande? ¿Cómo estableces tus parámetros de trabajo?

Los parámetros los establecen los directores. Cuando los músicos llegamos a una película, el señor con quien trabajamos, el director, normalmente hace unos tres o cuatro años que está con ese trabajo en su cabeza, desarrollando cada uno de los pasos necesarios para llegar a su rodaje y postproducción. Ellos tienen en sí mismo las claves de lo que tiene que ser tu trabajo. De hecho, es al hablar con el director de su proyecto cuando empiezas a definir cómo va a ser tu música: en sus palabras, en sus expresiones enfáticas del dolor, de la risa, de la pena, del amor, de la profundidad de sus personajes. Ahí es donde adivinas como será el pulso de la película, más que desde el guión o incluso más que en un primer fusionado de la obra. El director y sus formas despejan las claves de lo que será tu trabajo musical.

Respecto a los autores que citas, cada uno de ellos es diferente, al igual que su cine. Y eso es algo fantástico, pues entrar en colaboración con gente tan creativa y diligente no hace más que enriquecerme, a mí y a mi música. Lo de los géneros, depende, pues forma parte de la experiencia de ser cineasta. Es una de las más maravillosas, sobre todo si se comparte con actores, directores, fotógrafos, guionistas… Es la flexibilidad de encarar diferentes estilos con el máximo de dedicación. Es fantástico el reto, inmenso el trabajo y enorme la satisfacción cuando se consigue, porque es ahí donde reside la magia del cine, en ese viaje de permanente aprendizaje.

Al respecto de las ediciones discográficas, estás trabajando ahora mismo únicamente con SAIMEL. ¿Cómo ha sido tu relación con ellos? ¿Cómo entiendes la edición discográfica hoy en día? ¿Te parece algo definitorio en la trayectoria de un compositor de cine o es un acto de características heroicas, románticas incluso?

Bueno, estaba un poco decepcionado con los irregulares resultados discográficos de algunas producciones. Los productores ni siquiera se preocupaban por la edición de la música y nadie me llamaba para publicarlas. No parecía que hubiera mucho interés, dado que a los productores no les supone ningún beneficio y a las compañías discográficas… En fin, la cuestión es que un día, cansado de esa situación, busqué el teléfono de Juan Ángel en internet y le llamé, le dije quien era y si estaría interesado en publicar los discos de mis trabajos. Me contestó que estaría encantado, que le sorprendía que nadie me lo hubiera pedido antes o que esa parte de mi trabajo no estuviera atendida. Nos caímos bien y nos entendimos enseguida y ahora ya es una cuestión de lealtad y confianza. Y puesto que no es un gran negocio, sí es un legado, un pequeño patrimonio publicado al que pueden tener acceso muchas personas que se interesen por el trabajo de uno. Y el trabajo de uno no es romanticismo, es el resultado de mucho esfuerzo y dedicación. Por eso admiro y respeto mucho a las compañías que siguen con la producción y publicación de bandas sonoras.

En este sentido, ¿cómo contemplas el mundo del coleccionismo discográfico? ¿Por qué ha quedado inédito tu trabajo para La chispa de la vida? ¿Qué piensas, además, de los festivales de música de cine y de los premios?

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