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Especial Semana Santa.

Quo Vadis? (1951).

Cuando Mervyn Leroy junto a los productores de la Metro quisieron adaptar al cine la celebérrima novela del polaco Henryk Sienkiewicz, en su mente pululaban las fanfarrias y temas grandilocuentes del maestro Rózsa. No se concebía esta película sin su discurso musical. El film es una obra maestra del Séptimo Arte, las actuaciones de Robert Taylor, Deborah Kerr, como la inocente y delicada Lygia, pero sobre todo el papel de Peter Ustinov como Neron, son de unos acabados impolutos.

Rózsa entró a formar parte del proyecto al estar en plantilla de la Metro Goldwyn Mayer, realizando una obra al alcance de unos cuantos privilegiados.

El húngaro creó una banda sonora que se vertebraba en tres grandes ejes.

El primero estaba dedicado a la grandeza y decadencia del Imperio Romano. En este apartado podemos incluir el tema principal. Una música en la que los coros y los metales sobresalían dentro de una orquestación poderosa, clara referencia a la fortaleza de Roma. En este mismo sentido se insertan las fanfarrias que acompañan la entrada de las tropas vencedoras en la ciudad. Metales y percusiones retumbantes se hacen con las riendas de estas, nunca mejor dicho. En lo referente a la decadencia, Rózsa escribió los nauseabundos cánticos, que el vehemente de Neron interpretaba acompañado de su lira.

El segundo, y quizás el más bello, es el asignado a Lygia. Una bella melodía, cautivadora y delicada, como el personaje de Kerr. La flauta, el oboe, el arpa y la cuerda se encargan de embelesarnos, desarrollando un discurso de aterciopelada mesura. La melodía que primeramente se asigna a Lygia, formara más adelante parte del tema de amor de la pareja protagonista. El maestro presta más atención entonces a la sección de cuerda, arropando a los dos enamorados.

Por último, encontramos la música dedicada a los cristianos, escenificada en cantos de cuidado misticismo, delicados y suaves.
Aunque también hay cabida en el score para temas donde el dramatismo aflora muy vivamente, con la típica y cuidada escritura de cuerdas de Miklós.

En definitiva una obra maestra de la música de cine, compuesta por uno de los más grandes autores que ha dado la cinematografía.

 

La túnica sagrada (1953).

Se cuenta en Hollywood que Bernard Herrmann dejó la academia de las artes y las ciencias cinematográficas porque en 1953 olvidaron nominar la banda sonora de Alfred Newman “The Robe “. Sea cierto o leyenda, la partitura creada es una de sus grandes composiciones.

La túnica sagrada, fue la primera película filmada en Cinemascope por la Twenty Century Fox. La película cuenta la historia de Marcelo, un tribuno romano que gana la túnica de Jesucristo en una partida de dados. Desde que la obtiene; la prenda va ejerciendo místicamente un cambio, que hará que el tribuno se convierta al cristianismo.

Al mismo tiempo también relata el mundo romano y militar; y como afecta todo el tema de la religión a este mundo monocromático. El tribuno será ayudado por dos personajes importantes, Díana, ferviente creyente y Demetrio, criado de Marcelo, (el cual tendrá su propia película “Demetrio y los gladiadores”).

Todos unirán sus fuerzas para intentar convencer al tirano Calígula, para que deje de perseguir a los cristianos, pero sintiéndose traicionado por Marcelo, los manda a él y a Diana a morir crucificados; Ellos aceptan su destino sin miedo.

Con esta premisa contratan al director musical de la productora; Alfred Newman, especializado en películas con temática religiosa.

El preludio y título principal de la película, nos da una pista de como abordó la historia. Los vientos de metal y las voces, son los protagonistas principales en toda la composición; aportando un misticismo precioso.

Newman compuso una marcha militar muy a su estilo, con una gran sección de percusión y metal.

Con una sublime precisión el film gana con la música en cada momento, tanto en los de acción, íntimos y dramáticos.

Para la parte final Newman, introdujo un “Hallejuah”, aportando majestuosidad a los protagonistas que parten a una muerte segura.

Toda una obra maestra, que a día de hoy esta entré sus mejores composiciones.

Hombre de carácter duro, pero con una pasión que se reflejaba en todas su obra, fue el director musical de la Twenty Century Fox durante dos décadas (1940-1960), regalándonos verdaderas joyas del séptimo arte, (!Que verde era mi valle!, La canción de Bernadette, Las llaves del reino, Capitán de Castilla, Eva al desnudo…. ). Un legado que sigue siendo una parte importante de la musica americana.

 

 

 

Barrabás (1961).

Si a finales de los 50 y principios de los 60 el dominador absoluto de las grandes epopeyas bíblicas era el maestro húngaro Miklós Rózsa, se le fue uniendo otros nombres que engrandecieron estas películas, como Franz Waxman, Alex North o el milanés Mario Nascimbene.

Barrabás fue una producción italiana orquestada por Dino de Laurentis, que no dudó ni un instante en contratar al mejor de los equipos posibles para su nuevo film, ello incluía a su compatriota Nascimbene. Dirigida por el artesano Richard Fleischer, cuenta con un reparto de lujo: Anthony Quinn como Barrabás, al que acompañaban Vittorio Gassman, Silvana Mangano, Jack Palance, Arthur Kennedy, Harry Andrews, Ernest Borgnine y la mexicana Katy Jurado. Basada en la novela del sueco Pär Lagerkvist, fue guionizada por Christopher Fry, aunque los diálogos en italiano los escribió el ganador del Premio Nobel de Poesía Salvatore Quasimodo. El propio Lagerkvist estuvo muy involucrado en el proyecto.

En cuanto a la banda sonora Mario Nascimbene compuso una partitura muy digna e innovadora. Como el mismo compositor comentó, “no quería una música cargada de violines y que enfatizará las marchas de las legiones romanas. Tenía pensado algo nuevo”. De hecho su música no ahonda en la psicología del los personajes, es una obra ambiental que revolucionó en su día el concepto de la música de cine.

El maestro abre el score con el “Main Titles”, dominado por una melodía pesimista de aires místicos, auténticamente demoledora. Los gritos femeninos y la incursión de la técnica del Mixerama, inventada por el autor para esta cinta, se anticipaban a la melodía principal, creando un ambiente tenso. Este tema será usado como leitmotiv principal del score, apareciendo en diferentes ocasiones a lo largo del metraje.

En el score encontramos temas étnicos propios de la geografía donde se desarrolla la acción, llevados al terreno de la escritura del genial compositor italiano. Un ejemplo de ello es la danza oriental, donde un motivo de percusión, tambor y pandereta, era acompañado por un solo de oboe.

Pero sin duda la gran creación del milanés fue la música para la escena de la crucifixión-eclipse. Un alarde de imaginación e inventiva, donde desarrolló por completo la técnica del Mixerama. Esta consistía en la combinación de sonidos, reproduciendo y mezclando algunas notas de un instrumento con diferentes registros y con anillos de distinta longitud. Estos sonidos eran grabados en película magnética de 35mm y se montaban en el anillo, para que se ajustaran a la duración de la escena. La intención de Nascimbene, era la de agudizar la tensión psicológica. Utilizó para ello un pedal agudo de re sostenido-mi, ejecutado por violines, sopranos y contraltos una octava baja. En el momento del eclipse podíamos escuchar acordes interpretados por piano, tímpanos, vibráfono, xilófono y campanas reproducido a media velocidad.

Una obra maestra de la música de cine.

 

La Biblia (1966).

Coproducción entre Estados Unidos e Italia producida por Dino de Laurentiis. John Huston retrató en imágenes los textos sagrados, contando con un guión obra de Vittorio Bonicelli, Christopher Fry, Jonathan Griffin e Ivo Perilli. El film es magnífico en todos los sentidos, la fotografía, la dirección, los actores y sobre todo un discurso musical maestro del japonés Toshiro Mayuzumi. Parte del mérito de la cinta es de la música, incluso recibió una nominación al Oscar en 1966. Entre las caras más conocidas del elenco actoral encontramos a: Michael Parks, Ulla Bergryd, Richard Harris, John Huston, Stephen Boyd, George C. Scott, Ava Gardner, Peter O’Toole, Zoe Sallis, Gabriele Ferzetti, Eleonora Rossi Drago y Franco Nero.

Al estar de Laurentiis por el medio, al igual que en Barrabás, recomendó al director contratar a un compositor italiano para realizar el score. El asignado en un principio fue Ennio Morricone. El romano comenzó la partitura, e incluso llegó a realizar varios temas, pero Huston, en su afán de búsqueda de los compositores menos conocidos, pero que a la vez sirvieran eficientemente, prescindió del italiano en beneficio de Mayuzumi, eso sí, no sin el incomodo de Dino. Alguna de esta música rechazada fue reutilizada por Morricone en la banda sonora de El secreto del Sahara (1987) y en Il Ritorno di Ringo (1965).

Huston ya había contratado los servicios de Allan Gray en La reina de África (1951). Aunque era un compositor bastante conocido en las islas británicas, su nombre no gozaba de fama internacional. En mi opinión este fue un error por parte del director, puesto que es una de las peores bandas sonoras escritas para uno de sus films. En Moby dick (1956) sucedió todo lo contrario. El autor clásico francés Philip Sainton, realizó una obra magna de la música de cine. Benjamin Frankel fue otro de los aciertos del genial director, al contar con él para La noche de la iguana (1964).

Toshiro Mayuzumi representa parte de la mejor tradición musical japonesa, que mezcla en su música registros típicamente autóctonos, con lo mejor de la música occidental. Aunque cuando Huston lo reclutó para su proyecto no era demasiado conocido en Estados Unidos, si es verdad que el japonés tenía una dilatada carrera en su país como músico de concierto o clásico, realizando obras de gran magnitud y belleza. También había compuesto alguna banda sonora, pero fue a raíz de intervenir en esta película cuando se involucró más en el cine.

Toshiro compuso una obra extraordinaria, sustentada en una composición vanguardista, donde el serialismo, y los sonidos atonales se intercalaban con música sinfónica de calidad incuestionable.

Entre los temas más atonales, podemos destacar el de la creación de Adán. Una música que se desarrolla de menos a más, con empleo de sonidos fuertes, metales y voces sobresaliendo.

En este mismo estilo aparece el tema de la creación de Eva, dando el compositor más importancia a la cuerda. Los toques de xilófono y un motivo de voz dan un halo de misterio a la composición. Finalmente en la segunda parte del tema reaparece uno de los motivos principales, más melódico, que podíamos apreciar en la escena de Adán. Es el leitmotiv principal de la obra.

Cain y Abel son representados con una música ruda de metales y percusión que va in crescendo. Los recursos atonales están muy presentes.

Quizás la melodía más simpática, sea la que acompaña a Noe. Un tema desbordante, donde la cuerda es la predominante, pero donde también el xilófono y la flauta tienen un papel destacado. La música intenta imitar los movimientos de los animales, tal como había hecho años atrás Miklós Rózsa en El libro de la Selva (1942).

Los metales y la percusión de nuevo aparecen de forma agresiva en la escena del diluvio, imitando el movimiento de las olas y el viento. Inmediatamente después, Mayuzumi introduce una variación muy relajada del tema central.

El japonés escribió un tema de amor de desbordado apasionamiento, grácil y muy romántico, para la historia de amor de Abraham. Las cuerdas junto a la flauta y el clarinete se apoderaban de la melodía central de este. En cierta manera, recuerda a las de Rózsa.

El clarinete, oboe y flauta van introduciendo muy lentamente el tema dedicado al desenfreno de Sodoma. Va evolucionando en un crescendo maravilloso, hacia una melodía desangelada y alocada. Los metales y la percusión, cogen las riendas del tema, apareciendo como la voz cantante de la lujuria y caos imperante.

Una obra magna de un compositor injustamente olvidado.

 

EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA (1981).

En el año de nuestro señor de 1981, se estrenaba el 12 de junio, el film Raiders of the lost Ark, o lo que es lo mismo En busca del Arca perdida.
De las mentes de George Lucas (1944) y Steven Spielberg (1946), nació esta obra maestra del cine de aventuras, que pretendía revivir los antiguos seriales estadounidenses de los años 30 y 40.
Dirigida magistralmente por un Spielberg en su época dorada, y secundado por actores muy solventes como Karen Allen (1951) como Marion Ravenwood, o Paul Freeman (1943) que es René Belloq un saqueador de antigüedades francés, y por supuesto Harrison Ford (1942), que cambió aquí el rumbo de su carrera para siempre.
El guion corrió a cargo entre Lawrence Kasdan (1949), Philip Kaufman (1936) y George Lucas. La maravillosa fotografía fue obra del recientemente fallecido Douglas Slocombe (1913-2016), los efectos especiales de ILM pusieron su ingenio a merced del Arca, dando credibilidad al conjunto, todo esto montado perfectamente por el artesano Michael Kahn (1935), el cual enfatizo el dinamismo del film.

Y por supuesto John Williams (1932) creaba una de las mejores partituras hechas para el cine, sencillamente perfecta e irrepetible. La unión entre la música es prodigiosa, así deben de ser los scores, cuando se funden con el celuloide y son ya inseparables, es el lenguaje puro del cine.
Cada elemento, acción o personaje, cada idea, tiene su impronta musical, me abruma la cantidad de temas que lleva este film, de cada uno se podría hacer otra película, es desbordante, es puro Williams al igual que ya hiciera con Star Wars, Superman, o E.T.
Aquí no voy hablar del ya consabido binomio Spielberg-Willliams, ni de la ya conocida trama de la película, y no creo que nadie dude hoy en día, que este film es un obra de arte del cine, y encima el tópico por desgracia es verdad ” Ya no se hacen películas así, ni se harán” UNA JOYA.
En el film hay tres grandes leitmotivs diferenciados, la marcha de Indiana, el divino tema del Arca, y el melódico tema de Marion.
Todos recordamos la famosísima Marcha de Indiana Jones, espectacular e inolvidable, representa a la perfección a través de potentes notas de trompetas la personalidad del protagonista, secundado por leves repliques de tambores y acompañada magistralmente por la sección de cuerda. Toda la orquesta al unísono a merced del icono del cine de aventuras el Dr. Henry Walton Jones Junior (el papel favorito de Harrison Ford).

En el tema “In the Idol´s Temple”, se confluye el misterio con leves toques de cuerda y viento, y sobresaltando de vez en cuando con repiques acusados, la orquesta entra en acción en forma de crescendo al descubrir el Ídolo dorado, sigue con repuntes de trompeta y concluye con la sección de viento y cuerda reforzando la secuencia del escape tras la gran Bola con las trompetas de nuevo.
Con un precioso solo de oboe empieza “The medallion,” secundado por una finas cuerdas, seguido por trombones y suaves redobles de tambor que anuncia la presencia de los nazis en el bar de Marion Ravenwood y cada vez que salga en escena el malvado nazi Thot (Ronald Lacey 1935-1991).
Los tempos musicales son sencillamente perfectos (como siempre en Williams), y muy bien estructurados, como en “Desert Chase”, una endiablada persecución de 8 minutos, donde cada acción es personificada por Williams a golpe de percusión y trompetas soplando a favor de cada movimiento del héroe, subiendo y bajando los registros como de una autentica montaña rusa, llevándolo en crescendo hasta el final, cada fotograma lleva la impronta del compositor que otorga a cada nota una espectacularidad ya extinta en la actualidad.

He de decir que el tema del Arca, me fascina sobremanera, me traslada a una dimensión mística y de leyenda, que es el propósito de la misma, la partitura es tremendamente mágica y seductora, suena “The Map Room:Dawn” y empieza suavemente con una tímida flauta dulce, seguida de unos toques misteriosos de trombón y leve percusión, que van abriendo camino hacia el espectacular crescendo donde la sección de viento dibuja una línea ascendente acompañada magistralmente por una celestiales voces, rompiendo en unas trompetas espectaculares, cuando el rayo de sol indica en el mapa del suelo el lugar donde se encuentra el pozo de almas.
En esta secuencia no hay diálogos, no los necesita, la poderosa fotografía de Slocombe y la actuación de Ford, bajo la mirada de Spielberg, es sencillamente perfecta.

Esta idea se repetirá cada vez que el Arca haga acto de presencia, ya sea física o se mencione.
En un merecido descanso transcurre “Marion´s theme”, donde suena una dulce flauta acompañada sutilmente por las cuerdas y subiendo el tono pausadamente hasta estallar de júbilo de nuevo con la sección de cuerda en todo su esplendor, en este clásico y bonito tema de amor.

Cada tema tiene su propia línea y son todos originales, la riqueza en matices, cada escena viene representada de una manera diferenciada, escuchando el disco, sabes perfectamente donde transcurre la acción en cada momento, cosa que no ocurre en los scores actuales más famosos de hoy en día (léase Zimmer (1957), que repite y repite y repite hasta la saciedad el mismo tema versionado).
Podría comentar este trabajo magistral eternamente, siempre se hablara del igual que si fuera la propia Arca de la Alianza.
Dice la leyenda que un perspicaz arqueólogo descubrió el Arca, pero en su interior no estaban los diez mandamientos, en su lugar encontraron un pergamino enrollado, un legajo deteriorado por los siglos, donde se podía apenas leer Raiders of The Lost Ark by John Williams.
Para mí, fue extraño que le robaran el Oscar a Williams aquel año, teniendo en cuenta que es siempre muy “mimado” en ese aspecto, Chariots of Fire de Vangelis (1943) es buena pero está más que claro la superioridad del score de Williams, no hay quien le hiciera sombra, es por derecho propio miembro del selecto club de los mejores.
Gracias Johnny.

The Young Messiah (2016).

Aprovechando el buen hacer del compositor norteamericano John Debney en películas de corte religioso o ambientadas en tierras árabes, el director Cyrus Nowrasteh ha contado de nuevo con la presencia musical de Debney. Ya lo hizo en su anterior película La verdad sobre Soraya M (2008). El compositor sigue los parámetros de esta partitura desgarradora y con tintes étnicos, para la composición del film sobre el hijo de Dios. Los temas de esta nueva incursión en tierra santa, tienen mucho también de La pasión de Cristo (2004). El film cuenta la historia de un joven Jesús y su viaje a Egipto, está basado en el best seller de Anne Rice, y traslado a guión por el mismo director.

La utilización de instrumentación étnica es plausible en la obra. Debney utiliza el Duduk, así como otros instrumentos de origen árabe para formar unos temas que no llegan a la calidad mostrada en La Pasión de Cristo, o La verdad sobre Soraya M, se queda en un intento muy flojo. El compositor que tiene orígenes iraníes, utiliza también las voces, el arpa y el chelo al igual que hiciera en las dos anteriores bandas sonoras, pero esta vez los temas suenan desangelados y faltos de ritmo. No es de las mejores obras del compositor, es convencional y a veces aburrida. Debney no se sintió inspirado. Esperaba este score con mucho anhelo, y la verdad es que me ha defraudado.

 

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