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Especial San Valentín.

Tú y yo (1957).

Las historias de amor siempre, o casi siempre han despertado en los compositores un sentimiento especial que les ha llevado a escribir grandes partituras románticas. Este es el caso de Hugo Friedhofer para el film escrito y dirigido por Leo McCarey Tú y yo. La verdad es que la película es una pequeña joya del cine, si juntamos el talento de McCarey, Delmer Daves coescritor  del guión, las interpretaciones de Cary Grant y Deborah Kerr y el excepcional discurso musical de Friedhofer, obtenemos un film mítico, objeto de varios remakes, el más conocido Algo para recordar (1993).

Fiedhofer firmó una banda sonora en la que el romanticismo afloraba por doquier. Basándose en la popular canción principal, compuesta por Harry Warren e interpretada por Vic Damone, recrea un score que gira alrededor de esta. Pero no se limita solo a versionarla y adaptarla, ni mucho menos. Friedhofer es uno de los grandes nombres que ha dado la música de cine, aunque a veces no sea tan reconocido como algunos de sus contemporáneos, y lo demostraba en cada una de las obras que realizaba.
Para esta ocasión envolvió a la pareja protagonista con una tela de seda musical, que incluía ritmos desenfadados en ocasiones, dentro de una orquestación sobresaliente, en la que la cuerda o la flauta sumía a los enamorados en un halo sentimental muy logrado.

El dramatismo implícito en el argumento es trasladado al pentagrama en unos temas punzantes, en los que la cuerda nos desliza casi sin darnos tregua por escenas en las que la genial música del compositor nos muestra el sufrimiento y desazón de algunas de ellas. Porque a veces el amor es sufrimiento, y este lo aplica Friedhofer a la perfección.

Por supuesto las versiones orquestales de la estupenda canción, cuya letra fue escrita por el propio McCarey junto al famoso letrista Harol Adamson, acuden a abrazar a los tortolitos en las escenas más románticas. La orquestación y el ritmo empleado por Hugo, corre a la par que estos sienten la irremediable atracción el uno por el otro y son heridos por la flecha pasional de Cupido. Al igual, las cuerdas usadas por Friedhofer, hieren nuestros corazones.
Una gran banda sonora, que fue nominada a los Oscar.

 

 

Por David Juliá García.

Llega San Valentín y entonces buscamos las melodías mas románticas para vivir el momento, y yo que estoy “enamorado” de Jerry, escucho algunos de sus temas de amor, como Eternamente Joven.

El californiano nunca ha sido muy conocido por sus love themes, siempre a la sombra de sus gigantes scores de ciencia ficción, acción o fantasía. Pero es necesario descubrir que también escribía  temas románticos geniales, como en La profecía (Paper dreams), La casa Rusia (Katya), El chip prodigioso (lydia theme) o esta Eternamente Joven entre otras.

En 1992, el irregular Steve Miner (quizá sea este su mejor film) dirigía este romance con toques de ficción. Escrita por un  tal J.J. Abrams, la producción corría a cargo de la Warner e Icons Productions propiedad del protagonista, el irrepetible Mel Gibson, en un papel hecho para su lucimiento; le acompañaba un pequeñín Elijah Wood y una siempre solvente Jamie Lee Curtis. Por supuesto la batuta cortaba el viento de mano del genio de la coleta.

Daniel (Mel Gibson), es un piloto de pruebas que vive feliz al lado de su novia Helen…Todo se viene abajo con un accidente que deja a Helen en coma profundo y no se sabe cuando despertara. Daniel destrozado decide someterse a un experimento criogénico en pruebas, en el cual es congelado y despertado en el futuro donde quizá Helen ya este recuperada. La cápsula se abre accidentalmente 53 años mas tarde  por unos chicos y Daniel despierta en nuestros días, intentará buscar con ayuda de Nat y su madre Claire a su esposa, que quizá aún este viva y pueda reunirse con ella.

El love theme es sumamente bello, empieza con  un solo de piano. A continuación le acompaña el saxo y suavemente se introduce la sección de cuerda dándole forma a este evocador leitmotiv, donde se da la mano las notas más sencillas e intimas con las de mayor esplendor y grandeza musical, ya a cargo de la orquesta.

En “Test Flight”, Jerry saca pecho con un tema muy dinámico en su línea clásica, alternando la orquesta, las trompetas y algo de sintetizador, sus pizzicatos fluyen por doquier.

El tono melancólico y triste  predomina en “The Experiment”, donde un desesperado y apagado Daniel es congelado. Contiene algunos toques de percusión que subrayan la acción, y termina en un esplendorosa vuelta al leitmotiv.

En verdad hay que decir que este score no es de los mejores de Jerry, pero no defrauda para nada. El tema romántico es precioso y describe muy bien el amor, la búsqueda y por fin el reencuentro de la pareja, es muy solvente y está muy bien resuelto. Vengo a decir esto, por que Jerry en su camaleónico sentido de la música de cine, es capaz de hacer grandes temas de amor dignos de figurar entre los mejores.

Hay que revisionar estas partituras, y sentir el amor interpretado por la mente de Goldsmith.

 

 

Algo para recordar (1993).

Dada la simpatía que sienten, sobre todo las mujeres por el film Tú y yo (1957), nació esta película que homenajeaba en cierta medida la cinta de McCarey. Como no podía ser de otra manera fue una mujer quien se ocupó de escribir y dirigir este proyecto. Nora Ephron hizo suya la historia, adaptándola a su antojo, y creando un argumento que corría alrededor del film protagonizado por Grant y Kerr. Lástima que Ephron nos dejara en 2012, era una cineasta muy notable. Tuvo la suerte de contar con la pareja de moda en esos momentos, Tom Hanks y Meg Ryan, los cuales crearon unas interpretaciones que han quedado ya para el recuerdo.

En lo que se refiere a la música, Ephron la sustentó casi por completo en canciones, incluidas con mucho criterio. No desdicen en nada, y además crean un ambiente envolvente. Entre los artistas que podemos escuchar en la banda sonora encontramos a: Louis Armstrong, Carly Simon, Nat King Cole, Jimmy Durante y Céline Dion.

Así que para la partitura original no quedó mucho espacio, pero el que tuvo lo aprovechó muy bien Marc Shaiman, compositor contratado por Nora.

Shaiman nació el 22 de octubre de 1959 en Newark, Nueva Jersey. Hijo de Claire Goldfein y William Robert Shaiman, se crió en Scotch Plains, Nueva Jersey y asistió a Scotch Plains-Fanwood High School. A los 16 años empezó a trabajar en los teatros de Nueva York, comenzando más tarde su carrera como director musical de teatro y cabaret. Luego se convirtió en arreglista vocal para Bette Midler, entrando a continuación a componer música para películas, entre ellas Cuando Harry encontró a Sally (1989), Misery (1990), o las dos partes de la familia Addams (1991- 1993). Entre sus numerosos premios y nominaciones, cabe destacar las cinco que recibió al Oscar, los premios Emmy conseguidos, o un Tony y un premio Grammy por su trabajo en el musical Hairspray. Un compositor y letrista que todavía sigue en activo, ya sea escribiendo para el cine o los escenarios.

Shaiman escribió un tema a piano melancólico dedicado a la perdida de la mujer del protagonista (Hanks). Para el personaje de Ryan, desarrolló un motivo de oboe con acompañamiento de cuerdas, delicado y muy bello. Creó música de estilo jazzístico, muy movida para la escena del baile de la fiesta de fin de año, con uso destacado del saxo. También utilizó música más divertida, podríamos llamarla así, por ejemplo usada para las investigaciones del personaje de Ryan. Es una música con carácter, que cuenta con el apoyo de los bongos y una orquestación ligera, movida y decidida, que aparecerá también en escenas cómicas dominadas por ella.

Tras escuchar por la radio a Hanks, surge el amor en la chica, el piano es el encargado de llevar una melodía preciosista, en la que Shaiman introduce un motivo del tema original de la película de 1957. Cabe destacar la música de la escena en la que los dos se ven por primera vez, la cuerda se queda suspendida en el aire, al igual que la pareja, es un momento mágico, en el que el amor los ha atrapado aunque aún no lo sepan.

Música de ragtime acompaña la aventura del hijo de Hanks en Nueva York. Es destacado el uso del trombón, clarinete y un ritmo trepidante, que hace moverse al espectador. La soledad del chico es acompañada de un motivo de piano, suave que es desarrollado más adelante cuando definitivamente es encontrado por su padre, una de las escenas más emotivas.

Acaba la partitura con la incursión por parte de Shaiman del tema original de la película de McCarey, cuando los dos enamorados se encuentran en el Empire State, al igual que lo hacían Grant y Kerr.

 

 

Por Antonio Pardo Larrosa.

Titanic (1997).

De todas las leyes que rigen el universo puede que la ley de la compensación, esa que permite que a cada quien le llegue justamente lo que le corresponde, puede que sea la ley más humana de cuantas guían y gobiernan el comportamiento de los seres vivos. Más allá de las siete leyes universales –inspiradas en la tradición védica-, la ley de la compensación se rige por parámetros de índole visceral que resultan incomprensibles para la lógica del universo. En esta encrucijada se desarrolla la música de “Titanic”, el primer y único Oscar de toda su Carrera. “Titanic” o el sinsentido de la compensación describe esa fraudulenta e incomprensible decisión académica que dejó en 1995 sin estatuilla a “Braveheart” o “Apollo XIII”, dos de sus mejores obras. Esto no quiere decir que “Titanic” no lo mereciera –ese año fue la mejor -, ¡oh mon dieu!, todo lo contrario, pero la decisión que dejo sin premio a alguna de aquellas obras condicionó el fallo que inmortalizo en 1997 a “Titanic”.

AT. – DT. Antes de Titanic, después de Titanic… Realizando un pequeño ejercicio de arqueología doméstica nos hallamos ante un hecho irrefutable que divide nuestra milenaria historia en dos grandes etapas, dos periodos muy definidos que quiebran nuestro tiempo mostrando los acontecimientos históricos de un modo muy distinto. Estas dos épocas llamadas Ac. – Dc, es decir, antes de Cristo, después de Cristo son hoy por hoy necesarias para relatar los sucesos que han acontecido al ser humano. Pues bien, la misma realidad puede ser extrapolada a la música de esta colosal producción dirigida por James Cameron que marcó un antes y un después en la carrera del Maestro. Al igual que ocurre con la historia de la humanidad, esa que se cuenta a partir del profeta, la historia de James Horner se reescribe a partir de “Titanic”, obra que lo situó en lo más alto del panorama musical de la época. Con todo, y a pesar de esa ley universal de la compensación, “Titanic” es un buen trabajo que mereció el reconocimiento unánime de la crítica.

No es mi intención analizar aquí el argumento de la película, creo que no es este el foro adecuado para eso, pero si tomare como punto de partida la historia de amor que tiene enredados a Jack, un buscavidas bohemio perteneciente a la tercera clase del Titanic, y Rose, una joven de primera clase que viaja en el transatlántico huyendo de su propia realidad. Una historia de amor que tiene como convidado de excepción un diamante –“el corazón de la mar”- que el buscador de tesoros Brock Lovett (Bill Paxton) y su equipo de exploración buscan en el Titanic. Pues del mismo modo imaginaremos que Horner encuentra cien años más tarde un viejo y carcomido diario propiedad de Rose que cuenta en primera persona lo que realmente sucedió a bordo del Titanic, una historia de amor, pasión, venganza, celos y muerte que Horner describe con sensibilidad y firmeza utilizando algunos fragmentos del diario.

Southampton, el 10 de abril de 1912

Todo estaba preparado. Los coches, los baúles, los pasajeros de primera clase con sus lacayos ascendiendo por la pasarela que les conducía al barco de los sueños… El champagne, el olor a cigarro de marca y el Titanic, el navío más moderno y sofisticado del mundo que alzaba su rostro, imponente, majestuoso y desafiante sobre los pasajeros de tercera, el equipaje de clase baja que ocupaba las estancias inferiores del buque… Es lo más impresionante que he visto nunca.

Para el Titanic, esa moderna máquina de ingeniería, Horner propone una doble melodía –Southampton– que utiliza los sintetizadores y las voces para describir la modernidad de un buque que representaba el avance –finales de la segunda revolución industrial- de una sociedad que cambiaba a pasos agigantados. Ahora bien, si la primera idea describe de una forma muy original la modernidad del navío, la segunda –Leaving Port/Take her to sea, Mr. Murdoch-, más clásica y convencional se centra en la fuerza titánica del mismo, una nave tan veloz que solo la cuerda y los vientos parecen alcanzar los sueños de los pasajeros. Horner juega con estas dos ideas –al menos en la primera parte de la historia- que describen con inteligencia la naturaleza del barco más colosal construido hasta la fecha. Después de soltar amarras en el puerto de Southampton estas dos melodías no volverán a aparecer hasta los créditos finales.

El Titanic era el barco de los sueños para los demás pasajeros, para mí, era un barco de esclavos que me llevaba encadenada de regreso a América…

Rose y la tercera clase

Hay algo en él que es distinto, no sé, su forma de mirar, de expresarse, quizás sea su forma de dibujar, no sé, pero todo parece cambiar a su alrededor cuando él está presente. La cena de la otra noche… Cuanta seguridad había en sus palabras y cuanto odio había en la mirada de mi madre (pobrecito Jack) La forma de mirarme mientras dibujaba mi cuerpo desnudo, reclinada en aquel diván de primera clase. (Uff) Creo que le amo… (Palabras escritas antes del choque con el iceberg)

Como expresé con anterioridad “Titanic” es una gran historia de amor que desafía los convencionalismos que imperaban en una sociedad clasista como la que viajaba a bordo del Titanic. Rose y Jack son el paradigma de las clases sociales que viajaban a bordo del buque, por eso la historia de amor tiene, si cabe, una mayor carga emocional que el Maestro adereza con una delicada melodía de aires celtas –Jack es irlandés- que a través del arpa, la flauta y la voz –en una gran interpretación de Sissel- describe la sencillez de un amor que no entiende de clases. Sofisticada cuando los dos amantes se encuentran por primera vez –Rose– e íntima –The Portrait– cuando las manos de Jack dibujan la desnuda figura de Rose, esta melodía se erige en la seña de identidad de la partitura. Si para la primera son los instrumentos celtas los que acompañan a los protagonistas sobre la crepuscular proa del Titanic, para la segunda, la más intimista de todas, es el piano el que desnuda con sus delicados sonidos la pasión de la protagonista.

Le amo… Cierro los ojos y recuerdo ese instante, el más erótico de toda mi vida.

El iceberg y el final del sueño

¡Chocamos!, eso creo. Los tripulantes dicen que con un iceberg. El barco ha empezado a hundirse por la proa y creo que mucha gente va a morir. Hace mucho frío y no consigo calentar mis manos… No sé lo que va a pasar, pero tengo a Jack conmigo y eso me da valor para afrontar esta situación. Cal nos persigue por todo el barco intentando que suba con él a un bote, pero es inútil, amo a Jack. (Después de estas palabras nada más se supo del diario hasta ahora)

A las 23:40 del 14 de abril, cuatro días después de partir y a unos 600 km al sur de Terranova, el Titanic chocó contra un iceberg. La colisión abrió varias planchas del casco en su lado de estribor bajo la línea de flotación a lo largo de cinco de sus dieciséis mamparos que comenzaron a inundarse. Es bastante fácil imaginar el pánico que debió apoderarse de los pasajeros cuando el agua empezó a entrar por la cubierta del barco, un miedo que el Maestro utiliza –A Building Panic– para generar la tensión necesaria que esa dantesca imagen tiene. Las escalas, los violentos golpes de la percusión y los coros –Death of Titanic– provocan que esta dramática escena adquiera un significado cuasi escatológico que tiene a Horner como maestro de ceremonias. Con un gran crescendo la música acentúa esos minutos finales antes del fatídico hundimiento que dejo un silencio desgarrador sobre las gélidas aguas del atlántico.

Todo se ha acabado… El último bote me ha recogido de las frías aguas del océano mientras Jack (pobrecito Jack) desaparece entre mis manos. Adiós amor mío, nunca te olvidaré, te lo prometo. Ahora solo queda esperar, esperar una absolución que nuca llegaría. (Últimas palabras encontradas del diario de Rose)

Elegía para un naufragio

A modo de epílogo es interesante reseñar como Horner introduce la voz solista para describir el principio y el final de la historia en un más que interesante juego narrativo que describe la tragedia del Titanic. Con la voz de Sissel como protagonista al principio de la historia –Never An Absolution– el músico teje una nostálgica melodía que tiene su continuación al final de la misma –A Life so Changed– cuando los supervivientes de la tragedia esperan resignados una absolución que nunca llegaría. Es, en última instancia, una reinterpretación del tema de amor que la soprano descifra de un modo afligido –elegía para voz solista- para subrayar la soledad de la protagonista.

Volviendo sobre aquella manida ley de la compensación huelga decir que “Titanic” fue para algunos la mejor partitura escrita ese año, pero para otros fue el ejemplo de que esa ley se cumple cuando permite que a cada quien le llegue lo que le corresponde, máxime cuando dos años antes habían cometido una de las mayores injusticias que se puede perpetrar contra un músico. Pienso que para los Académicos de la industria que son los que deciden que es lo mejor o lo peor esta fraudulenta ley se cumple en la mayoría de los casos. Aun así, “Titanic” marco un antes y un después en la carrera del Maestro, y esa sí que es una ley universal.

Shakespeare in Love (1998).

En esta historia dirigida por John Madden, un joven dramaturgo llamado William Shakespeare tiene una crisis autoral, y encuentra su resurgir en una musa llamada Viola, de la que se enamora perdidamente. Joseph Fiennes se encargó de meterse en la piel del insigne escritor y Gwyneth Paltrow en el personaje de Viola. El film cuenta con estupendas interpretaciones a cargo de Judi Dench, Geoffrey Rush, Colin Firth, Ben Affleck y Tom Wilkinson. Ganadora de 7 premios Oscar, la cinta desprende un ambiente jovial en ocasiones y una frescura transmitida sobre todo por la maravillosa partitura ganadora del Oscar, creada por el británico Stephen Warbeck.

Nacido en Southampton el 3 de mayo de 1953 en el seno de una familia muy musical, no es de extrañar que a los cuatro años ya compusiera. Desarrolló una afinidad por el rock ‘n’ roll, así como por el teatro. Estudió Arte Dramático y francés en la Universidad de Bristol, y comenzó su carrera en el teatro real Stratford East, como músico y actor. A partir de los años 80 empieza a componer para el cine y la televisión, teniendo en su filmografía títulos como: La verdad oculta (2005), Dos hermanos (2004), Su majestad Mrs. Brown (1997), Quills (2000), Billy Elliot (Quiero bailar) (2000), o La mandolina del capitán Corelli (2001), todas obras muy destacadas. Su estilo aúna una mezcla de los autores clásicos británicos en lo que a la distinción de su música se refiere y un modernismo muy cercano a las obras minimalistas de Philip Glass. Sigue en activo componiendo para el cine, al igual ha escrito su primer ballet Peter Pan, que contiene una música deliciosa.

Para este film Warbeck creó un tema central de autentica belleza y distinción que envolvía a los personajes con un delicado manto. Lo hacía a través de una melodía de cuerdas en la que sobresalía un solo de flauta, que iba in crescendo llegando a un clímax único, en el que la guitarra lo cerraba.

Warbeck escribe un tema delicado de cuerdas y guitarra, basado en el tema principal, para el personaje de Viola. Como digo, es una música suave, pero a la vez muy dinámica y decidida, como lo es el personaje.

La música dramática está presente en el score, sobre todo para remarcar la penosa vida de los habitantes del Londres de aquella época, o para momentos turbulentos de la relación de los dos enamorados. El piano es el dominador común de esta, secundado de maravilla por unas cuerdas, que aparecen en un registro muy bajo y apesadumbrado.

Las danzas también tienen su sitio en la banda sonora. Flautas y percusión son sus señas de identidad.

El arpa junto a los violines y la guitarra llevan a la pareja en volandas, en las escenas más románticas. Es una música esplendida, de suave orquestación y bella melodía.

En definitiva un score muy sobresaliente digno ganador del Oscar.

 

Tienes un e-mail (1998).

Siguiendo en la senda de las adaptaciones de películas antiguas románticas, Nora Ephron escribió y dirigió esta que nos ocupa. El film estuvo protagonizado de nuevo por el tándem Tom Hanks-Meg Ryan, y supuso otro éxito de público y crítica. El argumento general algo modernizado, está basado en el film de 1940 El bazar de las sorpresas de Ernest Lubitsch. Si en este la pareja protagonista se carteaba sin conocerse, en la actualización de Ephron se comunicaban por e-mails.

El score original estaba compuesto por George Fenton. Nacido en Londres el 19 de octubre de 1950 como George Richard Ian Howe, estudió en la Escuela de Saint Edward (St. Edward’s School), en Oxford. Trabajó como actor en diversas teleseries, siendo también reclamado para tocar algún instrumento. Empezó a componer primeramente para el teatro y a finales de los 70 en el cine. Mantiene una doble relación con Hollywood, y sus film de autor, sobre todo para Ken Loach. Como el mismo comentó, realiza alguna producción muy bien pagada en la industria norteamericana, que le permite pasar el resto del año en Inglaterra, con proyectos que le interesan más, pero que no están tan bien retribuidos. Ha sido nominado en varias ocasiones al Oscar. Ha escrito música para Gandhi (1982, En compañía de lobos (1984), Grita libertad (1987), Las amistades peligrosas (1988), Tierra y libertad (1995), En el amor y en la guerra (1996) o Ana y el rey (1999). Actualmente ha adquirido cierto reconocimiento con la composición de documentales tales como: The Blue Planet (2001) o Deep Blue (2003).

La música contiene temas divertidos, auspiciados por ritmos pop y de jazz, en los que destacan el piano, el clarinete, xilófono y el trombón, la partitura es juguetona, en estos. Es una música dinámica y desenfadada de gran calidad y si además ayuda al devenir de la historia, resulta doblemente eficaz.

Como no podía ser de otra forma, el piano se vuelve más delicado y preciosista en las escenas en la que la pareja se envía mensajes y sueñan con verse, o cuando definitivamente se conocen. Estos cortes son de un romanticismo desbordado. Introduce el compositor un motivo del tema “Over the Rainbow” de la película El mago de Oz (1939), en algunos compases de esta música de amor, a petición de la directora. Aunque no desdice ni dejan a un lado la extraordinaria partitura romántica del británico, una joya sin duda. Crea un ambiente único, y sumerge a los protagonistas y a los espectadores en un estado placentero, del que cuesta desprenderse.

LOVE ACTUALLY-CRAIG ARMSTRONG (2003).

Qué es el amor sino el recorrido por un cuadro coral de sentimientos, sensaciones y sucesivos principios y finales que no se borrarán jamás de nuestra memoria. Algo cercano trata de narrar esta episódica escalera de historias totales que es “Love actually” de Richard Curtis, tan bien intencionada y feliz como emocionante en la mayoría de sus capítulos, que tratan de cerrar círculos a la par que abren otros, con la misma facilidad que un piano inicia una melodía con el rumbo final de sus notas marcado en el horizonte del pentagrama. Si bien no se trata de un score al uso, ya que el tradicional leitmotiv que acompaña normalmente a una quincena de temas del soundtrack, aquí se convierte en la típica playlist de canciones que solo nos abandona en un trío de piezas que aquí vamos a analizar.

El compositor Craig Armstrong, poseedor en su baúl de los prodigios de obras singulares como “Mouline Rouge”, “It’s nearly tomorrow”, “El gran Gatsby” o la espectacular y reciente “Far from the Madding Crowd” es el encargado de hacer posible esa compleja tarea que es convertir un espacio limitado de tiempo y notas en un ente colosal que se nos grabe en nuestra memoria emocional musical, para lograr transmitir al espectador algo más que una reacción simple a un acompañamiento de imágenes en movimiento. Es por eso que recalcamos tanto en esta reseña la importancia de atravesar la barrera de la incredulidad mediante una melodía que va más allá de un romance lleno de fragmentos que se unen por arte de magia, en el justo momento en que se hace necesaria su aparición.

Nos encontramos con el tema “Glasgow theme”, que narra como el amor y la tristeza cogidos de la mano, avanzan por la senda que marcan las notas del piano como lluvia que se acompaña por un fondo de cuerda y madera que hace que todo avance hacia el final soñado, recordándonos a cada paso la fragilidad de esa cosa que todos llaman amor pero que se convierte en desamor, sin lograr entenderse uno sin el otro. Es una melodía preciosa que tras escucharla miles de veces no se acaba por definir, si nos produce un enorme estado de melancolía, de puro amor o de tristeza por el paso de la oportunidad perdida.

Portuguese theme” es una melodía romántica pura, que se genera al acompasar las notas para que formen la belleza en sus tiempos, en un ritmo pausado que se va acelerando poco a poco, avanzando ágilmente por nuestros oídos sin apenas darnos cuenta; lo que nace suavemente piano en mano y vahídos de violín, desemboca en un crescendo de cuerda y metal en todo su esplendor que florece mansamente de nuevo con la calma de la flauta y piano.

Finalmente “PM’s love theme” es el resumen de lo que toda historia de amor (fragmentos de amores y desamores en este caso) debería tener: un canto a la vida a través de una preciosa melodía que ya siempre nos acompañará cuando necesitemos de emoción, puesto que el empuje, la vitalidad y la sinfonía de este tema es, simplemente maravilloso. Un compendio de bellas y pujantes notas llenas de alma, para esos días en que la vida tiene tintes de no tener sentido y que de bien seguro nos hará levantar el ánimo al son de su pentagrama de entusiasta alegría.

La cuerda sostiene todo el conjunto desde el principio, introduciendo a los instrumentos de viento y metal para que se adueñen de un todo musical que jamás olvida ese marcado acento de los violines, que forman la estructura de este tren de emociones que musicalmente está a la altura de pocos, y que a pesar de transmitirse a pinceladas a lo largo de la película, aparece en los momentos álgidos, giros y devenires, pero que, por encima de todo, cierra de manera poderosa y magistral esta pequeña joya de la música moderna.

Porque la música, queridos amigos, puede ser mejor o peor, pero el criterio con la que se juzgue siempre ha de ser mediante el amor que todos procesamos hacia ella. No en vano, al escuchar esta música, acude presta hacia nosotros esa máxima con la que abre este film navideño de cuidados sentimientos y leitmotiv dulce, que sin duda nos generará un poco más de admiración a este género musical que tanto amamos:

Cuando mi situación vital me deprime pienso en un aeropuerto. Dicen que vivimos en un momento de odio y egoísmo, pero yo no lo veo así. Yo creo que el amor nos rodea, puede que no siempre sea algo digno de las noticias, pero siempre está. Entre padres e hijos, madre e hijos, hombres y mujeres, novios, novias, viejas amistades. Ninguna de las llamadas desde los aviones de las torres gemelas fue de odio o de venganza, fueron mensajes de amor. Si lo buscan, se darán cuenta, que el amor efectivamente nos rodea.

Javier Pelegrín Parra

EL DIARIO DE NOAH (THE NOTEBOOK-2004)

Existen en el tiempo y el espacio de la música romántica dos autores a los que agarrarse fuertemente cual abrazo final en escena de beso apasionado; nos referimos a la melancólica dulzura imponente de Ennio Morricone y al maestro de más allá de las notas que no es otro que John Barry y sus inolvidables partituras.

La creación de la música para el cine amoroso por así decirlo, ha tenido intentonas en casi todos y cada uno de los compositores que han pasado por el storytime de la filmografía romántica (véase “Leyendas de Pasión” de James Horner, “Sabrina” de John Williams o esa oda al amor sumergida en guerra que es “Pearl Harbor” de Hans Zimmer, por citar a tres de los más influyentes de las últimas décadas). La ocasión para esta banda sonora recaería en el para entonces semi desconocido Aaron Zigman, que buscaría con todo su empeño lograr un asiento en el salón de la fama de los love scores, y que lograría un respeto ya para el resto de su filmografía venidera. Si bien el bueno de Zigman no ha sido un autor prolífico a posteriori, siempre será recordado por esta magnífica orquestación de la adaptación de la novela de Nicholas Sparks “The notebook”, un autor fetiche para este género y que sin duda obtuvo con este libro para cine, el mayor éxito de su carrera.

Dirigida por el actor-director Nick Cassavetes, e interpretada por una de las parejas más cómplices de la historia moderna del cine (Ryan Gosling-Rachel McAdams), nos relata un maravilloso romance a través de la conexión de un cuaderno, una anciana sin recuerdos y su esposo, que acude a narrarle la historia de Noah y su lucha por conseguir a su amada Allie. Es por tanto un viaje del ahora hacia el ayer, de la actualidad a la América de los años cuarenta, y, como tal, se ve reflejado en su banda sonora repleta de piezas de Duke Ellington, Glenn Miller, Billie Holliday o Benny Goodman de las que Zigman parece contagiarse radiante en uno de los temas a cuatro, “House blue/The Porch dance/The proposal/the carnaval” que es pura reminiscencia a los tiempos anteriores a la Segunda Guerra Mundial.

En lo que se refiere a la composición pura de Aaron Zigman para dicho film exceptuando la anterior suite de alma sureña, nos encontramos una partitura clásica en mayúsculas, donde el leitmotiv se nos introduce con calidez y palpitación en el “Main title”, arropado por un piano que suavemente nos da a entender los por ques venideros mediante una bella melodía de cariz clásico. Es un resonar de las teclas del piano que nos transporta a aquello que más que estar oyendo, necesitamos imperiosamente seguir escuchando: de sencilla nos deleita metiéndonos de lleno en la historia.

Overture” remueve mediante la cuerda un sentimiento de nostalgia pura a través de la continua introducción de metal elegíaco, que da lugar a la orquestación plena a modo de un recordatorio de aquellas partituras clásicas de Steiner, donde la grandilocuencia de los instrumentos se acaba por imponer al tono inicial de una cándida melodía.

Allie returns” es la demostración del poder de los solos de flauta y madera que se integran en el todo de la orquestación para formar eso que se podría llamar especialidad del drama; ese momento en que lo que el autor nos trata de explicar a raíz de las imágenes. Atraviesa de un zumbido hacia nuestro córtex sentimental.

Con “Noah Journey” el autor de San Diego juega con la madera en su tono bajo y alto, en un impasse jazzístico que desemboca en otro momento similar al piano, para ser rematado por el leitmotiv de la partitura con un giro más triste y dramático. Todo se apuntala finalmente con un tono mucho más esperanzador de cierre final.

De la mano de “On the lake” iría la anterior “Allie returns” que tiene una base principal en una magnífica orquestación romántico-sinfónica que degenera frágilmente hacia una orilla de sonidos pequeños, notas sencillas, y melodías casi silenciosas.

Como gotas de lluvias, nos llevan las notas de un piano que traslada la emotividad de “Noah’s last letter” a un crescendo total hacia uno de los clímax de la película. Si bien es la última carta del enamorado, es un paseo hacia el verdadero sentido del viejo cuaderno del anciano, que no es otro que demostrar día tras día la pureza del amor a su mujer.

Así, todo concluye al más puro estilo del drama, remarcando la melodía que nos ha acompañado durante todo el score. “Our love can do miracles” es el total, sincero y apasionado mensaje de esta preciosista y absorbida en el tiempo “El diario de Noah”: una película de amor, un amor de los de antes, un sentido homenaje a esas personas que creen que en el principio y en el final de nuestros días es posible querer, amar y ser totalmente feliz con la persona que nos acompañará ya para siempre jamás. La música sirve aquí de inolvidable despertar romántico que toda persona lleva dentro y que ni el olvido ni los recuerdos perdidos hará posible que muera.

Javier Pelegrín Parra

 

 

 

 

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2 comentarios a Especial San Valentín.

  • Carolina  dice:

    Un excelente homenaje a un día especialmente comercial xD.
    Coincido contigo en muchas de las partituras comentadas aunque para el clásico habría elegido a Nino Rota un compositor del que estoy especialmente enganchada cuando siento ( pocas veces) impulsos románticos, siempre recurro al Romeo y julieta de Rota.
    Escribes muy bien, te animo a que sigas haciéndolo.
    Un abrazo
    C

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    • Antonio Piñera García  dice:

      Muchas gracias Carolina. Es imposible ponerlas todas, pero Romeo y Julieta es sin duda una de mis partituras favoritas. Estará en el próximo especial de San Valentín, o quizás antes.

      Me gusta(1)No me gusta(0)

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