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James Horner, The 33.

Aún recuerdo con incredulidad aquel fatídico 22 de junio, cuando Robert Townson daba la noticia vía Facebook. Aquí en España eran las 5 de la mañana. La avioneta que pilotaba James Horner se había estrellado, y esos momentos no se sabía si estaba herido, o por lo contrario había fallecido. Cinco minutos más tarde el mismo Robert confirmaba la trágica noticia de su muerte. Muchos nos vinimos abajo, ¿cómo era posible que hubiera sucedido esta desgracia?, y más cuando James estaba teniendo una segunda juventud en lo que a su música se refiere. Lo cierto es que desde aquel día de junio, los aficionados a la música de cine nos quedamos sin uno de sus principales baluartes, y vaya si lo echamos de menos. No habrá nuevas melodías del maestro, pero sí que podremos disfrutar de las que nos dejó, un legado musical extraordinario que quedará en nuestro subconsciente para siempre.

La última partitura que escribió el compositor, a falta de que se esclarezca el asunto de la nueva versión de Los siete magníficos, obra de Antoine Fuqua, fue The 33, film de la mexicana Patricia Riggen. Tercera película de la directora en Estados Unidos, que aborda el tema de los acontecimientos acaecidos en Chile, tras el hundimiento de una mina, y el posterior aislamiento que tuvieron que pasar varios de sus trabajadores, noticia ésta que mantuvo en vilo a toda la sociedad, que casi vivió en directo todo el sufrimiento de estos hombres. Basada en el libro de Hector Tobar, y escrita por Mikko Alanne, Craig Borten, Jose Rivera y Michael Thomas, la cinta nos narra en un principio la vida cotidiana de estos héroes que se juegan la vida todos los días, a veces por salarios miserables, y en una segunda parte, la más importante, la tensión y angustia del tiempo que pasaron bajo tierra. Protagonizado por Antonio Banderas, Juliette Binoche y Gabriel Byrne, el film no es redondo, ni muchos menos, pero cuenta con aspectos muy destacados, como la dirección fotográfica de Checco Varese, ex marido de la cineasta, y sobre todo de un score musical de perfectas hechuras, obra de un compositor inigualable, James Horner. La propia Riggen, después de la muerte del músico, y antes de que todos los aficionados pudiéramos disfrutar de la banda sonora, nos advirtió en una entrevista de lo sentimental de la música.

Horner era uno de los pocos autores con entidad propia que teníamos en la cinematografía actual, y como ya he dicho con anterioridad, su pérdida es para la música de cine un golpe muy grande. Para esta banda sonora el maestro aplicó tres ejes fundamentales en los que sustentaba la partitura.

El primero de ellos hace referencia a la tierra, el lugar geográfico en el que se desarrolla la acción. La escritura de temas de estilo étnico latinoamericano es un acierto por parte de Horner. Son sobre todo usados en la primera parte de la película, y dan coherencia y tranquilizan el ambiente antes de que la tensión crezca en intensidad. Esta música tiene un estilo parecido a las composiciones del grupo argentino Los Calchakis. De hecho, se utiliza una canción en el score: “Gracias a la vida”, cantada por Cote de Pablo, pero que originalmente era interpretada por Mercedes Sousa, que grabó varios discos con el grupo. Además varios de sus álbumes fueron producidos por Osvaldo Montes, compositor y uno de los integrantes de Los Calchakis.

En el segundo bloque musical se entremezclan temas dramáticos con un motivo de percusión martilleante y muy grave, que hace referencia a los golpes de los mineros en su trabajo cotidiano. Los primeros están dominados por cuerdas suspensivas que nos hacen padecer el sufrimiento de estos valientes en su cautiverio. La cuerda se vuelve en algunas fases casi minimalista, es como si la música sonora en derredor, pero no fuera a ninguna parte, no tuviera una definición aclaratoria. Capta magníficamente el ambiente de pesadumbre que habita en el interior de la mina, y gira alrededor de los afectados, sin que se tenga mucha esperanza de salvación. Junto a ella podemos escuchar un motivo de flauta de una sensibilidad sobrecogedora. El segundo lo podemos escuchar desde el comienzo del film, cuando la cámara de Riggen se va introduciendo lentamente desde los cielos hasta el fondo de la mina. Conforme más se va acercando, más fuerte suena este motivo, advirtiendo al espectador de los graves acontecimientos que van a tener que soportar los protagonistas. Horner con tan sólo unas notas nos ha contado todo esto, recurso al alcance de unos pocos.

El tercer y último eje argumental es el dedicado a la exaltación y alegría de los personajes principales, sus familias y el mundo entero, cuando finalmente fueron rescatados. La guitarra clásica será utilizada por Horner en algunos de estos temas, al igual que un motivo de arpa realmente genial. Claro ejemplo de lo que comento es el corte “Celebrations”. Comenzado por un motivo de flauta, al más puro estilo Horner, es seguido por la cuerda, que interpreta entonces el fraseado principal, para finalmente dar paso de nuevo a la flauta, esta vez acompañada de voces en tono muy alegre. Destacar el motivo de cuerdas de este extraordinario tema, salido del corazón de uno de los mayores talentos que ha dado la cinematografía estadounidense. Una verdadera joya que dignifica a los mineros y que a la vez nos muestra el júbilo de toda la sociedad al unísono.

Un score maravilloso que cerraba con un 10 una carrera digna de un gran compositor, como lo fue James Horner. Lástima que no podamos disfrutar de más composiciones, y de la amabilidad y sentimentalismo de un autor que, aún siendo famoso, era muy reservado y tímido. Allá donde estés James, podrás ver que hiciste y haces feliz a miles de personas con tus excepcionales acordes.

El álbum conteniendo la banda sonora ha sido editado por WaterTower Music, y podemos escuchar 63 minutos de música divididos en 19 cortes, dos de los cuales pertenecen a canciones.

 

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