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Alex North, 2001: A Space Odyssey.

2001: A Space Odyssey

Con cara de tonto

Así se le debió quedar la cara al músico norteamericano Alex North cuando comprobó -corpore insepulto- que en la premier de la película 2001: A Space Odyssey, allá por el año 1968, Kubrick no había utilizado ni un solo compás de su espléndido score. La decepción fue de tal calibre que North, humillado y derrotado, abandono la proyección realizando las siguientes declaraciones: “Bueno, ¿Qué puedo decir? fue una experiencia muy frustrante…”, y no me extraña. Después de componer y orquestar la partitura en tan solo dos semanas North cayó en la sibilina trampa del director, pues su idea había sido siempre la de montar el film utilizando solo música clásica, decisión que había sido rechazada por la productora. Kubrick no solo engaño -con premeditación y alevosía- a North, con quien había trabajo en Espartaco (1960), quizás la mejor obra de su carrera, sino que también lo hizo con todos “los que ponen la pasta”, un verdadero crack. Puede decirse que Kubrick se escapó de la horca –en sentido figurado, claro está- gracias a que su experimento musical resulto ser un gran éxito, convenciendo con su arriesgada decisión a la productora, al público y a la crítica, es más, puede que incluso al propio North que no le quedó más remedio que claudicar ante la increíble simbiosis –música/imagen- que Kubrick había conseguido con el montaje final de la película. Huelga decir que las formas del polémico director dejaron mucho que desear.

2001: A Space Odyssey es una película de culto que marcó un hito por su estilo de comunicación visual, sus revolucionarios efectos especiales, su realismo científico y sus proyecciones vanguardistas. El guion fue escrito por Kubrick y el novelista Arthur C. Clarke basándose en una novela suya titulada El centinela, relato que fue publicado en la revista 10 Historias de Fantasía, en 1951. Lo cierto es que hasta el día del estreno nunca antes una película de ciencia ficción había generado tanta controversia como esta, dejando abierta la puerta a numerosas interpretaciones –aunque Clarke y Kubrick afirmaron que “si alguien comprende la película la primera vez que la vea, habremos fracasado en nuestro propósito”- de carácter filosófico, religioso y alegórico que con el paso de los años han convertido a 2001: A Space Odyssey en un clásico.

Si no lo veo no lo oigo

Esto que puede parecer algo cómico, que no lo es, no es más que un epígrafe que recoge las sensaciones que a lo largo de los años hemos tenido los aficionados cuando nos acercábamos sin prejuicios –olvidando la música del montaje final- al interesante y complejo score de North. Sin un montaje convencional que uniera lo expuesto con lo sugerido resultaba bastante difícil –internet era por aquel entonces una maravillosa utopía- entender la dimensión que tenía, y tiene, la partitura del compositor. Más allá de este juego de palabras se esconde la realidad de una peligrosa práctica -¡qué se lo digan a Yared- que ha tenido contra las cuerdas a más de un músico.

Hasta ahora realizar un análisis honesto de la partitura de North resultaba una labor muy complicada, pues nunca antes –en la red hay varios montajes amateur- habíamos podido visualizar escenas de la película montadas con la música del compositor. Antes de morir en 1991 North le pidió a su gran amigo Jerry Goldsmith que grabara el score completo, edición que por fortuna fue comercializada por el sello discográfico Varese Sarabande. La partitura se inicia con una espectacular introducción u obertura –Bones/Main title en la versión de Goldsmith- donde la fuerza de los metales y la contundencia de las percusiones describen la escena del monolito, espectacular secuencia en la que vemos a “uno de los cavernícolas contemplando el esqueleto de un animal mientras parece reflexionar sobre lo que tiene delante, como si estuviese viéndolo desde una nueva perspectiva, un nuevo amanecer. Hay algo distinto en aquellos huesos, algo que hasta entonces ni él ni ninguno de sus congéneres habían visto. Los huesos que hay tirados por el suelo pueden ser usados. El cavernícola coge el más robusto de los huesos y empieza a golpear el esqueleto; primero con precaución, más tarde con fuerza, hasta que termina consumido por un frenesí violento. El cavernícola acaba de descubrir la primera arma —la primera herramienta— de la historia, o dicho de otro modo, acaba de aparecer el primer ser humano sobre la faz de la tierra” (Jot Down), secuencia –icono del siglo XX- que todos los aficionados recuerdan gracias a la melodía escrita por Richard Strauss, “Also sprach Zarathustra”. Ahora bien, esta idea que por curiosa puede resultar muy ilustrativa se ha extrapolado en numerosas ocasiones a la gran pantalla, medio –el cinematográfico- que durante años ha mostrado al mundo las distintas naturalezas de los simios buscando su propio eslabón perdido, su particular “piltdown man”, ese que Mike Oldfield1contemplo desde las profundidades de su “Tubular Bells”. Por eso, a estas alturas del negocio resulta prácticamente imposible disociar la música de Strauss de esta impactante secuencia demostrando que Kubrick acertó de pleno con su polémica decisión, aunque esta acabara con el gran trabajo de North. Otra escena que ha pasado a la historia del séptimo arte es la secuencia del acoplamiento espacial donde Kubrick volvió a utilizar otra famosa pieza clásica compuesta por Johann Strauss, “An der schönen blauen Donau, Op. 314”, que tampoco parece tener discusión, ahora bien, es de justicia decir que North escribió para esta secuencia una bella melodía –2002-Space station docking– donde los vientos y las cuerdas tejen ese peudo-vals que conduce de un modo liviano al acoplamiento de las naves espaciales. Es más que evidente que Kubrick tomo como punto de partida la melodía de North para montar a-posteriori la secuencia final con el famoso vals de Richard Strauss. Estos son solo un par de ejemplos de lo que podría haber llegado a ser la música de North si Kubrick no hubiera urdido semejante treta, pero también sería injusto realizar un análisis comparativo de las obras que pudiera cambiar la percepción del espectador olvidando el inteligente trabajo de producción que supuso el montaje musical de 2001: A Space Odyssey.

1El hombre de las cavernas o “The Piltdown Man” es uno de los momentos más “duros” del disco. Tiene una curiosa historia: en un yacimiento arqueológico se encontró la calavera de un humano con la mandíbula de un simio. Aquello significó una gran revolución creándose una enorme polémica al respecto. Finalmente se descubrió que aquello no había sido más que un fraude urdido por un arqueólogo aficionado y un paleontólogo del museo británico.  realizó su particular visión de cómo imaginó a aquel monstruo rudo e ignorante en la que él mismo pone su voz a su particular visión del “hombre de las cavernas”.

Antonio Pardo Larrosa.

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2 comentarios a Alex North, 2001: A Space Odyssey.

  • MA SD  dice:

    Estoy escuchando la música de North que sólo puedo calificar de soberbia, magnífica. El problema es que no mejora las cotas de sublimidad que alcanzó Kurick con las piezas de Ligety o Strauss.

    Un saludo

    Me gusta(1)No me gusta(0)
  • […] de vídeo arte o vídeo musical alucinógeno de los que se recuerdan durante generaciones. La cara de tonto que se le quedó a Alex North cuando le dijeron que su partitura no estaría en la película es para haberle hecho un instagram […]

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