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Michael Giacchino, Inside Out.

INSIDE OUT-MICHAEL GIACCHINO.

La penúltima maravilla de la factoría Pixar no es de entrada una película para niños como podría darse al uso al observar sus personajes, su colorido y los fuegos artificiales del recorrido de su agresivo marketing total. Pero tampoco debe ser considerada una película para los adultos que acompañamos a la chiquillería, durante esas mañanas vacías de domingo. No, “Inside out” es al cine de animación, lo que Woody Allen a las frases célebres; magia emocional con bofetadas coloreadas de pura realidad.

Michael Giacchino se presentó en sociedad con apariciones más que destacadas en el mundo de los videojuegos (la saga “Medal of honor”, “Call of duty”) y las series (“Alias”, “Lost”), y tras ellas sacó su varita mágica para deleitarnos con “Los Increíbles” y “Ratatouille” de género animado al igual que la susodicha “Inside out”, quedándose definitivamente entre nosotros con las enormes “Star trek” y “Super 8”.

Dejo en una isla aparte la memorable “Up”, porque considero que es la partitura que más se podría asemejar a esta última del estudio de los sueños, no por el estilo y estructura, sino más bien por el leitmotiv de la obra, que no es otro que las emociones y su traslación a la pantalla.

Tomando prestado el elemento visual clave de la película del anciano y el aprendiz de nieto, que no es otro que el color de la casa voladora, podríamos acudir a aquella cita que dice que los seres humanos somos como globos repletos de emociones en un mundo lleno de alfileres. Y en ese límite vital Giacchino ha creado este curioso, diferente y sentimental repaso a las reacciones de la mente humana en la cabeza de una niña que crece con la misma rapidez que las notas de las que vamos a hablar.

La obra se inicia con una burbujeante, ligera, agradable al oído y un poco vintage melodía, que se inicia con agudas notas de piano, y un tintineo del arpa, cubierta por sintetizadores e incluso la sensación de cuencos de cristal. Es un precioso destello que nos acompañará ya a lo largo de nuestro camino junto a las emociones Alegría, Miedo, Ira, Asco y Tristeza que forman el sentir externo e interno de Riley, la niña protagonista.

Team building” es un apéndice del tema principal, removido con la introducción de una tuba, solos de batería, claros elementos de madera, animado por las guitarras que acompañan.

Con guitarras y base rítmica tambien camina “Nomanisone Island/National movers”, un tema amable y familiar que narra el viaje de Riley y sus padres hacia su nuevo destino, todo contado de una manera alegre acarreando la melodía principal a partir de tintineos y violines, contestados con el piano y viceversa hasta la llegada triste a San Francisco, donde se torna todo lúgubre.

Free skating” es una versión evocadora de “Bundle of Joy” pero mucho mas pausada y lenta, como ese recuerdo esencial que grabas a fuego lento en tu mente. Este tema se repite hipervitaminado y acelerado en “First day of school”.

Cabe decir que Giacchino usa la madera de los clarinetes como forma de expresar sentimientos como la tristeza o el miedo, sobretodo mediante notas graves, todo ello ayudado por la melancolía de las notas y dejes jazzísticos de dichos momentos.

Hay incluso un momento para el estallido militar, marcial y de percusión muy marcada propio de otro tipo de films, como es “Riled up”, que explica la explosión de la niña tras la dificultad de la jornada.

En la bipolar “Goofball No longer” obtenemos un orquestado e intenso tema nervioso y de acción pura, apuntalado con el xilófono, para obtener un vahído de piano y sintetizadores.

Subrayamos que Giacchino tambien pone el piloto automático, introduciendo instrumentos nuevos en diferentes piezas y poco más como “Memory lanes” con el acordeón” o la repetitiva “The forgeteners” mediante el clarinete anclado en dos o tres notas, no más.

La circense “Chasing the pink elephant” estaría en esta categoría, pero se salva por ese cometido final y porque introduce a la perfección al siguiente corte “Imagination land” donde la trompeta con sordina se impone en mitad de la diversión y la magia del momento.

Abstract thought” es de las piezas más curiosas del conjunto, siendo caótica, desordenada, pero a su vez es interesante por su especie de jazz experimental para explicar algo tan intangible como lo que se observa en la pantalla, que es de sobras el momento menos infantil de la cinta.

Down in the dumbs” inicia ese periplo de melodía de acción muy conseguida, para restar a la espera en mitad del tema, retomando al inicio del tema pero de una manera épica y vitalicia.

Dream productions” es un felicueño homenaje al Hollywood de los años dorados, rematado con el jugueteo de los clarinetes y saxofones. Cliché y alfombra roja de notas.

Y entonces entramos en las emociones oscuras. “Dream a little nightmare” es un estruendoso reparto de bofetadas musicales, con el uso acompasado de saxo, clarinete, cuerda y metal. “The subconscious basement” empieza como melodía de terror pura con el órgano Hammond clásico, convirtiéndose en niebla y expectación final.

Casi en esa estela se encuentra “Escaping the subconscious” que recoge el nervioso estado de la anterior pieza y se lanza al terror en su parte central, para acabar estallando por los aires con la locura de la circense melodía quasi más terrorífica si cabe, dejando en entredicho el propio júbilo musical por la huida. Es un corte más extraño.

We can still stop her” es el tema más dramático y potente de la partitura, con una orquesta tremenda y los timbales propios de una película fantástica en el otro sentido del género y la palabra. Se da paso a un solo de piano muy conseguido y transmisor de sentimientos que es “Tears of joy” acompañado por la cuerda y esa luz artificial de los cuencos de cristal, sintetizadores o artimañas que nos transportan hacia ese lugar de la mente y el corazón.

Rainbow flyer” es una envalentonada y optimista versión del tema de Riley que acaba con el momento más triste y difícil de toda la película, magistralmente marcado por unas notas pequeñas a la par que cargadas de emoción.

Otro momento magistral es “Chasing down sadness”, una secuencia musical divertimento para flautas, metal y cuerdas que finaliza con un ente enorme acabado de cocinar entre toda la orquesta.

En el final del score encontramos “Joy turn to sadness/A growing personality”, una preciosa muestra en dos partes; la primera con la suaves y delicadas notas caminando cual gotas de lluvia de teclas de piano, que se convierten en una reinterpretación sublime y elevada hasta el infinito del tema principal, convirtiendo este corte en uno de los más representativos. No en vano se remarca la importancia del crecimiento de la niña, asumiendo por fin que la tristeza es una parte necesaria del ascenso vital hacia la felicidad.

Todo concluye con “The joy of credits”, un homenaje al tema principal fusionando estilos diferentes hasta su final. Es un perfecto resumen del viaje musical de esta preciosa película con una partitura que crece y decrece según vamos avanzando a lo largo del interior de la mente y las emociones, dejándonos una especie de regusto amargo en ocasiones, que las melodías familiares y de los sucesos de Riley nos endulzan en sobremanera, recogiendo una sensación mejorada.

Es una banda sonora donde Michael Giacchino impone una cascada de creatividad, dejando claro que su imaginación musical es enorme, pero cabe resaltar que en fragmentos uno se queda como esos niños al observar a Felicidad en mitad del pensamiento abstracto, o sea, algo descompuestos y sin pillar nada de lo que ven, y en este caso escuchamos. ¿Es un desorden necesario? ¿Las emociones se quedan cortas en comparación a su música? ¿Realmente Giacchino consigue conectar mediante las peripecias de Alegría, Tristeza, Riley y su familia?

No es un sí tan rotundo como su reciente “Jurassic World” donde mimetizaba aquellas notas del gran maestro Williams con una vibrante creación propia, puesto que se da demasiada importancia a unas emociones difuminando a otras, y en espacios cortos parece como si la música se fuera junto al elefante rosa hacia lo más oscuro de las pausas del pentagrama: el “demasiadas notas” que le sueltan a Amadeus en la película de Milos Forman, así como un repetir constante de ciertos patrones.

El gran acierto de la partitura es que, desde un tema sencillo, realza al resto del score creando casi un mundo emocional palpable, para convertirlo en increíble desde nuestra butaca. Ese concepto nos lo trasladan al completo las imágenes animadas de la obra maestra de Pixar.

Una notable composición del cada vez más y más activo Michael Giacchino, que recibe en su contra esa apreciación de compositor del que todos esperamos un diez, y, que en esta ocasión, nos deja con la miel goteando en nuestros oídos, pero quedando respuestas en el resto en el cuenco que llena la composición. Viniendo de obras complejas como “Jupiter Ascending” que era un soundtrack que dejaba en paños menores a la propia película (algo no muy difícil pero que no le quita razón ni mérito a esta afirmación), servidor esperaba una música exactamente acorde a las imágenes.

Así pues, amigos de las bandas sonoras, solo os queda disfrutar de “Inside Out”, una película impresionante de la que saldréis cantando “Triple dental” y repasando la genial melodía que surca los mares de todas las secuencias que sin duda hacen de todo el conjunto animación vs musicalización un genial disfrute.

A los que busquen las emociones que sufre y disfruta Riley, sus recuerdos esenciales, o las islas de la personalidad, resumimos todo en una frase: “Divertidamente desconcertante”.

Javier Pelegrín Parra

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