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Especial Halloween.

La noche de Halloween (1978).

Este film se ha convertido por méritos propios en un clásico del terror por diversas razones. Carpenter firmó un buen guión junto a Debra Hill, que nos mantenía en vilo durante todo el metraje. Protagonizada por una joven Jamie Lee Curtis y Donald Pleasence, el film nos narra la historia de Michael Myers, un niño que durante una noche de Halloween asesina a toda su familia con un cuchillo. Es ingresado en un psiquiátrico, escapando quince años después. De vuelta a su pueblo natal, precisamente durante una noche de difuntos, Michael ataviado con una máscara volverá a aterrorizar a toda la población.

Sin duda, una obra maestra del cine de terror en la que Carpenter estuvo inspiradísimo. A parte de las actuaciones, dirección impecable y demás aspectos, el film se benefició de una banda sonora casi minimalista compuesta por el propio Carpenter.

John Carpenter nació en Carthage, Nueva York, 16 de enero de 1948, es uno de los mejores directores del género de terror desde los años 70, y ocasional actor, todavía sigue en activo. Fascinado por las películas de John Ford y Howard Hawks, este último homenajeado en muchas de sus cintas, ha conseguido una simbiosis casi perfecta entre western y terror. En sus películas a excepción de La cosa (1982) cuya música fue escrita por Ennio Morricone, aunque contiene musica adicional de Carpenter, ha compuesto todas sus bandas sonoras, a veces en colaboración con Alan Howarth. Su vena musical le vino por parte de su padre Howard Ralph Carpenter, profesor de música.

Era habitual que John compusiera sus propios scores, y de hecho pese a sus limitaciones lo hace estupendamente bien. Para esta ocasión escribió una partitura que pone los pelos de punta, realmente insuperable. El tema principal es memorable, todos tenemos esas notas de piano grabadas a fuego en nuestro subconsciente. Esos acordes de piano repetitivos y obsesivos ambientan el film desde el comienzo, de manera ejemplar, siempre acompañado de sonidos estridentes de sintetizador, que nos sumen en un estado caótico de continuo nerviosismo. Este tema central casi domina el score por completo, aunque encontramos otros cortes musicales en la partitura. Cuando el psicópata Myers se dispone a actuar en su desenfrenada ansia de matar, Carpenter usa un motivo de piano diferente al central, con toques muy graves y el sintetizador de fondo, indicándonos el inminente ataque. En los momentos de calma el piano aparece de nuevo, esta vez de manera muy suave, sin dejar en ningún momento de ser acompañado por el sintetizador, en un registro a su vez muy pausado. Me refiero a las escenas en las que el personaje de Curtis va hacia su casa paseando, o cuando los niños ven la tele. La música nos absorbe hacia dentro de nosotros mismos, dejándonos en un estado de somnolencia, previo al sobresalto que nos van a dar a continuación. Carpenter nos relaja con la música para después asestarnos un susto de muerte. Sin duda una obra ambiental, pero también muy explicativa. A veces no hace falta una orquesta sinfónica para hacer buena música de cine, la prueba la tenemos en esta banda sonora, un referente en el cine de terror que cumple su cometido con nota muy alta. Carpenter sabe de sus limitaciones compositivas, pero es un gran cineasta, y esto lo refleja en sus scores. Sabe de maravilla cómo usar la música en escena.

De todos los discos existentes de esta banda sonora, recomiendo el que lanzó el sello Varése Sarabande en 1998 en conmemoración del 20 aniversario de la película. Es el más completo, conteniendo 28 temas y una duración de 51 minutos.

 

 

Viernes 13. (1980).

Al éxito de cintas como La noche de Halloween, siguieron otros que tomaron como referente a jóvenes atacados por un psicópata enmascarado,  es en este tipo de película donde se mueve Viernes 13. Sean S. Cunningham se puso tras las cámaras, realizando una obra no tan sólida como la anterior de Carpenter, pero sí muy bien estructurada. Es cierto que las actuaciones no son extraordinarias y que Cunningham no es Carpenter, pero el film ha llegado a alcanzar estatus de clásico de terror. El guión está firmado por Victor Miller. Protagonizada por Betsy Palmer (nominada a la peor actriz secundaria en los premios Razzie), Adrienne King, Harry Crosby, Laurie Bartram y un joven Kevin Bacon. El film tiene el honor de haber recibido una nominación a peor película en los premios Razzie.

Sinopsis: Unos jóvenes pasan sus vacaciones en un campamento de verano junto a un lago, reabierto hace poco tras años cerrado por la muerte de un chico. Pronto van apareciendo asesinados, siendo acechados por un oscuro personaje.

La música corrió a cargo de Harry Manfredini, como él mismo explica en la entrevista que le realizamos: “Viernes 13, se inició en la cocina de Sean Cunningham. Ya habíamos hecho Aquí vienen los Tigres, y otra película llamada Huérfanos de Manny. Él me dijo: ”Voy a hacer la película de terror más espantosa jamas realizada, y tú vas a componer la música”.

Manfredini comentaba que nunca había realizado una música de terror, además matizaba que le asustaban. Asustándole o no, Harry realizó un score que seguía los parámetros de partituras anteriores de Herrmann, e incluso del Tiburón de Williams (score este, también valedor de lo escrito por Herrmann, por lo menos en lo que a su tema central se refiere). El tema principal del film se basa en unos chasquidos de sintetizador y voz muy recurrentes, que son acompañados por cuerdas enigmáticas y graves, sobre todo en los chelos. Un tema que captó de inmediato el alma de la película. A continuación Manfredini ejecuta un motivo claramente auspiciado por el tema de la ducha de Psicosis (1960) escrito por Herrmann y el de Tiburón (1975) de Williams.

Acto seguido introduce un corte ejecutado por el banjo, típico de la región donde se desarrolla la acción. Este es muy rítmico y alocado. El sintetizador adquiere un papel muy importante durante todo el score, junto con las cuerdas y los vientos metales. Las cuerdas son utilizadas obsesivamente en las escenas de persecuciones, apareciendo el motivo basado en el de Tiburón.

La música se torna más sosegada sólo al final, cuando todo ha acabado. Es entonces cuando Manfredini introduce un tema en el que la melodía es más liberadora, en ella el piano es su principal baza junto con una instrumentación pop.

Utiliza a su vez música estridente para las escenas de los asesinatos, claro reflejo de Psicosis. Entre medias de todos estos temas vuelve a sonar el motivo principal del film. En definitiva, un score ambiental que, dadas las limitaciones económicas que padeció Harry, salió bien parado, obviando las claras referencias a los scores comentados.

El sello discográfico La-La Land editó en 2012 una caja con seis cds, conteniendo esta primera parte de la saga, junto a las restantes. El primer cd incluía la música de esta película, 17 temas con una duración de 43 minutos. La verdad es que es del todo imprescindible para el aficionado, aunque algo difícil de conseguir a día de hoy. De todas maneras el mismo sello sacó el cd en solitario, siendo más fácil de adquirir.

 

 

POLTERGEIST (1982).

David Juliá García.

La eterna lucha entre el bien y el mal.

Se acerca Halloween, originariamente el “Samhain” celta, donde se abría un portal a otra dimensión. Esa noche los difuntos podían volver a pasear entre los vivos, y eso es lo que ocurre en Poltergeist, eligiendo en los ochenta la caja tonta para volver de las tinieblas.

En 1982 Spielberg producía (dirigía) sobre una historia de su cosecha esta obra maestra del cine de terror, contando con un elenco de actores muy solventes, y en especial la malograda Heather O´Rourke. La madre también está estupenda (Jobeth Willliams), Craig T. Nelson como el sufrido padre y por supuesto Tangina (“Doña Marihuertas”, mi “maestra” del colegio que dejaría en mantillas al peor de los demonios) como la pequeña médium.

Como toda producción de la marca Spielberg, la calidad era notable, así como el equipo técnico. La fotografía corre a cargo de Matthew F.Leonetti (Commando), el montaje es del habitual de Spielberg, Michael Kahn (Indiana Jones), los nominados efectos especiales realizados por el equipo de ILM (Star Wars), y por supuesto la guinda la ponía  “el brujo de Pasadena”, también nominado al Oscar por la misma.

La historia es de sobra conocida, una familia de clase media americana vive en un suburbio (residencial), y un buen día, o mejor dicho, noche, a través del televisor empiezan a manifestarse los espíritus del más allá. Quieren amistad con la pequeña Carol Anne, y desde luego lo consiguen. Así empieza una espiral de fenómenos extraños o Poltergeist (palabra de origen alemán) cada vez más intensos y terroríficos. Por supuesto, la música de Jerry lo recalca con sublime maestría. Si las escenas de terror son maestras, Jerry les hace cobrar vida con una intensidad endiablada, propia del autor de Alien (1979) o La profecía (1976).

Es la guerra entre la luz y la oscuridad, al igual que hiciera tres años más tarde con la también inigualable Legend (1985). (Gracias Mr Scott, por su lucidez en tema de música, creo que se irá al mas allá sin saber poner música en sus películas).

La parte más lírica y armoniosa la pone el leitmotiv “Carol Anne Theme”, que es una melódica canción de cuna, muy bella (quizás la nana más dulce que se ha escrito para el cine), que se expresa con una voces femeninas, donde toman protagonismo el arpa, la flauta y un poco de cuerda. El tema irá salpicando todo el film, entrelazando los momentos cálidos con los de suspense y terror. La música da un vuelco, y se transforma gracias a la sección de viento y una increíble utilización de la orquesta sinfónica, para enfatizar expresión del mal.

Las sutilezas musicales son increíbles, las voces igual expresan la inocencia de Carol Anne, que se transforman en cantos de sirena que te atraen a la oscuridad, conjugado con la sabia utilización de las ondas Maternot, que parecen el lenguaje propio de los espectros (que sonido más mágico, utilizado también por los maestros Rózsa en El ladrón de Bagdad o Herrmann en Ultimátum a la Tierra), la mezcla temática es perfecta.

Comentemos algunos temas de esta maravilla atemporal:

La película empieza con el himno estadounidense, seguido del ruido de la pérdida de señal del televisor, a partir de ahí se hace cargo del score el maestro, comenzando con toques de ondas Maternot y algo de cuerda, seguido de una suave flauta que ejecuta la nana con delicadeza, y representa la pureza de la niña, tambien los violines acentúan las escenas cómicas del principio.

Potente sección de viento al más puro estilo Herrmann y voces corales en ascendencia, acompañadas de la orquesta al completo y salpicadas de efectos Martenot, ejemplarizan el mal y el desasosiego en el tema “Twisted abduction”.

En el corte “Rebirth”, se abre la puerta a lo desconocido y rescatan a Carol Anne, (la vuelta simula un parto, por eso van untadas de materia viscosa y la cuerda representa el cordón umbilical), empieza con una potentes voces corales invocando el misterio, acompañadas de violines y por arrolladoras trompetas y trombones cuando aparecen los espectros del armario, acabando de nuevo con la nana, que nos devuelve a la quietud y esperanza.

Cuando todo parece finalizado, aún nos espera la traca final y Jerry nos regaló “Night of the Beast”, espectacular tema, donde los espectros vuelven a atacar a través del payaso, personalizado con una carraca y el uso de las trompetas ensordecedoras, que te hacen saltar del asiento. Aquí de nuevo emplea todo el poderío de orquesta para sacar pecho y marcar un ritmo trepidante que te corta el aliento, demostrándole a Spielberg cómo se las gastaba el genio californiano.

Estamos ante una obra mayor de Goldsmith (aunque le pese a más de uno), una partitura exquisitamente terrorífica, con corte clásico pero contundente, y con una complejidad que sólo los grandes saben hacer. Jerry sabía cómo sacar partido a la temática del terror, y consigue hacerse portavoz de los entes malignos. Quién sabe si una noche de Halloween cualquiera se encontró con alguien del más allá y le mostró cómo musicalizar lo desconocido, “que talento Dios mío”.

Lo que no sé, es cómo Goldsmith compuso ese año tantas maravillas, Poltergeist, First Blood, NIMH, The Challenge, Inchon…Maldita sea, si es que era Jerry.

FELIZ HALLOWEEN.

 

 

Pesadilla en Elm Street. (1984).

Primera entrega de la exitosa serie de películas sobre el personaje sanguinario Freddy Krueger, salida de la privilegiada cabeza del recientemente fallecido Wes Craven. Craven escribió y dirigió este film con una intención muy marcada: aterrorizar, y vaya si lo consiguió. La cinta está protagonizada por Heather Langenkamp, John Saxon, Robert Englund (un inconmensurable Krueger), e introduciendo por vez primera en una película a Johnny Depp. Todas las interpretaciones son muy destacadas, sobresaliendo al igual el trabajo fotográfico de Jacques Haitkin. Wes fue uno de los mejores directores que tocaron el género terrorífico, aunque en su carrera tuviera algún que otro altibajo, sobre todo en sus últimos films.

Freddy Krueger, un viejo personaje al que habían quemado vivo los vecinos de Elm Street, vuelve de entre los muertos para vengarse de todos ellos a través de los sueños de sus hijos. Con sus grandes cuchillas hará estragos en la comunidad, o no, ¿Será todo un sueño?.

Charles Bernstein se hizo cargo del apartado musical. Nacido en Minneapolis, Minnesota, el 28 de febrero de 1943, es uno de los primeros compositores que colaboraron con Craven. A partir del éxito obtenido precisamente con esta película, Bernstein se labró una carrera muy fructífera dentro del género de terror. Había comenzado en el cine de manos de un amigo de la universidad, Denis Sanders, que lo reclutó en 1968 para que compusiera el score del documental que estaba dirigiendo, Czechoslovakia, ganador del Oscar en 1969. Dentro de los títulos que ha compuesto pare el cine de terror, destacaremos El ente (1982), Cujo (1983) y Amiga mortal (1986).

Para esta película Bernstein escribió una partitura atmosférica, típicamente de género, en el mejor de los registros de lo que se venía haciendo en la década. Como no, el sintetizador tiene un peso muy específico en el resultado final del score.

El tema principal, al igual que en La noche de Halloween, se basa en unas notas de teclados de tono misterioso que no tienen ninguna dificulta compositiva, pero que conjugadas con los efectos del sintetizador y los toques percusivos, hacen de él una joya inseparable de las imágenes que estamos viendo. Nos mete miedo y ese era el objetivo. Es el tema de Freddy, y lo escucharemos cada vez que el asesino aparezca en pantalla al acecho de cualquier víctima. Un gran acierto por parte del compositor.

Bernstein compuso otros temas al teclado, más suaves que acompañaran sobre todo a los personajes antes de sufrir los ataques de Krueger. Estos compases sumirán a las próximas víctimas en un apacible sueño en principio, con una serena y confortable sensación. Creen que están despiertos, pero no lo están, o sí.

Después de este tema más sereno, Freddy ataca. Y lo hace con un acompañamiento musical de estilo pop, mucho más movido en el que destaca, por encima de los toques de sintetizador, un motivo de percusión obsesivo y amenazador.

Básicamente estos tres temas argumentales sustentan un score muy destacado, que ya forma parte del colectivo musical de los que crecimos en los 80 viendo estos increíbles films que por desgracia ya no se hacen, aunque quieran imitarlos.

De las ediciones discográficas podemos hablar de varias y de mucha calidad. En 1986 Varése Sarabande editó en un cd el score de Bernstein en 17 temas, junto a la segunda parte de la saga compuesta por Christopher Young. En 2005 lanzó al mercado discográfico otro cd, conteniendo solamente los 17 temas de la primera parte. Ahora, Varése ha anunciado la salida de una caja de lujo con 8 cds. En ellos están las diferentes músicas compuestas para todas las secuelas, y como no, esta primera de Bernstein con mucho más material, sin duda una caja que no puede faltar en ninguna colección.

 

 

Noche de miedo (1985).

Tom Holland dirigió este film de terror adolescente con vampiros de por medio tres años antes de su gran éxito Muñeco diabólico. Aquí ya podíamos vislumbrar la maestría a la hora de dirigir, que dejaría más patente en su posterior film sobre el muñeco Chucky. Holland escribió un guión que iba dirigido a los adolescentes, pero al que imprimió un toque gótico del todo adecuado, dejándonos una película que roza el notable alto. Está protagonizada por Chris Sarandon (como el vampiro), William Ragsdale, Amanda Bearse y Roddy McDowall (una especie de Van Helsing venido a menos). En 2011 se realizó un remake de esta cinta protagonizado por Colin Farrel, totalmente vomitivo. Resulta gracioso que con muchos más medios se hiciera una bazofia semejante, eso sí, en los 80 no habían tantos recursos como hoy en día, pero si tenían, y en abundancia, mucho talento.

Un curioso personaje, seductor y a veces enigmático, se muda a la casa de al lado de un adolescente y su madre. Pronto, durante sus continuas vigilancias, el joven descubre que en realidad es un vampiro.

En 1984 James Cameron llamó para componer la banda sonora de Terminator al compositor Brad Fiedel, tal fue el éxito obtenido con esta composición, que se puso de moda. Así que Holland lo reclutó para escribir la partitura de Noche de miedo. Fiedel nació en Nueva York el 10 de marzo de 1951. Durante los 80 se dio a conocer dentro del mundo cinematográfico, gracias sobre todo a su espectacular música electrónica para el film futurista Terminator. Brad venía de ser teclista del sintetizador para el grupo Hall & Oates, por lo que en Hollywood era conocido. A partir de aquí ha desarrollado una carrera con altibajos, con títulos realmente buenos, como Mentiras arriesgadas (1994), en mi opinión una de las mejores partituras de acción de los últimos 30 años.

Para este film compuso un tema sensual interpretado con la guitarra eléctrica y acompañamientos de sintetizador y percusión, asignado al personaje de Sarandon, un vampiro guapo y seductor. Fiedel estuvo muy inspirado con este tema de aires pop que sufre diversas variaciones a lo largo del metraje, pudiéndolo escuchar sobre todo en las escenas en la que el joven espía a su vecino durante sus escarceos amorosos. Tuvo una versión cantada llamada “Come to me”.

El sintetizador es el autentico dominador de este score. Lo utiliza Brad tanto para dar sensación de terror, a través de sonidos estridentes y muy graves, como para darle un toque cómico al personaje del amigo del muchacho, convertido en un vampiro alocado y muy divertido.

La cuerda se hace presente de manera muy estridente, por ejemplo en la escena en la que el murciélago ataca. Pero resulta casi insignificante dentro del grueso del score.

Fiedel también compuso un tema de amor, dedicado al muchacho y su novia, no muy destacable pero eficiente. Los teclados se hacen cargo de entonar esta melodía.

De todos los discos de esta banda sonora, recomiendo el editado por Intrada Records. En 2011 se lanzaba al mercado discográfico, conteniendo 11 temas y una duración de 72 minutos.

 

Muñeco diabólico (1988).

Pedro José Piñera García.

Child´s PlayMuñeco diabólico. 1988) fue la tercera película de Tom Holland (director estadounidense nacido en 1943; autor, entre otras cintas, de dos obras maestras dentro del género de terror, como Fright NightNoche de miedo (1984). Su primer film, y genial debut, y esta que nos ocupa).
La presente obra —escrita por Don Mancini, John Lafita y el propio Holland— está inspirada en una historia verídica de un muñeco encantado llamado Robert (actualmente encerrado dentro de una vitrina de cristal en el museo de Arte e Historia de Key West —Florida—); y cuenta con las interpretaciones principales de los actores Chris Sarandon (detective Mike Norris), Alex Vincent (el niño protagonista Andy Barclay), Catherine Hicks (Karen Barclay, madre de Andy), Brad Dourif (el criminal Charles Lee Ray), Dinah Manoff (Maggie Peterson, la amiga de Karen) y, por supuesto, el muñeco asesino Chucky (que encierra el alma de Lee Ray).

El argumento es el siguiente:
Charles Lee Ray —el llamado Estrangulador de Lake Shore—, al no poder escapar en una furgoneta con su cómplice Eddie Caputo, es acorralado por el policía Mike Norris en una tienda de juguetes; y tras producirse un tiroteo, muere por los disparos efectuados por el detective. Pero antes de morir realiza un conjuro de magia negra, y su alma se introduce en uno de los muñecos Good Guys del comercio; además jura vengarse de su socio y del propio Norris.
Por una rara casualidad, Karen comprará el muñeco para su hijo, que enseguida empezará a hablar con él, demostrando que tiene vida. La madre reacia a creer al niño, no le hará caso, y el maléfico juguete provocará la muerte de Maggie (la compañera de trabajo de Karen), y se vengará de Eddie (el colaborador de Charles). Más tarde atacará a Norris, a la propia madre y al director del psiquiátrico donde han internado a Andy.
Finalmente el muñeco, después de matar a un brujo amigo suyo, intentará con oscuros medios introducir su espíritu dentro del cuerpo del niño para salir del juguete. En la lucha que se producirá, Norris resultará herido, Chucky muerto y el niño se salvará felizmente.

La música del film es del compositor norteamericano Joe Renzetti (músico nacido en 1941, que obtuvo el Oscar a mejor banda sonora adaptada por The Buddy Holly story (1978), su primera obra para el cine, y que cuenta en su haber con trabajos como Dead and Buried, Muertos y enterrados de 1982, y Poltergeist III de 1988, curiosamente también dentro de la temática terrorífica como Child´s Play, además de obras de cámara clásicas).

La banda sonora de Muñeco diabólico está considerada una de las mejores partituras del género terrorífico. Por supuesto, es la gran cima compositiva de Renzetti para el cine.
El disco (del sello La-La Land) consta de 11 temas musicales y 3 bonus tracks. Los comentaré por encima, ciñéndome más a los once primeros capitales.
El tema 1 (de los mejores del conjunto, con el que se presenta la película, en la escena de la persecución policial a Charles) ya juega con el esquema musical que dominará todo el score. (Variará luego en múltiples ocasiones, basado en el sintetizador y la cuerda —especialmente los violines—); y nos presenta la historia, creando una atmósfera misteriosa y terrorífica, de pura intriga, ya desde el primer momento, turbadora, sombría, densa y rica en matices, y muy bien sincronizada con la imagen, que ocupará toda la partitura. Esta capacidad de sugerir desde la primera nota ya es prodigiosa, y sólo es patrimonio de unos pocos elegidos.
Desde el tema 2 al 10, se continuará en esta línea de música ambiental, en la que no hay temas muy preciosistas, pero sí que acompañan eficientemente a las imágenes. Están tan bien escritos que la propia narración cinematográfica corre paralela a ellos, de manera que las notas hablan por sí solas sin necesidad de planos cinematográficos. Los sustos y los ataques producidos por Chucky están muy calculados, y en ellos la partitura es un diamante pulido, marcándonos con énfasis musicales todas las veces en que se producen, casi de modo matemático. Igualmente, es de resaltar el uso de los silencios, muy bien empleados para crear intriga en pantalla.
Aún dentro del intervalo temático 2-10, señalo como auténticas joyas de la música de acción y atmósfera el tema 5 (creado para la escena en que la madre descubre que el muñeco ha hablado sin tener las pilas puestas y lucha con él); y el tema 6 (para cuando Chucky ataca salvajemente a Norris en el coche); y ya dentro de un agitado frenesí desbordante, en el que los violines y el sintetizador logran el clímax expresivo perfecto, con un nervio casi patológico, los temas 8, 9 y 10 (en las últimas escenas de la película, cuando el muñeco quiere meter su alma dentro de Andy), en los que casi falta la respiración del que los escucha, y que son de lo mejorcito que se ha escrito nunca para captar la atmósfera de terror en un film.
De nuevo en este intervalo 2-10, y evidentemente también magistrales, rescataré algunos pasajes musicales que son descollantes, aunque resulten eclipsados por la magnitud de los anteriormente tratados. Los escritos para la intriga y el posterior salto al vacío en la escena de la muerte de Maggie (tema 2) son prototípicos del arte intrigante de Renzetti. El ambiente musical logrado en la escena de la muerte de Eddie (tema 4) es otra buena muestra de las dotes como maestro de la intriga de nuestro compositor; antecedente preparatorio del tema 5 (un gran pasaje, en el que los violines tomarán mayor protagonismo, en pos de acentuar la maraña espesa de puro terror, sin ambages de ningún tipo) y del tema 6 (en el que los violines, muy bien empleados, remarcan las acometidas del cuchillo de Chucky en la agresión al policía Norris, tan agudos como el filo del arma). El tema 7 (que completa las escenas en que el muñeco asesino va a por el niño en la cárcel) tampoco tiene desperdicio (como en los temas 8-10), creando también el desasosiego propio del miedo que siente Andy al sentirse perseguido por el que hasta hace poco era su juguete. Estos toques en la música de escena o ambiental tendrán su punto culminante, como digo, en el periodo temático 8-10, en el que es imposible no rendirse a la sabiduría y complejidad de matices logrados por parte de Renzetti (este sencillo pero complejo manejo de los materiales musicales usado por el americano, nos hace hablar del músico como maestro en el campo del terror —pues tiene mucho que enseñar—, y referencia obligada para todos los compositores que quieran hacer bandas sonoras de este tipo—y lógicamente, para los aficionados a la música terrorífica y enamorados del género en general).

El tema 11 (de coro combinado con música orquestal) está hecho para los títulos de crédito finales, y en él aparecen algunas de las melodías más bellas de la banda sonora. El pasaje, que combina un repetitivo tema, es realmente apropiado para el film; sin dejar de expresar terror e inquietud, capta la angustia que producen las imágenes. Sabio colofón, inundado de la misma atmósfera rítmica y terrorífica del tema 1, aunque un poco más relajada al desaparecer ya el peligro de Chucky, que ha tenido en jaque a todo el mundo en la película durante más de una hora.
En conjunto, la música de Child´s Play no nos defrauda. Asistimos, a la vez, a unos pentagramas de carácter moderno, por el uso del sintetizador; pero también con toques de piezas de cámara en el uso recurrente de las cuerdas (más el violín, aunque también instrumentos más graves). El músico no emplea una orquesta muy amplia (aunque sí bien conjuntada y muy efectiva, que logra unos efectos de gran maestría). Y la falta de temas de corte más hermosos o sinfónicos (en la línea de John Williams o Jerry Goldsmith) yo no la considero como un error o defecto; sencillamente, el score no los necesita, ya que lo que predomina en la película es el terror puro encarnado en un simple muñeco endiablado. Lograr transmitir sólo con sonidos el miedo que provoca ese muñeco y, a la vez, concederle al mismo (con ese mismo esquema musical) tanta personalidad que eclipsa todos los restantes elementos fílmicos, me parece algo extraordinario, y es su principal valor. Renzetti, con su música, ¡nos ha logrado meter el terror en el cuerpo!…; y hoy, mucho tiempo después, ¡el escalofrío no ha abandonado nuestra piel ni nuestro corazón!… Esto sólo pasa en las ¡mejores bandas sonoras de terror jamás escritas!…

Para todos aquellos que no hayan visto la película, ni hayan escuchado la banda sonora, si son amantes de las emociones fuertes y del terror, y —en general— enamorados del buen Arte (con mayúsculas), les ruego encarecidamente que lo hagan. Allí les esperan nuevos tesoros interesantes por descubrir, encarnados tanto en el medio cinematográfico como en el musical. Puesto que son de una capital importancia, ¡sería un grave error el perdérselos!… ¡Así que no se crucen de manos, y pongan manos a la obra, visionando el film y escuchando el score!… ¡El tiempo apremia!…

 

 

Pesadilla antes de Navidad (1993).

Por Antonio Pardo Larrosa.

Irreverente ma non troppo

Si tuviéramos que buscar una palabra para definir el trabajo del director Tim Burton, esta sería, sin lugar a dudas, irreverente. Sus numerosas obras son un reflejo de su histriónica personalidad, compleja y delirante que el cineasta sabe plasmar en cada uno de sus fotogramas. Sus inicios como animador de la factoría Disney –“Frankenweenie “(1984)- estuvieron repletos de complicadas decisiones que el cineasta asumía con estoica resignación, y es que las ideas y bocetos de este enfant terrible de la animación no gustaron a los visionarios ejecutivos de la factoría, sabios acaudalados que pensaban que estos eran “demasiado terroríficos para sus jóvenes audiencias…” Es evidente que el tiempo les ha quitado la razón. Lo cierto es que la trayectoria de Burton ha tenido tantos claros y oscuros que su filmografía es tan irregular como interesante. Ya desde su opera prima, “Pee-Wee’s Big Adventure” (1985), hasta sus últimas producciones donde la calidad es más que cuestionable, se puede observar la evolución de su complejo universo. Ahora bien, si hay una década que selló su pacto con la inmortalidad, unos años donde el cineasta creo las que hasta la fecha son sus películas más representativas, “Edward Scissorhands” y “The Nightmare Before Christmas”, ejemplos del talento, imaginación y creatividad de un cineasta irrepetible, esa es la década de los noventa.

En “Pesadilla antes de navidad” Burton cuenta la historia de Jack Skellington, Señor de Halloween. Cuando Jack –maestro de ceremonias- descubre la Navidad queda seducido por su encantadora inocencia, sin embargo la imagen gótica que tiene de esta fiesta es tan opuesta al espíritu navideño tradicional que decide secuestrar a Santa Claus, acto que forma parte de un plan urdido por él para suplantar al viejo barrigón, acción que intenta mejorar su propia visión de la festividad. Acompañando a este Alonso Quijano de las artes góticas se encuentra su fiel escudero, el camaleónico compositor Danny Elfman, su inseparable compañero de aventuras qué, como suele decirse en estos casos, “echo el resto…”

El Show de Mr. Elfman

¡Señoras y señores, con todos ustedes…! Mr. Elfman”. (Aplausos). Concebido como un musical a la vieja usanza, “Pesadilla antes de Navidad”, se articula a través de dos melodías opuestas que representan las dos realidades musicales sobre las que se levanta este fantástico ejercicio de animación musical. Por un lado, la melodía oscura, gótica y bufonesca –This is Halloween– de la ciudad de Jack Skellington, y por otro, la inocente, luminosa y rítmica melodía –What´s This– de la ciudad de la Navidad, ideas que Elfman versiona con talento a lo largo de todo el metraje para dar sentido a la dualidad festiva que hurga en la esencia de esta Pesadilla musical. A tenor de lo expuesto se puede explicar la partitura de Elfman tomando como punto de partida la existencia y oposición de estas dos ciudades…

Elfman y las dos ciudades

Retratadas por San Agustín en el siglo V de nuestra era –“De Civitate Dei contra paganos”- estas dos ciudades son llevadas a la gran pantalla utilizando otros vehículos de expresión, es decir, otorgando a la Navidad –la luz- y a la fiesta de Halloween –la oscuridad- la representación de estas dos realidades. Elfman se sirve de su enorme talento para mostrar la esencia de cada una de ellas escribiendo dos canciones que él mismo interpreta de un modo magistral. Para la ciudad de Halloween, el músico propone una marcha fantástica, macabra y llena de ironía –This is Halloween– que describe el putrefacto mundo de los muertos, una idea oscura y coral que recorre las sinuosas y siniestras calles de Halloween Town. Los vientos, trenzados alrededor de las maderas y los metales soplan hacia una única dirección su tétrica y rítmica melodía que enlaza la algarabía del comienzo con el atormentado y recitado lamento de Jack –Jack´s lament-, una especie de vals triste que llena de congoja las tétricas imágenes de un mundo demasiado gris, y es que como dice la canción, “esto es Halloween”. En cambio, para la ciudad de la Navidad la melodía –What´s This– se torna más luminosa, más navideña si se prefiere, dando forma a la sorpresa que Jack experimenta ante tan magnífico y novedoso espectáculo. A partir de aquí las melodías viajan de una ciudad a otra a través de arpegios y florituras que versionan los dos leitmotiv principales. La obra se completa con un oscuro y lascivo Boogie-woogie que interpreta el villano de la historia, un tal Oogie Boogie, un saco de insectos al que le encanta apostar.

Pesadilla antes de navidad recupera el estilo clásico de los musicales que Elfman escribe e interpreta de un modo natural, y es que, como muy bien dice Elfman, ¡Señoras y señores, esto es Halloween!

 

DRAG ME TO HELL – CHRISTOPHER YOUNG (2009).

Cuando se echa la vista atrás en la carrera del director Sam Raimi aparece con fuerza la trilogía Evil Dead, santo grial de los amantes del cine de terror y puro divertimento gore. Obviando sus aventuras arácnidas, el realizador recupera de nuevo ese pasatiempo de antaño para deleitarnos con la juguetona “Arrástrame al infierno”, recuperando de su bolsillo cinéfilo, aquel buen hacer de la magnífica “El ejército de las tinieblas”. Y como buen entendedor del género reclama a su otrora compositor en la tercera de las aventuras de Spiderman, para que nos deleite con su partitura; Christopher Young, todo un maestro en la composición del cine de terror (“Sinister”, “La maldición”, “Hellraiser”, “Pesadilla en Elm Street 2” o “El exorcismo de Emily Rose”), nos desvelará los entresijos de esta sangrienta crítica al sistema bancario, enmascarado en puro cine gore artesano de los ochenta.

Los scores de películas de terror siempre han tenido la curiosa “mala fama” de ser difícilmente vendibles o aceptables entre el público profano en la materia. De antemano se le cuelga el sambenito de sucesión de notas estridentes a manos de violines poseídos y golpes sin sentido de orquesta, y en esta tremenda partitura de Young, nos encontramos en disposición de hacer un zass en toda la boca a toda esta legión de oidores con prejuicios.

Ya el tema principal, “Drag me to hell”, es un fiel reflejo de toda la música que nos acompañará en el resto del visionado; completo y con un uso de los violines, tanto en el solo como en el conjunto, totalmente acertado. Los coros son utilizados como acompañamiento y generan esas sensaciones de aventura terrorífica, bien introducidos entre la potencia abrumadora del poder orquestal.

El desarrollo general de la banda sonora no desvaría nunca, puesto que la estridencia de muchos temas está justificada mediante el desarrollo de las escenas, sin caer en la sucesión de cuchilladas a modo de violines y ataques al corazón timbales mediante (“Mexican devil disaster” “Black ranbows” “Loose teeth” son claros ejemplos). Y también nos sorprende con inclusiones de piezas totalmente ajenas y con vida propia, como son la cuasi nana “Tale of a Haunted Baker”, la coral y etérea “Ordeal by corpse” y el sencillo tema al piano con magníficos ecos que es “Brik dogs ala carte”.

Uno de los temas más emblemáticos de toda la composición, si hablamos del puro horror musical, es sin duda “Auto da fe”, pieza en la que los órganos se imponen y resaltan el meollo del asunto, dando rienda suelta a Christopher Young para usar a su antojo y de manera fantástica, coros, violines y un metal ejerciendo de auténtico eje diabólico de esta montaña rusa de notas totalmente encajadas, con la maestría de un pincel de notas que es este desenlace sublime.

Finalmente esta portentosa partitura se cierra con un homenaje a todo el recorrido musical de la película con una especie de suite “Concerto to hell”, donde el violín campa a sus anchas manejando coros y orquesta, y dejándonos más si cabe con la sensación de haber escuchado una de las mejores bandas sonoras del cine de terror de los últimos años.

Una maravilla musical que debe ser puesta ante los oídos de los detractores del género así como deleitada por todos aquellos que son amantes del cine de terror, y del fantástico terrorífico en especial. Un score cinco estrellas para regocijarnos de principio a fin, por su belleza, calidez, fuerza y sobretodo brutal instrumentalización. Christopher Young sin duda va a hacerte disfrutar de un Halloween perfecto, salvo que una gitana acuda a tu puerta y….

Javier Pelegrín Parra.

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2 comentarios a Especial Halloween.

  • elfrikidelasbso  dice:

    siempre es un placer escribir junto a tanta calidad de amantes de las bandas sonoras. Viendo el resultado final nada más que dar las gracias al equipo de musicadecineblog.com!!!

    esto es halloween!!! esto es halloween!! :)

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