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Thomas Newman, Bridge of Spies.

BRIDGE OF SPIES- THOMAS NEWMAN.

Al comunicarse la noticia que el maestro John Williams abandonaba la composición del soundtrack de la última película de Steven Spielberg, nos daban varios amagos de suicidio a todos y cada uno de los amantes de las bandas sonoras. Sin embargo, la no participación en el proyecto del aclamado compositor se debía a unos problemas de corazón que, junto a la magnitud de la esperada partitura de la nueva Star Wars, hacían del todo imposible la enésima colaboración con el Rey Midas de Hollywood (sin interrupción desde la lejana El color púrpura (con música de Quincy Jones).

Se hace raro leer Spielberg y no ir en busca de John Williams en el cartel del estreno, de eso no hay lugar a dudas pero nos tranquilizamos muchos, yo sobre todo, al comprobar el nombre y ver a Thomas Newman grabado en él. El hijo del 45 veces nominado a los premios Oscar Alfred Newman, siempre ha estado tutelado y arropado por el propio maestro John Williams, dada la amistad que unía al genio de Long Island con Newman padre. Tanto es así, que es de largo conocida la “anécdota” de cuando Williams cedió a un Newman veinteañero, la oportunidad de orquestar parte del tema de la muerte de Darth Vader en El retorno del Jedi, allá en 1983).

Thomas Newman es un compositor muy de piano y cuerda, a la par que melódico, como nos deleitó en las absolutamente magistrales Cadena Perpetua, Camino a la Perdición, Wall-e o La Milla verde entre otras muchas de sus bandas sonoras. Y ahora, casualidades del tiempo y del destino del pentagrama, se enfrenta ante la posibilidad de narrar con su música, las dos películas más importantes de espías del año (la otra es el esperado Bond Spectre, tras su efectiva composición en la anterior Skyfall). Y lancémonos a la piscina de las críticas: más que salir bien parado, lo borda.

Aunque el énfasis de la partitura lo lleven las cuerdas y el piano, aquí, Newman aplica de manera excelente tanto coros, metal, madera o percusión haciendo que el resultado se traslade de la pantalla hacia nosotros con la emoción adecuada y el exaltamiento justo para cada momento.

El tracklist se nos presenta con “Hall of Trade Unions, Moscow” un corte coral potente, con aires a lo “Marea Roja” de Hans Zimmer, de cariz totalmente sombrío y enérgico.

El tema “Sunlit Silence” con poderosos metales entrecortados y cuerda pujante es quizás de lo más evocador al maestro Williams, como si homenajeara al mismo mediante el marcial comienzo y el desenlace bello y pausado. Cabe decir que los aires del abuelo John están presentes a lo largo de la partitura siempre como una muestra de respeto y/o admiración, nunca como claudicación.

Ejection protocol”, “The article” o “West Berlin” poseen un carácter similar, con cuerdas marcando el ritmo propio de la tensión y la acción, acompañadas por los vaivenes del piano y la percusión.

Rain” y “Friedrichstabe station” son ambos temas de un “juego de espías”, de persecución gato-ratón, a través de melodías de piano que se sustentan mediante violines orquestales que dan paso a la madera del clarinete y demás elementos jazzísticos.

Hacemos un impasse en “Lt. Gary Powers”, un tema claustrofóbico y fantasmal, coros mediante, con una orquestación totalmente disonante atronada por una percusión potente en su clímax, y con un uso de las voces de un modo totalmente angustioso.

Standing man” y “Private citizen” son bella melodías muy Newmanianas las dos, con tonos suaves y adornadas con instrumentos de viento.

Los coros vuelven a dominar en “Impatient plan” y “The Wall”, de una manera bastante inmersa y triste, como unos lamentos en mitad de la tragedia.

Así llegamos a las tres piezas claves de todo el score; “Glienicke bridge” que es de toda la lista, el tema para detenerse más, puesto que es el momento clave del film. Aquí observamos al Newman más íntimo y oscuro. La música es como un susurro y habla por sí sola; se repiten unas mismas notas que dan paso a unos coros siseados al oído y un piano que gana en protagonismo haciendo partícipe al silencio mismo como parte de la composición. Un intenso ir y venir de emociones y nerviosismo van creando un clima atraído por el devenir de los hechos que ocurren en la trama y que acaba desembocando en un marcial tema a modo de logro final. Es sin duda la pieza más lograda y con más dedicación de toda la obra y sobretodo la que nos llega más a la retina a través del oído.

Homecoming” es la calidez y el descanso del guerrero a través de un precioso baile melódico del piano, la cuerda y el oboe, cerrándose con unas bellas notas que ya se quedarán para siempre en la banda sonora de nuestra vida.

Finalmente “Bridge of spies (End Title) retoma la mayor parte de ideas principales de toda la obra, expandiendo los temas corales y finalizando con ese maravilloso tema de esta película, en la que la Spielberg se separa de manera obligada de su maestro John Williams dejándonos a un Thomas Newman capaz de todo.

El compositor no ha tratado de hacer de John Williams, lo que agradecemos gratamente, y hábilmente se ha apoyado de los ecos de éste para deleitarnos con esta genial banda sonora, la mejor que ha compuesto desde Camino a la Perdición, que nos atrapa con su misterio, fuerza, emoción y sentido de la profundidad musical.

La vida, al igual que en este film de Steven Spielberg, gira en torno a la valentía de nuestros pasos hacia adelante o hacia atrás de ese puente imaginario que separa nuestra felicidad del fracaso, y como tal, Thomas Newman está a punto de llegar al final del mismo que le llevará de cabeza a los próximos premios venideros por la emocionalidad, el valor artístico y esa maravillosa forma que tiene de dibujar música.

Javier Pelegrín Parra.

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