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James Horner, El don de la inmortalidad.

The Rocketeer (Rocketeer 1993).

Antonio Pardo Larrosa.

Artesanos u obreros, he aquí el dilema. Como en cualquier otra expresión artística en la música existen dos clases de individuos, por un lado, los artesanos, esos seres dotados de una percepción especial para encontrar caminos que aún no han sido explorados -este es el caso de James Horner-, y por otro, los obreros, personas que trabajan —no crean— gobernadas por las directrices de otros -pongamos como ejemplo el recalcitrante trabajo de la productora americana Mediaventures– produciendo obras en serie que adolecen de originalidad. Podría decirse salvando las distancias ideológicas que son herederos del taylorismo más radical. Esto es una constante que se repite en los últimos años, es un caso perdido y sin solución. Estamos inmersos en una época sumida en la oscuridad donde la creatividad brilla por su ausencia, y es que ya no hay amor por lo que se hace, no hay nada que contar, sólo unos cuantos elegidos construyen artesanalmente melodías que trascienden las imágenes provocando la respuesta inmediata del espectador. A tenor de lo visto en estos últimos tiempos cabe preguntarse lo siguiente, ¿habrá empezado la tercera revolución industrial, y no nos hemos dado cuenta?, o ¿se habrá reencarnado Taylor en alguien llamado Hans Zimmer?, el papá pitufo de los mediaventures, podría ser. Lo que está más claro que el agua es que estos nuevos industriales de la música cinematográfica actual construyen sus obras sobre la base industrializada de un método que se define por el “copia y pega” –modus operandi de estos pseudo músicos- más radical que los unos y los otros –los que no son los imitan con descaro- emplean con total impunidad.

Si hay un género que ha sucumbido –incluso Philip Glass ha claudicado ante ellos- a esta bárbara manera de escribir música ese ha sido el de los superhéroes del comic, películas de ficción que a priori demandan una gran score. Con los dedos de una mano se pueden contar las obras que han alcanzado la inmortalidad, Superman de Williams, o Batman de Elfman, o cómo no, la incomprendida y olvidada The Shadow de Goldsmith son solo algunas de las obras que forman parte de la iconografía popular del comic moderno. A diferencia de lo que se compone hoy día estás partituras poseen una cualidad original que las hace intransferibles, de ahí que Superman sea Superman, Batman sea Batman y The Shadow sea The Shadow, otra cosa sería imposible.

Pues bien, a estas tres fantásticas obras –hay alguna más, pero la memoria me suele jugar malas pasadas- hay que añadir “The Rocketeer”, creación musical llevada a cabo por Horner para la adaptación cinematográfica dirigida por Joe Johnston del personaje de ficción creado por Dave Stevens a principio de los años 80. “The Rocketeer” es una película de aventuras a la vieja usanza producida por la Disney que está basada en el cómic “Rocketeer”. La cinta narra la historia de un joven piloto acrobático que descubre un misterioso cohete que le permite volar, principal argumento musical del score, como veremos más adelante. En el Hollywood de los años treinta, un arma secreta desarrollada por un inventor ha sido robada por la mafia que intentando escapar del FBI lo esconde en un aeródromo. Además de la mafia, los nazis están muy interesados en el aparato, pero de un modo fortuito llega a manos de Cliff Secord, un piloto acrobático a quien todos intentarán atrapar. Con la ayuda de una bella chica, Jenny –segundo argumento musical-, las cosas tomarán un cariz distinto a lo que todos desean con el codiciado invento. Mafia, Nazis, amores imposibles, desenfrenadas persecuciones y una gran dosis de aventura dieron forma a esta original adaptación del comic a la que tan solo le restaba tener una partitura que estuviera a la altura, y a fe que la tuvo.

La música de “The Rocketeer” fue la primera incursión del Maestro en las seductoras aguas del género, después vendría la interesante “The Amazing Spiderman”, su última y más reciente visión de uno de los iconos de nuestro tiempo. Para las aventuras de este piloto acrobático de los años 30 Horner cambio la clásica idea musical que relacionaba conceptualmente el tema, la idea, el leitmotiv o la melodía, según se prefiera, con el personaje principal, como había sido la costumbre tiempo atrás. La idea era tomar como prioridad la capacidad voladora del personaje para desarrollar el leitmotiv principal de la historia –Main Title/Takeoff-, de ahí que Horner convierta a Rocketeer en un actor secundario, mientras que al vuelo en sí mismo en el auténtico protagonista. Este cambio de roll se ve con claridad en los créditos iniciales –la película empieza y termina de la misma forma- donde la música expone una bella melodía que refleja a través del piano el romanticismo inherente a esta actividad. Este pequeño homenaje a la aviación –la película no deja de ser eso- se hace más intenso a medida que se acerca el momento del despegue –Takeoff-, instante en el que los vientos y la cuerda nos regalan esa sensación de ingravidez que solo se experimenta cuando el avión abandona la pista. A partir de aquí la melodía –ligeramente inspirada, que no copiada, en la pieza “Jupiter” de Gustav Holst- va evolucionando a medida que el personaje de carne y hueso va perfeccionado su técnica con el artefacto volador. La orquestación, con esas escalas tan Hornerianas, se torna más intensa e intrépida cuando Rocketeer emprende el vuelo, utilizando la contundencia de la percusión y los metales –Rendezvous at Griffith Park Observatory– para incidir en su aspecto más épico. Horner retoma en repetidas ocasiones el leitmotiv principal revistiéndolo de ese carácter heroico –Jenny´s Rescue– que posee la propia aventura, y que tendrá en su parte final –Rocketeer to the Rescue/End Title– el colofón perfecto a tan memorable aventura. Uno de los grandes aciertos de la música es su romántico tema de amor –Jenny-, una bella e intensa melodía que el Maestro utiliza con inteligencia para descargar la tensión de algunas escenas intercalándola con habilidad entre los emocionantes compases del leitmotiv principal. Aislada o en “compañía”, es indiferente, esta elegía para cuerdas es tan bella como necesaria.

Rocketeer no deja de ser una película de acción que necesita un argumento musical sólido que enfatice esta parte de la historia. Para ello Horner compuso algunos temas –The Flying Circus-, de ascendencia genuinamente americana, a lo Aaron Copland, que provocan ese ritmo desenfrenado que suelen tener las viñetas de los comics. La idea es la misma, conseguir que la intensidad y el ritmo de la historia no decaigan. A medio camino entre la fanfarria y la música de un rodeo típicamente americano se desarrollan los temas de acción que refuerzan la intensidad de las imágenes. Metales, percusiones y atronadoras melodías para los Nazis y Sinclair –The Zeppelin-, el villano de la historia, completan esta romántica adaptación que Horner realizó del comic “Rocketeer”.

Como solía cantar el grupo español Golpes bajos, “Corren malos tiempos para la lírica”, ¡cuánta razón hay en esos versos!, y es que la industrialización que ha sufrido la música en las últimas décadas ha propiciado que esta realidad haya afectado a la mayor parte de los músicos actuales, menos mal que Horner y unos cuantos más eligieron la senda que solo transitan los artesanos.

Flightplan (Plan de vuelo: Desaparecida 2005).

Antonio Piñera.

Thriller de intriga muy bien llevado por el director alemán Robert Schwentke. Debut americano de este singular autor germano que, hasta la fecha, había dirigido dos largometrajes en su país natal con suerte dispar en ambos. Para esta cinta contó con un elenco actoral destacado, en el que brilla la estupenda interpretación de Jodie Foster. Junto a ella se encuentran Peter Sarsgaard y un Sean Bean que esta vez no hace de malo de la película. Me llama la atención la aparición en un pequeño papel de Greta Scacchi, casi irreconocible y haciéndose cargo de un personaje que parece que está metido con calzador, no entiendo muy bien su función. El guión escrito por Peter A. Dowling & Billy Ray es bastante aceptable e incluso bien desarrollado. Sobresale también la fotografía, obra de Florian Ballhaus.

Durante un vuelo de regreso a Estados Unidos tras la muerte de su marido en Alemania, Kyle Pratt (Jodie Foster) pierde de vista a su hija al quedarse dormida. Al ser la diseñadora del avión conoce todos sus rincones. Pronto buscará en cada uno de ellos para dar con el paradero de su hija. ¿La habrán secuestrado? ¿Es un plan urdido por ella para secuestrar el avión? ¿Su hija es una invención de su mente perturbada? El film juega con todos estos elementos hasta la resolución final.

Me dispongo a diseccionar el score compuesto por Horner a través de varios apartados, que arrojaran luz sobre las intenciones del autor para la composición de este proyecto.

1. Adagio.

Aplica el compositor un tema a modo de adagio, cargado de melancolía y tristeza. La misma que siente el personaje de Foster, ante la muerte por accidente (o no) de su marido en una fría y gris Alemania. Esta melodía acompañara al personaje en las primeras escenas en este país. En la morgue reconociendo el cadáver, en casa junto a su hija. Soledad, tristeza, añoranza, son tratadas por Horner mediante la ejecución de una melodía dominada por la sección de cuerdas, sobre todo, y en la que se introduce un breve pero significativo motivo de piano, que hace referencia a la niña y al amor que siente por ella. Es ejecutado a modo de nana, teniendo un peso significativo a lo largo del metraje, dadas las circunstancias. Se puede decir que esta música es la primera parte de la partitura. Es apacible, pero cargada de alto contenido dramático y acaba cuando Foster se duerme tranquilamente. “Leaving Berlin” es su homólogo en el disco.

2. Desconcierto.

Desde el mismo momento en que la mujer despierta y no ve a su hija, la música se torna misteriosa y enigmática. Cuerdas, un bello motivo de flauta y la incursión del tema a piano de la niña, llevan el peso de este segundo bloque musical. Este será más corto, y durará hasta que Kyle se dé cuenta que la niña es imposible que haya desaparecido en el avión sin ser vista por nadie. El corte “Missing Child” es un claro ejemplo de lo dicho.

3. Histeria y desenfreno.

Percusión obsesiva, metales estridentes y cuerdas alocadas evolucionan por el pentagrama del mismo modo que la histeria se apodera de Kyle. Escenas de acción en las que Horner da rienda suelta a un desenfrenado discurso musical. El piano suena casi distorsionado y adopta el histerismo de la protagonista. Entre medias Horner, muy acertadamente, vuelve a introducir de manera muy breve el tema de la niña, esta vez ejecutado por el oboe. Lo comentado se traduce en el corte del disco llamado “The Search”.

4. Locura, mente perturbada.

La cuerda da entrada de nuevo al tema de la hija, después llevado por el oboe. Esta vez es muy apacible, la mujer se ha relajado. ¿Es posible que lo haya inventado todo y su hija muriera en el accidente junto a su marido? El clarinete se apiada de esta persona medicada y un poco trastornada por los horribles acontecimientos. Quizás este volviéndose loca. Este cuarto argumento musical incide en esta posibilidad, hasta que sentada y relajada en su asiento, ve como aparece por el vaho de su aliento el corazón dibujado por su hija. “So Vulnerable” refleja mis palabras en el disco.

5. ¡No estoy loca, alguien tiene a mi hija!.

Con los cortes “Creating Panic” y “Opening The Casket”, Horner lanza de nuevo a la mujer hacía la búsqueda de su hija, y las verdaderas intenciones de sus captores. Percusiones vibrantes y dinámicas, junto con cuerdas que auguran suspense, son los pilares en los que se fundamenta esta música. Un motivo de piano embravecido acompaña a la mujer de nuevo en su búsqueda, sabe que no está loca y que tiene que actuar rápido si quiere salvar la vida de su hija.

6. Captores desenmascarados. Música para el villano de la historia.

Cuerdas estridentes y percusión amenazante, junto a la introducción de metales muy graves y de nuevo el motivo de piano disonante, son los vertebradores de este tema dedicado al artífice del maquiavélico plan. “Carlson’s Plan” es el corte que atestigua lo dicho. Kylie ha descubierto en el agente de la ley que había intentado ayudarla, al captor de su hija, y ahora mantendrán un duelo final hasta que devuelva a su pequeña.

7. Desenlace. Es una heroína.

Ya con todo resuelto, Kylie sale del avión con su hija en brazos ante el asombro de los demás pasajeros que por último habían sido evacuados del avión. Carlson les había hecho creer que el personaje de Foster quería un rescate por no volar por los aires el aparato. Horner muestra entonces a Kylie como lo que realmente es, una madre que sólo luchaba por mantener con vida a su hija. La cuerda se enciende en un apoteósico final en el que la melodía va in crescendo, mostrando el respeto de los pasajeros por su persona. Se inserta ahora de una manera más clara y menos apagada la melodía de la niña, autentico leitmotiv de esta partitura que si bien no fue muy considerada en su día, deberían de volver a escuchar, porque es de un poderío descomunal. Una clase magistral de cómo musicalizar una película.

Hollywood Records editó el 20 de septiembre de 2005 la banda sonora de esta cinta. El disco contenía ocho temas y 50 minutos de duración.

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