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Basil Poledouris, Los Miserables.

No es Conan todo lo que reluce… Durante bastantes años tuve como libro de cabecera una extraordinaria obra llamada “La discoteca ideal de la música clásica”, donde se podía leer, entre otros muchos, el siguiente epígrafe: “Músicos de una sola obra”. En este capítulo el autor, un tal Kenneth Mcleish, mencionaba a unos cuantos músicos cuya reputación venía avalada por la creación de una sola obra. Creo recordar –la memoria es caprichosa- que entre ellos se encontraba Tomaso Albinoni y su conocido adagio en sol menor, ¿Solo una?, ¡Qué barbaridad! Pues bien, esta realidad que acontece en la música clásica se puede extrapolar a la música cinematográfica de un modo similar. Nombres como los de Conti, Holdridge o el del tristemente desaparecido Poledouris forman parte de este grupo de músicos que para el común de los mortales –el neófito, nunca el melómano- siempre estará ligado al nombre de una sola composición. Realizando una pequeña labor de arqueología doméstica nos encontramos con “Les Miserables, una obra del 98 que Poledouris escribió tras ser rechazada la propuesta del músico libanés Gabriel Yared, otra más. Dirigida por Bille August, “Les Miserables”, está basada en la novela homónima del dramaturgo francés Víctor Hugo. Lo más interesante de esta superproducción de proporciones épicas fue la participación de Basil Poledouris, el primer motor de la historia, sin duda alguna. “Les Miserables” cuenta la historia de Jean Valjean, un proscrito cuya miserable vida se ve dura e injustamente perseguida por robar una barra de pan. Las imágenes recreadas por la estética pluma de Víctor Hugo son un compendio de las virtudes y defectos del ser humano, imágenes que durante décadas inspiraron la realización de numerosas versiones cinematográficas. Músicos de la talla de Arthur Honegger –versión del 34, más clásica-, o Alex North –versión del 52, más oscura y profunda- musicalizaron hace más de cincuenta años este clásico del siglo XX. Poco antes de la llegada del nuevo milenio se fraguo esta espectacular producción que brindó una buena oportunidad a Poledouris, un músico contrastado que no desaprovecho esta fantástica ocasión. Huelga decir que la producción fue un estrepitoso fracaso, pero esa es otra historia…

Reivindicando que es gerundio

La obra de Poledouris ha deambulado con paso firme por la mayoría de los géneros musicales conocidos. Se enfrentó a la aventura, a la epopeya y al melodrama venciendo a la épica con obras sobresalientes basadas en leyendas de la antigüedad, como “The Jungle Book” (1994), o su obra maestra “Conan The Barbarian” (1982); así mismo sobrevivió a la pasión y al amor en trabajos como “The blue Lagoon (1980) o la ya citada “Les Miserables, paradigmas de la sensibilidad musical, o también recordar que surcó el espacio infinito con su militarizada “Starship Troopers” (1997), su última epopeya espacial. Estas y otras obras forman ya parte del imaginario colectivo. En “Les Miserables” Poledouris firma uno de sus trabajos más logrados, una obra de madurez que demuestra que el genio nunca duerme. Varios son los leitmotivs que envuelven con honestidad las imágenes filmadas por August, y tres son los elementos sobre los que se estructura la partitura. La música inicia su profundo viaje emocional con la odisea del protagonista, Jean Valjean, para el que Poledouris escribe un main titles –Theme from Les Miserables-, melódico y oscuro que muestra el vacío existencial del protagonista, un motivo apoyado en los vientos y la cuerda que guía a Valjean en su travesía hacia las oscuras profundidades del averno. Este Leitmotiv ahonda en el aspecto emocional del protagonista mostrando la continua agitación que Valjean manifiesta durante toda la historia. El segundo leitmotiv de la partitura, y en esencia el mejor de todos –Flight from Vigau-, es un motivo contestatario y pre-revolucionario que Poledouris utiliza para enfatizar la fuerza inquebrantable de la verdad, estamos ante un marcha contundente y marcial que el músico empleará más tarde para describir los fraternales sentimientos que los partisanos susurran en las barricadas parisinas. Por último, como no podía ser de otra manera, el tema de amor –Marius and Cosette-, una bella y dulce melodía que el arpa –Cosette- y el oboe –Marius- entonan mientras los amantes pasean sus esperanzas por las hambrientas calles de Paris, un leitmotiv tan pueril que el amor que destila anticipa el feliz destino de los dos enamorados. Las voces de los enamorados son calladas por la contundencia de la cuerda que esculpe los sentimientos que anidan en sus propias miradas. Estamos, sin duda, ante una de las escenas más logradas de la película y una de las melodías más bellas de toda su espectacular carrera, ¿de una obra?, ¡manda huevos! “Les Miserables” merece ser reconocida como lo que es, “oro de muchos quilates”

Antonio Pardo Larrosa.

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3 comentarios a Basil Poledouris, Los Miserables.

  • Joan Bosch Hugas  dice:

    Excelente comentario. Recuerdo la película y las palabras de Antonio Pardo me han permitido rememorar el trabajo de Poledouris en total comunión con su adjetivación. Escritos como el presente causan afición. Gracias Antonio.

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  • Antonio Piñera García  dice:

    Muchas gracias Joan. Antonio es un gran conocedor de la música en general.

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  • Diego  dice:

    Gran trabajo del añorado y menospreciado maestro.Digo lo de menospreciado por el ignominioso trato del que fue objeto por parte de los Oscars.Ni una sola nominacion!.Que vergüenza "señores" académicos.

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