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Leonard Rosenman, El Señor de los Anillos.

Por Antonio Pardo Larrosa.

Un Anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas… De esta ingeniosa manera empieza la obra “The Lord Of The Rings”, la epopeya fantástica publicada por el filólogo y escritor J.R.R Tolkien durante la segunda mitad del siglo XIX. De su puño y letra nacieron personajes tan familiares como Gandalf, Bilbo, Frodo, Aragorn, Légolas o Gollum, entrañables criaturas de ficción que forman parte del imaginario colectivo de toda una generación. Obra culmen de la narrativa fantástica, “El señor de los Anillos”, ha sufrido a lo largo de los años algunas adaptaciones cinematográficas que han tenido resultados comerciales y artísticos muy dispares. La más laureada y conocida, sin duda, es la oscarizada adaptación que el director neozelandés Peter Jackson realizó de la obra hace más de una década. La historia la conocemos de sobra, un anillo, un puñado de Hobbits, magia, orcos, jinetes negros, elfos y la sempiterna lucha del bien contra el mal, todo esto destilado en la mente de Tolkien da lugar a la fantástica historia de “El Señor de los Anillos”. Ahora bien, bastante antes de que la obra de Peter Jackson empezara si quiera a gestarse hubo un intento de llevar la novela a la gran pantalla realizando una adaptación animada que tomaba como referencia los dos primeros libros de la historia. Esta peculiar y original adaptación fue dirigida por Ralph Bakshi en el año 1978 siendo un estrepitoso fracaso comercial, que no artístico. Cabe reseñar que el escaso metraje y la complejidad de la obra pudieron con las buenas intenciones de los guionistas, Chris Conkling y Peter S. Beagle.

El director conto con un gran presupuesto que hizo posible recrear el difícil y prolijo universo tolkiano utilizando las últimas técnicas de animación conocidas hasta la fecha. Para el apartado musical el director contrató a Leonard Rosenman, un músico de contrastada experiencia, no solo en la música cinematográfica, sino también en la clásica, que supo recrear con inteligencia los sonidos y las melodías de la Tierra media.

La lucha del bien contra el mal vertebra la historia de “El Señor de los anillos”, una idea que está representada por la Titánica lucha que Frodo y la comunidad del anillo entablan contra Saurón, el Señor Oscuro, y las pestilentes huestes de la tierra de Mordor. Rosenman utiliza esta idea para moldear las melodías de estos dos bloques temáticos utilizando sonoridades tonales para los unos y atonales para los otros, pero vayamos por partes.

Yin

La increíble aventura de los Hobbits se inicia a través de la Tierra Media, hacia el monte del Destino, con una sencilla y bucólica melodía –The Journey Begins…-, un leitmotiv que Rosenman utilizará más tarde para describir la victoria del bien sobre el mal. Esta sencilla idea se apoya en los vientos, oboes y flautas, en un aire festivo que representa la inocencia y la sencillez de una raza repleta de sorpresas. Rosenman no utiliza un leitmotiv para definir a cada uno de los personajes, como si hizo Howard Shore bastantes años más tarde, ¡no!, su intención es la de describir con música la lucha de estos dos conceptos, de ahí que la Compañía del anillo –Company of the Ring– o los Jinetes de Rohan –Riders of Rohan– utilicen pequeñas variaciones del tema principal aprovechando el Scherzo para otorgar más intensidad –The Dawn Battle…– al leitmotiv principal. Pero si hay una melodía que describe la magia que hay en la historia esa es la de los Elfos –Mithrandir-, una bella canción donde la lírica -más allá de la poética- contenida en las etéreas voces femeninas contrasta con la fuerza y la violencia de las voces masculinas de Mordor.

Yang

Mordor, la tierra del mal, es ese pestilente lugar donde las criaturas de las sombras habitan bajo la inerte mirada de Saurón esperando la señal que les lleve hacia la batalla. Rosenman otorga protagonismo a las huestes de Mordor –Helm´s Deep– componiendo una marcha bélica donde los coros y los metales muestran el leitmotiv del mal, una tonada muy rítmica y violenta que representa el movimiento y la fuerza de las tropas oscuras. Es hacia el final de la obra –The Dawn Battle…– cuando Rosenman lleva hasta la extenuación la melodía principal enfrentando estas dos ideas en una lucha sin cuartel. El final…

Inteligente es la palabra idónea para definir el score de Rosenman, un buen puñado de melodías que definen con precisión la idea –Yin/Yang- que subyace bajo los renglones de la obra. Rosenman escribió una de las obras más inspiradas de su carrera que nada tiene que envidiar al fantástico trabajo de Shore. Lo cierto es que la naturaleza de ambas es muy distinta, ya que parten de premisas diferentes.

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