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Les Biches de Pierre Jansen.

 

LES BICHES

Pierre Jansen fue durante una larga época que abarca las décadas de los sesenta y setenta (probablemente la mejor), el compositor de Claude Chabrol, uno de los más emblemáticos y prolíficos autores surgidos de la nouvelle vague, quien conocedor de sus tendencias contemporáneas lo eligió tempranamente (justo en 1960) para su “Les Bonnes Femmes”, iniciando, sin solución de continuidad, una exclusiva colaboración con Jansen, quien apenas trabajó casi con nadie más que no fuera el director francés. Esta abarcó más 20 años, concretamente hasta 1982, año en que ambos trabajaron en una adaptación televisiva de “Les affinités électives” (alternativamente y con posterioridad, Jansen expandió sus colaboraciones a directores tan variopintos como Claude Goretta, Fracis Girod o el realizador televisivo Josée Dayan). Fue una relación fructífera plagada de grandes partituras para films como los de la serie de espionaje protagonizada por “El Tigre”, así como otros como “Champaña por un asesino”, “Al Anochecer”, “El carnicero”, “Relaciones sangrientas” y “Prostituta de día, señorita de noche/Violette Nozière” (existe un recomendable recopilatorio en forma de suites editado hace ya años por el sello Milan que incluye algunos de los títulos citados). Entre ellas cabe destacar “Las ciervas”, editada hace unos años por el valeroso y resistente sello valenciano SAIMEL, en su línea de recuperación de trabajos europeos (principalmente italianos y franceses), quienes mediante una reducidísima y limitada edición de 300 ejemplares, eligieron esta íntima partitura del compositor francés, remasterizándola e incorporando pistas inéditas.

Este decadente y emblemático film de finales de los sesenta integraba en su argumento a un trío conformado por dos mujeres (entre ellas la mujer de Chabrol, Stéphan Audran, el gran Jean-Louis Trintignant, y la fascinante e inquieta Jacqueline Sassard), en el que se evidenciaba una atrevida (para la época) relación lésbica dentro de la línea de análisis crítico de la (ociosa) burguesía provinciana que el director francés tan bien supo retratar a lo largo y ancho de su prolífica carrera. Tal como se menciona en la carpetilla del disco, Chabrol eligió inicialmente a Jansen por sus atrevidos modos atonales dado que no le interesaba subrayar las emociones de sus personajes con la música tanto como crear un clima propicio para sus propósitos entomológicos sobre la citada clase social objeto de disección a los que el director se aplicaba sin denuedo con cada una de sus nuevas películas. Reflejo de estas intenciones son los “Titoli di testa” (se trata de una coproducción franco-italiana, de ahí que la nomenclatura utilizada sea mayormente en italiano), en los que destaca el ambiente onírico, un punto exótico (la tímbrica de la percusión y la utilización de la madera con la flauta y el clarinete), que las notas graves del piano y los disonantes chelos proporcionan. La “Solitudine autunnale” que le sigue, que cuenta con sendos solos de (nuevamente) el clarinete y el oboe, insiste en los componentes climáticos a través de un leve scherzo puntuado con unos pizzicatos, generando una dinámica tensional y opresiva que cortes como “Beat in” (o “Dance out) aligeran al tratarse desde una perspectiva digética (aunque algunos de ellos se superpongan o se sucedan en la misma secuencia como “Shake e momento sentimentale”, en el que a la “source music” le sigue, con la irrupción que puntúa el arpa, un bellísimo solo de flauta).

No obstante el obstinado desasosiego y la atmósfera ocasionalmente turbia que Jansen ofrece (“Falsa tranquilità”, “Due donne insieme” y, especialmente, “Como un incubo”, en el que el tétrico solo de chelo inicial es acompañado de una tímbrica atonal conseguida con el piano, el xilófono, la caja y los triángulos), el compositor genera momentos de gran belleza como el magníficco “Gente perduta”, que cuenta con una solista femenina de una enorme intensidad lírica, o los inmensos solos de clarinete dispersos entre “Quando si cerca qualcosa” (que no oculta su inspiración impresionista), “Fuga” y “Atmosfera antica”, así como el tema titulado “Aurora” (que no es una de las dos protagonistas femeninas del film), bellamente desarrollado con la flauta y con un fondo, provisto por la guitarra y las cuerdas, de visionaria inspiración minimalista. Sin embargo, “Interludio amoroso”, a pesar de su título recupera esa turbulencia desasosegante implícita en las infractas intenciones de ambos artistas mediante las disonancias de la cuerda, el registro grave del piano y los gongs. Momento que el compositor culmina con el último tema del disco, “Le Cerbiatte”, en el que de nuevo la inquietud reina debido a los scherzos y los pizzicatos aún a pesar de la omnipresencia de los solos de viento, finalizando con un leve crescendo protagonizado por los pizzicatos una obra camerística e íntima, perfecto exponente de la interesante obra del arriesgado y poco reconocido Jansen, que afortunadamente el aficionado tiene la ocasión de recuperar gracias al interés (no exento de romanticismo) de pequeños sellos que como SAIMEL lo hacen posible.

Las ciervas - Les biches

Frederic Torres

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