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Michael Nyman. Prospero's Book.

                                                                               

                                                                         

                                                                            El huevo o la gallina

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Aristóteles, Plutarco o Stephen Hawking reflexionaron sobre la cuestión intentando resolver este complejo dilema. Más allá de cuestiones filosóficas, creacionistas o evolutivas la verdad es que para entender la relación artística que existió entre Michael Nyman y Peter Greenaway podemos recurrir a tan enigmática pregunta. Puede parecer absurdo, desde luego, pero no lo es tanto teniendo en cuenta la forma tan suigeneris de trabajar que tuvo enredados durante años a estos dos poetas del celuloide. Si la norma establecida es la de componer a-posteriori, es decir, después de visualizar la película o en su defecto leer el guión para relacionar música e imagen, en este caso músico y director invierten el proceso escribiendo a-priori, “de locos” Lo que deja al director la responsabilidad final en la sala de montaje. ¿Qué fue antes, la música o la imagen?… Es una forma poco ortodoxa de trabajar pero que les funciono muy bien a lo largo de las décadas, pues los dos parieron algunas de las obras más originales y plásticas del séptimo arte. Michael Nyman y Peter Greenaway forman uno de esos tándems cinematográficos que uno no olvida fácilmente, como también lo son los formados por Preisner y Kieślowski, Fenton y Loach o Delerue y Truffaut. Quien puede olvidar el humor negro de “The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover”, su película más conocida, o la irreverente puesta en escena de “The Prospero´s book”, la más atractiva y pretenciosa de todas sus obras, o The Draughtsman’s Contract”, lugar donde la matemática, la geometría y la estética convergen bajo la mágica influencia de la música… ¡Imposible!, porque todas ellas son grandes ejercicios narrativos –música e imagen- que van más allá de toda lógica.

Los libros de Prospero –tomaré la traducción del castellano- es una versión libre de “la Tempestad” de W. Shakespeare que Greenaway dirigió en los años noventa cuando su carrera estaba ya consolidada. La trama de la obra se centra entre los convulsos años 1599 y 1611, donde Próspero, ex duque de Milán, es desterrado a una isla perdida de Europa con su hija Miranda. Las difíciles relaciones entre él y su hermano Antonio provocan que este junto al Rey de Nápoles, su fiel aliado, perpetren semejante fechoría, pero cuando Miranda y el hijo de su ilustre adversario se enamoran perdidamente es cuando se les presenta la oportunidad de vengarse de todos sus adversarios. Los libros de Prospero es un experimento visual que va más allá de los cánones establecidos por la industria cinematográfica, un collage que rompe esquemas utilizando en su narración elementos propios del teatro, las vanguardias visuales, la pintura barroca, exagerada y ampulosa, la danza moderna y la música minimalista de su inseparable escudero Michael Nyman. Los libros de Prospero volvió a unir las mentes de estos dos genios en la que para mí es su obra más interesante.

The Prospero´s book puso fin a dieciocho años de relación profesional que la soberbia de Greenaway se encargó de dilapidar en tan solo dieciocho segundos, el tiempo que le basto a Nyman para entender tras el estreno las intenciones de su hasta entonces amigo. Tomando como referencia el texto de Shakespeare, “La tempestad”, Nyman teje una complicada red de canciones –cinco- que proporcionan a la trama ese carácter teatral que está implícito en la historia. Conocidas como “Ariel songs”, estas cinco canciones –Full fathom five o While you here do snoring lie, por poner solo dos ejemplos- están escritas para la soprano Sarah Leonard y su propia banda, la Michael Nyman band. Estas cinco arias proporcionan a la historia de “Prospero” un “efectismo aterrador” que el director obvio deliberadamente en el montaje final de la película. Más allá de la parte vocal donde Nyman se muestra más críptico, en Los libros de Prospero encontramos la versión instrumental más poética del músico inglés. Nyman escribió para este trabajo alguno de los leitmotivs más sobresalientes de su increíble repertorio. Para la hija de Prospero, Miranda, Nyman propone una rítmica melodía, jovial y desenfadada que describe la naturaleza díscola de la hija, una melodía que esconde tras los vientos el diálogo de la venganza. Miranda es junto a The draughtsman’s contract la pieza más conocida del genio minimalista. Junto a esta pequeña joya musical encontramos el segundo leitmotiv de la obra, Prospero´s magic, una idea más pausada y reflexiva que se contrapone a la primera mostrando la mágica mirada de Prospero, quizás la melodía más conseguida de la obra. La profundidad emocional mostrada en Cornfield, en uno de los diálogos más bellos jamás escritos por el genio inglés, junto al irreverente frenesí producido por los vientos en el tema Prospero´s curse hacen que The Prospero´s book sea la partitura más comprometida de cuantas ha compuesto Michael Nyman.

Todavía hoy no sé si fue antes el huevo o la gallina, pero lo que si se es que antes que Greenaway fue Michael Nyman…

Antonio Pardo Larrosa.

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