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Monsignor Quixote de Antón García Abril.

Monsignor Quixote

Por Antonio Pardo Larrosa.

Quijotadas y Quijotazos

El filósofo Voltaire escribió que “el mundo se gobierna por unos cuantos libros…”, pues bien, entre todos ellos se encuentra la universal obra de Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Las “alocadas” aventuras o desventuras, según se mire, del ingenioso hidalgo Don Quijote han inspirado a lo largo de las décadas numerosas obras cinematográficas realizadas con mayor o menor fortuna dentro y fuera de nuestras fronteras. La novela de caballerías por antonomasia, visualmente perfecta, encierra tras de sí un complejo y mágico entramado de imágenes que el celuloide ha intentado reproducir a lo largo de los años. Series de televisión -“El Quijote” (Manuel Gutíerrez Aragón), producciones de animación –“Donkey Xote (José Pozo)- y una infinidad de películas rodadas en otras tantas lenguas hacen del Quijote una inagotable fuente de inspiración.

Monsignor Quixote está basada en la obra homónima del escritor inglés Graham Green, un texto que narra a su manera las conmovedoras andanzas del inmortal caballero. La obra recrea las aventuras de tan ilustres personajes por una España manchega y profunda que muestra callada las voces de la historia. El padre Quijote, un ex-alcalde comunista oriundo del Toboso, Enrique Zancas, y un Rocinante con cauchos en vez de herraduras entablan una singular relación que parece rememorar las irreconciliables posturas existentes entre el marxismo y el catolicismo de “pandereta” o del carbonero, según se prefiera. Pero esta peculiar relación evoluciona hacia una sorprendente amistad basada en la fe y el amor que obran el milagro del entendimiento.

Las películas basadas en la obra Cervantina han contado con un gran número de músicas incidentales que definen de alguna forma lo que he tenido a bien llamar Quijotadas y Quijotazos. Las obras de Lalo Schifrin, José Nieto o Richard Hartley, músicos de contrastada experiencia, forman parte de estas quijotadas musicales que no aportan nada a las andanzas de nuestro famoso hidalgo. A la obra de Schifrin, de formas demasiado clásicas, o a la de Nieto, excesivamente lineal y previsible, o a la de Hartley, pretenciosa y descontextualizada en exceso, les falta el alma de Don Quijote de la Mancha, esa alma imaginativa y original que Antón García Abril, maestro de la melodía, supo insuflar a las irreverentes imágenes de su Monsignor Quixote.

Quijotazos

Así podría definirse la historia que envuelve la creación de una de las partituras más inspiradas del autor, y eso es decir mucho. Hablar de Antón García Abril es hablar de uno de los músicos contemporáneos más importantes e influyentes de las últimas décadas. Monsignor Quixote no es más que la punta del iceberg, un colosal ejercicio de imaginación musical que dibuja las líneas por las que deambula esta atípica historia. Monsignor Quixote es una partitura más descriptiva que racional, más de situación que de intención, de ahí que no encontremos en ella ninguna genealogía musical que defina a los protagonistas, salvo el leitmotiv de Rocinante, una melodía juguetona y cargada de nostalgia que cabalga a lomos de un viejo seat. Los vientos y la cuerda trotan a través del espacio recordando los pasos del rocín más famoso de todos los tiempos. La obra se estructura en derredor de dos grandes melodías, la primera describe los sentimientos inspirados por el Toboso –Streets of Toboso-, lugar de amores eternos, poemas y noches en vela, por cuyas calles transitan la nostalgia y el sentimiento de una tierra con alma. Clarinetes y oboes inician un delicado dialogo, tranquilo y pausado que dulcemente seduce a la cuerda, la gran protagonista de la historia, para entonar una melodía cuya textura recuerda vagamente al Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo. Antón volverá a utilizar este leitmotiv –Thoughts of a distant friend-End titles– para expresar con increíble intensidad la relación de amistad que hay entre los dos protagonistas. Hidalgo y escudero reviven las hazañas de Don Quijote y Sancho a través de arpegios y escalas que brotan de las profundidades de la orquesta. La segunda, “la joya de la corona”, es el leitmotiv principal de la obra –Main Titles-, una exquisita melodía que el músico resuelve con acierto utilizando la guitarra clásica, el más español de todos los instrumentos y testigo de excepción de una tierra de leyenda. Es una pieza descriptiva que contextualiza la historia más allá del tiempo presente… Su melodía nos sitúa cabalgando a lomos de un rocín por las tierras de la Mancha.

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Un comentario a Monsignor Quixote de Antón García Abril.

  • Pablo Fernandez Barrio  dice:

    Cuando la poesía se escribe en un pentagrama, Banda Sonora enraizada en la música clásica española, que bebe delos autores Rodrigo y Falla, Obra Maestra sin paliativos.

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