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Homenaje a James Horner.

The Gift of in-mortality

Asimov lo escribió y Horner le dio vida, así de sencillo. Que caprichosos suelen ser los dioses que a menudo juegan con las frágiles almas de los mortales. The Gift of mortalityBicenntenial Man (1999)- parece una premonición, un sencillo epitafio que tal día como hoy cobra más sentido que nunca. El día despidió a la noche con una terrible noticia, “El compositor James Horner ha fallecido en un accidente de aviación”… Aquellos que amamos y conocemos su obra sabemos que esta actividad ha estado muy presente en buena parte de su obra –Flying (“The man without a face”), Flying forward in time (“We´re Back a dinosaur´s Story”), The Flying circus (“The Rocketeer”), Jake´s first flight (“Avatar”) o su último vuelo musical, The 4Th Horsemen-, fue una de sus grandes pasiones que por un caprichoso juego del destino ha conducido su alma al inframundo, allí, a ese lugar donde solo los genios van conducidos por la mano del Barquero, Caronte, que de un solo golpe ha hundido en las aguas de la laguna Estigia las esperanzas de todos los que amamos al maestro. Un óbolo demasiado valioso ha tenido que pagar nuestro admirado guía para dejar huérfano, una vez más, a este desdichado mundo. Con la noticia dando vueltas por las redes sociales –jamás he visto nada igual- he intentado escribir algunas palabras que pudieran expresar, ora el profundo dolor que siento, ora la admiración que profeso por la maravillosa obra de Horner, pero estoy seco, sin ideas, y por primera vez en mucho tiempo he tenido que claudicar ante un hecho de esta envergadura. Como le ocurrió a nuestro Don Quijote de La Mancha, “Se me ha secado el seso de tanto”… Pero aun así quiero que algo que escribí hace algunos años vuelva, maquillado y actualizado, a estar presente en nuestras vidas para homenajear una maravillosa parte de su obra, aquella que hizo grande al cine de animación. Maestro, ahora ya puedes descansar junto a Poledouris, Kamen, Barry, Bernstein y Goldsmith, garantes de una irrepetible tradición musical que está a punto de extinguirse y que tú representabas como nadie.

Rest In Pace

To be or not to be, that is the question

Una duda razonable, necesaria, fundamental para definir y explicar la esencia de un artista. Ser o no ser, esa es la cuestión…”, el texto shakesperiano –acto tercero, escena primera- define con exactitud la personalidad del músico, la cual se encuentra por su propia naturaleza en una cruel encrucijada. Ya lo decía el inmortal Hamlet, Qué hacersoy lo que soy y asumo las consecuencias de mis propios actos, o por el contrario soy lo que no soy y me dejo llevar por aquello que considero políticamente correcto. En la música cinematográfica ocurre algo similar, es decir, los músicos tienen la obligación de decidir si su trabajo debe ser original y aportar algo diferente a la imagen que la sostiene, o si por el contrario debe doblegarse a las exigencias de un gran número de doctos jueces que deciden el devenir del arte. En el argot menos académico se dice que un compositor es original y aporta algo distinto a lo establecido cuando tiene un sonido propio. Quizás aquí está el verdadero sentido del artista, del músico, del creador incansable que busca en lo desconocido su razón de ser.

Como en cualquier otra expresión artística en la música existen dos clases de individuos, por un lado los artesanos, seres dotados de una percepción especial para encontrar caminos que aún no han sido explorados, este es el caso de James Horner, y por otro, los obreros, personas que trabajan —no crean— gobernadas por las directrices de otros -pongamos como ejemplo el recalcitrante trabajo de la productora americana Mediaventures-, produciendo obras en serie que en ningún caso son originales —podría decirse salvando las distancias ideológicas que son herederos del taylorismo más radical—. Esto es una constante que se repite década tras década, es un caso perdido, sin solución, estamos inmersos en una época sumida en la oscuridad donde la creatividad brilla por su ausencia… Dirán algunos, yo simplemente constato que ya no hay amor por lo que se hace, no hay nada que contar, sólo unos cuantos elegidos construyen artesanalmente melodías que trascienden las imágenes provocando la respuesta inmediata del espectador. Podemos decir, por tanto, que la labor fundamental del músico de scores es la de hurgar allí donde el fotograma pierde su intención… esa, y no otra, es la esencia de la música cinematográfica.

Llegados a este punto es necesario arbitrar que la labor fundamental del compositor es la de contar una historia de la mejor manera posible. El músico se convierte en un narrador de primer orden, un «cuenta-cuentos» de naturaleza tradicional, en otras palabras, una pieza fundamental dentro de la estructura viva de la película. Para muchos la obra de Horner describe la verdadera relación que debe existir entre el director de cine y el compositor de música. Esta comunión debe ser entendida como una interacción cognitiva que haga reflexionar al espectador sobre el objeto resultante de la relación que se establece entre la imagen y la música. Horner no solo es un músico versátil, ya que con su heterodoxa forma de ver y entender la imagen se convierte en un narrador original.

La labor de James Horner como músico se puede asemejar a la que un escultor emplea en la meticulosa elaboración de sus obras de arte —un ejemplo de esto lo podemos encontrar en la divina obra del maestro italiano Miguel Ángel Buonarroti, La Piedad Rondanini— en otros términos, su único y principal sentido se encuentra en la liberación de su propia esencia que se encuentra atrapada en la primitiva idea del creador.

La música cinematográfica quedó huérfana de ideas cuando el compositor americano Jerry Goldsmith abandonó este mundo de sombras. Fue un artesano del sentimiento, un prestidigitador de lo racional y de lo irracional. Como ya ocurriera con Goldsmith, Horner cuenta historias con un sentido narrativo fuera de lo común mejorando con creces la imagen que el director pretende exponer. James Horner, John Williams, Alexandre Desplat, Ennio Morricone y unos cuantos más –créanme se pueden contar con los dedos de mis manos- buscan de un modo incansable la originalidad traspasando los límites de lo convencional, de lo establecido, de lo lógico. Estos músicos navegan por océanos desconocidos buscando formas originales de expresión emocional que ansían crear un lenguaje que vaya más allá de la imagen. No les basta con subrayar o matizar las escenas con música, como es la costumbre, sino que deciden, aún a riesgo de fracasar, ir más allá del sentimiento provocando al espectador con sus geniales trazos, hasta ahora sujeto pasivo de la acción musical.

Nacido en Los Ángeles, California, el 14 de agosto de 1953 James Horner se formó como compositor y director de orquesta en la prestigiosa Royal College of Music de Londres bajo la atenta supervisión del de origen judío Gyorgi Ligeti, músico curtido en las lides cinematográficas gracias a su interesante e inconformista colaboración con el iconoclasta director de cine Stanley Kubrick. A caballo entre la Royal College y la University of Southern de California la formación de Horner estuvo influenciada por la presencia de dos de los músicos más importantes e influyentes de la industria cinematográfica americana, John Williams y Jerry Goldsmith. A principio de los años 80 Horner comenzó a escribir sus primeros scores para el celuloide colaborando con el American Film Institute, colectivo dedicado a “preservar el material cinematográfico estadounidense”, y por otro con el director de culto norteamericano Roger Corman. Los trabajos de Corman pueden catalogarse dentro de la interesante y en ocasiones denostada serie b cinematográfica, produciendo cintas de terror y films menores de ciencia ficción de bajo presupuesto que introdujeron a nuestro joven compositor en los círculos cinematográficos de la época. Sus primeros trabajos, The Lady in red y Up from the depths, ambas filmadas en el año 1979, no auguraban un futuro demasiado prometedor para el músico. Su sonido, nada original, dependía en exceso de las formas y modos que John Williams y Jerry Goldsmith –un ejemplo más que evidente de este sonido lo encontramos en su obra Battle beyond the stars (1979) en la que la influencia de Alíen (Ridley Scott, 1979) y Star Wars (George Lucas, 1977) es innegable- habían establecido durante la década anterior. Fue el director Nicholas Meyer quien le brindó a Horner la oportunidad de trabajar en una superproducción de ciencia ficción que aposteriori sentaría las bases de su nueva forma de componer, Star Trek, The Warth of Khan (1982), secuela de la extraordinaria Star Trek, que supuso un doble desafío para Horner, por un lado sustituía en esta nueva producción a Goldsmith, artífice de uno de los Scores más fascinantes de la ciencia ficción americana, y por otro mostraba la absoluta necesidad de demostrar que el “San Benito que arrastraba por su excesiva dependencia del sonido Goldsmith y Williams era solo mera casualidad, un accidente sin importancia. A fe que lo consiguió… Horner escribió un trabajo para la historia, para el recuerdo, y estableció con autoridad un precedente musical que le ha acompañado hasta nuestros díaspersonalizó un sonido hasta entonces desconocido. A partir de este trabajo la carrera musical de Horner sufrió una extraña transformación –quizás, parecida a la de Gregorio Samsa- que exasperó a los críticos de la época. Acusado de plagiar a los clásicos –Rachmaninov, Prokofiev, Tchaikovsky, entre otros y de repetir –aunque algunos críticos hablan de auto-plagio yo prefiero pensar en un concepto llamado identidad original- esquemas musicales hasta límites insospechados, huelga decir que la extensa y en ocasiones incomprendida obra de James Horner no deja indiferente a nadie, amado y odiado a partes iguales sus composiciones están a la altura que su genio creador se merece.

La obra de James Horner ha coqueteado con la mayoría de los géneros cinematográficos conocidos. Se ha enfrentado como ningún otro al suspense, al terror, a la épica y al melodrama. Como consecuencia de esto podemos argumentar que Horner ha vencido a la épica –utilizando sus arrebatadores y retentivos leitmotiv, esos si me permiten ustedes la expresión, que te dejan clavado al sillón– con obras sobresalientes basadas en mitos y leyendas de la antigüedad Braveheart (Mel Gibson,1995 ) y Troy (Wolfgang Petersen, 2004). Horner ha sobrevivido a la pasión, al amor y al sentimiento Legends of the fall, Edward Zwick, 1994) y la intimista The man without a face (Mel Gibson, 1993), paradigmas de la sensibilidad musical— con una ternura y sensibilidad nada común. Horner ha dibujado con trazos geniales las líneas que personalizan el sentimiento animadoThe land before time (Don Bluth, 1988), y sobre todo su trabajo más pastoral Once upon a forest (Charles Gosvrenor, 1993) regalándonos un buen puñado de scores que todavía hoy forman parte del imaginario colectivo. Estas últimas obras forman parte de su maravillosa producción musical para el cine de animación. Este género renació musicalmente hablando con las sublimes composiciones de Horner que supo dibujar con su sinfonismo las tiernas imágenes que durante años emocionaron sobremanera al que esto escribe. Durante esa época, The Black Cauldron (Ted Berman y Richard Rich, 1985) compuesta por el desaparecido Elmer Bernstein y algunos años antes el experimento visual The Lord of the rings (Ralph Bakshi, 1978) con música de Leonard Rosenman muestran la vertiente sinfónica que el cine de animación había decidido tomar en contraposición al musical que hasta la fecha se utilizaba en las producciones cinematográficas infantiles. En la década de los ochenta la aportación musical de Horner al género de animación supuso un cambio drástico en la forma de entender el sentido y la estructura narrativa de todas las producciones cinematográficas que se estaban realizando con mayor o menor éxito en la mágica urbe americana. Ahora sí, Las pelis de dibujos animados poseían la estructura de cualquier otro film, gracias en parte a las sublimes composiciones del maestro. Los trabajos de Horner junto a los del oscarizado –posee nada menos que ocho premios de la academia- músico neoyorkino Alan Menken, considerado por muchos el máximo exponente del nuevo-musical americano, dan forma al mapa sobre el que se ha edificado la música animada en los últimos treinta años.

Esta es una pequeña pero interesante aproximación al universo musical de James Horner, un mundo lleno de magia, sensibilidad y un inmenso amor por la música… Unas cuantas palabras servirán de pórtico para ilustrar la verdadera naturaleza de un sonido maravilloso, cautivador. Esta es la honesta expresión de un genio.

An American Tail

Horner Ratonovich, un músico con alma rusa…

Dirigida por el cineasta Don Bluth, An American Tail (1986)Fievel y el nuevo mundo fue la traducción que se le dio en España- fue la primera película de animación producida por los estudios Universal y el “Peter Pan” de Hollywood Steven Spielberg. Fievel narra las peripecias de un pequeño y avispado ratoncito ruso que decide junto a su inseparable familia buscar fortuna en América, la tierra de las oportunidades, y ya se sabe, There are no cats in america (3:00). Esta es la idea principal de la historia, la razón por cual esta peculiar familia de ratones rusos emigra a los Estados Unidos. ¡En América no hay gatos…! Horner describe esta idea a través de una cómica canción que gira en torno a una sencilla y original melodía de carácter jocoso que describe el sentir de todos los pequeños emigrantes. Vertebrada sobre un solo leitmotiv Horner orquesta de forma brillante su melodía adecuándola a la peculiar nacionalidad de cada ratón. Apoyada en el folklore y en un cuidado tratamiento de la cuerda la canción describe con acierto la verdadera naturaleza de la historia. Pero para ser honestos con el desarrollo argumental de la película debemos reparar en el primer corte del disco, Main Title (5:07), el principal leitmotiv de la historia. Este dividido en dos partes independientes, en la primera, una sentida melodía, Horner recurre al violín y la balalaika como elementos solistas para describir el frio y la soledad del personaje principal, Fievel. Sustentada por las voces de un coro celestial esta pieza está inspirada en motivos y aires rusos que sutilmente moldean la aniñada voz del pequeño Fievel. Puede decirse que esta primera idea musical dibuja con tristeza el sentimiento trágico de una vida marcada por la presencia de unos felinos con muy mal carácter. La segunda parte del tema es modélica en cuanto a la forma, perfecta en sus planteamientos y todo un ejemplo de orquestación made in Horner. Alegre y plena de esperanza la melodía –encuentro deliciosa la introducción llevada a cabo por el clarinete y el fagot- transmite la eterna idea de la tierra prometida, ese lugar donde la palabra nunca carece de sentido ideológico. Si tuviéramos que encontrar un vocablo que sintetizara y definiera el sentimiento americano de la posibilidad, esa sería sin lugar a dudas la palabra nunca… Never say never (2:25), es otra original canción interpretada por un búho afrancesado –paradigma del emigrante afortunado- que convence al pequeño ratoncito para que no pierda la esperanza. Horner utiliza el acordeón para otorgar mayor credibilidad al distinguido e histriónico intérprete que sutilmente va tejiendo un halo de optimismo en su orejudo amigo. Delicada es la palabra que encuentro para describir esta sencilla melodía cargada de optimismo y esperanza. Delicada y preciosista resulta la escucha de esta maravillosa partitura.

The land before time

El Amor en tiempos…

Segunda colaboración de James Horner con el director Don Bluth y el productor Steven Spielberg. The land before time (1988), traducida al castellano como En busca del valle encantado, narra –cinco años antes de que Spielberg poblara la tierra con sus dinosaurios- el extraordinario viaje que unos pequeños animalitos prehistóricos emprenden para encontrar, una vez más, la tierra prometida, el valle encantado. Esta partitura supuso un punto y aparte en la meteórica carrera musical de Horner. Para la mayoría de los aficionados –sobre todo sus fans- estamos ante la obra maestra del compositor, un derroche de sinfonismo melódico que situó su prometedora carrera dentro del firmamento musical de la época. Con un estilo muy personal y los conceptos muy bien definidos Horner afrontó el proyecto pletórico de ideas, siendo consciente de que su creatividad no tenía límites.

El amor es el eje central sobre el que pivota la partitura de Horner, el amor entre madre e hijo. Las melodías que dibujan esta relación de amor son sinceras –como muy bien dice Eduardo Punset, la música nunca miente-, y muy emotivas. En la pista Whispering Winds (9:03), el mejor corte del disco, Horner musicaliza con genialidad el diálogo que el protagonista –piecito– y su madre entablan antes de la fatídica muerte de esta. La voz del pequeño dinosaurio eleva, a través del oboe, una desesperada y sentida súplica implorando un acto de misericordia ante la inminente perdida de su madre. Esta situación es contestada –esencia del diálogo musical- por un coro celestial –sopranos y mezzo-sopranos-, presagio de la evidente partida de la madre que hace de la escena un acto de fe en el amor incondicional. Arropada por el sutil empleo de la cuerda y el exquisito gusto por los metales la pieza desemboca irremediablemente en un estado de absoluta embriaguez que subyuga la conciencia del espectador. Si en el corte Whispering Winds es el amor el protagonista principal de la historia, es en los End Titles (6:22) donde la esperanza encuentra su razón de ser. Es un compendio del leitmotiv principal que hace que la música lleve hasta sus últimas consecuencias el sentimiento de una historia cargada de emoción. Horner no da lugar a la especulación, no hay razón para ello, mostrando su alma, desnuda y sincera. La orquesta recrea con fuerza y optimismo –la explosión melódica es insuperable- la felicidad compartida de un sueño llamado, En busca del valle encantado.

An American tail, Fievel goes west

Nunca segundas partes fueron buenas…

[…] Al menos esa era la idea que rondaba mi cabeza hasta que tuve la oportunidad de visualizar la segunda parte de El padrino, película dirigida por el director de origen italiano Francis Ford Coppola. Para la secuela de Fievel y el nuevo mundo, An american tail, Fievel goes west (Phil Nibbelink, Simon Wells, 1991), la productora Amblin –una vez más la rentable mano de Steven Spielberg andaba tras el proyecto- contó con la acertada participación de James Horner. En esta ocasión Fievel viaja al salvaje y lejano oeste para vivir la gran aventura de su vida en busca del dorado, de la tierra prometida, acompañado de su inseparable amigo Tigre –un gato con alma de perro- y de toda su familia. La partitura de Horner retoma las ideas principales de su antecesora reutilizando el tema principal de Fievel –recordemos el sentido leitmotiv ejecutado magistralmente por el violín- que tiene su primera aparición en el corte An american tail overture (7:09)- para contextualizar la presencia del pequeño ratoncito en América. A partir de aquí Horner nos regala un buen puñado de temas originales que aportan credibilidad a la nueva historia de Fievel, un vaquero diminuto –con perneras, pistola y sombrero- en una tierra de feroces mininos. Si en su primera obra, American Tail los instrumentos que utiliza James para describir a Fievel y su entorno –el ratón ruso- son el violín y la balalaika, en esta segunda parte el compositor se decanta por la guitarra y la harmónica para situar la acción en el lejano oeste. Una prueba de ello la tenemos en el primer leitmotiv diferenciador, Headin´out west (2:36), una espectacular melodía construida a partir de un sencillo tema interpretado por la harmónica que va introduciendo progresivamente el principal argumento musical de Fievel en el oeste. A partir de aquí la música sufre una metamorfosis necesaria, evidente, su textura musical –música del oeste en el oeste- recuerda a las inmortales obras de otros ilustres genios como Dimitri Tiomkin –sobre todo en la orquestación-, Elmer Bernstein o el innovador Jerry Goldsmith, pero con una clara y evidente diferencia, y es que Horner aporta a este maravilloso género musical la sensibilidad suficiente para arrancar del espectador una tierna lágrima o una eterna sonrisa. Quizás una muestra de esto la hallamos en la pista In Training (1:50), un prodigio de orquestación que exprime al máximo todos los recursos de la orquesta, es la música en movimiento, una pieza con ritmo, fuerza y una arrebatadora melodía –una vez más el leitmotiv central de Fievel en el oeste- que Horner sabe alternar con maestría para descargar la tensión de un frenético éxtasis musical. Estamos ante uno de los mejores temas de su repertorio, una melodía que no deja indiferente a nadie. Es el broche perfecto para una de las mejores obras de un genio de nuestro tiempo.

Once upon a forest

La obertura perfecta…

Once upon a forest… posiblemente contenga una de las mejores oberturas que jamás he escuchado. Haciendo uso de mi curiosa memoria –solo en la búsqueda de lo desconocido hayo la verdadera dimensión de la música- encuentro al menos dos ejemplos más de lo que he determinado en llamar la obertura perfecta, a saber, el preludio perteneciente a la superproducción épico-histórica The ten commandments escrito por el compositor Elmer Bernstein y la espectacular canción Circle of life perteneciente a la producción de la factoría Disney The Lion King, compuesta por el cantante de música pop Elton John y orquestada por Hans Zimmer y el vocalista africano Lebo M.

La cinta de animación fue dirigida por un desconocido director llamado Charles Grosvenor en 1993, ese año James Horner también escribió la partitura para la película de animación Were Back! A dinosaur´s Story dirigida por Simon Wells. En esta ocasión la película fue producida por la Fox resultando ser un auténtico fracaso en la taquilla americana. El excesivo realismo con el que se trató a los personajes –algunos de ellos fallecen de forma explícita en la pantalla- y la escasa publicidad del proyecto pudo influir sobremanera en el espectador más acostumbrado al edulcorante marca Disney que al realismo del cine convencional. No obstante la música tuvo una buena acogida por parte de la crítica que quedó entusiasmada con el trabajo de James Horner. En la partitura de Once upon a forest el compositor despliega toda su creatividad regalándonos uno de los comienzos más impactantes del cine moderno. The forest (9:11) es el paradigma de la obertura perfecta, en otras palabras, es el comienzo soñado por cualquier compositor. Un inicio que descubre nota a nota, pentagrama a pentagrama la esencia de la historia que esta por contar. In-crescendo el leitmotiv principal de la obra –una sencilla e intensa melodía desarrollada por la orquesta- nos descubre ese mundo de ensueño que se encuentra, no solo en el interior del bosque, sino también en lo más profundo de nuestro propio ser. La orquesta muestra al espectador la magia del bosque describiendo un lugar donde el tiempo parece detenerse, una atmósfera donde el viento nos susurra suavemente al oído, Once upon a forest. Su melodía nos indica el sendero por el que debemos transitar para encontrar la belleza del momento. Horner recurre a la flauta –este instrumento estará muy presente en su producción posterior- para expresar la inocencia de los principales personajes, unos simpáticos y avispados animalitos que viven ajenos a la realidad del hombre. Podemos decir que la flauta dibuja una melodía fresca, enigmática y divertida -propia de la juventud- que se opone al uso intencionado del metal –sobre todo de la tuba- que el autor utiliza para describir la regia pero afable figura del profesor Cornelius. Minuto a minuto las melodías se van sucediendo sin solución de continuidad creando una atmosfera única, irrepetible, donde el sentimiento mágico de la historia muestra la realidad de lo vivido. Estamos, créanme, ante la obertura perfecta, una obertura que se degusta con todos los sentidos.

We´re Back a Dinosaur´s Story

La huella de un Rex llamado James Horner…

Un cereal –Brain Grain- potenciador del coeficiente intelectual es la idea sobre la que gira We´re Back a dinosaur´s Story (1993), un cuento animado sobre cuatro adorables dinosaurios que visitan la ciudad de Nueva York para hacer realidad los sueños de millones de niños. Producida por Steven Spielberg y dirigida por Simon Wells, Rex un dinosaurio en Nueva York evidencia la versatilidad de Horner orquestando un score fantástico, un trabajo donde las ideas musicales se presentan de un modo natural. Desde el inicio, Flying Forward intime (5:48), se muestra la excepcional habilidad de Horner para crear melodías cargadas de sensibilidad y ternura, ideas que traspasan la frontera de lo racional. El leitmotiv principal desarrolla una bellísima melodía que muy al gusto de Horner va creciendo en intensidad minuto a minuto, removiendo –es un acto muy visceral- todos los sentidos del espectador. La orquesta es la protagonista principal de una sencilla idea basada en cinco notas que sirven al compositor para definir los nobles sentimientos de los protagonistas, cuatro afables dinosaurios que viajan al futuro para demostrar que el amor y la amistad son y serán más fuertes que el miedo. Héroes y villanos se dan cita en esta clásica aventura animada donde la lucha del bien contra el mal centra el argumento musical del score. Si para los cuatro protagonistas de la historia Horner crea una idea delicada, agradable y llena de amor –First Wish, First Flight (3:48)- para el villano, el malvado profesor Screweyes, un viejo genio amargado y solitario, la música es oscura, demoniaca. En los cortes Grand Slam Demons (2:05) y Grand demon parade (7:59), una idea muy rítmica –en ocasiones recuerda a las composiciones de Danny Elfman para los trabajos del histriónico Tim Burton- describe la atormentada personalidad de Screweyes, una melodía donde los arpegios y una cuidada orquestación de las percusiones hacen que este tétrico leitmotiv sea la idea sobre la que Horner dibuja el alienado comportamiento del profesor.

En esta lucha de contrarios, del bien contra el mal, Horner sale victorioso creando una partitura que se encuentra por calidad y originalidad en lo más alto de su producción musical.

The Pagemaster

Dr. Jekyll and Mr. Horner…

En honor a la verdad hay que decir que The Pagemaster -Maurice Hunt (1994)- es un híbrido que bebe de las fuentes clásicas de la animación y del cine convencional. Producida por el director Joe Johnston – A Far off place, (1993)- y la productora Fox, The Pagemaster nos brinda la clásica historia de ficción donde el horror, la fantasía y la aventura son las protagonistas de un cuento atemporal. El guardián de las palabras es un viaje musical a través de la literatura fantástica de todos los tiempos, una travesía por el océano de la imaginación que tiene a Horner como principal conductor de la historia. Basada en los textos de Shelley, Stevenson y Melville, la partitura está vertebrada alrededor de un poderoso leitmotivMain Titles (2:27)-, donde el coro y la orquesta proponen el diálogo entre el músico y el espectador atrapando sus sentidos en un sincero acto de metafísica musical. La literatura y la música van de la mano a lo largo de todo el score mostrando al espectador la riqueza musical de la partitura. Gracias a Horner viajamos al complejo universo de Frankenstein, una pieza –Horror (3:20)- donde el oboe y la flauta dialogan con la cuerda recordándonos que el monstruo es mitad bestia mitad hombre. De un modo elegante y señorial Horner nos sumerge en la compleja personalidad del Dr. Jekyll y Mr. Hyde regalándonos el corte Dr. Jekyll and Mr. Hyde (5:05), donde una bellísima melodía interpretada por el oboe describe la afable personalidad del Dr. Jekyll, una frase musical llena de ternura y sensibilidad. A esta idea se opone la de Mr. Hyde, una explosión violenta de la cuerda apoyada en los violines y los chelos que describe el tormento de un hombre torturado. Si los textos de Shelley y Stevenson tratan de la compleja personalidad del hombre, es en las letras del inmortal Moby Dick donde la aventura tiene su razón de ser. Towards the open sea… (7:01) es la clásica música de ¡piratas!, una fanfarria inspirada en la maravillosa obra de Korngold que sitúa la acción en medio de un océano lleno de imaginación. Las trompetas y las trompas son ahora los protagonistas de la historia iniciando una efectista melodía que describe el inmenso océano por el que navegan los protagonistas. Un leitmotiv redondo que se cuela a hurtadillas dentro de la idea principal del tema es la aportación melódica más importante de Horner, es su seña de identidad. La obra concluye con la espectacular pista Swallowed alive! / The Wonder in Books (7:56), una arrebatadora suite donde la música de Horner inunda la pantalla de magia, aventura y fantasía mostrándonos las virtudes de un género –el de animación- absolutamente embriagador. ¡Gracias Mr. Horner!

Balto

La herencia de una leyenda musical…

Utilizando una terminología enológica –del griego οἶνος, vino y λόγος, conocimiento- Balto, dirigida por Simon Wells en 1995 pertenece a una añada excepcional. Como los buenos caldos criados en barricas de roble americano la música de Horner alcanzó ese año el punto de mayor calidad. Fue un año maravilloso, espectacular, obras como Apolo XIII, Braveheart, Casper y Balto son solo algunas de las bandas sonoras que el maestro realizó durante ese año. Balto cuenta la historia real “de un perro de trineo, de raza Siberian husky, que durante una epidemia de difteria en Alaska en el año 1925, lideró la caravana de mushing que recorrió 1.085 kilómetros en cinco días y medio, llevando vacunas desde la ciudad de Nenana hasta la ciudad de Nome. La proeza salvó la vida de muchos niños. Una vez más –será la última- la productora Amblin Entertainment, dirigida por Steven Spielberg y Simon Wells fueron los principales artífices del proyecto contando con la colaboración de Horner. Balto es una partitura correcta, sencilla y nada pretenciosa. Las melodías se inspiran en trabajos anteriores del compositor –sobre todo en Apolo XIII, escrita ese mismo año- restando originalidad al conjunto de la obra. Articulada alrededor de un poderoso y efectista tema central, Main Title/ Balto’s Story Unfolds (4:40), el Score de Balto otorga prioridad a la épica orquestando de un modo contundente su equilibrado y bien construido leitmotiv. Balto es una partitura que evidencia lo mejor y lo peor de la música de Horner, un pastiche de sonidos marca de la casa que exasperará a los aficionados más exigentes –debe incluirse aquí la interminable lista de detractores- y enamorara a sus incondicionales adeptos. Buena prueba de ello la encontramos en el corte Heritage of the Wolf (5:54), sin lugar a dudas la mejor idea del score, pues estamos ante uno de esos momentos musicales que no dejan indiferente a nadie. Dividido en dos partes, la primera describe la herencia de Balto -mitad perro, mitad lobo-, donde una llamada tribal de la percusión incide de un modo directo en la ascendencia salvaje de Balto. Golpe a golpe, aullido tras aullido el protagonista va descubriendo –recordando- la autenticidad de su pasado, un sentimiento muy visceral que Horner sabe dulcificar con el sutil empleo de la cuerda; la segunda, muestra el sentimiento épico de la historia recurriendo por última vez al leitmotiv principal, idea que alcanza aquí el momento más espectacular de toda la obra.

Quizás no sea la mejor partitura de Horner, ni la más original, pero lo que si tengo claro es que Balto está muy por encima de casi todo lo que se compone hoy en día.

Escuchar la obra de James Horner supone un verdadero desafío a los sentidos –todos- , un reto a la inteligencia del ser humano y un acto de fe incondicional en el arte. Sus composiciones delimitan el espacio existente entre lo racional y lo mágico, entre la lógica y la fantasía. Su música dibuja un universo donde la frontera entre el espectador y el compositor define la esencia de la música cinematográfica, a saber: Hurgar allí donde el fotograma pierde su intención… La música de James Horner envejece como el buen vino conservando intactas todas sus propiedades y potenciando el dulce sabor de sus fantásticas melodías.

El tiempo le otorgará la razón, estoy seguro de ello. Hasta ese momento…

James Horner

(1953-2015)

Antonio Pardo Larrosa.

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2 comentarios a Homenaje a James Horner.

  • Lecturas Junio | visual404  dice:

    […] Homenaje a James Horner-Música de cine […]

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  • Adrian  dice:

    AME SIEMPRE LA MUSICA DE HORNER...
    CORAZON VALIENTE
    WILLOW
    LA TORMENTA PERFECTA
    AVATAR
    TITANIC
    LEYENDAS DE UNA PASION
    APOLLO 13
    EL INFORME PELICANO

    Y MUCHISIMAS MAS... A MI GUSTO, EL MEJOR COMPOSITOR DE HOLLYWOOD..
    GRACIAS POR EL HOMENAJEE..

    SALUDOS
    ADRIAN

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