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Centauros del desierto. Max Steiner.

Aprovechando la nueva edición en cd de la partitura de Max Steiner para The Seachers, me dispongo a hacer un comentario sobre este clásico de la música de cine. Es una suerte que en Estados Unidos cuiden su patrimonio musical cinematográfico tan bien, y un lujo que se vuelvan a reeditar bso de  la talla de la que nos ocupa. BYU ha sido la encargada de volver a poner en el mercado discográfico esta joya, que ya sacó en 1996. Ahora el disco cuenta con un tema más que el anterior y un sonido mejorado.

En cuanto a la película, estamos ante una obra maestra dirigida por John Ford, en palabras de Spielberg, la mejor de la historia. Y no le falta razón. Ford imprime a la historia un ritmo a veces trepidante y otras sosegado. Planos magistrales, y sin duda, la mejor interpretación de un John Wayne que borda su papel de “Ethan”, un tipo huraño y racista que vuelve a casa de su hermano años después de haber terminado la guerra. El guión lo firma un habitual colaborador de Ford, Frank S. Nugent, realizando una magnífica adaptación de la novela escrita por Alan Le May. Parte del elenco actoral de la cinta era tan habitual que a veces parecía que estaban esperando con el pañuelo al cuello la llamada del director para un próximo Western. Pero este no es el típico producto del Oeste que se había hecho hasta la fecha. Tiene un calado emocional y humano más hondo del que se podía esperar de una obra por el estilo, resultando ser uno de los mayores logros dentro de la filmografía de su autor. Destaca dentro de sus aspectos técnicos, un genial trabajo de fotografía a cargo de  Winton C. Hoch, a veces de tonos rojizos espectaculares, y que hace que los paisajes naturales de Monument Valley aparezcan todavía más solemnes. Siguiendo el comentario del reparto, Ford contó con Jeffrey Hunter, un joven actor que aquí esta muy bien como sobrino político de Ethan, y que ayuda en cierta manera a que el personaje de Wayne no pierda la cabeza y acabe matando a Debbie, su sobrina, interpretada por Natalie Wood, en unos de sus primeros escarceos en la industria de Hollywood tras su anterior Rebelde sin causa (1955). Encontramos también a Ward Bond, Vera Miles, John Qualen, Olive Carey, Henry Brandon, Ken Curtis, Harry Carey Jr., Hank Worden y Walter Coy, todos ellos son los habituales que he mencionado con anterioridad, y que hacen mejorar la cinta con sus actuaciones. Incomprensiblemente el film no obtuvo ninguna nominación a los Oscar en 1956, un hecho extraño después de ver sus inmejorables acabados, pero así es la industria, a veces injusta con ciertas películas.

Steiner está aquí a la altura de las circunstancias como era de esperar, y firma una partitura maravillosa cargada de temas memorables. Ford insistió a Steiner para que utilizara temas populares, como ya hiciera con otros compositores, a los que casi obligaba a poner en sus obras temas, por ejemplo irlandeses. No podemos decir que el director fuera un gran entendido en estas lindes, y recordamos un comentario en el que decía que no le gustaba ver a un tipo muriéndose de sed en el desierto de Arizona con la Sinfónica de Filadelfia de acompañamiento. Pero con el tiempo se dio cuenta de la importancia de la labor de la música en un film, y por ello se rodeó de los mejores compositores de la época, como Steiner, Victor Young o Alfred Newman.

Siguiendo con The Seachers, dos grandes ejes son los que sustentan esta obra: por una lado el tema central, utilizado como leitmotiv a lo largo del film. Será usado primero como tema de Ethan, y más tarde para los buscadores. El otro eje son los temas dedicados al amenazante jefe Cicatriz y su tribu de indios, sustentado sobre todo en una percusión a veces obsesiva. Estos son los dos grandes ejes, pero hay mucho más que contar dentro de esta banda sonora, voy a hacerlo a través del comentario de algunos de sus mejores momentos musicales.

El score es comenzado por el tema de los créditos iniciales, de fuerte orquestación en su principio. Introduce a continuación el citado leitmotiv de la cinta, cantado por “The Son Of Pioneers”, encabezados por Stan Jones., un tema nostálgico muy bonito.

Igual de nostálgicos suenan los violines que acompañan a Ethan al llegar a casa de su hermano, secundados por leves toques de guitarra. Un motivo musical nos narra de manera impecable los sentimientos de melancolía que invaden al personaje, y no precisamente por haber luchado en la guerra. Es evidente que está enamorado de Martha, la mujer de su hermano.

La primera aparición de Martin (Hunter) en pantalla, es tratada por Steiner con un motivo brioso, cuando el muchacho llega a caballo. Al igual que él, un mestizo medio comanche, es dinámico y desenfadado. La cuerda es la dominante, sólo volviéndose más dramático cuando entra a cenar en casa y se encuentra con la mirada racista de Ethan clavada.

Escuchamos un solo de violín muy bello, cuando Ethan ve cerrarse la puerta de la habitación de su hermano con Martha dentro, dramático y nostálgico. Un solo de clarinete es el preludio del tema central del film, esta vez en solo de violín.

A continuación el compositor introduce un motivo cariñoso a pianola, cuando Martha prepara la ropa de Ethan para la partida junto a un grupo de castigo contra los indios.

Cuando la cuadrilla de castigadores cabalga al aire libre por los parajes, suena de nuevo el leitmotiv central versionado. Al divisar a la tribu con Cicatriz a la cabeza, aparece por primera vez la música dedicada a los comanches. Percusión que se va moviendo al compás del grupo a modo de coreografía.

En el rancho, antes del ataque, se siguen oyendo tambores, que son interrumpidos por un solo de violín trágico, que nos cuenta de antemano en desastroso final que espera a Martha y su familia. Un toque de arpa y, acto seguido, acordes de piano y cuerdas desafiantes que acaban con Cicatriz apareciendo ante Debbie.

Uno de los mejores momentos, de Wayne y de la película, es magnificado a través de la música: Metales estridentes acompañan a Ethan y Martin hacia el rancho, encontrándoselo incendiado. Es ahora cuando Steiner aprovecha su gran oficio para narrarnos dramáticamente lo que ocurre, introduciendo un golpe orquestal percusivo, en el momento que Ethan divisa la casa en llamas, seguido de las cuerdas que suenan compasivas, y finalizando la escena con un lánguido solo de violín. La música dedicada a Ethan pasa de nostálgica a ser agresiva, y aparece el tema central, que a partir de ahora será el de los buscadores.

La escena de la persecución, que acaba con el tiroteo en el río, es secundada por guitarra, cuerdas y metales, y se torna en un tono misterioso, dando entrada a la percusión. Entonces el compositor da entrada al tema de los comanches, más desarrollado, donde la percusión y metales se vuelven amenazadores, subiendo en intensidad hasta estallar orquestalmente en un tema frenético de tambores. Estos, junto a los metales, no dejan de sonar hasta el fin de la escena.

Un solo de violín suena cuando muere Brad (Carey Jr), que al conocer la muerte de su novia, la sobrina mayor de Ethan, enloquece dirigiéndose sin control hasta el campamento indio. La música se vuelve histérica, igual que él. Se corta en un silencio muy bien adecuado que se rompe con un primer disparo hecho por el joven, y a continuación un segundo. Steiner reaparece en ese momento con un golpe orquestal, con el que ya sabemos que Brad ha muerto, magistral.

Max aplica un motivo alegre, de los pocos que hay en la partitura, para el personaje de Laurie (Miles). Será usado como tema romántico para la pareja formada por ella y Martin, y es acabado en solo de violín muy conseguido. También escribe temas cómicos, al estilo Mickey Mousing, como por ejemplo cuando ella juega con Martin y le echa agua por encima, estos momentos pausan muy acertadamente los momentos duros, dando un descanso al espectador-oyente.

De nuevo Ethan vuelve a recibir noticias de Debbie, cautiva por Cicatriz. En un cambio de tono muy oscuro Steiner nos narra el odio interno del personaje al saber que su sobrina se ha podido convertir en uno de ellos.

El compositor escribe el tema de “Look”, una india que por circunstancias ajenas a Martin, le es vendida por los indios como esposa. Campanillas y flauta llevan el peso de esta composición, dulce como la inocencia de la joven, con toques de violín y clarinete que dan paso a la orquesta completa, que se encarga ahora del fraseado central. Este motivo se vuelve a escuchar cuando la joven escapa y deja una señal, indicando la dirección en la que deben ir para encontrar a Cicatriz, y, por último, en la escena de castigo por parte del ejército, en el momento en el que Martin entra en una de las tiendas encontrando a Look muerta.

Encontramos otros cortes de descarga del drama, como el dedicado al viejo Mose (Worden). Se trata del mismo tema que el moscardón que corteja a Laurie toca a guitarra en la escena anterior, una canción popular que Steiner versionó.

El tema de Cicatriz aparece en el momento en que los dos buscadores llegan a su poblado, dominado por tambores intrigantes. Oímos un motivo esperanzador de cuerda y arpa, cuando Debbie se acerca a Martin, en el que Steiner vuelve a introducir el leitmotiv principal, y acto seguido es cortado por el flechazo en el hombro de Ethan, mediante un golpe de metales. Un tema de acción lleva las riendas en la huida de los dos hombres, de potente orquestación de metales y percusión.

Sonoridades misteriosas acompañan la incursión de Martin en el poblado Indio. Suena un arpa al deslizarse por la montaña, seguida de la cuerda en tono intrigante.

Trompeta y redobles de tambor en la escena del ataque al campamento por parte de los soldados, triunfalista y dinámico. Ethan encuentra a Debbie, y suena el tema central, a guitarra y trompeta al principio. Acto seguido la cuerda retoma la melodía, creciendo en intensidad cuando su tío la toma en brazos. Finalizando la obra con la incursión de nuevo del tema central cantado por “The Son Of Pioneers”, para la mítica escena de Wayne al fondo de la puerta.

Los aficionados van a poder disfrutar de nuevo en versión discográfica de una obra maestra indiscutible de la música de cine, a través de esta estupenda edición del todo recomendable, ya que la anterior estaba casi descatalogada, y sólo se podía encontrar a precios desorbitados. Un disco que hace justicia a un clásico imperecedero, de un compositor que marcó una época dorada dentro de la música para el cine, un pionero gracias al cual podemos disfrutar a día de hoy de partituras realmente memorables. No hay que olvidar la labor de uno de los orquestadores habituales de Steiner: me refiero a Murray Cutter, al que hay que reconocerle sus méritos en esta y otras partituras del austriaco.

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Un comentario a Centauros del desierto. Max Steiner.

  • marmupe  dice:

    Antonio nos gusta mucho que compartas un poquito de todo lo que sabes. Gracias por hacerlo tan fácil.

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