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Henry Mancini, Dos en la carretera.

 


He de reconocer que el cine realizado por Stanley Donen siempre me ha maravillado, desde Cantando bajo la lluvia (1952), pasando por Siete novias para siete hermanos (1954), hasta, por ejemplo, su estupenda Charada (1963). Pero para este film que nos ocupa, Donen rozó la perfección absoluta. Como siempre, que la cinta nos resulte tan atractiva radica en una dirección de actores soberbia y una colocación de la cámara siempre acertada, el director era un maestro en eso. Aquí se topó también con un muy atractivo guión escrito por Frederic Raphael, en el que un matrimonio, de viaje hacia la Riviera Francesa, rememora sus años juntos desde que se conocieron, en un viaje al mismo lugar, pasando por las infidelidades de ambos y la vuelta a la convivencia. Todo ello tratado genialmente por Stanley, mediante flashes que llevan a la pareja desde la actualidad, a rincones alejados de su vida en común. Por supuesto si uno tiene como interpretes a Audrey Hepburn y Albert Finney en sus papeles principales, todo se hace un poco más fácil, al ser actores de tremenda calidad. La película tuvo mucho éxito en su época, recibiendo una nominación al Oscar al mejor guión original en 1967, al igual que dos nominaciones a los Globos de Oro, mejor actriz de comedia/musical (Hepburn) y música original. A día de hoy se ha sabido mantener muy bien, llegando a las nuevas generaciones de cinéfilos, y provocando en ellos la misma admiración que provocó en el público de entonces.

Como he indicado antes, la banda sonora fue nominada al Globo de Oro, un hecho que no nos pilla por sorpresa después de escuchar la maravillosa composición romántica y de toques afrancesados totalmente maestros. Como no podía ser de otra manera, el encargado de dicha obra fue Henry Mancini, un Mancini que parecía sacar todo lo mejor de su repertorio cada vez que trabajaba junto a Audrey (en realidad entablaron una amistad muy profunda desde Desayuno con diamantes en 1961). A la vista está después de escuchar obras como la anteriormente mencionada, Charada o Sola en la oscuridad (1967). En mi opinión el maestro de la melodía en Hollywood, creó aquí el mejor y más bonito tema de toda su carrera, me refiero al tema central de la película y leitmotiv utilizado para la relación de la pareja protagonista.

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Pongámonos a analizar la composición, a través del comentario de alguno de sus temas.

El motivo principal es introducido por el compositor en los títulos de crédito, una delicia compositiva, en la que se queda corto cualquier calificativo que se le pueda dar, una joya de melodía pegadiza que es comenzada por una leve aparición del xilófono, para a continuación dar entrada a la cuerda, que nos deleita con una interpretación deliciosa, para acto seguido los metales llevar el peso de la melodía. No nos deja de sorprender, y nos deja boquiabiertos con un solo de violín de bellísima factura, seguido de un solo de acordeón, que hace referencia a la situación geográfica, y ya acabando el tema con la orquesta al unísono interpretando la frase central.

Como he dicho anteriormente, este tema se usará como leitmotiv de la pareja, apareciendo en infinidad de ocasiones, en variaciones extraordinarias, como en la de su versión para coros por ejemplo, con letra de Leslie Bricusse.

Otros de los temas destacados es “Something for Audrey”, otra genialidad sacada de la chistera del autor, de registro jazzisticos. Comienza con una presentación en la que la orquesta, sobre todo las cuerdas interpretan un motivo de contenida elegancia, al igual que el resto del tema, que es continuado por la incursión de un solo de saxo fabuloso y la irrupción de un motivo de piano de descomunal belleza, acompañado de toques de xilófono, un instrumento muy utilizado en la obra. Este tema dignifica y nos muestra la elegancia de su protagonista femenina.

Como se sabe, parte de la acción se desarrolla en Francia, de ahí que se escuchen temas con acordeón y acompañamiento de cuerdas, e incluso bongos, que sirven para arropar las escenas que discurren en la carretera.

Hay cabida también en esta composición para cortes auténticamente de jazz, como el titulado en el disco “The Chaser”, donde la batería y cuerdas en suspensión, anteceden a la frase principal del tema, interpretada por el saxo, de ritmo trepidante, y donde se vuelve a acompañar del xilófono y piano, y acaba con un fraseado de saxofón de genialidad desbordada.

Igualmente rítmico y alegre resulta “Something Loose”, donde Mancini borda un tema maestro, dando el peso de la melodía al saxo, y acompañado de manera eficiente por cuerdas y trompeta.

Lo cierto es que cada uno de los temas escritos por Henry para este film son maestros, se podrían destacar todos, como el tema cómico-bufonesco, “Happy Barefoot Boy”, interpretado por instrumento electrónico y el saxo como acompañante.

Muestra de esta maestría encontramos “French Provincial”, corte de elegante melodía, donde el peso recae en el acordeón, y la cuerda realiza un fraseado de exquisita sonoridad, y nos transportan de manera inmediata a los pueblecitos tan bellos de la campiña francesa, solamente a través de su escucha. Este es un tema precursor de su posterior motivo principal para el film Victor o Victoria (1982), me refiero a la música que escuchamos en la escena que abre la cinta.

“Domain ST. Juste” es otro corte de tremenda elegancia en sus formas, en el que el violín interpreta una melodía lenta en forma de minueto, con acompañamiento de piano, un corte de refinado y depurado estilo.

Pero lo que realmente domina esta composición es el leitmotiv romántico, que nos narra de manera muy explícita la relación amorosa de la pareja protagonista, y que a su vez tiene un cierto tono triste, que hace referencia a la etapa mala por la que pasan los matrimonios, pero que en realidad lo que cuenta para Mancini es el amor que ambos se profesan, narrando los diferentes conflictos de manera muy acertada. La obra acaba con una variación de dicho tema, esta vez comenzada por un solo de violín, que da paso al resto de cuerdas, para que recojan el testigo de llevar la melodía. La flauta, acto seguido, se hace con las riendas, para dar paso de nuevo a las cuerdas, y estas, a través de un recurrente motivo de xilófono, vuelven a retomar el testigo, pero esta vez incrementando la intensidad de su tono.

Maravillosa banda sonora, que por suerte podemos disfrutar en formato compacto. El disco fue realizado por RCA records en 1967 originalmente, reeditado en 1998. Un disco que recomiendo de lleno, y que todo aficionado a la música de cine debería tener, al ser a mi juicio una de las más altas joyas compositivas de un autor que llenó la pantalla de melodías imperecederas, que forman parte ya del colectivo inconsciente del aficionado a las bandas sonoras y a la buena música en general.

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