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Henry Mancini. Sed de mal.

Obra maestra del cine dirigida por Orson Welles, en un alarde de técnica inconmensurable. Welles firma a su vez el guión, basado en una novela de Whit Masterson, e incluso se reserva uno de los papeles principales de la trama. Como digo, todo es destacable en esta cinta, su fotografía en blanco y negro, a cargo de Russell Metty, resulta maravillosa para retratar ese ambiente malsano y decadente callejero. La película cuenta con actuaciones todas ellas perfectas, como la del propio director, interpretando a un policía corrupto que opera en el borde de la frontera mexicana, un Charlton Heston genial como agente mexicano totalmente opuesto al personaje de Welles y, cómo no, Janet Leight, fabulosa también dando vida a la esposa de Heston. Akim Tamiroff y Marlene Dietrich bordan sus pequeños papeles. Hay que destacar también la incursión de Joseph Calleia, Mercedes McCambridge, Joseph Cotten y Zsa Zsa Gabor, conformando un elenco actoral del que muchos directores de la época les hubiera gustado disfrutar. Curiosamente, aunque se trata de una joya del séptimo arte imperecedera, no recibió ninguna nominación a los premios Oscar, injustamente por supuesto.

Sinopsis:

Un agente mexicano de narcóticos llega a la frontera con USA junto a su mujer, justo en el momento en el que hace explosión una bomba en un coche. Pronto intentará dilucidar quién es el responsable, a pesar de la obstaculización del jefe de policía local.

Henry Mancini compuso la banda sonora de esta cinta de 1958, en una de sus primeras incursiones en el cine como compositor en solitario. Hasta entonces había compuesto varias cintas junto a otros autores, o incluso sin acreditar en pantalla. Welles le dio la oportunidad a un joven Henry, el cual no desaprovechó la ocasión, firmando una de las numerosas obras maestras que realizó para el cine.

Comienza la partitura con un tema maestro para una escena maestra, se trata del inicio del film, donde vemos el movimiento de un coche, seguido en todo momento por el “detective” Mancini, una joya comenzada con ritmos de mambo, a través de una percusión propia de este estilo, en la que se la van uniendo instrumentos y formas jazzisticas, como el saxofón y demás, se trata de un tema sincopado con el devenir del coche, que en unos instantes va a explosionar, mediante la utilización de la música como si de una cuenta atrás del reloj de la bomba se tratara.

Al desarrollarse la acción en la frontera con México, éste tono latino acompañará el desarrollo del score hasta su final. Encontramos en la obra temas de blues, con utilización de guitarras y sobre todo saxofón muy movidos y desenfadados, que el compositor asocia con los jóvenes rebeldes y descerebrados que salen en pantalla.

Otro motivo más relajado, con piano, trompeta y saxofón dedicado al personaje interpretado por Zsa Zsa Gabor, cuando es visitada por el comisario corrupto, Welles, un tema de jazz cien por cien.

Hay un tema dedicado al personaje de la gitana interpretado por la Dietrich; suena a través de una pianola, un corte recurrente y cargado de añoranza, por lo que esa mujer fue de joven y ha perdido. Este motivo asociado a su personaje reaparece en pantalla cada vez que vuelve a aparecer la actriz alemana.

Mancini también escribe temas de corte misterioso, dedicados a las indagaciones y pesquisas del personaje de Heston, con violines e instrumentos tradicionales de la orquesta, que suenan transmitiéndonos dicha sensación, a veces mezclados con esa percusión latina, como el de nombre “Flahsing Nuisance”.

La música diegetica tiene un papel muy importante en este score, hay infinidad de cortes que son escuchados en el film a través de radios, pianos etc, que a su vez sirven como desarrollo narrativo de la cinta, ayudando a su funcionamiento considerablemente, el compositor era un maestro en eso.

Hay un tema al saxofón dulce y delicado que es dedicado al personaje de Leight, bonito y de escucha agradable, al igual que esa percusión latina fusionada con motivos jazzisticos, de auténtica destreza compositiva digna de un autor más experimentado en la asociación de la música con la imagen, digamos más veterano, pero es que Henry era ya desde sus comienzos un veterano, curtido en musicalizar infinidad de películas de serie B para los Estudios Universal.

Escuchamos de igual manera temas de rock, insertados en el desarrollo evolutivo del score, seguidos de otros cortes jazzisticos que hacen de esta obra una maravilla, de escucha muy satisfactoria para el oyente o visualizador del film.

Hay que destacar el tema en el que se presagia la muerte del comisario local, en la que el maestro vuelve a incluir una variación portentosa del tema principal, con la percusión latina, un toque recurrente y esplendoroso de xilófono, todo ello acompañado de un motivo de saxofón que se va adentrando poco a poco entre la percusión, que suena ya casi obsesiva. También se insertan leves toques de guitarra y una trompeta con sordina que suena genialmente bien. Una joya de siete minutos de duración, en la que la percusión se va volviendo cada vez más obsesiva y rítmica si cabe, a la vez que el personaje de Welles es acorralado en las apestosas y sucias riveras del río, unas escenas magistralmente rodadas por el director, que nos da otra lección de cómo filmar una película, todo ello magnificado por otro genio llamado Henry Mancini.

El score está interpretado de manera eficiente por la The Universal-International Orchestra, bajo la batuta del entonces director musical habitual, Joseph Gershenson, con los arreglos del propio Mancini y de Rusell Garcia, compositor de la impresionante El tiempo en sus manos (1960) para el productor-director George Pal, entre otras sobresalientes obras, aunque no se prodigó mucho en el cine. Cuenta con los solos extraordinarios de Pete Candoli a la trompeta, Plas Johnson (saxo tenor), Dave Pell (saxo barítono), Ray Sherman al piano, y sobre todo destacar a todos sus músicos en la sección percusiva: Ralph Collier en la batería, Jack Costanzo (bongos) y Mike Pacheco (Conga).

En definitiva, una de las grandes obras maestras del cine, y una de las grandes joyas musicales de la música aplicada a las imágenes, que todo aficionado debería escuchar y tener en su colección discográfica. Una cosa realmente fácil, porque se pueden adquirir las diferentes versiones que existen de ella. Por ejemplo:

– Del año 1998 tenemos la edición del sello español Blue Moon que contenía 19 temas y que fue reeditada en 2004 por el mismo sello ahora con el nombre de Fresh Sound Records.

– En 2008 Él Records lanzó al mercado discográfico una edición con 20 temas de sonido aceptable.

– El sello suizo Movie Sound Records en el 93, sacó a la venta un cd conteniendo los mismos 19 temas que el de Blue Moon.

– Y ya para acabar, el sello norteamericano Varése Sarabande, produjo su edición, que contenía 20 temas de la partitura original.

Todos estos cds son del todo recomendables, pudiendo uno hacerse con ellos muy fácilmente y disfrutar de la extraordinaria música de Mancini.

 

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