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Dario Marianelli: Orgullo y Prejuicio.

Basado en la novela de Jane Austen, es éste uno de los numerosos films que se han realizado sobre ella. Su director, el joven Joe Wright, supo dar un enfoque actual y novedoso, sin perder por ello ni un ápice de su esencia Victoriana. Para ello se sustentó en un magnífico guión cargado de sensibilidad, escrito por Deborah Moggach, en el que se captaba de manera soberbia la vida de ésta familia y sus vicisitudes cotidianas, anhelos, etc. La cinta es una obra redonda en todos sus aspectos, empezando por un diseño de producción magnífico, no menos logrado es su vestuario, donde la productora volcó parte de sus esfuerzos en recrear la época lo más exactamente posible, y vaya si lo consiguió. Otro de esos aspectos es el de la fotografía de Roman Osin, un excelente trabajo en el que la luz tiene un papel muy destacado, al igual que los tonos apastelados de algunas de sus escenas. Lo realizado por Wright no tiene desperdicio, planos y escenas realmente geniales y poéticas, que nos trasladan casi sin quererlo hacia un apacible devenir, entre las campiñas y casas de Inglaterra. Dentro de su apartado actoral, todos, absolutamente todos los participantes en esta obra, realizan actuaciones excepcionales, empezando por una interpretación muy sutil y contenida de Keira Knightley, merecedora de una nominación al Oscar por su papel de la bella y adelantada a su tiempo Lizzie. Donald Sutherland borda su papel de padre de las cinco hermanas Bennet; una madre obsesionada en encontrar maridos a sus hijas, de la que Brenda Blethyn sacó máximo partido a su actuación. Matthew Macfadyen es el partenaire masculino de Keira, en uno de sus mejores papeles hasta la fecha, apartado de presuntuosidad y lejos de hacer de su presencia sólo un mero hecho decorativo, que es lo que a veces en muchos de estos papeles, llamémosles de galán, suelen hacer otros actores. El personaje del señor Darcy fue interpretado, entre otros, por el gran Peter Cushing, para una serie de cinco capitulos de 30 minutos de duración, producida por la cadena de televisión BBC en 1952. Destacar también, cómo no, a la extraordinaria Judi Dench, en otra de sus aquilatadas apariciones,  Tom Hollander, actor de no mucha estatura, que es compensada con un talento interpretativo enorme, aquí esta magistral, al igual que por ejemplo en el film de 2006 Piratas del Mar Caribe: El cofre del hombre muerto de Gore Verbinski. Entre las jóvenes que se hacen cargo de los papeles de las hermanas de Lizzie, todas estupendas, destacaré el de Rosamund Pike, aquí interpretando a una dulce y apaciguada joven, que contrasta con su maravillosa actuación para el film de David Fincher Perdida (2014), junto a Ben Affleck, en la que nos mostró una faceta de lo más agresiva, totalmente alejada de este personaje de Orgullo y Prejuicio, y que nos muestra la calidad y registros interpretativos de la joven actriz. Entre las nominaciones al Oscar que recibió la cinta se encuentran dirección artística, vestuario, la citada a la mejor actriz principal para Keira y una muy merecida nominación para su música original.

Dario Marianelli fue el encargado de componer esta magistral partitura sinfónica y romántica, llena de momentos inolvidables e inigualables. Marianelli nació en Pisa el 21 de junio de 1963, estudió música en la Guildhall School of Music and Drama , especializándose en piano y composición. Trabaja habitualmente para el cine, pero también escribe de manera paralela obras para las salas de conciertos, ya sean orquestales o corales, al igual que escribe música incidental para la compañía de teatro Royal Shakespeare Company. En el cine, se ha especializado en películas de aflorado romanticismo y de refinadas y elegantes historias, pero también escuchamos su música en infinidad de buenas cintas de otras índoles como, por ejemplo, en V de Vendetta (2006), El secreto de los hermanos Grimm (2005) o Ágora (2009). Ha establecido una simbiosis casi perfecta con Joe Wright, en títulos como éste que nos ocupa, Expiación (2006), esta última le supuso su único Oscar hasta la fecha, o Anna Karenina (2012).

Ésta partitura es una auténtica obra maestra musical, comenzando con un tema principal totalmente exquisito, donde una escritura elegante y dulce del piano es su principal valedora, un tema que transmite mucha tranquilidad y paz interior, al igual que el personaje interpretado por Keira, éste se vuelve un poco más acentuado y dinámico hacia su mitad, también en referencia a la propia personalidad de la dama.

Encontramos temas delicados y muy bellos, como el que suena cuando las jovenes hermanas fijan sus miradas hacia el cielo para contemplar las estrellas, aquí Marianelli, nos ofrece una suave orquestación de cuerdas, en la cual un leve y bonito solo de oboe nos vuelve a introducir el motivo central anteriormente mencionado al piano.

Excepcional resulta a su vez el corte musical dedicado a la visita y contemplación de las esculturas en la casa del señor Darcy; un motivo mágico al piano nos mete de lleno en la magnificencia de esas obras tan delicadas y del refinamiento y sensibilidad de su propietario, el cual tiene una figura con su rostro pulido en piedra, que provocará la inmersión de Lizzie en cada uno de sus rasgos faciales, todo ello aderezado por un tono realmente muy conseguido por parte del compositor, mediante cuerdas deslizadas de manera muy suave, e instrumentos de viento poéticamente interpretados, sin dejar de ser acompañados, esta vez en un segundo plano, por el piano.

Dario nos ofrece otros temas más ligeros dedicados a los bailes de las numerosas fiestas a las que acuden las hermanas, donde emplea un tono más jovial y desenfadado a través de una orquestación de época, tal como hiciera Philippe Sarde en el baile de la escena principal de Tess (1981), de Roman Polanski. De hecho, uno de estos temas tiene un cierto parecido con el que escribiera Sarde, para el film de Roman. De estos temas desenfadados, es muy destacable el brioso e impetuoso motivo dedicado a una de las hermanas, Georgiana, en el que el piano, esta vez mucho más activo, nos introduce en la personalidad de esta, más alocada, arropado a continuación por toda la orquesta siguiendo ese mismo tono, en un corte que resulta de sonoridades casi barrocas.

Dentro de los dedicados a la pareja protagonista, y su creciente admiración y amor, descubrimos una joya musical también de aires barrocos, referida a la llegada de ella a Netherfield. O el del baile de los dos enamorados, dentro de una sala abarrotada de gente, una pieza escénica de alto calado poético en la que el director y actores consiguen una perfección absoluta, todo ello engrandecido por la variación de un tema de Henry Purcell, al violín. Una escena en la que de repente desaparecen todos los invitados que bailan alrededor de ellos, y no por que se vayan, sino porque los sentimientos de la pareja, que no deja de mirarse fijamente en ningún instante, hacen que para ellos no haya nadie más en la sala.

Otra de esas escenas mágicas, la encontramos cuando se nos ofrece en pantalla el paso del tiempo, a través de un muy bello movimiento de cámara alrededor de la protagonista, que se balancea en un columpio. Una genialidad de Marianelli acompaña esta escena, en la que se nos muestra de manera inconsciente el enamoramiento de esta mujer por el señor Darcy. Es uno de los más bonitos, y en él, el piano de manera exquisita y elegante, nos da cuenta de la sensibilidad de la chica, con un acompañamiento de cuerdas magistrales, corto pero intenso. O el dedicado a cuándo la joven pasea cerca de un acantilado con sus ilusiones y anhelos, que tienen un tono similar al anterior, con el piano como sustentador principal.

Estos cortes elegantes y románticos siguen aflorando dentro del score, al igual que un leve sentido dramático, cuando por equivocos del destino, ella se siente desfraudada por una actuación involuntaria del señor Darcy. Son presentados por el autor italiano de manera ejemplar, mediante una escritura de cuerdas en las que ahora escuchamos en su tono, un toque más triste y amargo, como el dolor del desamor que cree sentir ella en esos momentos.

Cuando Lizzie lee la carta de Darcy, pudiendo observar que se ha equivocado respecto a él, Marianelli, en una muestra de sutileza, nos deleita con un tema a piano, acompañado de un solo de chelo magistral, en el que la interpretación excepcional de el pianista francés Jean Yves-Tribaudet, nos transporta hacia terrenos de nuestra alma, a veces olvidados y que no dejamos aflorar como deberíamos, una delicia que es secundada de manera excepcional por el chelo de Caroline Dale, amor y romanticismo en estado puro.

Ya termino este comentario, con el tema que acompaña la escena en la que Lizzie sale a pasear a la campiña, a muy tempranas horas y se encuentra con el señor Darcy, sin duda el mejor de todos los temas incluidos en esta banda sonora. Una joya de la música de cine contemporánea. Es comenzada por el chelo susurrante de Dale, para, acto seguido, volverse más enérgica a través de la incursión de toda la orquesta al unísono. Después de una pausa, la música se suaviza de inmediato, y es entonces cuando un precioso motivo de cuerdas da paso al piano, que acompaña como si a modo de coreografía se tratara, la aparición del señor Darcy, en un alarde de melodía que nos deja de manera irremediable en una actitud de apaciguada sensación de indefensión ante tal portento musical. A partir de aquí cuando los dos enamorados se tocan las manos y juntan sus cabezas, cuando todo ha terminado, y saben que se quieren de veras, Marianelli, nos vuelve a deleitar con una escritura de suaves y deliciosas cuerdas, que atestigua lo anteriormente dicho. No hacen falta diálogos, ya nos está narrando el compositor, afectivamente hablando, lo que ocurre por sus corazones.

Una obra muy sobresaliente, que se encuentra entre lo mejor de las últimas composiciones de este siglo, una obra maestra indiscutible, que por suerte podemos disfrutar mediante la escucha del cd editado por Decca Records. Un disco que contiene 17 deliciosos temas, interpretados por la English Chamber Orchestra, que tan bien dirigiera en sus últimos trabajos el británico John Barry, y que aquí vuelve a sonar de manera soberbia, ejecutando las notas de este maestro nacido en Pisa. Y cómo no, destacar de nuevo el gran trabajo de Jean Yves-Tribaudet al piano, con el cual volvería a contar en su oscarizada Expiación, y también los solos de chelo de Caroline Dale, y de violín a cargo de Aidan Broadbridge.  No quisiera olvidarme de mencionar al orquestador y conductor de esta obra: el británico Benjamin Wallfisch, habitual en los scores de Dario, y ahora lanzado en una exitosa carrera compositiva en solitario.

 

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