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La leyenda del pianista en el Océano. Ennio Morricone.

En 1998 el director italiano Giuseppe Tornatore se atrevió a rodar esta cinta totalmente en inglés. Una obra redonda en todos sus aspectos, desde impecable dirección, pasando por un guión muy bien elaborado por parte de Tornatore, basado en una novela de Alessandro Baricco. La fotografía de Lajos Koltai, no fue menos; hermosa y de coloridos muy vivos, ayudó sobremanera al film. Este húngaro tiene títulos muy atractivos en su filmografía como: Cuando un hombre ama a una mujer (1994), Malena (2000) o la hermosa Evening (2007), con score de Jan A.P.Kaczmareck, en la que se puso tras las cámaras. El polifacético Tim Roth fue el actor protagonista, en este un papel bastante conseguido, estaba acompañado por Pruitt Taylor Vince, Mélanie Thierry y Peter Vaughan. Como no podía ser menos en una cinta dirigida por Tornatore, Ennio Morricone se encargó de componer la partitura, ayudando y mejorando la película sustancialmente. Habitual en sus relaciones profesionales, la conjunción de imágenes con la música resulta portentosa, regalándonos momentos inolvidables, como ya en anteriores ocasiones nos habían proporcionado, una simbiosis muy beneficiosa para el Séptimo Arte.

El film versa sobre un niño que es criado dentro de un barco de pasajeros, y el descubrimiento de su innato talento para la música, desarrollado en una interpretación del piano maravillosa y cómo utiliza este instrumento para expresar sus sentimientos.

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Ennio Morricone, nacido en Roma el 10 de noviembre de 1928 y todavía en activo, escribió este score, como hemos dicho. Morricone empezó su carrera en el mundo de la radio y televisión, arreglando y dirigiendo obras de otros compositores. Estudió en la prestigiosa Academia Nacional de Santa Cecilia, desarrollando una importante y fecunda relación con el cine. Con una obra que comprende más de 500 composiciones para el medio cinematográfico y televisivo, Morricone no nos deja de sorprender en cada uno de sus nuevos trabajos. Obras tan extraordinarias, como las colaboraciones con su amigo Sergio Leone, pasando por films eróticos en donde la inconfundible voz de su inseparable Edda Dell’Orso nos sumía en un estado placentero, hasta composiciones tan admirables como La Misión (1986), o sus últimas obras maestras, como esta que vamos a comentar. Actualmente se dedica a ofrecer conciertos de su música por toda la geografía, tuve la suerte de poder verlo por última vez en febrero de 2014 en el París-Bercy. Un concierto en el que curiosamente se proyectaba un documental sobre su vida y obra antes del mismo, siendo abucheado por la parroquia francesa al ver que no salía, un hecho que me dejó atónito y que no había visto en ninguno de los diferentes conciertos que he podido presenciar del maestro.

El compositor romano recibió por este score el Globo de Oro a la mejor música original, y no es para menos. Es ésta una obra lírica, de inusitada belleza, a veces melancólica y que entremezcla un agudizado toque de Jazz, muy acorde con lo que vemos en pantalla. Una obra maestra sólo al alcance de unos pocos genios, como es el caso de este insigne autor.

Creó Morricone un tema principal de esos que dejan huella, donde un suave toque del arpa, introduce la melodía. Trompetas con sordinas, de clara referencia jazzistica, dan paso a un motivo de extrema belleza y melancolía, en el que la viola de Fausto Anselmo nos deleita con su presencia. El tono de la música va en crescendo, incorporándose toda la orquesta al unísono, en la que sobre todo la cuerda lleva el fraseado central del tema. Una delicia en la que las trompetas e instrumentos de viento también tienen un papel destacado. Hacia el final de la composición, la música se calma, pudiendo escuchar el motivo central otra vez con el arpa, acompañado de suaves cuerdas y de unos fraseados jazzisticos de clarinete muy logrados. Una auténtica joya musical que acompañaba la llegada del barco a Nueva York, cuando los inmigrantes divisan la Estatua de la Libertad y crecen sus esperanzas.

De sobra es sabido que este tema será utilizado por el compositor como leitmotiv del score, lo oiremos mediante variaciones en muchas escenas, como por ejemplo en una de mis favoritas. Se trata de cuando un equipo discográfico se traslada al barco para que el artista grabe una piezas para ellos. En pantalla vemos a Roth comenzando a interpretar el piano de forma nerviosa y dinámica, para a continuación volverse más delicada y hermosa, cuando el protagonista vislumbra a través de la ventanilla del camarote a una joven de cara angelical que le deja totalmente embelesado. Roth no deja de mirarla, sin posar la vista ni una sola vez en el teclado. Magistralmente llamado” Playing Love”, se trata de una variación a piano delicada del tema central, una escena magistral en la que la conjunción de música e imágenes llega a un zenit insuperable, puro cine.

La interpretación del piano a cargo de Gilda Butta, una habitual del maestro romano acompañándolo en todos su giras, resulta maravillosa durante todo el metraje, al igual que la orquesta Accademia Musicale Italiana, también usada con asiduidad por Morricone.

Dentro de esa orquestación a veces con aires de Jazz o Blues, nos encontramos principalmente con trompetas, piano y alguna inserción del clarinete, en diferentes pasajes de la obra, adecuados para describir la época en la que se desarrolla la acción. Resaltar entre estos los duelos interpretativos, que tienen el personaje de Roth y Jelly Roll Morton, que sube al barco para que midan sus fuerzas. Algunos de ellos escritos por el propio Morton o Scott Joplin, autores de la época.

Una de las mejores escenas es en la que el joven interpreta el piano plasmando en música el pensamiento y sentimientos de algunos de los presentes en el baile del salón sólo con mirarlos, como si de un compositor de cine se tratara.

Podemos decir que el tema anteriormente mencionado de la aparición de la chica, será a su vez el tema de amor. Un amor un poco raro, porque el apenas llega a hablar con ella y la chica casi ni intuye su presencia, pero él está prendado por su belleza y no dejará de amarla.

Pero su amor verdadero es el barco. Incluso no se atreve a bajar del mismo, en ninguno de los puertos en los que atracan. Solo una vez hace el esfuerzo de salir, para buscar a su amada, dando marcha atrás y volviendo a su mundo. En las escenas finales, en las cuales se disponen a hundir el trasatlántico después de una larga vida, tampoco saldrá nuestro protagonista de él. Se acompañan estas escenas con música de aire triste y melancólico, que brota de dentro del personaje. Morricone supo imprimir una belleza en sus notas que nos hace volar por unos instantes de nuestros asientos.

Pero sin duda, el mejor de estos temas que reflejan el estado de Novecento es el llamado “The Crisis”. Un tema interpretado al piano, muy lentamente en su comienzo, acto seguido incorporándose con maestría una suave orquestación de cuerdas de escritura extraordinaria, acabando como empezó, con el piano como principal valedor, y que nos sume en la extrema soledad y tristeza de este personaje tan peculiar.

Una obra maestra indiscutible, de entre las muchas que ha escrito este genio musical llamado Ennio Morricone, y las que nos quedan por venir.

Sony Classical sacó a la venta el disco de este score en 1999, conteniendo 21 temas maravillosos. A su vez se editó otro, también del sello Sony, en Italia, en el que se podían escuchar 8 temas más, que suponían alrededor de 20 minutos más de música. Por desgracia este cd resulta hoy en día muy difícil de adquirir, a no ser que sea por un alto precio, aún así es muy recomendable. En los dos se incluía la canción del tema central del film interpretada por Roger Waters, que escribe también la letra, y que contenía solos de guitarra de Edward Van Halen.

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